José María Latorre

Pocos expertos hay en España más autorizados para hablar del Fantástico en general –y del Terror en particular- que José María Latorre (Zaragoza, 1945). Escritor vocacional e incisivo crítico cinematográfico, Latorre es persona juiciosa y contundente en sus opiniones. La presente entrevista, que tan gustosamente nos ha concedido, y por la que le estamos muy agradecidos, es una oportunidad única para acercarse a uno de los autores más interesantes, valientes y prolíficos de la literatura de género en castellano. Estamos seguros que, como la buena literatura a la que representa, no dejará indiferente a nadie.

Fantasymundo: ¿Dónde reside la fascinación de lo fantástico?

José María Latorre: Sólo puedo dar una respuesta personal, no puedo hablar por otros. Posee el atractivo de ofrecer muchas alternativas imaginativas a la mediocridad y la grisura de la sociedad: moverte por situaciones extraordinarias y con personajes extremos, internarte por mundos maravillosos, ir más allá de los límites de la ciencia y el conocimiento, tratar temores que están más o menos presentes en el fondo de todos los seres humanos, sacar a la luz por medio del arte los miedos ancestrales, ver y tratar lo monstruoso como parte de la condición humana, moverte por ambientes fascinantes…, no pararía; también por tratarse de algo que carece de límites, en lo que reside parte de su atractivo; en todo caso, los límites se los pretenden poner (imponer) quienes no alcanzan a comprender esa fascinación, los que miran el mundo y el arte con anteojeras hechas en la fábrica de los prejuicios, lo cual es una actitud necia y anticultural.

Fantasymundo: A usted se le considera un gran especialista en el género fantástico, sobre el que ha publicado diversos libros en los que ha demostrado abiertamente sus preferencias por el terror. ¿De dónde procede ese interés por ese género en particular?

José María Latorre: Es una fascinación que arrastro desde la infancia. En mis primeras lecturas ya me sentía atraído por el miedo, por el horror, aunque he leído y sigo leyendo de todo y me precio de ser ecléctico en mis gustos literarios. En este sentido, creo que soy mucho más abierto que los partidarios acérrimos del realismo, con frecuencia muy intransingentes con todo lo demás; he disfrutado por igual con Hoffmann o con M. R. James que con Musil o con Philip Roth, con Poe o con Stevenson que con Proust o con Dostoyevski, por citar sólo unos nombres.

Siempre me han gustado las atmósferas enfermizas, los ambientes asfixiantes, el Romanticismo (claro está, me refiero al movimiento artístico, sobre todo el Romanticismo negro, lejos de la ñoñería que hoy se suele aplicar a ese término), la hipersensibilidad ante la vida aunque en ocasiones pueda resultar dolorosa, el olor de las hojas quemadas y las flores marchitas, los jardines abandonados, la naturaleza muerta, los caserones lúgubres, las bibliotecas antiguas, la idea misma del misterio. Puede que influyeran las lecturas que hice ya a los once y doce años, alternándolas con las que entonces se suponían habituales para alguien de esa edad: me gustaban mucho los autores rusos y sentía debilidad por Leonidas Andreiev, Alexandr Puchkin, Alexandr Kuprin. También pudo influir el hecho de haberme educado en un colegio de jesuitas. De ésto sabían mucho Joyce, Hitchcock y Buñuel.

Fantasymundo: Sus novelas terroríficas no son espléndidas solamente en la construcción de una atmósfera: en ellas también nos encontramos con elementos inherentes al género, tales como el narrador-protagonista. Dígame, ¿decantarse por este tipo de narrador supone para el escritor participar activamente del miedo o es un artificio literario?

José María Latorre: Eso depende de la naturaleza del relato o, si lo prefieres, del tipo de historia que quieres narrar. La primera persona me parece estupenda para describir los terrores íntimos, para acompañar a un personaje con la mayor intensidad posible, tanto en su conducta cuanto en su pensamiento. Además, es cierto, eso permite participar activamente del miedo, al menos así es en mi caso. Hay ocasiones en que yo mismo puedo llegar a tener miedo cuando escribo una novela o un relato. Pero he escrito novelas y cuentos en tercera persona…, insisto, cada obra necesita su propia voz narrativa.

Fantasymundo: Su obra está plagada de temas recurrentes. Uno de ellos es el ocultismo: no es raro que en sus novelas aparezcan grimorios o textos malditos. ¿Es usted un experto en la materia, como lo eran Seabury Quinn o Shirley Jackson, o es un mero curioso? ¿Por qué la literatura de terror tiene un poso bibliófilo tan particular, mucho mayor que el de las otras ramas del fantástico? ¿Quizá porque es un género más culto?

José María Latorre: No, lamentablemente no he dispuesto del tiempo necesario para convertirme en algo así como en un experto en la materia, aunque me habría gustado porque tengo avidez de conocimientos. Mi dedicación paralela a la crítica de cine me ha hecho perder mucho tiempo, porque es evidente que no todos los films merecen la pena. Creo que el poso bibliófilo de la literatura de terror tiene que ver con la propia esencia de esta forma literaria: los libros antiguos esconden o pueden esconder innumerables sorpresas y siempre resultan fascinantes, más aún si se piensa en los muchos seres humanos por cuyas manos han pasado; mantengo la teoría de que conservan algo de la intensidad con que han sido leídos, con que sus páginas han sido acariciadas. Los libros antiguos son además una especie de puente entre nosotros y el pasado, entre lo que hoy creemos conocer y lo que creían conocer entonces; también son residuos de vidas, de pensamientos, de emociones; y la literatura fantástica variante terror necesita emoción; todas las obras de arte deben suscitar emoción.

Fantasymundo: ¿Y qué hay de su fascinación por los osarios, abundantes de muy diversas maneras en el grueso de su obra?

Portada de Visita de tinieblas, de José María LatorreJosé María Latorre: Eso proviene en parte de la educación católica que me quisieron inculcar y de la frecuencia con que tenía que ir al cementerio cuando era niño. La religión católica practica de alguna manera el culto a la muerte y es muy siniestra, lo cual se hacía notar muchísimo en los colegios regentados por curas, que hacían cosas terribles. Por otra parte, en la ciudad donde yo vivía, Zaragoza, y en los pueblos de alrededores era frecuente encontrar huesos a ras de tierra en los descampados, en las cuevas, en los cementerios o en el suelo debajo de los nichos. Entonces ya era bastante observador y es probable que todo eso me marcara. Todavía recuerdo la impresión que me produjeron los nichos abiertos.

Fantasymundo: Al menos dos de sus novelas, «El arrecife del miedo» y «Encuentro en el abismo», están dedicadas al submarinismo. ¿Practica esta actividad o es más bien el vehículo para poder abismarse a las profundidades marinas, plagadas de connotaciones misteriosas?

José María Latorre: Eso corresponde a la fascinación que despiertan en mí los aventureros marinos, los buscadores de tesoros, los pescadores de perlas…, antes más que ahora, ya que todo eso se ha desvanecido en el túnel del tiempo. En las novelas que mencionas traté de combinar ese gusto por la aventura con mi inclinación por lo fantástico; también con mi curiosidad hacia el ocultismo, como es el caso de «Encuentro en el abismo». En cuanto a la pregunta, no, no hago submarinismo.

Fantasymundo: Intuyo, a juzgar por la fuerte presencia de la música en sus libros, que es usted un gran melómano. Permítame que le cite una frase extraída de «El arrecife del miedo»: «(…) Pensaba que la música, la buena música, era la que te llegaba al alma para transfigurarla en su belleza y convertirte en alguien diferente» (pág. 92). ¿Se siente así cada vez que escucha música? ¿Cuál sería la sinfonía perfecta para acompañar una buena lectura de terror?

José María Latorre: Desde niño he tenido tres amores: la literatura, la música y el cine. Siempre he tratado de combinarlos en la medida de mis posibilidades. Hablando de la música, cada vez que escucho alguna obra que me entusiasma, ¡y son tantas!, me siento mejor y en ocasiones dispara mi imaginación, me sugiere ideas, figuras, temas…, me incita a escribir. He llegado a utilizar esquemas musicales en alguna de mis novelas, sobre todo para crear una atmósfera.

Fantasymundo: «No puedo concebir un mundo sin fantasías ni sueños, aunque sean pesadillas» («La mirada de la noche», pág. 80). ¿Eso es lo que le impulsa a escribir?

José María Latorre: Es uno de mis mayores estímulos, sobre todo viviendo en una sociedad cada vez más asentada sobre la mediocridad. La cuestión es no afrontarlas o vivirlas de un modo escapista, sino creativamente. Lamento que nuestros amigos los «realistas» no lo compartan…, peor para ellos.

Fantasymundo: Tengo entendido que es usted un escritor minucioso y detallista que escribe cada una de sus novelas en cuadernos de pastas duras o de piel. Convierte así la escritura en un ritual. ¿Usar una máquina para escribir es pervertir el acto de escribir?

José María Latorre: Es cierto, pero sólo en el caso de las novelas y los relatos. Los comentarios sobre cine los escribo directamente, antes a máquina, ahora en ordenador. Puede ser una manía como otra cualquiera, pero me gusta el flujo de ideas que recorren desde la mente hasta la página en blanco, a la manera de un vaso comunicante. Cada uno escribe como le agrada, por supuesto, pero sí, prefiero escribir a mano para, luego, corregir en ordenador.

Fantasymundo: Madagascar, Haití, Sumatra… Los escenarios que usted escoge para sus novelas son de lo más variopintos. ¿Suele visitar previamente los lugares sobre los que escribe o se documenta profusamente sobre ellos, como hacía Emilio Salgari? ¿Un escenario exótico, por desconocido al lector, es más efectivo a la hora de aterrorizar que uno cercano?

José María Latorre: No, no suelo visitarlos; me documento lo preciso para poder moverme por ellos con cierta soltura, aunque sin renunciar a la imaginación. Me gusta insertar paisajes inexistentes dentro de paisajes reales. En las novelas de aventuras sobre todo, me agrada desplazarme a escenarios lejanos. En las de terror, eso depende del tipo de historia, de sus características, de cómo se puede insertar mejor en un escenario que en otro, aunque sólo sea por tradición.

Fantasymundo: En «Visita de tinieblas» usted consigue, muy hábilmente, trasladar elementos del terror decimonónico anglosajón a España. ¿Acaso no disponemos de nuestros propios códigos terroríficos? ¿Por qué en España hay tan poco terror de raíz autóctona? Y ya puestos, ¿por qué el terror anglosajón parece más sólido, veraz, “legítimo”, que el de cualquier otra narrativa?

José María Latorre: Precisamente me propuse escribir una novela en la que esos elementos de terror decimonónico anglosajón fueran efectivos y convincentes en la España de la época de la dictadura. Quería derribar fronteras, siempre nefastas. En cuanto a lo que me preguntas sobre nuestros propios códigos terroríficos, sí, los hay, y de ello dan una buena prueba los magníficos paseos por lo fantástico que hicieron desde Calderón hasta Bécquer, Espronceda, Alarcón, Cadalso, Pardo Bazán, Unamuno, Baroja y Blasco Ibáñez, e incluso Alfonso Sastre, aunque es lamentable que se encuentren, salvo, obviamente, en el caso de Bécquer, eclipsados «académicamente» por el brillo de otras obras suyas que están más en la línea de lo que aplaude la crítica más conservadora.

Uno de los graves problemas es que la literatura fantástica no sólo no ha tenido apoyo en España por parte de la crítica oficial, sino que ésta se ha permitido el capricho de desdeñarla, lo cual no sucede en otros países. Si no hubiera sido así, el terror español sería considerado hoy tan «legítimo» como el de cualquier otro lugar; es una doble víctima del academicismo y de los prejuicios, cuando en literatura, como ha quedado demostrado a lo largo de la Historia, no hay temas mayores ni menores, no hay jerarquías…, a excepción de lo que sucede en España.

Fantasymundo: Según tengo entendido, la editorial Alba mutiló «Visita de tinieblas» en su primera edición. Luego, Valdemar ha publicado su texto íntegro. ¿Hubo alguna razón por la que no se publicó la novela tal y como usted la había escrito? ¿Se ha topado con otros casos parecidos en su carrera como escritor?

José María Latorre: Alba tuvo miedo de todo lo concerniente a las monjas embarazadas y muertas y me pidieron que lo suprimiera. Acepté, aunque a regañadientes, porque la colección donde apareció la dirigía una excelente persona y no quise ponerlo en un aprieto. No se lo merecía. La raíz de su miedo era que la colección donde iba a aparecer era de esas que se llaman de «narrativa juvenil», por lo demás una etiqueta como otra cualquiera, y temían que fuera vetada en los colegios. Yo sabía que arriesgaba con ese tema, pero creía que iban a ser más valientes de lo que fueron. Gracias a Valdemar la recuperé después en versión íntegra y con algunos retoques de estilo. Ahora queda muy bien, creo. Curiosamente, no me ha sucedido con ninguna otra, a pesar de que he tratado temas «delicados», como, en «Encuentro en el abismo», la conducta cuando menos ambigua que tuvo el papa Pío XII con el nazismo.

Fantasymundo: «(…) En esta época nuestra, lo maravilloso ha cedido paso a lo siniestro» («La mirada de la noche», pág. 115). ¿Podría explicar por qué?

José María Latorre: Creo que, en contra de lo que puede parecer, se ha perdido en gran parte el gusto por lo maravilloso y en su lugar asoma cada vez más lo siniestro, incluso en relatos que en principio parecen estar más volcados hacia lo primero que hacia lo segundo. No es una queja, porque lo siniestro tiene un gran tirón sobre mí, pero resulta difícil creer que hoy pudieran funcionar los relatos de aventuras en estado químicamente puro, digamos, lo cual incluye una cierta dosis de ingenuidad. Estamos de nuevo ante la cuestión de la pérdida de la inocencia; lo siniestro te sitúa de frente ante lo más oscuro del ser humano; lo maravilloso está ahora teñido de negro.

Fantasymundo: ¿Qué le resulta más difícil, ser crítico cinematográfico, guionista o creador? ¿En cuál de las tres facetas se encuentra más a gusto?

Portada de La mirada de la noche, de José María LatorreJosé María Latorre: Sin duda, lo que más me gusta es dedicarme a mi literatura. Es mi vida. Disfruté escribiendo hace bastantes años los guiones para televisión a partir de clásicos de la literatura fantástica, que eran prácticamente una reescritura de los originales, aunque eso ya es historia para mí. No disfruto tanto con la crítica de cine: es una dedicación poco agradecida y poco gratificante, y siempre corres el riesgo de ser insultado por alguien cuyos gustos o intereses intelectuales, si los tienen, no compartes, cosa que no entiendo porque a mí no me importa que no coincidan con los míos y no insulto a nadie por eso. Por otra parte me molesta que en ocasiones se hayan apropiado de ideas vertidas en mis críticas de cine sin citar la fuente de procedencia. Siempre he mantenido con la literatura y el cine una relación más creativa que teórica, y por ello procuro enfocar mis escritos sobre películas de una manera muy personal.

Fantasymundo: ¿Es más importante la fidelidad o la verosimilitud del texto adaptado? ¿Qué reglas debe respetar un guionista a la hora de adaptar una obra ajena, sobre todo al cambiarla de formato?

José María Latorre: La fidelidad no es necesaria. No creo que sea imprescindible, porque para eso ya está el original. Para mi gusto, por poner un ejemplo fuera del fantástico, un film como «El extranjero», de Luchino Visconti, es innecesario porque se limita a poner en imágenes, página a página, la novela de Albert Camus (y con torpeza). Para eso prefiero leer la novela; incluso lo recomiendo. Prefiero la «traición» creativa. En lo que respecta a mi experiencia personal, lo que hice fue, como he dicho, reescribir los relatos que adapté. En el primero que escribí, «El juramento», a partir de «El vampiro», de Polidori, no sólo adapté la trama a mi gusto sino que escribí todos los diálogos, inexistentes en el original. Lo que hice fue, por así decirlo, recoger la sustancia de cada relato y dar a éstos una forma nueva, teniendo en cuenta además que el resultado iba a ser visto y no leído. Estamos ante lenguajes diferentes.

Fantasymundo: Su ensayo «El cine fantástico», premio Gigamesh, es un libro valiente y concienzudo, en el que usted desgrana paso a paso cuantas manifestaciones fantásticas ha legado el séptimo arte. A pesar de su enorme valor y calidad, le echo en falta un índice de títulos y autores al final. ¿Cabe la posibilidad de que el libro se reedite, subsanándose ese pequeño lapsus? ¿Sigue suscribiendo aún hoy la totalidad de lo dicho en su libro? De haberlo escrito actualmente, ¿cómo sería?

José María Latorre: Lo del índice es cierto, pero no se pudo llevar a cabo porque el libro debía estar acabado para presentarlo en el festival de Sitges, donde, por cierto, la dirección del festival no prestó su colaboración para hacerlo y en su lugar presentaron un libro sobre Marilyn Monroe, que se encargó de promocionar allí la propia editorial, creo recordar que era Plaza y Janés, incluyendo un cóctel al que acudieron bastantes personas para beber y comer gratis. Al final el libro sólo apareció en el diario del festival. No creo que se reedite y si algún día se hiciera, fuera de «Dirigido por…», lo sometería a una reescritura.

En líneas generales estoy bastante de acuerdo con su contenido, aparte de algunos matices, pero cambiaría lo que dije sobre «Isle of the Dead», que me parece un film estupendo. Cuando escribí el libro hacía muchos años que no había vuelto a verlo y mi recuerdo estaba mediatizado por la terrible «política de los autores», que negaba a su realizador, Mark Robson. Conste que, repito, me gusta mucho. Si lo escribiera en la actualidad retocaría el estilo, podría hablar de films que entonces no eran fáciles de ver y añadiría uno o dos capítulos. ¡Pero sería demasiado largo y, además, prefiero escribir mis novelas y relatos!

Fantasymundo: El ensayo se abre con la presente dedicatoria: «A Peter Cushing, el mejor caballero que paseó delante de la cámara por los terrenos del fantástico». ¿No teme indignar a Sir Christopher Lee o al finado Vincent Price?

José María Latorre: En absoluto. Sin demérito de los que has citado, sigo creyendo eso de Cushing, un actor elegantísimo, que siempre demostró estar convencido de lo que hacía y, lo más importante, sabía actuar con todo el cuerpo. Debe bastar con ver el momento en que en «Drácula» comprende gracias a las palabras de la criada Gerda que el conde vampiro está escondido en el sótano de la casa de los Holmwood y sale corriendo hacia allí; o la gran escena de su enfrentamiento con el barón Meinster en el salón del castillo en «Las novias de Drácula», o, en ese mismo film, su manera de cubrir el cadáver de la baronesa después de haber atravesado su cuerpo con una estaca, o su aparición al inicio de «El perro de Baskerville»…

Fantasymundo: En «El cine fantástico» asegura que en el cine actual hay mucha «torpeza», «mercantilización» y «mala conciencia». Las dos primeras imputaciones son bien sabidas, pero ¿a qué se refiere exactamente con «mala conciencia»?

José María Latorre: Hay derroches de «mala conciencia», pero me limitaré a exponer una de los que más me molestan en relación con el cine fantástico: los de aquellos realizadores que quieren ponerse por encima de lo que cuentan, como si lo consideraran un territorio menor y quisieran justificarse por haberse internado en él. Lo fantástico, por su propia naturaleza, no puede tener coartadas, casi siempre dirigidas a quienes no lo aman, y no merece a tales individuos.

Fantasymundo: Son ya muchos años los que lleva como coordinador general al frente de la revista «Dirigido por…». En todo este tiempo, ¿cuáles han sido sus mayores alegrías? ¿Y sus mayores decepciones?

José María Latorre: Lo que más me ha gustado ha sido poder preparar largos «dossiers» y estudios, y dar a conocer a través de la revista a algunos críticos aunque también me haya llevado alguna amarga sorpresa. La decepción, por así llamarla, ha sido la necesidad de tener en cuenta los vaivenes comerciales de cada momento, porque la revista depende sólo de las ventas y de la publicidad, lo cual ha impedido poner en práctica algunas ideas que posiblemente no habrían sido rentables.

Fantasymundo: Arañas gigantes, vampiros, extraterrestres, demonios, zombies… ¿Le queda algún monstruo sobre el que desee escribir? ¿En qué medida sus monstruos están influidos por el cine?

JOSÉ MARÍA LATORRE: Acabo de escribir un relato sobre el tema de la licantropía, titulado «El talismán de la muerta», que aparecerá en un próximo libro de Valdemar-Gótica, junto con otros relatos de otros autores. Era uno de los que me faltaban, pero lo he tratado, creo, de un modo muy personal. Pero no trato de tocar a todos los monstruos de la galería, digamos, clásica, sino a los que me siento afectiva e intelectualmente más inclinado; y, por supuesto, efectuar aportaciones personales, como el vardok de «La mirada de la noche» o el siniestro aristócrata de «Necrópolis».

Fantasymundo: Llegamos ya a su obra maestra, «La mirada de la noche», libro que ha sido constantemente citado a lo largo de esta charla, y que he querido reservar para el final. Sé que usted le tiene un cariño especial, y no sólo por el premio Gran Angular. ¿Qué significa para usted «La mirada de la noche»?

José María Latorre: La idea de la novela y la primera frase se me ocurrieron durante un viaje en tren de Sevilla a Barcelona. La escribí en una libreta que desde el primer momento me pareció «positiva». Me propuse crear una historia de terror exasperado, que por una parte fuera más o menos fiel a las convenciones, si bien no a todas, y por otra expresara nuevas ideas y una situación moderna con ecos del pasado. Por ello me preocupé de trazar con cuidado el carácter de los personajes y hacerlos girar alrededor de la idea de la soledad, de la profunda soledad del ser humano. Es terrible que unos niños sientan la necesidad de ver continuamente a su madre muerta, y aún más que, al final, uno de ellos exprese su deseo de seguir viendo a su hermana, que ha muerto. Sus existencias dependen de los muertos y la única persona que puede ayudarlos está traumatizado desde la infancia precisamente por una experiencia con un muerto no-muerto.

Fantasymundo: Creo sinceramente que Waldstein, su vardok, es el mayor —y mejor— monstruo literario que haya usted creado. Intuyo que los vampiros le son particularmente gratos (no olvidemos a la arrebatadora Lucilla de «Visita de tinieblas»). ¿Cuál es el origen de su fascinación por el vampiro? ¿Por qué éste está tan vinculado con la malignidad?

José María Latorre: Agradezco mucho tu opinión. Sí, me atrae mucho el vampirismo y por ello lo he tratado a gusto y de forma diferente en algunas novelas («La mirada de la noche», «Visita de tinieblas», «Necrópolis», que espero sea editada pronto) y en un relato que es casi una «nouvelle» («El final de la noche»). Mi fascinación se remonta igualmente a mi infancia y se renovó en mi adolescencia: está en la atmósfera, en los decorados, en los paisajes que lo rodean, en mi amor por el Romanticismo negro y en la idea de que representa un triunfo sobre la muerte. Si se suele vincular con la malignidad, se debe a que se encuentra en las antípodas de las doctrinas religiosas, a que está en el polo opuesto de los discursos sobre el conformismo moral y el fundamentalismo religioso, y llega a ser un elemento disolvente, transgresor. Y es sabido que es habitual en la norma odiar a la excepción. Siempre me han gustado las excepciones.

Fantasymundo: Finalmente, hablemos un poco de Edgar Allan Poe, a quien le ha dedicado unas páginas en el artículo «Las huellas de Tamerlane», del libro colectivo «Las sombras del Horror: Edgar Allan Poe en el cine». ¿Qué tesis defiende en este libro? ¿Qué supone para usted Poe?

José María Latorre: Para mí, Poe ha sido, con E. T. A. Hoffmann, el creador de la literatura de terror moderna, el descubridor de que la raíz de los miedos, de las angustias, está en la mente del ser humano. Me atraen su prosa alucinada y alucinante, su intensidad, su forma de llevar al extremo los sentimientos, de desdeñar la moralidad entonces como ahora dominante, de describir atmósferas enfermizas… En el artículo que he escrito para ese libro hago hincapié en ello y trato de explicar cómo eso ha sido mostrado en el cine, con mayor o peor fortuna, y afirmo que, por paradójico que pueda parecer, en el cine realizado desde los años treinta hasta los últimos sesenta fue mejor entendido en la llamada «Escuela italiana del terror» aunque los films no fueran adaptaciones directas de obras de Poe.

Fantasymundo: Me gustaría someterle ahora a una batería rápida de preguntas. Dígame, por favor, lo primero que le viene a la cabeza si le pregunto por:

1. Drácula. Un ideal romántico; el triunfo sobre la muerte.
2. Terence Fisher. La intensidad del cine de terror.
3. Giallo. En sus mejores films, un género políticamente incorrecto.
4. Vardok. Soledad; una contribución personal al vampirismo.
5. Fantástico. Necesario para cultivar la sensibilidad y sobrevivir.
6. Vinum Sabbati. Arthur Machen y un guión que escribí para televisión.
7. Codex Nigrum. Una novela mía, el gusto por los libros misteriosos.
8. Blake. Visionario. A leer siempre.
9. Frankenstein. Un anticipado, otro reto al conformismo.
10. Ganímedes. Inquietud y ciencia ficción.

Fantasymundo: Muchas gracias por recibirnos y enhorabuena por su obra. ¿Podría dedicar sus últimas palabras de nuestra charla a nuestros lectores?

José María Latorre: Por supuesto. Me parece estupendo que exista esta página vuestra, así como el entusiasmo, que se nota, a la hora de tratar el fantástico. Está bien combatir así los prejuicios sobre el tema, animar a leer literatura fantástica (ya que la crítica más o menos «oficial» no suele hacerlo), continuar apostando por la desaparición de los límites, de las jerarquías en el arte, de los prejuicios esgrimidos por los puristas, que además suelen ser poco o nada creativos.

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