En enero llegaba a librerías de mano de La Biblioteca de CarfaxLa máscara de la muerte y otras historias”. Una antología que recoge nueve relatos de fantasmas de la casi desconocida H.D. Everett, que vivió y escribió a caballo entre el final de la era victoriana y principios del S XX. Fue con “La máscara de la muerte”, su obra más reconocida, cuando por fin utilizó su verdadero nombre y dejó de refugiarse en el pseudónimo Theo Douglas.

Los relatos que componen esta edición, publicados originalmente en 1920, se enmarcan, por sus características, en la literatura gótica, si bien algunos tratan temas algo más contemporáneos. Lo sobrenatural, las emociones exaltadas y las atmósferas misteriosas se unen así a la ambientación bélica o posbélica en muchos relatos, raramente explorada en el género (y mucho menos desde una perspectiva femenina). Destaca también la presencia de protagonistas femeninas y de mujeres fuertes e independientes.

Como en toda antología que se precie, en “La máscara de la muerte y otras historias” hay relatos que me gustaron más y otros menos, pero en general su calidad narrativa es alta, y algunos consiguieron que me recorriesen verdaderos escalofríos.

Pero veamos los textos que componen este libro uno por uno:

  • La máscara de la muerte” es el cuento que abre y da título a la obra. Tras el luto por la muerte de su esposa Gloriana, Tom se compromete con otra mujer, cosa que a la primera no le parece nada bien. Un relato que por momentos me pareció hasta gracioso y que demuestra que el elemento sobrenatural puede manifestarse a través de los objetos más cotidianos.
  • Los dedos de una mano” nos narra el viaje de dos tías que se llevan a sus sobrinos de vacaciones a la costa. Su apacible estancia ya no lo será tanto cuando descubran un escalofriante mensaje que ninguno de ellos parece haber escrito. Protagonizado por dos mujeres independientes, este relato suscita la curiosidad del lector y demuestra que no todas las apariciones fantasmales tienen que resultar amenazantes.
  • El teléfono” me dejó algo fría, quizá por predecible o porque creo haber leído algo muy parecido antes. El primero con ambientación bélica, donde un capitán del ejército británico de permiso busca desesperadamente a su prometida desaparecida. Pero es ella la que termina llamándole por teléfono, aunque su voz no parece provenir de este mundo.
  • En “El pequeño fantasma de Anne” un matrimonio se va de vacaciones tras la guerra, pero en una de las habitaciones de la granja que han alquilado comienzan a encontrarse con una niña que no debería estar ahí. Si bien el relato es interesante, su cierre me resultó algo abrupto.
  • La cortina carmesí” narra las repetidas y terroríficas apariciones que se manifiestan en la habitación de una casa abandonada durante años… y poco más. Una historia que me pareció algo insípida.
  • Con “El camino solitario”, uno de los relatos más breves, “La máscara de la muerte y otras historias” remonta, gracias a un fantasma peludo que acompaña al protagonista por los caminos.
  • La bruja del agua” es uno de mis relatos favoritos. Protagonizado por mujeres, algo más extenso y muy bien hilado, sorprende por su profundidad y por el tema que subyace más allá de la aparición del fantasma. Nos cuenta la historia de dos mujeres que empiezan a escuchar un goteo insistente que nadie más oye, como si fuese una premonición nefasta.
  • Los gaiteros de Mallory” es otro de mis preferidos no solo por la fuerza de sus protagonistas femeninas, sino por la fascinante y salvaje ambientación en las Highlands y por su uso del sonido como factor sobrenatural. Si es que escuchar gaitas escocesas puede poner los pelos de punta…
  • Cierra el volumen “La pared susurrante”, una escalofriante historia sobre el fantasma de un niño cuyos susurros predicen el desastre. Final más que digno y uno de los cuentos que consiguió incomodarme.

En las 192 páginas de “La máscara de la muerte y otras historias” el lector aficionado al terror encontrará un entretenimiento de calidad. La prosa descriptiva, elegante e intensa de H.D. Everett atrapa y sume al lector en una atmósfera de tensión casi constante. Una atmósfera que María Pérez de San Román ha conseguido mantener con su traducción.

La edición de La Biblioteca de Carfax, por su parte, no podría ser más elegante, limpia y agradable para el ojo. El título nos llega en formato rústica con solapas, y la magnífica ilustración de portada pertenece a Rafael Martín.

En definitiva, estamos ante un libro delicioso, que ha hecho que me vuelva a enamorar de la literatura gótica. A título personal le agradezco a la editorial su apuesta por autoras que, como H.D. Everett, el mundo se merece conocer.

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