En el subtítulo de esta biografía, “La primera gran reina de Europa”, ya se declaran muchas de las intenciones que nos encontraremos después en sus páginas. Y es que “Isabel la Católica” (Debate, 2017), obra del periodista británico Giles Tremlett (Lymmouth, Inglaterra, 1962), aunque es cierto que pretende eliminar de un plumazo muchos de los prejuicios con que habitualmente se ha adornado exageradamente a la figura de la reina Isabel, comete la imprudencia de hacerlo por compensación. Al hacer así, destacando más sus luces que sus sombras, toma una decisión catastrófica. El desequilibrio positivo de la balanza en el tratamiento del personaje, del que el subtítulo del libro es solo su síntoma más evidente, no acaba aportando sino otra visión deforme más de su personalidad, su rol y sus consecuencias para la historia de España.

Haciendo así, la lectura se convierte en un campo de minas al que el lector aficionado a la Historia, o aquel exigente en busca de rigor, ni está acostumbrado ni debería verse obligado a enfrentarse. No digamos ya quién, buscando divulgación de calidad didáctica y seria, pero sin los conocimientos suficientes como para afrontar con ojos críticos la lectura, abre las páginas de este libro.

Otra decisión de nefastas consecuencias es su excesiva fragmentariedad. Aunque el autor sí pretende mantener una cierta linealidad temporal, lo hace apegándose siempre a los hechos más importantes de un momento o un período concreto. De esta forma, es verdad que podemos conocer con cierta minuciosidad ese aspecto determinado en ese tiempo específico, pero perdemos la perspectiva global del conjunto, no observamos la interacción entre los distintos aspectos de su personalidad o de sus decisiones -personales y/o políticas- y, sobre todo, se nos hace imposible comprender el proceso de maduración que explicaría (en base a hechos o circunstancias pasadas) algunas de las decisiones más importantes de su reinado cuando estas tienen lugar.

Otra consecuencia negativa, ésta derivada de la decisión de sacrificar la imprescindible perspectiva global por fomentar la claridad cortoplacista, es la pérdida de la capacidad analítica del texto. Como no podemos ver bien todas las interacciones, cambios y evoluciones, que se van tejiendo con el paso del tiempo en Isabel la Católica; tampoco podemos llegar a analizar (y así comprender) con la profundidad y la importancia debidas a estos aspectos explicativos cruciales. De esta forma, al cerrar el libro, tras más de quinientas páginas de lectura, y si la intención de toda biografía divulgativa debiera ser la de disipar dudas y afrontar interrogantes, aquí, al final, nos acaba dejando bastantes más preguntas que respuestas. Una consecuencia insólita y desconcertante que, seguramente, gustará más a unos lectores que a otros; y que en nuestro caso nos ha dejado un amarguísimo sabor de boca, sobre todo en temas, como la relación de Isabel la Católica con la religión (bastante más dual y compleja de que lo que aparece aquí retratado).

Tampoco resulta agradable el constante todo laudatorio o de disculpa cuando se trataría de analizar críticamente algunas de las tropelías cometidas por la reina Isabel. Para evitar entrar en estas aguas pantanosas se recurre, en no pocas ocasiones, a observar sus hechos desde las presuntas consecuencias modernas y contemporáneas que éstos hubiesen provocado. Una estrategia argumentativa tras la que se han defendido, en el tiempo, tanto sonoras verdades como monstruosas falacias; por lo que parece poco aconsejable como estrategia para un texto de este tipo.

Como también se recurre a crear retratos histriónicos de algunos de sus antagonistas, mientras se insiste en aumentar las luces brillantes conque se enfoca a Isabel; véanse los casos de su hermanastro Enrique IV o de Cristóbal Colón. O se dejan disimuladamente a un lado a aquellos personajes cercanos a la reina pero que podrían oscurecer su retrato, como en el caso de Tomás de Torquemada.

Sin embargo, si aceptamos todos estos “peros” y acometemos la lectura con los ojos atentos y la mente despierta, sí es cierto que estamos ante un texto ameno, bien escrito, dinámico y, por veces, hasta muy divertido. Se notan las tablas de Tremlett como periodista freelance durante tantos años para The Gardian y para la prensa española. Porque tiene ese didactismo de ritmo cadencioso y chispa atrayente tan propio de la escuela biográfica británica. Además, incorpora textos en castellano antiguo, dándole al ensayo un toque de originalidad capaz de sorprender a más de uno. Y refleja las características hedonistas y presuntuosas de la reina eligiendo anécdotas bastante llamativas: destacando su gusto por la ostentación y la pompa, su tendencia belicosa y predispuesta al conflicto, su carácter indómito que tanto desesperó a propios y extraños, o su miedo cerval respecto a su rival por el trono castellano Juana “la Beltraneja” (hija de Enrique IV, aceptada por Isabel en su día como legítima heredera, para después olvidarse de su juramento y usurparle el trono).

La conclusión es que “Isabel la Católica. La primera gran reina de Europa” (Debate, 2017) resulta ser, ante todo, el retrato subjetivo de un entusiasta de la reina Isabel la Católica, aficionado a la historia de España, cuya intención es dar su versión respecto a un personaje controvertido y, es cierto, frecuentemente maltratado. Con todo, estamos lejos de una biografía objetiva y/o definitiva. Aunque el texto sí es entretenido, está muy bien escrito, y refleja las tablas de su autor como periodista, apegado a la descripción de los hechos; aunque también está falto de un análisis riguroso que le hubiese dado a la obra la profundidad que tantas veces nos falta.

Fco. Martínez Hidalgo
Filólogo, politólogo y proyecto de psicólogo. Crítico literario. Lector empedernido. Mourinhista de la vida.

1 COMENTARIO

  1. No he leído el libro, así que no puedo juzgarlo. La reseña no señala y analiza los aspectos que el autor tergiversa o distorsiona sobre la reina católica, por lo que tenemos que hacer una profesión de fe de que la biografía es subjetiva, acrítica y laudatoria. Isabel tiene el problema de estar contaminada de la ideología franquista por el uso ideológico y político que hizo el régimen de Franco de su figura y que hoy continúa haciendo la extrema derecha y el catolicismo tradicionalista, lo que condiciona el estudio de la reina y suele empujar a la izquierda a detestarla o ser adverso a ella.

    Es discutible que Isabel usurpara el trono a su sobrina Juana. Ambas tenían argumentos jurídicos y políticos para oponerse a la pretensión de la adversaria de ocupar el trono de Castilla. No hay constancia de que el matrimonio se Enrique IV y Juana de Portugal se realizara con la bula papal de dispensa del impedimento de consanguinidad, por lo que su hija Juana podría ser ilegítima y no tendría derecho al trono. Por su parte, Enrique revocó los Pactos de Guisando que reconocían a Isabel como heredera del reino. Solo la victoria en la guerra civil entre tía y sobrina, además de la diplomacia y la propaganda, determinó quién de las dos terminaría con el conflicto sucesorio y sería definitiva reina de Castilla. Los encendidos y grandilocuentes juicios a favor o en contra de un rey o un político suelen ser sesgados y exagerados, pero no creo que haya duda de que Isabel la Católica, con sus luces y sombras, grandezas y miserias, fue, junto a su marido Fernando, una reina decisiva en la historia de España.

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