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Entre las novedades de febrero de Norma Editorial nos llegó el tomo 9 de “Horimiya”, el slice of life escrito por Hero e ilustrado por Daisuke Hagiwara. En él, Hori y Miyamura continúan sus aventuras cotidianas, tan divertidas y cargadas de naturalidad, y empiezan a plantearse también su futuro.

Si no conoces este manga o no estás al día, te invito a que leas algunas de nuestras reseñas anteriores, pues esta puede contener spoilers hasta el volumen 8.

El invierno se aproxima y la familia de Hori coloca el brasero bajo el kotatsu. Una acción aparentemente simple que traerá más de un quebradero de cabeza, líos de piernas y mucho, mucho sueño.

Con las navidades a la vuelta de la esquina, el tiempo transcurre entre tardes de estudio, mandarinas y trabajo en la pastelería de los Miyamura. Y ambos protagonistas se dan cuenta de lo poco que les queda para acabar el bachillerato y se plantean su futuro juntos.

Por su parte, el triángulo amoroso entre Ishikawa, Yoshikawa y Kono se estrecha cuando una de ellas decide confesarse al chico, mientras la otra intenta a toda costa que nada cambie entre los dos.

Horimiya” continúa en su línea ligera y cómica narrándonos el día a día de sus personajes sin demasiados sobresaltos. Y ese es uno de los principales atractivos de la historia: su cotidianeidad, y la naturalidad con la que los mangakas convierten situaciones sencillas en anécdotas divertidas y algo estrafalarias. No obstante, dicha característica también hace que la trama avance muy lentamente, convirtiendo el manga en casi una serie de sketches. Pero este tomo ha sabido recuperar un poco el ritmo. No solo ha empujado a Hori y Miyamura a reflexionar y tomar una decisión relevante sobre su futuro (en una de las escenas más cuquis de la historia), sino que también nos presenta un conflicto cada vez más interesante entre Kono, Yoshikawa e Ishikawa. Esta vez, han sido ellos quienes más me han robado el corazón.

Este tomo también tiene su momento tierno al mostrarnos las navidades de todos los personajes, incluidos los menos habituales como Tanihara y Shindo.

La naturalidad que desprende “Horimiya” nos hace querer a un elenco muy atractivo por su humanidad. La química entre la pareja principal sigue funcionando bien, y cada vez descubrimos nuevos detalles sobre ellos que los hacen todavía más reales.

A diferencia de muchos shojo y slice of life, los secundarios de este manga no se limitan a rotar alrededor de los protagonistas. Conviven con ellos e influyen en sus vidas, pero cada uno tiene sus propios problemas y objetivos, lo que los hace un conjunto bastante sólido.

El dibujo de Daisuke Hagiwara es una delicia para los ojos. Tomo tras tomo, agrada con ese estilo tan estilizado de líneas finas. La limpieza de su trazo y la práctica inexistencia de fondos hace que todo el protagonismo recaiga en la expresión de los personajes, que funciona tanto en las viñetas más pequeñas como en las más amplias y emotivas.

Hay un buen equilibrio narrativo entre viñetas y texto, no resultando este demasiado recargado en ningún momento.

Con este noveno tomo, “Horimiya” gana algo del ritmo perdido en los anteriores volúmenes, y la trama parece ponerse en marcha otra vez. Está claro que los mangakas seguirán apostando por esos pequeños momentos de la vida diaria de sus personajes (rasgo distintivo de esta historia), aunque se agradece saber que existe un rumbo, y que tanto Hori como Miyamura avanzan por él. A través de un sendero cotidiano, divertido y bastante entretenido que vuelvo a tener ganas de descubrir.

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