Xulio Ríos
Xulio Ríos

Hace décadas, no pocos analistas políticos se preguntaban qué sucedería si China finalmente despertase de su largo sueño y decidiera recuperar su lugar entre las superpotencias más poderosas del mundo. Hoy día, el gigante asiático amenaza con sólidas razones a los Estados Unidos, hasta ahora potencia hegemónica global, y se ha transformado en un decidido árbitro político y económico, tanto en su zona de influencia geográfica como a escala planetaria, con sus inversiones estratéticas en materias primas y productos manufacturados. Muchos son los tópicos sobre China y las sombras que arroja a nivel político, militar y social en el mundo occidental, y precisamente para disipar estas dudas, Fantasymundo ha entrevistado a Xulio Ríos (Moaña, Galicia, 1958), licenciado en Derecho, director del Observatorio de la Política China, miembro del Consejo Asesor de Casa Asia, escritor y articulista de periódicos como El País. En suma, uno de los mayores expertos en China que puede despejarnos muchas de las dudas sobre lo que le espera a la inevitable relación entre oriente y occidente.

Alejandro Serrano: La imagen que suele tenerse de China en nuestro país es la de un gigante comunista que exporta productos baratos de baja calidad y a emprendedores que erosionan con paciencia economías ajenas, como hace el agua con un acantilado. ¿Hasta qué punto esa imagen de “peligro rojo” se corresponde con la realidad, según Xulio Ríos?

Xulio Ríos: Creo que se nos queda un poco anticuada esa imagen. Sin entrar ahora en la cuestión de cuánto de comunista tiene el gigante, hoy más que el laborioso tendero del todo a cien llama la atención el desembarco de las grandes multinacionales chinas, sus compras empresas o de de deuda soberana, etc., y las dudas que suscitan sus inversiones en términos de inocuidad o búsqueda de influencia estratégica. Pero la China “taller del mundo” capaz de inundar de productos de bajo coste nuestros mercados poco a poco pasará a ser residual.

China aspira a ser una potencia en todos los sentidos, incluido el tecnológico. Y está dando pasos muy firmes en tal sentido, aunque le llevará tiempo. Por otra parte, quien arruina nuestras economías no es China sino un modelo ultraliberal que enaltece la economía especulativa, diluye el bien común y adelgaza el Estado hasta niveles ínfimos para ponerlo de rodillas ante los mercados. La agitación del “peligro rojo” nos recuerda a la “amenaza soviética”. Ignora que en el discurso chino no existe ninguna vocación mesiánica (a diferencia del occidental), y únicamente se justifica por una rivalidad estratégica que por primera vez en muchos siglos pone en cuestión muy seriamente el futuro de la hegemonía occidental.

Alejandro Serrano: En occidente se acusa a China de no respetar los derechos humanos, mientras que tanto en Europa como en los EE.UU. la democracia cada vez está más devaluada y los ciudadanos tienen menos derechos. En concreto, nuestro país adolece de una corrupción sin límites y una endémica falta de transparencia, por no hablar ya de que el derecho a la vivienda, la sanidad o a tener un trabajo digno no está entre las prioridades de ningún gobierno, mientras se exprime a los ciudadanos con impuestos directos o indirectos. ¿Somos quien para dar lecciones? ¿Hay tanta diferencia en esta materia entre Occidente y China, cómo vive un chino medio, en el campo o la ciudad? ¿El presidente Xi Jinping continúa de forma seria la búsqueda de la “sociedad armoniosa” iniciada por Hu Jintao?

Muralla China
Muralla China

Xulio Ríos: Sin duda queda en China un largo trecho para lograr una mejora sustancial de los derechos humanos en sentido amplio, ya nos refiramos a los de carácter económico y social como a los civiles y políticos. Hay mejoras constatables, pero asimétricas y no está claro cuál es el rumbo final pues dependerá mucho del signo de la reforma política de la que se espera un impulso en este otoño, según algunas fuentes.

Ahora mismo hay un movimiento relativamente importante que reclama el cumplimiento de las previsiones constitucionales y legales en torno a esta cuestión. Si es verdad que cruzamos tendencias: en China se ganan, aquí se pierden derechos. Ahora que tanto se nos habla de alargar la edad de jubilación, es bueno saber que en China las mujeres se jubilan a los 55 años y los hombres a los 60, con una esperanza de vida superior a los 73 años. Pero el IDH de China, la segunda potencia económica del mundo, está en la posición 101.

Indudablemente, los retrocesos que estamos viviendo en este sentido al igual que el mantenimiento de penales como Guantánamo, por ejemplo, afean singularmente y cuestionan profundamente la coherencia del discurso occidental. Si la calidad de nuestra democracia se deteriora a pasos agigantados, esto resta razones en el debate. Lo más interesante desde mi punto de vista es que en China se vive un cuestionamiento permanente del sistema y por lo tanto un reconocimiento expreso, tanto a nivel oficial como no oficial, de que es necesario mejorarlo. No se sabe cómo, pero la idea, por ejemplo, de que una reforma política es indispensable está al orden del día y la única cuestión es saber quien llevará la delantera, si el gobierno o la sociedad. Por otra parte, aquí hoy da la impresión de que el sistema está poco menos que agotado y que unas elites corruptas y mediocres se han apropiado del sistema en beneficio propio.

La crisis no es solo económica o financiera. Le salva que no existe una alternativa clara y estructurada. La capacidad para digerir el descontento y las propuestas de la sociedad es mínima. La crítica se criminaliza y se presenta como un atentado a la infalibilidad del sistema. Nuestra democracia parece haberse convertido en otra iglesia en manos de dogmáticos. Por ello, que los chinos busquen un camino propio, teniendo en cuenta su periplo histórico y nuestra crisis, parece lógico. Lo que no debe servir es como coartada para escamotear derechos a los ciudadanos, ya hablemos del trabajo o de la libertad de expresión.

Respecto a la segunda cuestión, los desequilibrios y las desigualdades en China son un hecho conocido y bien profundo. Las diferencias entre unas regiones y otras y entre el campo y la ciudad son considerables. Existe una voluntad política de corrección, pero requiere tiempo e inversiones. Hoy por hoy, incluso por razones estrictamente socioeconómicas, no le queda otra opción al gobierno y al PCCh que promover la mejora del nivel de vida para depender menos de las exportaciones e instalar el consumo interno como una de las claves esenciales del crecimiento en esta fase del proceso de modernización. El crecimiento salarial medio anual rondará el 13% hasta el año 2020 y las regiones del Oeste seguirán creciendo a ritmos más elevados que las costeras, invirtiendo el proceso vivido en las décadas pasadas.

Alejandro Serrano: Corea del Norte es quizá hoy el mayor riesgo para la paz mundial, en una zona de complejos equilibrios y tensiones que implican a las mayores potencias del globo. En Occidente tan sólo tenemos la visión que nos ofrecen los medios de comunicación sobre la vida diaria en este país de inspiración estalinista… ¿qué se sabe sobre el interior de un régimen tan hermético como potencialmente peligroso para el equilibrio en la región?

Xulio Ríos: Acostumbramos a definir la existencia o no de paz mundial en función de si “nuestro” mundo participa o no en un conflicto. Es una visión un tanto parcial. La paz mundial está salpicada de guerras y “nuestro” mundo acostumbra a ser el principal financiador cuando no instigador. Dicho esto, en Corea del Norte, sin duda, nos hallamos ante una dinastía poco receptiva a los cambios. China ha intentado influir en numerosas ocasiones, especialmente en materia de reformas económicas, pero con poco éxito.

En nuestros análisis sobre su evolución interna hay muchas dosis de conjetura e hipótesis, pero su hermetismo dificulta la realización de análisis bien fundados. En términos generales, parece claro que Kim Jong-un ansía consolidar su poder y que una estrategia de tensión controlada puede ayudarle a definir y establecer una elite burocrática afín, si bien su padre ya se preocupó de proveerle de una red de afinidades personales.

Hay dos obsesiones principales en Pyongyang. De una parte, la conservación del poder por parte de la oligarquía que lo detenta. De otra, la seguridad. No comparto la idea de que toda la responsabilidad de la situación en la península coreana deba achacarse a Corea del Norte. Hemos logrado que el arma nuclear se haya convertido en el último recurso para garantizar su seguridad. Esta necesidad blinda el régimen y bloquea cualquier posibilidad de avance, tanto externo como interno. La conjugación de sanciones internacionales y maniobras militares constantes de los países vecinos no ayuda. Es cierto que tanto hermetismo dificulta la previsibilidad pero esta será mayor sin diálogo. La apuesta belicista conduce a un callejón sin salida. Enroca al régimen y lo que se necesita es ablandarlo.

Alejandro Serrano: China, pese ser socio preferencial de Corea del Norte, no ve con buenos ojos sus ensayos atómicos (este año tuvo lugar el tercero del que se tiene noticia) ni su beligerancia con respecto a su vecino del sur. Sin embargo, tampoco se decide a aplicar una presión mayor sobre Kim Jong-un –como por ejemplo, un embargo del crudo que le suministra- por temor a un flujo migratorio indeseado hacia sus propias fronteras, y sobre todo a que una escalada aún mayor de tensiones provoque un aumento del papel que los EE.UU. juegan en la región (como en el caso de una reunificación de ambas coreas), incipiente gracias a su relación con Japón y al Acuerdo de Asociación Transpacífico (Trans-Pacific Partnership, o TPP). ¿Ve a corto o a medio plazo alguna resolución a este conflicto, por ahora diplomático? ¿Podría caer el régimen de Pyongyang sin provocar un daño aún mayor que el mantenimiento del precario statu quo en Asia?

Xulio Ríos: China no quiere una Corea del Norte con capacidad nuclear y tratará de impedirlo, pero es comprensiva con respecto a su situación estratégica ante la presión de los países vecinos y de EEUU porque entiende que el diálogo directo entre EEUU y Corea del Norte es el camino para desactivar el contencioso. Por otra parte, no desea el hundimiento del régimen –como casi nadie en la zona, paradójicamente- porque entregaría el control de la península a EEUU, que tiene estacionados en el Sur varias decenas de miles de soldados (además de la presencia en Japón). Algunas voces sugieren que si China deja de apoyar a Pyongyang, EEUU podría comprometerse a no desplazar sus tropas más allá del paralelo 38. Pero desde la unificación de Alemania ya sabemos el valor de las promesas de Occidente: lo mismo se prometió a Gorbachov y hoy la OTAN alcanza la frontera rusa.

Hong Kong
Hong Kong

Toda la tensión en torno a Corea, Japón (Diaoyu-Senkaku) o en el Mar de China meridional (Spratleys, Paracel, etc.) coincide con el impulso a la estrategia del Pentágono de “Pivot to Asia” que llevará el 60% de la flota de EEUU a la región en pocos años. Todo este clima viene a justificarla. Su sentido es ejercer presión sobre China no para evitar su crecimiento sino para domesticar su inquebrantable voluntad de conformarse como un poder soberano que rechaza formar parte de las redes de dependencia de EEUU. Muchos de estos problemas desaparecerían si China aceptara un G2 comandado por EEUU, pero Hu Jintao le dijo que no a Obama. Incluso entonces podría abrirse un diálogo entre China y EEUU a propósito de una salida a los dos grandes vestigios de la guerra fría: Corea y Taiwán. Porque en Asia la guerra fría no terminó. Y no solo. Podría reactivarse si se confirma la política de bloques que sugiere también la conformación de esas dos grandes alianzas económicas que se están fraguando, el TPP (sin China) y el RCEP (sin EEUU).

Alejandro Serrano: Hoy día, China da la impresión de ser un híbrido económico entre el comunismo, el socialismo y el capitalismo. Sus tasas de crecimiento son desorbitadas, si las comparamos con Occidente, aunque se han dado en parte a costa de esquilmar su propio medio ambiente. Actualmente, el gigante asiático está revisando sus políticas exportadoras, y procura diversificar sus inversiones, posicionándose en el mercado de materias primas como importador. También comienzan a admitir el riesgo de la polución descontrolada, y a lidiar con temas como el empleo, el flujo migratorio del campo a las ciudades, y la problemática de las libertades civiles, entre otros. ¿Cómo será la China del futuro, cuál será su estrategia, teniendo en cuenta que huye de la típica planificación occidental cortoplacista?

Xulio Ríos: En efecto, China es un híbrido difícilmente catalogable y con una agenda de problemas proporcional a su dimensión. Muchos dicen que todo su auge se debe al mercado y la propiedad privada. No lo creo así. La planificación sigue siendo muy importante y el poder e influencia del PCCh es determinante. Para bien y para mal. El núcleo duro del poder económico está bajo su control. No debiéramos pasar por alto ese dato.

Por otra parte, más que la ideología, hay un proyecto histórico y cultural que subyace a este proceso de modernización a marchas forzadas y que sustenta su nacionalismo. Se trata de poner fin a la decadencia histórica agravada por la intervención occidental en el siglo XIX y volver a situar a China como uno de los países centrales del sistema internacional. Y hacerlo volviendo a ser China, no imitando a ciegas a Occidente. Mi mayor duda es cuál será la naturaleza de su relación con el exterior. La China que prevaleció sobre Occidente hasta el siglo XIX vivió de espaldas al mundo. Esta China necesita del mundo. Es muy interdependiente en muchos aspectos. El gran reto es configurar un marco de relaciones con el exterior que evite derivar en prácticas neoimperialistas.

El campo en China
El campo en China

Alejandro Serrano: La UE rechaza en buena parte los esfuerzos diplomáticos chinos debido al tema de los derechos humanos. Para los países europeos aún colean los sucesos de la Plaza de Tian’anmen en 1989. Sin embargo, las autoridades chinas relativizan aquellos sucesos, al tiempo que los países europeos viran hacia unas políticas menos respetuosas con los derechos humanos, por decirlo suavemente. De momento sólo Islandia ha firmado un Tratado de Libre Comercio con China. ¿Ve un futuro acercamiento de posturas? ¿las recientes aproximaciones de Hollande, Merkel y otros dirigentes europeos pueden ser una señal? ¿qué hay de verdad y qué de falso en los sucesos de Tian’anmen?

Xulio Ríos: No debemos infravalorar la importancia de lo acaecido en 1989. Aquella protesta sigue planeando como una sombra sobre la política china y el PCCh es consciente de que en algún momento deberá reinterpretar lo sucedido entonces para reconciliarse con una sociedad que reprueba sus desmanes. Ahora bien, mantener el embargo sobre la venta de armas por parte de la UE en atención a la represión de la protesta estudiantil tiene hoy, casi un cuarto de siglo después, sobre todo un valor político y quizás más remotamente estratégico, ligado a las prevenciones de tipo tecnológico. Tanto es así que varias veces se ha intentado pasar página y solo las presiones de EEUU evitaron su levantamiento.

Eso no ha impedido que desde entonces las relaciones de China y la UE se hayan desarrollado ampliamente, especialmente en lo económico. China apostó por la UE. Su primer Libro Blanco en materia de política exterior tuvo por objeto la relación con Bruselas. China no considera a la UE un rival estratégico, a diferencia de EEUU, sino un referente del orden multipolar a condición de que ejerza sin ambages su autonomía, como quiso hacerlo durante la guerra de Iraq.

Hoy las relaciones bilaterales viven un proceso de reformulación importante. La UE está desaparecida y China apuesta por privilegiar sus relaciones con los países centrales del continente, especialmente con Alemania, que en 2015 podría representar ya la mitad del comercio bilateral con China. Las estrategias de país en relación a China se imponen a una estrategia continental. Eso explica las visitas de otros líderes europeos, que no quieren quedarse atrás respecto a Berlín. Sin el otro lado del muro, ni el bienestar ni la paz ni la unión parecen tener futuro. Europa se está jugando su ser o no ser. Por otra parte, la firma del TLC con Islandia probablemente guarde relación con el interés de China por acceder al Consejo del Ártico.

Shanghai
Shanghai

Alejandro Serrano: En China se da un fenómeno que también tiene pálido reflejo en otras partes del mundo: los acaudalados y jóvenes hijos de los todopoderosos dirigentes, e incluso de los funcionarios de medio rango, han formado una casta alejada de la realidad, prepotente y en ocasiones asesina, que hace y deshace a su antojo, con violaciones, asesinatos, palizas e intimidación por medio. Incluso disponen de cárceles de lujo para funcionarios corruptos. ¿Son estas las señales de una corrupción imparable en el régimen? ¿da pistas sobre el futuro de China, cuando estos jóvenes accedan al poder, o es habitual castigar estos desmanes?

Xulio Ríos: Sin duda la corrupción es uno de los principales problemas del país. Y tiene múltiples manifestaciones, incluida la conducta de los “pequeños emperadores”, asociados a la política del hijo único que abriga ciertos temores a futuro pero también a los vástagos del liderazgo, hipermimados y beneficiados de las redes familiares y cierto clima de impunidad. Es una lacra difícil de combatir cuando el sujeto que lo protagoniza es además quien lo combate, el PCCh.

El fenómeno es inseparable también de la pérdida de valores en una sociedad que ha convertido el enriquecerse en la expresión máxima del triunfo personal, dejando a un lado valores que han sido esenciales en generaciones anteriores como el sacrificio, la igualdad, la solidaridad, etc. El PCCh ensaya diversas medidas para reprimir el fenómeno, pero no es fácil. Nosotros recomendamos el pluralismo, la independencia de la justicia, etc., como antídotos, pero también aquí parece fracasar nuestro ejemplo. Se necesita un control social muy fuerte. Internet parece un aliado muy eficaz pues logra sacar los colores al régimen a cada paso. Y evita que la corrupción se convierta en sucedáneo de las luchas soterradas de poder que hasta ahora ha sido lo más habitual.

Alejandro Serrano: Las relaciones de China con la Federación Rusa son esenciales para ambos países, y estrechas en lo económico y militar, pero también sus intereses geopolíticos colisionan. China se beneficia de importaciones baratas de materias primas y armamento provenientes del gigante ruso, mientras que este país se beneficia de la transferencia de tecnología procedente de los chinos. ¿Terminarán por enfrentarse las ambiciones de uno y otro país? ¿la dependencia del crecimiento de la economía rusa con respecto a China bastará para evitar los roces y mantener la cordialidad entre ambas potencias?

Xulio Ríos: Moscú y Beijing viven un momento especialmente dulce. Sus economías son complementarias y comparten también visiones comunes respecto a las tendencias internacionales y a numerosos conflictos. Además, comparten mesa en estructuras como la OCS y BRICS que ganan peso en el sistema internacional jugando un papel a cada paso más decisivo para conformar un orden post-occidental. Por tanto, cabe esperar que colaboren cada vez más. Esto no oculta sus diferencias y desconfianzas. Rusia espera apoyarse en el crecimiento de China para alentar su despegue pero, al mismo tiempo, es consciente de los riesgos. Es una alianza parcial e inestable a largo plazo pero coyunturalmente, salvo que Occidente sea capaz de atraer a Rusia a su entorno, seguirá fortaleciéndose.

Alejandro Serrano: Parece que Japón intenta dar un giro a su política, en parte debido a la amenaza china. El presidente del país, Shinzō Abe, ha aumentado el presupuesto en armamento, e intenta reformar el artículo 9 de su constitución, lo que le permitiría transformar las Fuerzas de Autodefensa en unas fuerzas armadas tradicionales. En todo el mundo esto es visto como un giro nacionalista… ¿Tan seria es la amenaza china actual para los intereses japoneses o es sólo una excusa de Abe para derogar una condición impuesta por los aliados al término de la II Guerra Mundial? ¿en qué medida cambiarían unas fuerzas armadas tradicionales en Japón el precario equilibrio de la zona?

Xulio Ríos: Japón vive desde hace años un momento de gran convulsión que afecta a la definición de su futuro político que unos imaginan como asiático y en base al entendimiento con China, otros enfrentado a China y en clara alianza con EEUU, y hasta plenamente emancipado de EEUU y convertida en una nueva potencia, también militar, no solo económica. Con Abe estamos en la segunda y cerca de la tercera opción.

Abe promueve una política orientada a revisar el orden de la posguerra para hacer de Japón un país “normal”. Esta revisión sugiere reescribir la constitución pacifista, entre otros. Un entendimiento entre China y Japón se ha demostrado poco fácil pero no imposible. Su interdependencia económica es considerable. El temor a la resurrección del militarismo japonés es tal que China prefiere que EEUU le controle directamente. Detrás de la reciente incursión de tropas chinas en Cachemira algunos ven el intento de Beijing de frenar la incipiente cooperación estratégica y militar de India y Japón, enviando un mensaje a ambas partes centrado en la defensa de lo que considera su integridad territorial.

Japón, por otra parte, está multiplicando sus vínculos con Taiwán y los países del sudeste asiático en un claro desafío a China. Todo ello alimentará el proceso de modernización militar de China, con especial énfasis en su poder marítimo.

Cocina china
Cocina china

Alejandro Serrano: El Partido Popular español y el Partido Comunista Chino han abierto vías de “entendimiento y cooperación”. ¿Qué podemos esperar de ello? ¿el aumento de la demanda interna china y las oportunidades de otros países en él lo justifica todo a nivel político?

Xulio Ríos: Entiendo que se trata de acuerdos formales sin más trascendencia. Si en España el PP puede dialogar con IU o el PCE, no veo por qué no puede hacerlo con el PCCh. Comprendo menos que el PCCh hable con el PP y no con los partidos nacionalistas con representación parlamentaria. Refleja a las claras algunos de sus miedos internos más profundos.

Alejandro Serrano: Los tres últimos planes quinquenales del estado chino incidieron en que Internet era una prioridad para el desarrollo del país, pero solamente en el plano económico, del social no se habla. Al mismo tiempo, las principales utilidades sociales en Internet tienen su equivalente chino –buscadores, redes sociales,…, con la censura y el filtrado de contenidos como sello distintivo. Incluso se habla de que crearán una red propia. ¿Corre el riesgo China –el país con mayor número de internautas, más de 450 millones- de quedar cada vez más aislada socialmente del resto del mundo, la relativa apertura económica no permeará socialmente en algún momento y cambiará el país?

Xulio Ríos: La razón que influye en dichos procesos es doble. De una parte, la necesidad de blindar su proceso y evitar que se torpedee su soberanía. Lo mismo podemos decir del sistema GPS o toda su red de satélites, las reservas de su programa espacial, etc. China entiende que el éxito de su proceso exige preservar la soberanía pues objetivamente a Occidente le interesa un triunfo limitado que no cuestione su hegemonía. Por eso concede tanta importancia al control de aquellos instrumentos que pueden incidir en la desestabilización de su proceso, a sabiendas de que va a experimentar muchos riesgos en la próxima década, que será clave para afirmar las actuales tendencias.

Por otra parte, China no puede renunciar a Internet aunque seguirá afanándose por su control, que es una obsesión, y tratará de utilizar la red en su propio beneficio. Su singularidad cultural facilita la aparición de respuestas propias a las necesidades de los internautas que las perciben más cómodas y adaptadas. Baidu se acepta mejor que Google de forma natural, con independencia de la cuestión de la censura, porque se amolda mejor a su identidad. El impacto de la red en el orden socio-político va en aumento y a las autoridades les resultará cada vez más complicado lograr su domesticación. Su influencia crece y el PCCh, en muchos aspectos, pierde la iniciativa ante la Red. Va a remolque. Ese es un dato trascendental.

Alejandro Serrano: ¿Cree que los chinos aún son percibidos en España a través de los clásicos tópicos o esto ha cambiado en los últimos años, con su penetración en nuestra economía? ¿son más permeables a la occidentalización cuando llevan años residiendo aquí?

Xulio Ríos: Creo que va cambiando porque hoy tomamos contacto con otros chinos: los turistas, los estudiantes, los inversores…. Pero hay aun mucho desconocimiento respecto a su historia, su cultura, etc. Indudablemente quienes llevan tiempo residiendo en Occidente reciben influencias pero en la mayoría de los casos son superficiales. La estructura clave de su forma de pensar y de entender las relaciones sociales y con el mundo no es fácil de cambiar.

Se sienten muy orgullosos de su cultura y en ella ciertamente hay muchos valores positivos. En el fondo, mantienen el viejo axioma de que lo esencial es lo propio y lo complementario lo ajeno. Su admiración por Occidente no les lleva a imitar ciegamente sino a intentar adaptar lo que consideran sus virtudes a su imaginario. Es una actitud inteligente.

Alejandro Serrano
Cofundador de Fantasymundo, director de las secciones de Libros y Ciencia. Lector incansable de ficción y ensayo, escribo con afán divulgador sobre temáticas relacionadas con el entretenimiento y la cultura cercanas a mis intereses.

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