Michio Kaku

Michio Kaku (1947, San José -California, EE.UU.-), es un físico teórico nacido de padres japoneses, co-creador de la llamada String Field Theory, una derivación de la Teoría de las Cuerdas, de la que hablaremos  ampliamente en Fantasymundo, en una reseña posterior. Destacado divulgador científico, fue discípulo de Edward Teller, el llamado padre de la bomba H, controvertido físico de origen húngaro, y se graduó summa cum laude en Harvard con el título Bachelor of Science, en 1968. Más tarde, se doctoró en Física en Berkeley (1972). Habitual en radio y televisión, ocupa desde hace unos treinta años la cátedra Henry Semat de Física Teórica en la Universidad de Nueva York.

Presenta dos programas de radio y es invitado frecuentemente en televisión para explicar sus puntos de vista sobre distintos temas científicos, medio para el que ha presentado documentales. Es también autor de numerosos artículos y de varios libros, algunos de ellos traducidos al castellano: “La energía nuclear” (1986), “Visiones” (1998), “Hiperespacio” (2001), “El universo de Einstein” (2005), “Universos paralelos” (2008), y el libro que nos ocupa, “Física de lo imposible” (Debolsillo, a la venta en FantasyTienda).

Si Kaku destaca como divulgador e investigador, sobre todo es conocido por su habilidad para hacer preguntas sin ningún tipo de cortapisa ni miedo al qué dirán sus colegas. No evita temas controvertidos y hasta hace unos años casi tabú en el mundo de la física teórica, y motivo de marginación para quienes los planteaban. Precisamente ese es el tema que ensambla este ensayo: ¿podremos construir naves que superen la velocidad de la luz? ¿hacernos invisibles? ¿mover objetos únicamente con el poder de nuestra mente? ¿teletransportarnos? ¿son posibles las pistolas de rayos o los campos de fuerza protectores?

De lectura entretenida, apasionante y ligera pese a los conceptos que maneja, estamos ante una obra propia del afán divulgativo de un científico que transmite pasión por aquello que investiga.

Estas preguntas, habituales en la ciencia ficción, han de ser planteadas con sumo cuidado cuando hacemos una aproximación verdaderamente científica, y a través de ellas Michio Kaku nos desgrana un posible futuro cercano, a medio y largo plazo, y por supuesto, imposibilidades absolutas. A menos que algún día rompamos absolutamente la concepción de la física que hoy día domina nuestros cimientos científicos.

Como lector habitual y consumidor compulsivo de cine y televisión de ciencia ficción desde niño, el autor de “Física de lo imposible” se ha sentido fascinado durante toda su vida por estas preguntas. Al mismo tiempo, sus profundas y contradictorias creencias en el budismo (para el que el Universo no tiene principio ni fin) y en el cristianismo (para el que el Universo es lineal, tuvo un inicio y tendrá un fin), le llevaron a investigar sobre el Cosmos y sus misterios. Muchos científicos y físicos aficionados comenzaron de este modo a hacerse preguntas controvertidas y a cuestionar lo que se tenía por comúnmente aceptado.

Una vez puestos los cimientos de la curiosidad científica, la auténtica espoleta que inició a Kaku en la titánica tarea de comprender nuestro Universo en su auténtica dimensión fue la muerte de Albert Einstein. Era aún un niño cuando éste murió, y por supuesto, los medios de comunicación se volcaron no sólo en este hecho, sino en toda su vida. El niño que era entonces Michio se preguntó cómo Einstein no pudo terminar algo en lo que había dedicado sus últimos años, siendo como era el científico más capacitado de aquel tiempo, padre de la Teoría de la Relatividad. Einstein, consciente de algunas de las inconsistencias de su excepcional aporte a la ciencia, buscaba la “Teoría del Todo”, con el fin de unificar todas las teorías parciales de la física en una sola, lo que nos ayudaría a dar un salto cualitativo en nuestro dominio de las leyes del Universo conocido.

Física de lo imposibleAl avanzar académicamente y formarse en las grandes corrientes de la ciencia de su tiempo, Kaku encontró rápidamente conflictos graves entre aquello que sucedía en los libros, la televisión, el cine y los cómics de ciencia ficción y la física que conocía. Ciertas cosas, en realidad, la mayoría, no parecía posible. Las enseñanzas que recibía le empujaban a olvidar lo imposible y dedicarse al mundo de lo posible, a aquello que “podemos tocar con las manos”, a lo que podemos aferrarnos como cierto.

Pero no hizo demasiado caso. Comprendió que jamás podría afirmar que algo es imposible o no si no disponía de un dominio absoluto de las matemáticas más avanzadas y la física teórica. Y a ello ha dedicado su vida.

Su proyecto de ciencias en el instituto no se basó precisamente en construir una maqueta de volcán que expulsase lava, o en la generación de electricidad mediante mini-turbinas y una corriente de agua. El joven Michio Kaku intentó crear antimateria mediante un haz de rayos gamma. Para ello, se puso en contacto con Westinghouse, les pidió unos 200 kilos de chatarra y bobinó 35 kilómetros de cable de cobre, para construir un colisionador de átomos y generar un campo magnético 20.000 veces mayor que el de la Tierra. Gracias a este proyecto, pudo ir a la Feria Nacional de Ciencia de los EE.UU., y más tarde ganar una beca para Harvard, donde comenzó su auténtica formación.

Con el tiempo, aprendió que lo imposible es casi siempre relativo. A través de la historia, en ocasiones, aquello que considerábamos propio de locos visionarios o de charlatanes peligrosos, se ha transformado en una realidad palpable, y lo que es más importante, ha sido incorporado a los fundamentos de nuestra ciencia, de nuestro saber. ¿Por qué razón algo que hoy consideramos visionario e imposible, no podría ser perfectamente viable en unas décadas o siglos?

La física cuántica, como en su día lo hiciese la Teoría de la Relatividad de Einstein, nos ha abierto un mundo nuevo y fascinante, en aparente contradicción con todo lo que conocíamos, o creíamos conocer, a inicios del siglo XX. Hoy día, muchos científicos se afanan en hallar la famosa “Teoría del Todo” que Einstein buscaba, y la candidata a ser un primer paso en su consecución es la Teoría de las Cuerdas, actualmente en desarrollo, y de la que Kaku es uno de sus principales defensores. Podemos escudriñar dentro de la materia hasta extremos inconcebibles hace unas décadas, y apreciar y clasificar fenómenos que ocurren a distancias enormes, en los que están involucrados objetos de una masa apenas imaginable por el ser humano. ¿Qué es, hoy día, imposible, y qué podríamos llegar a conseguir, dado el salto que hemos dado en el último siglo?

A menudo, la búsqueda de lo imposible ha traído consigo avances científicos, al afirmar o descartar algo en concreto. Un ejemplo paradigmático es la búsqueda de la máquina de movimiento perpetuo, y el postulado de las tres leyes de la termodinámica, como resultado de los estudios de muchos científicos a lo largo de un lapso de tiempo prolongado. Esto llevó a la máquina de vapor y a la Revolución Industrial, que hoy continúa con mayor impulso que nunca.

TeletransportaciónEl estudio de lo imposible ha cambiado muchas veces nuestro mundo tal y como se conocía. ¿Quién podría imaginar antes de Einstein que vivíamos en una especie de malla del espacio-tiempo, y que el propio tiempo era relativo, dependiente del observador, que los relojes irían más lentos o más rápidos dependiendo de la velocidad a la que vayamos, y que llegaría a existir, gracias a ello, un sistema de posicionamiento global (GPS), que llegaríamos a explorar el cosmos de la manera en que hoy lo hacemos, o que llegaríamos a poner un pie en la Luna? O incluso, ¿que llegaríamos a teletransportar átomos a través de una habitación o fotones bajo el río Danubio? ¿que podríamos construir una máquina molecular que funcionase, con engranajes y poleas?

Para analizar planteamientos que pueden sonar a imposible, Michio Kaku los separa entre:

Imposibilidades de clase I: tecnologías que hoy son imposibles pero que no violan las leyes de la física conocidas. Serían posibles en un siglo o dos, o dentro de unos pocos. En esta categoría entra el teletransporte, los motores de antimateria, algunas formas de telepatía, la psicoquinesia y la invisibilidad.

Imposibilidades de clase II: tecnologías situadas en el borde de nuestra comprensión física. Si son posibles, no llegaríamos a materializarlas hasta dentro de miles o millones de años. En esta categoría se incluyen las máquinas del tiempo, el hiperespacio y los viajes a través de un agujero de gusano.

Imposibilidades de clase III: tecnologías que directamente violan las leyes de la física conocidas. No hay demasiadas de estas imposibilidades reconocidas.

Como Carl Sagan, responsable de muchas vocaciones científicas, tanto profesionales como aficionadas, escribió: “¿Qué significa para una civilización tener un millón de años? Tenemos radiotelescopios y naves espaciales desde hace unas pocas décadas: nuestra civilización técnica tiene solo unos pocos cientos de años… una civilización avanzada de millones de años de edad está mucho más allá de nosotros que nosotros lo estamos de un lémur o de un macaco”. Si llegamos a sobrevivir ese tiempo como especie, ¿qué será imposible entonces? De ahí esa clasificación de Kaku, que ha de incluir tecnologías que están más allá de nuestra comprensión física del mundo, que cambia cada cierto tiempo, y que más adelante pueden clarificarse.

Gracias al autor, distinguimos perfectamente entre las tecnologías de las dos primeras imposibilidades y de la tercera, “algo” nos dice que no son imposibles, mientras que la tercera categoría es mucho más enigmática. De forma amena y muy didáctica, Kaku nos demuestra lo relativas que son nuestras concepciones de la realidad y sus posibilidades, y hasta qué punto la ciencia ha sido capaz de demostrar como ciertos los sueños, tenidos por locuras, del pasado. Mucho más de lo que a simple vista podríamos imaginar.

En “Física de lo imposible”, Michio Kaku da un repaso razonado y meticuloso –dentro de lo posible-, y desde luego, carente de prejuicios, de muchas de las imposibilidades clásicas, contenidas en las tres categorías descritas:

-Imposibilidades de clase I

1.- Campos de fuerza.
2.- Invisibilidad.
3.- Fáseres y estrellas de la muerte.
4.- Teletransporte.
5.- Telepatía.
6.- Psicoquinesia.
7.- Robots.
8.- Extraterrestres y ovnis.
9.- Naves estelares.
10.- Antimateria y antiuniversos.

-Imposibilidades de clase II

1.- Más rápido que la luz.
2.- El viaje en el tiempo.
3.- Universos paralelos.

-Imposibilidades de clase III

1.- Máquinas de movimiento perpetuo.
2.- Precognición.
El Futuro de lo imposible.

Por supuesto, toda esta búsqueda, protagonizada por uno de los científicos contemporáneos más influyentes, está complementada con abundantes anécdotas científicas, referencias al mundo del entretenimiento y a conceptos y situaciones tangibles, que nos ayudan a comprender los razonamientos de Kaku.

De lectura entretenida, apasionante y ligera pese a los conceptos que maneja, estamos ante una obra propia del afán divulgativo de un científico que transmite pasión por aquello que investiga. “Física de lo imposible” es una nueva muestra de que el mundo divulgativo tiene, hoy por hoy, una notable buena salud en el mundo editorial, aunque su público objetivo sea bastante más restrictivo que en otros ámbitos culturales. Libros como este consiguen que anclar nuevos lectores a este apasionante mundo de la ciencia sea cada vez más sencillo. ¡Bien por Kaku!

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