Mogul Mowgli

Con ‘Sound of metal’ todos quedamos impresionados y a la expectativa sobre la capacidad interpretativa de Riz Ahmed (Reino Unido, 1982). En nuestra crítica de la película lo destacábamos y dejábamos la puerta abierta a seguirlo en sus siguientes proyectos, hiciera lo que hiciese. Dicho y hecho. Aquí estamos, comentando su último estreno en nuestras pantallas, ‘Mogul Mowgli’ (que Filmin lleva a la televisión, dentro de su programación dedicada a la 11ª edición del Atlàntida Mallorca Film Fest): la historia de una joven promesa del rap británico, Zed, que, mientras intenta reconectar con sus raíces familiares y culturales antes de iniciar una importante gira, descubre ser víctima de una extraña enfermedad.

Tal sinopsis podría hacer parecer que ‘Mogul Mowgli’ y ‘Sound of metal’ son películas muy similares pues, en verdad, las dos poseen puntos en común: ambos protagonistas son músicos, ambos tienen que enfrentarse a un inesperado proceso degenerativo en sus propios cuerpos, y ambos recorren el “camino del héroe” desde un cierto desapego nihilista individualista a un compromiso grupal final. Pero ambos son proyectos radicalmente distintos.

‘Mogul Mowgli’ se deja sentir como golpes de furia, chispazos momentáneos de genialidad, capaces de convencernos que estamos ante un mensaje sólido de diálogo y convivencia multicultural

De hecho, en esta película Riz Ahmed sí se ha empapado personalmente hasta el tuétano. Junto con Bassam Tariq, director del film, coescribe el guion y, además, es autor e intérprete de todas las canciones rap que aparecen en la película. Por otro lado, esta obra también le permite a Riz Ahmed explorar sus propias raíces paquistaníes, su pasado familiar (se cuelan fragmentos de vídeo dónde podemos identificarlo claramente a una tierna edad) y su mensaje de coexistencia multicultural y mutuo encuentro en las sociedades contemporáneas (más necesario que nunca ahora, cuando el fascismo intolerante y la ignorancia vuelven a blandir armas).

Aquí hay entonces un componente personal e íntimo, compartido por director y actor, que particulariza y diferencia a esta obra respecto de aquella. El arte y la enfermedad son, en cierto sentido, una excusa para exhibir, durante todo el metraje, a la familia y a sus orígenes culturales como los verdaderos leitmotiv de la historia: repasando los orígenes del país, las migraciones desde la India y la dureza de aquellos momentos o la difícil incorporación de aquellas personas a nuevas sociedades lejanas -como la británica, en este caso, o tantas otras-. Para este discurso identitario es fundamental la figura del padre, Bashir (maravillosamente interpretado también por Alyy Khan), con quién Zed demostrará tener una relación capaz de madurar desde la incomprensión inicial al diálogo final entre ambos.

Para darle algo de vida a una película de ritmo generalmente lento, la dirección opta por un cambio brusco tanto de estilos narrativos como de planos que, aunque a veces aporta cierta originalidad, de vez en cuando, lleva a la película también hacia un incierto histrionismo que no le sienta nada bien ni a la historia ni a sus personajes. Aquí es donde la escasa experiencia en la dirección de Bassam Tariq se deja ver de forma más clara pero, precisamente en estos momentos de dificultad, es cuando el talento de Riz Ahmed (y de Alyy Khan) se hace con el control hasta llevarla, nuevamente, a terreno seguro. Dejándonos claro que estamos viendo (el sentido de la película), si bien albergaremos dudas sobre lo que acabamos de ver (el sentido de la escena).

Esto hace que la película se deje sentir como golpes de furia, chispazos momentáneos de genialidad, capaces de convencernos que estamos ante un mensaje sólido de diálogo y convivencia multicultural, dentro de un conjunto tan simple como imperfecto. Algo que cabe esperar de una película que, como esta, destila factura indie por los cuatro costados, pero que además se eleva sobre sus errores gracias a unas interpretaciones muy por encima de lo habitual. Lo suficientemente excelentes como para que nos convenza.

Nota: 6/10

Fco. Martínez Hidalgo
Filólogo, politólogo y proyecto de psicólogo. Crítico literario. Lector empedernido. Mourinhista de la vida.

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