Llega de noche, de Trey Edward Shults: el miedo de lo realQuien esto escribe no es un seguidor del cine de terror en sus múltiples variantes. Reconoce los códigos del género, pero suelen dejarle frío; incluso los momentos de mayor yuyu a menudo le provocan la risa, mientras que suele estremecerse de pavor con cosas más mundanas.

Pero le picó la curiosidad cuando tuvo noticias del estreno de esta película y se dijo “¿por qué no?”. A priori, se me dirá, esta no es una película estrictamente “de miedo” (uno podría responder que se le proporcione una definición al uso); si acaso, terror psicológico, alejado del slasher de toda la vida, y que últimamente parece vivir buenos tiempos. El horror a lo que no se puede ver pero se siente en cada poro de la piel y en cada pelo erizado.

"Llega de noche" llega, valga la redundancia, a las salas de cine este verano con la intención de que sintamos un miedo por algo que no existe realmente o que se nutre de otros temores más primarios: el horror a una enfermedad contagiosa y letal, a que alguien entre en el sanctasanctórum de nuestro hogar y nos quiera hacer daño. Y con esos mimbres Trey Edward Shults construye un filme que funciona muy bien por la eficaz simplicidad de sus ingredientes.

Una casa en el bosque, una persona con el cuerpo lleno de llagas y que está pronto a morir. Sus familiares lo saben, poco pueden hacer aparte de evitarle mayores sufrimientos. Su hija, su yerno y su nieto se despiden de él, ataviados con máscaras. Lo llevan a un lugar en el bosque, donde ya hay un agujero preparado para enterrarlo. Y con todo el dolor del mundo lo sacrifican y queman su cadáver: no puede extenderse la epidemia en ese rincón en el que viven o, mejor dicho, sobreviven.

Con estos pocos elementos se inicia un filme que ya nos sitúa en un ambiente y una situación: una epidemia contagiosa, similar a la Peste Negra por los estragos en el cuerpo, parece haber aniquilado a gran parte de la población mundial; no lo sabemos, no se nos dice: lo intuimos.

Paul (Joel Edgerton), su esposa Sarah (Carmen Ejogo) y el hijo de ambos, Travis (Kevin Harrelson Jr.) viven aislados en una casa y con estrictas medidas de seguridad: nadie, aparte de ellos tres, puede entrar en la casa y una puerta roja (“Tras la puerta roja”, podría ser el título alternativo de la película) es la que separa el espacio seguro del hogar del peligro exterior.

Cuando, una noche, alguien aporrea la puerta y trata de entrar por la fuerza, los tres miembros de esta familia sacarán las armas dispuestos a impedir que nadie entre en su refugio. Pero penetra un intruso tras esas murallas; tras reducirlo y obligarle a decirle qué quiere y de dónde viene, Paul descubrirá que el extraño se llama Will (Christopher Abbot) y que busca agua fresca para su propia familia –su esposa Kim (Riley Keough) y el pequeño Andrew (Griffin Robert Faulkner)– a cambio de sus propios alimentos frescos; Sarah sugerirá que la nueva familia se instale con ellos, así podrán defenderse mejor si llegan extraños con otras intenciones. Y de este modo, tras remarcarse Paul con claridad las normas de la casa, se inicia una convivencia entre las dos familias que se alimenta a partes de iguales de camaradería y desconfianza, mientras Kevin tendrá una serie de sueños que le advierten de que algo malo está por venir…

Llega de noche, de Trey Edward Shults: el miedo de lo real

Llega de noche se compone de un guion y unos personajes muy sencillos en su formulación, con la justa y precisa cantidad de diálogos, y que juega con la tensión y el miedo a lo que no podemos ver (y es inherentemente humano). Lo hace con inteligente eficacia: ¿para qué complicarse la vida con recursos fantásticos si la realidad ya de por sí suscita el miedo?

Reúnanse los ingredientes básicos: una plaga, el temor a que la enfermedad se apodere de ti y de los tuyos, el rechazo a lo que viene de fuera, la soledad de quien se aísla ante lo desconocido, la desconfianza hacia el prójimo y lo que sospechamos que son sus intenciones, el amor por los tuyos y por nadie más; son temas lo suficientemente poderosos para armar una buena historia. Póngase como escenario una casa alejada de la civilización, hágase que los personajes desconfíen entre sí y juéguese con la oscuridad nocturna, o las penumbras a la luz de linternas de gas, para crear ambiente, y de este modo tenemos los elementos necesarios para crear una buena historia de miedo; y de manera muy eficaz: lo sencillo funciona.

Llega de noche, de Trey Edward Shults: el miedo de lo real

Añádase algunos momentos en los que debe pegarse el susto padre subiendo la música y mostrando una imagen horrenda (pero sin abusar: lo onírico, si no lo terrorífico, cuanto más preciso en sus dosis, mejor). Ajústese el metraje a lo que se quiere contar sin necesidad de estirar la trama de una manera artificial. Remuévase y llévese al punto de ebullición o de máxima tensión. Ciérrese la película con un par de imágenes que lo dicen todo sin necesidad de malgastar palabras. Y tenemos una buena película, muy sólida además.

Y es lo que "Llega de noche" es: una buena película de género que funciona por la eficaz combinación de sus elementos, el buen hacer de sus actores y el sólido pulso narrativo que el director le ha querido dar.

Llega de noche, de Trey Edward Shults: el miedo de lo real

No es una película de aquellas que estés dándole vueltas cuando sales del cine, pero sí te deja con algunas sensaciones encontradas y algo de mal cuerpo. Quizá a la postre esto nos es suficiente o consideres que, visto lo visto, tampoco te ha aportado gran cosa; al menos puedes quedarte con el consuelo de que te has entretenido durante una hora y media, y lo fresquito que se estaba en la sala de cine…

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