Venganza, odio, traición, asesinatos…Los vikingos nunca mueren

“Y ahora te contaré otra historia […]. Me dirás que ya las oído muchas veces. Es verdad. Pero la escucharás otra vez, pues es una historia que nunca está de más recordar. Ninguna otra historia importa, si esta se olvida”.

 Siempre contamos las mismas historias. Los seres humanos somos así. Son historias de lucha, de amor, de locura, de traición, de venganza… No hay nada nuevo bajo un sol que es mucho más viejo que el mismo hombre. Y, sin embargo, cada vez que se cuenta una historia, se hace nueva. Cambian los nombres, cambian los hombres, el camino se renueva bajo nuestros pies y del polvo surge la piedra, el cemento, el alquitrán. Pasan los años, pasan los siglos. Algunas canciones se olvidan, se cantan otras, pero siguen los corazones rotos, las luchas entre hermanos, la venganza por el dolor inflingido.

Meditadlo. Una buena historia es como un viejo vino. Mejora con los años. Las manos expertas que la elaboraron desafían al tiempo con sus sabias palabras.

Palabras que aún nos reclaman. Y escuchamos.

Imaginaros un país nuevo para el hombre, hecho de hielo y fuego (y dejemos en paz a George R.R. Martin por un momento), un país con orillas de isla, refugio de aquellos que jamás se quisieron someter a un rey, que jamás quisieron dejar su libertad en manos de otros hombres. ¿Existió? Tal vez por un instante, aquel en el que llegaron los hombres del norte (vikingos no, hombres del norte) llenos de esperanzas y sueños sencillos. Un pedazo de tierra, una casa para vivir, un hogar para prosperar. La remota Islandia… Así lo cantaron los poetas, perdón, los escaldos, esos tipos sin familia ni hogar que se dedicaban a viajar de casa en casa cantando proezas de héroes cercanos y lejanos, de seres míticos y de hombres que partieron hacia el olvido con una sonrisa feroz en los labios. Ah, ¿acaso no es este un buen comienzo para cualquier historia? Pues así comienza un libro magnífico, digno de ser recogido por cualquier saga nórdica, titulado La sonrisa del lobo (Grijalbo, 2017). La novela, de venganzas y traiciones, de amistad y amor, de lucha y pérdida, ha sido escrita por Tim Leach, autor de dos libros también muy notables El último rey de Lidia (2013) y El rey y el esclavo (2014), en los que recoge los escritos de Herodoto (considerado el primer historiador occidental) y los dota de una dolorosa humanidad.

Reescribir la historia dotándola de piel y huesos, esa parece ser la gran especialidad de Leach, profesor de escritura creativa en Warwick, una ciudad con más de mil años a las orillas del río Avon, en Inglaterra. Quizás Leach se haya bañado lo suficiente en esas aguas como para que el espíritu fabulador del “dulce cisne de Avon”, el inmortal Shakespeare, le haya tocado con su ala. Lo cierto es que las obras de Leach son magníficas historias dignas de ser contadas alrededor de una hoguera en una noche fría. No solo son grandes relatos de aventuras sino que poseen un trasfondo poderoso de sentimientos, expresados de forma dosificada, acompasados con la historia, que hacen de sus fabulaciones una lección palpitante y terrible de humanidad. A veces parece que bastase alzar una mano para tocar a sus protagonistas, tan cercanos, tan ciertos… y están a cientos de años de nosotros, polvo entre el polvo.

En esta ocasión el libro de Leach nos retrotrae a la Islandia previa a la cristianización, un lugar donde los escaldos, los poetas errantes con un hacha en la mano y una canción en la garganta, eran respetados y queridos, donde Kiarán Sin Tierra, hijo de un esclavo liberado irlandés, es parte de una historia trágica, de un pleito basado en el honor y la venganza que se desarrolla de forma implacable bajo la heladora presencia de una tierra bella e inmisericorde. Situada en un mundo de hielo y nieve, es una historia épica de exilio y pérdida, de duelos y traiciones, con dos amigos que luchan por sobrevivir en un paisaje desolado, donde el honor es el único código que los hombres respetan. Para situarnos, hacia el último cuarto del siglo X, Leach cita a algunos personajes que se mueven entre la leyenda y la historia, sobre todo el insigne Egil Skallagrímson, hombre nórdico de pies a cabeza, protagonista de una larga serie de historias de venganza pero también escaldo de renombre que, con el tiempo, fue él mismo protagonista de una saga.

La realidad imita al arte, ya se sabe.

Leach cita a estos hombres y lo hace con acierto, no solo para situarnos cronológicamente, si no para hacerlos parte de la propia narración, tangencialmente, pero están. Sólo hay un par de referencias históricas que no me parecen demasiado correctas. Una minucia, lo reconozco, carne de historiadores metidos a críticos literarios, pero que me gustaría comentar. La primera trata sobre el ajedrez, conocido ya en la Rusia del siglo VIII y en España en el siglo IX. Parece una referencia un poco extraña para un escaldo del siglo X que jamás ha salido de Islandia, como es el caso del protagonista, Kiarán, que lo cita (p. 104). En fin, digamos que es posible. Más ausente de lógica me parece la afirmación de Kiarán de que al dios de los cristianos se le adora en silencio y por ello él, nuevo convertido, no volverá a cantar. La afirmación me ha chirriado porque, sobre todo en sus inicios, y un padre de la Iglesia Católica como San Agustín se lamenta por ello, la religión cristiana es ante todo canto. Las congregaciones se reúnen y cantan a su Dios. Los frailes se reúnen y cantan a su Dios. No es un canto como el de los escaldos, que celebra a dioses y héroes (y que también necesita de un público congregado) pero es canto al fin y al cabo. Y con eso acaban mis quejas históricas… aunque tengo otro par de comentarios que no puedo dejar pasar.

El primero se refiere a la forma en que Gunnar, amigo de Kiarán y segundo gran protagonista del libro, recibe el sobrenombre de “ejecutor”. Aunque la escena que desemboca en la autoconcesión de ese nombre está bien realizada, el momento en que Gunnar se dice a si mismo “ejecutor” me parece forzado, rápido, como si Leach no hubiese sabido muy bien como hacer para que Gunnar se pudiese llamar de tal forma. Quizás haya sido que la traducción en ese punto no se encuentra a la altura del relato porque, sea culpa de Leach o del traductor, las cuatro frases en que se resuelve el asunto son enrevesadas, poco claras y no están a la altura del resto de la novela. En realidad, poca cosa para para trescientas cincuenta páginas magníficas

El segundo punto, que me parece más importante, es sobre el título, LA SONRISA DEL LOBO.

El título originario de la obra es “The feud”, en castellano, “El pleito”. El caso es que la palabra castellana “pleito” no se ajusta a la expresión inglesa heredada de los pueblos gérmanicos, creo (como lingüista no soy gran cosa), pues de ella se deriva la expresión “feudalismo”. El “feud” es en sí, y según el diccionario Oxford (que traduzco, como siempre malamente) “un estado de hostilidad mutua prolongada, generalmente entre dos familias o comunidades, caracterizado por asaltos asesinos en venganza por lesiones anteriores”. Es decir, el verdadero contenido de la novela. Aún así, parece que el título no fue del gusto de los editores ingleses, Head of Zeus (menudo nombre, por cierto, solo faltaban que aludiesen a Atenea saliendo de la oreja del susodicho dios), que se lo cambiaron ya en su primera edición. Es una lástima porque, como digo, el título dado por Leach se ajusta como un guante al contenido de la novela y el dado por los editores…. Bueeeeno, tuve que llegar hasta el final del libro para entender porque diablos lo habían puesto. Y aún así no me convenció. Nada de nada.

Es una pena, como también lo es ese vikingo con cuernos que está plantado en la portada y que parece salido de un cómic de El Príncipe Valiente (cómic de los años treinta del siglo pasado). ¿Esta gente no ha visto la serie “Vikingos”? Digo, como la referencia visual más cercana que se me ocurre. Aún así Leach agradece con sinceridad la forma en que se ha realizado la publicación española y a los implicados en ella, incluidos los realizadores de la cubierta. Como dicen en la tierra castellana de mi madre: “es de bien nacidos el ser agradecidos”.

Así pues, aunque Leach dice en los agradecimientos que se ha tomado libertades, al ojo del lector resultan más “liberales” los editores que él mismo. Leach se ha esforzado de forma muy convincente en dotar a las antiguas sagas de una piel, más que moderna, atemporal, accesible a los lectores de cualquier época. Sus personajes, en manos de alguien menos hábil, hubiesen parecidos acartonados, pasados, risibles, pero bajo sus palabras sus hábitos extraños, sus ideas lejanas, no solo parecen creíbles sino que resultan cercanas. Como ya he dicho, dolorosas y cercanas. Toda una maravilla.

Magnífico, de verdad.

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Varada en la tierra profunda

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2 Comentarios

  1. ¡Me ha encantado la reseña! Casi parece parte del mismo libro, se nota el talento.

    Acabo de llegar aquí por casualidad. Bueno, no, porque yo también me he leído el libro y también me ha enamorado, y tenía curiosidad por saber más opiniones. Pero creo que me quedaré un rato más a cotillear esta página.

    Hace ya un par de años que comencé a desarrollar un creciente interés en la cultura nórdica y ahora la mayoría de novelas (y cómics) que leo están relacionadas con esta. Sin embargo, a este libro le tengo especial cariño porque fue la primera novela propiamente dicha que leí de este tema y me pareció muy cercana y realista.

    Me encanta tu forma de narrar y también los aportes que has hecho, tengo que admitir que yo no había caído en los dos fallos históricos que mencionas, pero tienes toda la razón. En los cuernos sí que me había fijado, pero bueno, se les perdona por el interior del libro.

    ¡Un saludo!

    • Hola Virginia
      Me alegro de que te haya gustado la reseña y más aún que decidas quedarte por la página. Espero que haya más comentarios que te gusten. En cuanto a la reseña en si decirte a mi también me ha gustado siempre la cultura nórdica, sobre todo la mitología que es lo que me apasiona de verdad. Hoy en día parece que el tema de los vikingos (aunque se les debe llamar “hombres del norte”, como tú y yo sabemos) está sobreexplotado pero pocos libros, películas, comics o series tratan con seriedad y rigor el tema. Por eso un libro como LA SONRISA DEL LOBO (ese título, ese título…) es tan de agradecer: es bueno como recreación histórica y mejor aún como relato. A ver que es lo siguiente que saca Tim Leach. Lo descubriremos dentro de poco.
      Gracias y hasta pronto!!!

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