“Por los tenebrosos rincones de mi cerebro acurrucados y desnudos duermen los extravagantes hijos de mi fantasía esperando en silencio que el Arte los vista de la palabra para poder presentarse decentes en la escena del mundo”.

Es lamentable pero (sin quitarle la razón a la “Introducción sinfónica”) creo que mi fantasía, esa bala perdida, se ha dedicado a crear alegremente bastardillos que va colocando de forma indecente allí donde le viene bien. Eso de ser madre sufriente no le va lo más mínimo. Por eso pienso que es mejor que la dejemos dormir de momento, que anda cansada de tanto trabajo, y nos dediquemos a menesteres más provechosos o, al menos, más serios. Sin embargo me resisto a dejar a Bécquer en el tintero (nota para Natalia, redactora de esta casa: lo siento maja, es lo que toca y a mi Bécquer me toca muy hondo, ya lo sabes… Y por más que he intentado arreglar esta frase cada vez sonaba más lúbrica). Es una debilidad que tengo desde los doce años cuando me iba eso de los suspiros y los versos sensibles versus sensibleros y se me saltaban las lágrimas cada vez que leía eso de

“¡Ay!, pensé, ¡cuántas veces el genio

así duerme en el fondo del alma,

y una voz como Lázaro espera

que le diga «Levántate y anda!”.

(¿Qué? No esperarían que citara los versos de las dichosas golondrinas, ¿no? Eh, que yo me creía una poeta incomprendida.)

Hacía tiempo que no revisitaba a Gustavo Adolfo Bécquer: pensar que mi profesor de literatura me suspendió un examen de 9,3 sobre diez por no puntuar doce veces el puñetero apellido. Eso si que me hizo llorar de dolor y no los versos del sevillano. En fin, que he tenido la oportunidad de volver a caer en el pecado gracias a Mariano F. Urresti y su libro con vocación de best-seller “Los fantasmas de Bécquer” (Almuzara, 2018). Urresti es un santanderino licenciado en Historia autor de veintidós libros sobre enigmas históricos. Entre los temas que ha investigado se encuentran los templarios, el “descubridor” de América, Cristóbal Cólon, el Camino de Santiago, Felipe II y el monasterio de El Escorial (¡una de mis debilidades históricas!) e incluso el mismísimo Jesucristo.  También se ha dedicado al ensayo histórico y ha ganado un premio con una obra sobre la huella musulmana y judía en la España medieval. Con esto queda claro que este autor investiga con rigor antes de ponerse a escribir y eso se nota también en sus obras de ficción entre las que destacan las dedicadas a indagar sobre los misterios que encierran las figuras de Sherlock Holmes, Julio Verne y Agatha Christie. Ahí es nada.

“ […]. Y aquí dentro, desnudos y deformes, revueltos y barajados en indescriptible confusión, los siento a veces agitarse y vivir con una vida oscura y extraña, semejante a la de esas miríadas de gérmenes que hierven y se estremecen en una eterna incubación dentro de las entrañas de la tierra, sin encontrar fuerzas bastantes para salir a la superficie y convertirse al beso del sol en flores y frutos”.

 Esos hijos oscuros de la fantasía, que se desarrollan en lugares lóbregos, húmedos y putrefactos, son los que parecen haber guiado a Urresti en su obra en la que salta airosamente de escenario en escenario como otros se pueden cambiar de pantalones en un desfile de modas. A priori una novela en la que se mezclaban nazis, traficantes de arte, espiritistas, el Mont Saint Michel, el desembarco de Normandía, Sevilla, Bécquer y no se cuantas cosas más, hacia que mis piernas se echasen a temblar de puro pavor, lo admito. Compréndanlo, “El código Da Vinci” me hizo mucho daño pero “Origen” (ambas perpetradas por Dan Bronw) consiguió que renegara de forma definitiva de todos los best seller que dicen “desvelar enigmas históricos”. Pero, como dijo el insigne James Bond, “nunca digas nunca jamás”… Y menos mal que una es capaz de traicionarse a si misma literariamente todas las veces que haga falta porque el libro de Urresti es memorable allí donde Dan Bronw resulta ridículo, es decir, en tratar con lógica todos los datos históricos que maneja y contenerse en las relaciones entre personajes para que estos resulten creíbles… cierto que a Urresti se le ha ido la mano al crear a algún alcalde y concejal de cultura pero me da que eso tiene más que ver con su experiencia con semejantes individuos y su caracterización de los mismos tiene cierto tufillo de venganza personal.

¿Y de que va la novela exactamente? Cojan aire. El primer manuscrito de las Rimas de Bécquer desapareció en un incendio en 1868. Nunca sabremos como eran originalmente los poemas del poeta puesto que los que conocemos los rehizo apelando a su memoria, a ciertos apuntes y a algunas publicaciones. Quizás en esos poemas perdidos la carga de espectros y espíritus que se encuentra en su obra definiesen mejor su posible relación con el espiritismo de la época. La confirmación de esa hipótesis es la que en principio , ya en nuestros días, impulsa a un novelista sin escrúpulos, Miguel Capellán, a buscar el original de las Rimas cuando tiene noticia de su existencia. Sin embargo, el escritor se enfrentará a adversarios poderosos que también ansían poseerlo por motivos oscuros, y no dudarán en matar si es preciso. La historia se desarrollará a lo largo del libro en dos líneas temporales paralelas: la primera comienza en las horas previas al desembarco de Normandía y tiene como protagonista a Bastian Weigel, un oficial de las SS deseoso de desertar tras las experiencias que tuvo cuatro años atrás en España, cuando formó parte de la legación que acompaño al Reichsführer Heinrich Himmler durante su viaje a Madrid en octubre de 1940. En ese viaje Weigel conoce a espías, toma parte en la búsqueda de la Mesa de Salomón y finalmente, desencantado, llega al robo. La otra línea temporal transcurre en nuestros días y tiene como escenarios y se centra en las circunstancias que rodean la investigación de Miguel Capellán para crear su libro, los especialistas que le ayudan, las admiradoras que le abordan, los coleccionistas de arte y libros con que se topa… y otras muchas personas que dan cuerpo a esta investigación que se levanta sobre los fantasmas que Bécquer plasmó con sus palabras.

Alterando mi costumbre, voy a criticar ahora lo que considero que Urresti podría haber mejorado en su obra  porque quiero resaltar sus aciertos, que deberían ser los que toda novela de “enigmas” debería contener. En primer lugar, y es algo, que últimamente destaco en varias novelas y me da mucha rabia hacerlo, es la necesidad de repasar el original de la obra todas las veces necesarias, por diversas manos, para que no haya errores de forma que estropeen la lectura. Por poner una serie de errores que podían haberse corregido con facilidad de haber existido muchos lectores previos: en la página 105, en medio de una cursiva que hace referencia a una carta leída, de repente aparece una letra itálica en un párrafo entero que no tiene nada que hacer allí; en la página 120 a la pregunta “¿Qué te parecieron los documentos que te envié?” se responde “Ya lo creo”; tiempos verbales diversos que no corresponden en las páginas 87, 96, etc.; palabras ausentes como en la página 77 donde falta un “en” o sobrantes como en la página 31 donde sobra un “de” junto a Jack el Destripador… y lo dejo ahí.

Quiero, sin embargo, destacar un par de asuntos, fuera ya de la cuestión de la forma, que me han preocupado bastante: la primera trata sobre la amada imposible de Iván, el bibliotecario, que en la página 338 dice que se llamaba Elena cuando en varios capítulos iniciales, como el nueve, por ejemplo, se llamaba Elisa. Quizás, por las circunstancias en que recuerda su figura, Iván quiere ocultar su nombre verdadero… pero no me ha quedado nada claro. El otro inconveniente que veo al texto, y este si necesitaría una seria revisión, es el innecesario resumen de la novela que se ofrece en el capítulo 5 de la tercera parte, bajo el pretexto de los recuerdos del protagonista principal, Miguel Capellán. Parece que el escritor no se fíe de la memoria del lector repitiendo cosas ya sabidas, que todos tenemos en la memoria y que deseamos que lleguen a una conclusión. Piense señor Urresti que no es cierto lo que dicen, que a los lectores nos gusta pensar también mientras leemos. Quede claro.

Por lo demás, la obra de Urresti, como ya he dicho, me ha sorprendido gratamente. Ha realizado una buena investigación sobre la obra de Bécquer, tomando hechos incontrovertibles, mezclándolos con algunos supuestos que tienen ciertos apoyos entre los investigadores, para sugerir una visión del poeta que poco tiene que ver con la figura romántica que se nos ha legado. La verdad, que se afirme que Bécquer era un burgués conservador, amante del buen vivir y putero irredento que murió de sífilis, tiene su puntazo. Lo cierto es que ese personaje creado a su muerte por sus amigos, romántico fuera de su tiempo, enfermo de amor, delicado y sensible hasta la exasperación, nunca me pareció del todo creíble. Tampoco se si me creo el Bécquer sugerido por el profesor Gallardo en el relato de Urresti pero es muy interesante que se puedan utilizar los mismos documentos y hechos en que se basa el Bécquer romántico para demostrar todo lo contrario. Los textos también parecen sugerir un poeta espiritista: en los poemas y las leyendas del escritor los muertos y espectros viajan con frecuencia al mundo de los vivos, y habría que preguntarse el motivo de esa convicción. Es ahí donde surge el estudio de las “Rimas” conocidas… y desconocidas.  Para más datos, lean el libro.

La trama es lo mejor de la novela, saltando de escenario en escenario, de tiempo en tiempo, hilando los datos que nos proporciona la obra de forma lógica, equilibrada, dosificando los descubrimientos a lo largo de todo el libro, para rematar la historia de forma consecuente y lograda. Los personajes están bien dibujados: los principales tienen sus características bien definidas, algunos de ellos evolucionan a lo largo de las páginas y, en general, actúan tal y como se puede esperar de ellos. Respecto a Miguel Capellán, el desencadenante de toda la historia, decir que no es la primera vez que Urresti lidia con él pues ya le hizo protagonista de una novela anterior, “La tumba de Verne” (2013), donde el hilo argumental giraba en torno a la figura del fascinante capitán Nemo. Una lectura pendiente que descubrir.

Los secundarios están peor trazados cayendo a veces en el trazo grueso, en el tópico, pero son efectivos para el discurrir de la historia. La ambientación es excelente y el interés constante. Tan sólo molesta un poco que en la resolución de la trama, la parte que transcurre en el Mont Saint Michel, se den tantas coincidencias, todas posibles, es cierto… pero reunir a tantos protagonistas en el mismo marco parece un rizo demasiado generoso para la trama, un “más difícil todavía” del que tal vez se podría haber prescindido.

Por lo demás decir que se nota que Urresti ha disfrutado escribiendo la novela, rescatando datos poco conocido, enhebrando las cuentas de una historia posible, apasionante y entretenida donde se mezcla la magia, lo oculto, la poesía pero también la brutalidad de la guerra, las pasiones desatadas, los asesinatos e incluso la abyección de los nazis. Y todo ello enlazado sin estridencias, con lógica y claridad. Así se hace. Que tome nota Dan Brown.

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