Que en el mundo de los juegos de deportes siempre ha habido rivalidades es conocido por todos. Que cada cierto tiempo una saga u otra se alza con la categoría de estándar en su campo, también. A día de hoy, en el mundo del baloncesto, la saga 2K ostenta este título, gracias a unos niveles de realismo en la jugabilidad muy apreciados por la comunidad. También por las últimas incorporaciones en los modos de juego, que ya se han vuelto habituales, como los modos carrera en el que vemos siempre una variante de la misma historia de superación. En esta escalada de calidad y cantidad de contenido, el año pasado la compañía se hizo la zancadilla a sí misma al introducir las compras in-game de una forma tan invasiva que hasta vimos peligrar el futuro de la saga si se seguía por el mismo camino. Con la nueva entrega ya en nuestras manos, que coincide con su vigésimo aniversario y sabiendo que, una vez más, podremos pasar por caja para evitar echar horas consiguiendo monedas virtuales, veremos si al menos, el baloncesto lo compensa.

Como ya es costumbre, nada más llegar al menú principal nos va a abrumar una cantidad de contenido tan amplia que hasta hacer un resumen de todos los modos de juego disponibles se convierte en una tarea de renombre. Parece imposible como de un mismo deporte se puedan sacar tantas opciones. Por tanto, vamos a dejar un poco de lado los modos tradicionales como partido directo, ligas y entrenamiento, que por supuesto están pero que no incorporan ninguna novedad especial a su planteamiento. Sin embargo, hay otros que merecen especial atención.

Comenzamos con el modo MiCarrera, que hace las veces de modo historia, como empieza a ser habitual en los títulos deportivos. Aquí siempre controlaremos al mismo jugador, un aspirante apodado AI (el nombre real se lo ponemos nosotros) que no comienza del todo bien la andadura en su búsqueda por una plaza en el draft de la NBA. Rápidamente acabamos (o más bien empezamos) siendo trasladado a la liga China y, más adelante, a una pequeña población llamada Fort Wayne sin escuelas ni bibliotecas, pero con un equipo de basket en la G League. Allí aprenderemos poco a poco a jugar en equipo hasta que al fin, gracias a nuestras actuaciones durante los diferentes encuentros, podamos acabar en la posición soñada.

La parte de contexto y cinemáticas, sin ser nada del otro mundo, resulta bastante entretenida y con un guión bastante trabajado. Gran parte de la culpa la tienen los diversos compañeros que nos encontramos, así como rivales, todos con bastante carisma, dentro de sus estereotipos. Si bien a veces estas escenas son excesivamente largas y lo que es jugar, jugamos relativamente poco. Una vez acabamos la parte del preludio se reducen drásticamente y solo las veremos aparecer de vez en cuando, algo que se agradece bastante. En ese momento ya tendremos libertad real de decisión dentro de nuestra carrera, seleccionando entre diferentes equipos interesados, negociando contratos y luchando por hacernos con un puesto como titular.

La principal característica de este modo es que, como comentaba, siempre controlamos a nuestro jugador, tanto al ataque como a la defensa y veremos el partido desde el banquillo cuando no nos toque jugar. Algo que por suerte se puede saltar automáticamente. Un aspecto muy interesante de este sistema es que nos van puntuando continuamente y en tiempo real nuestras actuaciones, bajando o subiendo nuestro nivel de juego para poder evaluar cómo lo estamos haciendo. Llega a un nivel de detalle muy efectivo e interesante y nos puntúa no solo por cosas obvias como tapones o asistencias, sino también, tanto para bien como para mal, por el movimiento del balón dentro del campo, el espaciado con los compañeros, abandonar nuestra asignación o provocar faltas. Estas actuaciones determinan la experiencia y monedas conseguidas al acabar, así como nuestro nivel de popularidad y en consecuencia, nuestro avance dentro de nuestra maratón por ser una estrella de la NBA. También es cierto que este sistema tiende a penalizar antes que a premiar: ya somos jugadores profesionales, así que hacerlo bien no supone demasiado mérito, mientras que hacerlo mal penaliza mucho.

Es sin duda el modo de juego más interesante y creedme cuando os digo que nos acostumbramos tanto a jugar siempre con nuestro personaje que luego resulta raro ir a otros modos de juego y controlar al equipo completo.

Además, no solo se trata de ver cinemáticas, hacerlo bien en las secciones en las que nos sacan a jugar (a veces muy poquito tiempo si no lo hacemos bien en partidos anteriores) e ir progresando en nuestra evolución como jugador, sino que MiCarrera ofrece todo un pequeño mundo de posibilidades esencialmente online para pasar las horas, llamado Mi Barrio.

Al llegar a la NBA, se nos abre la posibilidad de pasear por este vecindario, con varias tiendas y lugares para gastarnos nuestro sueldo virtual, así como canchas para retar a otros jugadores que estén paseando por allí en ese momento. Si nos gusta, podemos pasarnos allí horas en las diferentes secciones disponibles. Si no, no tenemos porqué pisarlo siquiera. Ya existía el año pasado, pero se ha mejorado sustancialmente. Además, sirve de excusa perfecta para ubicar las diferentes opciones como los campos de entrenamiento en equipo o la oficina de nuestro representante. Básicamente sigue siendo una representación visual de un sistema de menús.

Llegados a este punto tenemos que hablar de los microtransacciones, ese omnipresente escollo que divide a los jugadores entre los que simplemente compran el juego y los que además, adquieren ventaja a golpe extra de cartera. Si bien en 2K18 su presencia era más relevante, en esta ocasión se ha vuelto más omnipresente, aunque de forma suavizada. Las mejoras de nuestro jugador, así como la compra de accesorios y un relativamente largo etcétera se consiguen con las monedas que ganamos después de un partido, principalmente gracias a nuestro contrato negociado con los equipos pertinentes. También las conseguimos mediante nuestros patrocinios y con algún que otro extra. Si las usamos únicamente para mejorar nuestras capacidades como jugadores, iremos subiendo muy poco a poco nuestra valoración general. Toda esta experiencia puede eliminarse de un plumazo mediante la compra de monedas con dinero real, lo que descompensa el juego permitiéndonos empezar nuestra andadura por China y la G League con un deportista superior a LeBron James.

Otra cosa es que queramos usar nuestro dinero para comprar accesorios, etc. Entonces nuestro sueldo como jugadores es claramente insuficiente y, salvo que nos guste pasarnos un par de horas para conseguir los créditos suficientes para comprar una camiseta virtual, habrá que pasar por caja.

Somos los primeros que desechamos la idea de obligarnos a pagar un extra cuando realmente hay una ventaja relevante para aquellos en detrimento de los que, simplemente, queremos jugar. O cuando, como hemos visto recientemente varias veces, el sistema de adquisición de mejoras pasa inevitablemente por caja o por juegos más o menos azarosos que destruyen la inmersión de menor o mayor manera. Sobre todo en juegos que ya son de pago de base, a precio completo. He de decir que, si bien me chirría la simple posibilidad de hacerlo, NBA no solo se disfruta perfectamente sin depender de las microtransacciones, sino que la experiencia a largo plazo es más relevante y satisfactoria.

Aparte del modo MiCarrera, que se convierte un año más en la piedra angular de 2K19, tenemos muchas más posibilidades. Por ejemplo, MiGM, similar al anterior pero en la piel de un general manager llevando una franquicia. Aquí tenemos la posibilidad, eso sí, de seguir la historia completa o ir directamente al juego, lo cual es de agradecer, ya que el nivel de guión es bastante menos acertado. Una vez dentro, sustituiremos los partidos por una gestión del equipo bastante completa e interesante, pero que requiere paciencia para poder sacarle todo el jugo.

Por otro lado, podemos destacar Blacktop, una serie de opciones de partidos callejeros intensos y con diferentes posibilidades que brindan un juego más directo y con muchas menos ataduras, pudiendo seleccionar tanto la cantidad de jugadores por equipo como las reglas de juego. En el lado opuesto de la balanza tenemos MiEquipo, que nos invita a coleccionar cartas para crear al equipo de nuestros sueños. Como veis, no será por opciones, sin desechar, por supuesto y como hemos comentado anteriormente, los modos más tradicionales como las ligas y temporadas, jugar unos playoffs o partidos directos no solo con las alineaciones actuales de los diversos equipos de la NBA, sino también con alineaciones clásicas e históricas.

La única pega que podemos poner es que está exclusivamente centrado en la NBA masculina. Por tanto, no solo no se ha posibilitado la opción para jugar con los equipos femeninos, sino que se han eliminado de la ecuación también los equipos FIBA de la Euroliga. Un triste paso atrás que espero que en futuras entregas o actualizaciones se subsane.

Respecto a la jugabilidad, el principal aspecto en el que el equipo de desarrollo se ha centrado es en la mejora de las físicas de los personajes, sobre todo en las colisiones, claramente mejoradas. Seguimos, por supuesto, ante un simulador muy completo con una curva de aprendizaje bastante exigente, más aún en el modo MiCarrera donde las características de nuestro avatar empiezan siendo claramente mediocres, tanto que nos costará tener unas estadísticas que no den vergüenza ajena en los primeros partidos, al menos hasta que recaudemos lo suficiente para mejorar algo nuestros puntos fuertes.

Cuando hablo de simulador me refiero sobre todo a sus inmensas posibilidades de juego dentro de la cancha, que nos obliga a usar todos los botones del mando y tener unos reflejos y un conocimiento del baloncesto avanzado. Si bien es cierto que no es ni mucho menos necesario saberlo todo y que podemos tirar adelante solo con las bases, no llegaremos muy lejos contra rivales fuertes.

Un añadido interesante tiene que ver con la actuación de uno o más jugadores durante el partido. Si alguien lo hace muy bien o muy mal, incluidos nosotros, veremos una serie de iconos que nos muestran que estamos on fire (icono en llamas) o cold (icono congelado). No solo es un indicativo de una buena o mala racha, sino que afecta a nuestro juego: si no acertamos ni una, nos podrá la presión y será aún más complicado acertar. Además, los compañeros evitarán pasarte el balón con tanta frecuencia y, si es posible, el entrenador te sacará en breve de la cancha. Por el contrario, una racha positiva afecta para bien tanto a nuestras estadísticas como al juego en equipo, que mejora de forma sustancial. Además, lo más interesante es que tanto las ventajas como la forma de obtenerlas depende del estilo de juego de nuestros jugadores: un finalizador gana puntos metiendo canastas y un defensor robando balones. En general es un añadido bastante interesante, aunque al principio suene más a arcade que otra cosa. Tampoco es que la diferencia sea abismal.

Comentaba antes que las colisiones habían mejorado. En general lo ha hecho el sistema de defensa, con más posibilidades respecto al año pasado, así como la IA, que ayuda a que el flujo del partido se desarrolle de forma más realista. La sensación final es más sólida y robusta en situaciones concretas, como las luchas debajo del poste, la presión sobre los rivales y la diferencia de fuerza entre jugadores. Todos ellos son cambios a mejor, si bien no muy innovadores. Básicamente se trata de pulir lo que ya se tiene.

Entrando ya en temas técnicos, una vez queremos quitarnos el sombrero ante la ambientación conseguida por 2K. Cada vez arriesgan más introduciendo continuamente elementos previos al partido y durante el mismo que pausan el ritmo y que a veces, hacen que nos entre impaciencia por empezar. Entre los comentarios previos de Kevin Smith junto a Shaq y Ernie Johnson mientras que carga el partido, a las escenas en los tiempos muertos, entrevistas en varios formatos, estadísticas, ronda de tiros previos, alguna conversación con compañeros o rivales, repeticiones de asistencias del partido patrocinadas y un etcétera que, de nuevas, resulta abrumador, cualquiera podría pensar que lo que menos se hace es jugar. Sin embargo, está tan bien integrado y pensado tan al detalle para simular la experiencia de un partido real, que en los modos de juego de baloncesto callejero y similares casi hasta se echan de menos. Sí que es cierto que a veces hay demasiada parafernalia y que un menú de opciones para elegir qué quieres ver y qué no estaría bien. Por último, no se si será por tener que mostrar tantas escenas previas, pero los tiempos de carga no son precisamente cortos.

Aparte de la enorme ambientación conseguida, reflejada también en la iluminación de los campos, los efectos de sonido, mascotas y animadoras, público y demás, las animaciones faciales y los movimientos de los personajes avanzan paso a paso. El editor de jugadores es bastante más completo y se nota el esfuerzo en reflejar cada vez de forma más realista a los principales jugadores de las franquicias, pero también es cierto que en los menos conocidos queda trabajo por hacer, así como en los entrenadores, que se quedan por detrás en calidad.

Dentro del apartado sonoro, podemos destacar un año más los comentarios en inglés de Bill Simmons, Kevin Harlan, Doris Burke e invitados de la talla de Kobe Bryant, dinámicos y bastante entretenidos, aunque si no dominamos el tema anglosajón nos vamos a enterar de más bien poco. Una curiosidad que demuestra el nivel de mimo que se le dedica a esta saga son los comentarios en chino durante nuestra etapa en el país asiático en el modo MiCarrera. Ahí si que no nos enteramos de nada, pero acompañar, acompañan igual.

La buena noticia es que un año más tenemos también comentarios en español de la mano de Antoni Daimiel, Jorge Quiroga y Sixto Miguel Serrano con más de 24 horas de audio grabadas para amenizar los partidos si los preferimos en nuestro idioma. El nivel al que nos tienen acostumbrados es muy alto y simplemente es una cuestión de preferencias escuchar los comentarios en español o en versión original. Los textos, por otro lado, están todos perfectamente traducidos.

La banda sonora, seleccionada por Travis Scott, bastante rapera, queda un poco en segundo plano debido precisamente a la ambientación durante los partidos, pero eso no quiere decir que no sea un buen complemento para cuando paseemos por MiBarrio. Tenemos la curiosa posibilidad de ponernos o quitarnos los auriculares durante esta parte, lo que evita que oigamos los ruidos de fondo y la música suba de volumen, o al revés.

En conclusión, 2K19 sigue siendo un referente en lo que a deportes se refiere con una entrega aún más grande que su antecesora que, si bien no está exento de polémica y ciertos problemas, principalmente con las microtransacciones, es de juego obligado a todos aquellos a los que les guste el baloncesto y el deporte en general.

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