La Guerra Civil siempre ha sido un tema recurrente en la ficción española y puede que para muchos sea un concepto ya gastado, pero la historia que Agustí Villaronga nos cuenta a través de su cámara se olvida de los bandos y las trincheras para centrarse en los dilemas morales de cuatro personajes hostigados por las penurias de la guerra.

Incierta gloria, basada en la novela de mismo título de Joan Sales, nos traslada a una comarca dominada por la Carlana, una viuda enfrentada a su propio pasado que lucha por ascender en la escala de clases. El joven Lluís, un militar del bando republicano, se asienta en el pueblo con el resto de su destacamento y se encuentra con su viejo amigo Solerás, también soldado. Solerás no tarda en advertirle de las redes que la Carlana tejerá sobre él si se deja engañar por ella, pero ni el amor de su hijo y su mujer, Trini, consiguen evitar la obsesión y la lujuria que acaban poseyéndolo y arrastrándolos a todos a un infierno en el que solo se despiertan los instintos más bajos de la naturaleza humana.

La guionista Coral Cruz, que se ha ganado la nominación al Goya por mejor guion adaptado junto a Agustí Villaronga, ha condensado la obra de más de 1000 páginas de Joan Sales en un metraje que no supera las dos horas.

Las reflexiones ideológicas y políticas quedan aplastadas bajo esa promesa de las vidas que la guerra arrebató a nuestros personajes, la soledad a la que deben enfrentarse y un dolor que trasciende el provocado por el fuego enemigo. El peso filosófico de la obra se reivindica en cada una de las decisiones que Lluís, la Carlana o Solerás se ven empujados a elegir, retorciendo el amor, la ambición y la lealtad en una espiral de crudeza que la cámara de Villaronga relfleja en unas imágenes que a más de uno le pondrán la piel de gallina.

Incierta gloria explora los recovecos más oscuros del alma humana a través de unos personajes complejos y bien dibujados. La decadencia moral a la que el guion los somete y las magníficas interpretaciones que los acompañan sembrarán la angustia tan lentamente como la Carlana teje sus redes de araña.

La mirada de Núria Prims, capaz de transmitir con una sola mirada que hiela la sangre la ambición y el dolor de la Carlana, el carisma de Oriol Pla en la piel de Solerà, que atrapa la cámara en sus escenas, la dulzura y la fuerza de Bruna Cusí encarnando a Trini y el inmenso trabajo de Marcel Borràs interpretando a Lluís, un personaje con tantos claros y oscuros, convierten a esta película, junto a su poderosa fotografía y excelente guion, en otra de esas joyas españolas que han pasado mucho más desapercibidas de lo que merecen.

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