Cristina Fallarás en plena manifestación con la PAH
Cristina Fallarás en plena manifestación con la PAH

El drama de los desahucios es sin duda una de las peores consecuencias que ha acarreado una pésima gestión política y la corrupción sin límites que ha campado en este país desde hace décadas. Hace un mes, reseñábamos en Fantasymundo el libro “A la puta calle” (Emecé), firmado por Cristina Fallarás, volumen en el que esta periodista y escritora cuenta, en primera persona, su experiencia con la pobreza, en una caída libre, con toda su familia, desde una reconocida posición profesional, hasta la pérdida de su hogar.

Hoy, publicamos una entrevista con Cristina, en la que nos cuenta, sin pudores ni paños calientes, su lucha contra el banco y una legislación draconiana que impone los intereses bancarios a los más básicos derechos humanos recogidos en nuestra propia Constitución, manejada  su antojo por los partidos políticos mayoritarios. Ojalá la sociedad termine concienciándose de este problema y exija, de veras, una reacción contundente de los políticos para ponerle coto.

Alejandro Serrano: Es difícil no identificarse con tu caso tras la lectura de “A la puta calle”, especialmente si tienes hipoteca e hijos. Tú puedes contarlo, como periodista y escritora, y has llegado a disponer de un altavoz editorial y de comparecencias en los medios televisivos y en radio. Otros cientos de miles de personas desahuciadas no han tenido ni siquiera ese descargo… ¿te ha servido de algo a nivel personal? ¿qué les dices a esas otras personas anónimas que también han sufrido lo mismo que tú en sus carnes y en las de sus seres queridos?

Cristina Fallarás: Sí, podríamos decir que yo soy una privilegiada, porque tengo mis métodos para “arar la tierra”. Yo con un papel y un boli puedo crear trabajo, mi propio trabajo Otra cosa es que eso me dé dinero. Por otra parte, soy periodista, y creo que esa fue la razón definitiva para sentarme a escribir A la puta calle. Lo mejor que le puede pasar a un periodista es encontrar una buena historia. Si además, sirve para explicar muchas otras historias a la vez, es decir, si es la historia de muchos otros, bingo. Yo la tenía, y era la mía. Además está lo que llamo en el libro “el problema narrativo” de los desahucios.

La inmensa mayoría de los desahuciados viven situaciones de una violencia extrema, pero no tienen las herramientas para contarlo. Por otra parte, los periodistas, los narradores, sí las tienen, pero no lo han vivido, y te aseguro que quien no ha vivido el horror ante la mañana sin leche para los críos no puede imaginárselo, por mucho que quiera contarlo. Yo tenía las dos cosas, y decidí hacer de tripas corazón. En este sentido, claro que me ha servido. Narrar, enunciar, enseña a enfrentar el miedo, a darles a las cosas su justa medida, a comprender lo que te/nos está sucediendo.

En cuanto a qué les digo a las personas en esa situación, no lo sé, la verdad. No sé si soy yo quién para decir nada. Podría decirles que la riqueza es la misma, o más, que hace unos años, solo que la distribución es otra. La riqueza de un país no varía mucho, varía cómo se distribuye. En nuestro caso, nos la están arrebatando a la mayoría para pasarla a manos de unos pocos. Cada uno sabrá cómo y cuánto quiere luchar contra eso.

Alejandro Serrano: Por lo que cuentas en tu libro, lo más difícil es explicarle a tus hijos la situación, no poder darles de comer según qué cosas, hacer equilibrios con los servicios básicos, con la luz, el agua, el gas, decir adiós a la carne… ¿cómo logras concienciarles de algo que los adultos muchas veces son incapaces de encajar?

Portada de A la puta calle, de Cristina FallarásCristina Fallarás: En este proceso me he dado cuenta de que es más fácil, inteligente, sensato y culto educar en la pobreza y la contención que en el consumo y la sobreabundancia. A mi hijo mayor (hoy 10 años, 6 cuando empezó todo esto) le explico de manera fácil, porque es muy fácil, la diferencia entre lo público y lo privado. Le digo que lo público es suyo, de todos, y por lo tanto puede y debe usarlo, cuidarlo y protegerlo de aquellos que quieran hacerlo desaparecer. Eso es la política, y hasta un niño puede entender el expolio al que estamos siendo sometidos.

Alejandro Serrano: Ahora mismo el banco ya te ha asegurado que te echarán pronto de TU piso. Rajoy no acepta ni de broma la dación en pago, ni siquiera obligar a los bancos a negociar priorizando los derechos humanos, esto es, la protección de los niños… y deja a los desahuciados a merced de los bancos. ¿Cómo ha sido tu trato con el personal del banco, en primer lugar, y con los servicios jurídicos ahora? ¿Qué opinas de los partidos que votan en bloque en contra de proteger a los ciudadanos de la voracidad de los bancos?

Cristina Fallarás: El banco empieza a quitarte lo que tienes cuando dejas de pagar la tercera cuota de deuda. Es suyo, según dice un contrato que tú firmas. En mi caso, conseguí ir engatusándolos con los premios y promesas de ingresos futuros durante cerca de año y medio. Fui trampeando hasta que ya resultó evidente que no iba a cobrar nada al mes siguiente ni al otro ni en bastantes más. Entonces pasé a tratar con lo que llaman servicios jurídicos, y que son un mecanismo de amenaza y ejecución, y como tal funcionan la mar de bien. No sé, cuando me llamaban para decirme que mi piso iba a entrar en subasta les decía que no me lo creía, porque dentro estaba mi familia viviendo, y uno no subasta un piso con bicho dentro, etcétera.

Un día me llamaron para ofrecerme la dación en pago. Yo les dije que me parecía bien, y pregunté cuál era el mecanismo. Me respondieron que en 15 días debía abandonar el piso. Yo no podía aceptar eso de ninguna manera, porque uno no debe aceptar jamás ningún movimiento que cree alarma en los niños. Bastante tienen. Y porque era un atropello, ellos no necesitaban mi piso con tal urgencia para nada, y yo sé. Así que lo rechacé. Meses más tarde, se lo he vuelto a proponer yo.

Creo que los partidos políticos han legislado y funcionado hasta ahora, todos ellos, al dictado de los bancos. Porque su deuda con ellos es salvaje, millones y millones de euros que las entidades financieras han ido dando a los partidos para que ellos hagan sus campañas electorales y jueguen a la democracia. Ahora, de funcionar en sentido contrario, les podrían cortar el grifo y además exigir su deuda. Sin embargo, en algunas zonas de la izquierda tradicional se empiezan a ver movimientos más “humanos”. No sé hasta dónde llegarán. En cuanto al PP, por supuesto veo que lo suyo es un expolio de la población, de lo público, evidente y desvergonzado, milimétricamente tramado.

Alejandro Serrano: La negación es tradición en este país, en todos los ámbitos. En “A la puta calle” cuentas que lo que más te ha dolido es precisamente eso, casi nadie quería creer lo que contabas, que una profesional con trayectoria, con experiencia, una escritora premiada y conocida, pudiera ser pobre, que tuviera a su familia en lo que eufemísticamente llamamos “exclusión social”. ¿Ha cambiado algo eso con la atención mediática en torno a tu persona, ahora te comprenden más? ¿Ha habido gente que te ha censurado por “carecer de vergüenza” al contar cosas tan íntimas, por poner en evidencia su negación voluntaria? Alguien debería decirles que los únicos pobres no son los que duermen en los cajeros…

Cristina Fallarás: Bueno, en parte yo escribí este libro para ponerle cara a eso, a los pobres que no dormimos en los cajeros. A la gente no le gusta ver en la cara del desahuciado la suya propia, y yo no soy nadie especial, lo que quiere decir que lo que a mí me ha sucedido puede acabar sucediéndole, por ejemplo, a cualquiera de los miles de periodistas despedidos en estos últimos cinco años.

Por otra parte, sigue existiendo –y esto sí me ha sorprendido— un pensamiento conservador por el que si has ido por libre, si te has divertido con tu trabajo y fuera de él, si has elegido a qué pozos no querías bajar y a cuáles sí, entonces te mereces lo que te pasa. En fin, reparto de la miseria. Luego, además, están aquellos que consideran vergonzoso mostrarse en público, así, impúdicamente. A mí me parece una forma culta de enfrentar la realidad. Me molestan mucho más los eufemismos, estamos rodeados de eufemismos que me hacen vomitar.

Cristina Fallarás
Cristina Fallarás

Alejandro Serrano: Confieso que, sin llegar a ningún impago (aún) con la hipoteca, mi mujer y yo mismo hemos dicho en los momentos más bajos lo mismo que tú y tu marido, “la carne para la niña” (tiene cinco años y pico). Y todo sin dejar de trabajar cada día, con el cuchillo entre los dientes, sabemos qué se siente y lo necesario que es contarlo. ¿Qué tal te sentaron las declaraciones de Cospedal, en las que poco menos que aseguraba que sus votantes preferían pagar la hipoteca antes que comer, y que quienes no pagaban esgrimían “excusas vagas”?

Cristina Fallarás: Es de una gilipollez tan radical que no sé si merece que me extienda mucho. Esa mujer está cubriéndoles las espaldas y colaborando con una panda de criminales que han robado dinero, han utilizado los fondos públicos y el dinero de todos para su propio beneficio y para enriquecerse, y paralelamente han decidido desmontar una estructura pública, adelgazarla al máximo para beneficio de unos pocos.

Alejandro Serrano: ¿Qué haréis cuando la policía llegue a VUESTRA casa?

Cristina Fallarás: La policía no llegará a nuestra casa porque acabo de pactar con el BBVA la dación en pago. Ya todo se ha roto mucho más de lo que estaba. Ahora que tengo algún ingreso como periodista, decidí aceptar la dación en pago y volver a comenzar. Fue un error, porque me he encontrado que nadie quiere alquilarme un piso. Nadie alquila a una desahuciada, y en mi caso es difícil esconderlo.

En fin, que llevo dos meses buscando piso sin éxito. Antes de que acabe este mes deberé abandonar mi casa. Los muebles irán a un almacén, mi hijo irá con su padre y mi hija con su abuela. Yo buscaré un lugar donde dormir hasta que encuentre el sitio para los tres. Esto se llama destruir una familia tras destruir un techo tras destruir un modo de vida, o sea, un empleo.

Alejandro Serrano: Hoy día no pocas familias con niños son sostenidas gracias a los abuelos, ¿cómo responde vuestra familia a la situación que vivís? ¿tienen margen para ayudaros?

Cristina Fallarás: Mi familia vive fuera de Barcelona. En este momento, preferiría no sacar a los niños de su entorno. Sus padres no viven conmigo. La situación de una madre con custodia compartida es demasiado complicada de explicar para resumirla aquí.

Alejandro Serrano: El gobierno de Rajoy ya especula con la posibilidad de subir de nuevo IVA e IRPF… ¿a dónde crees que vamos a llegar, cuando hoy día la EPA arroja cifras de más de 6.200.000 parados, con casi 2.000.000 de hogares con todos sus miembros en paro? Ellos saben que nos condenan a una situación aún peor, y mientras los bancos rescatados con un flujo de cientos de miles de millones inyectados, y no pocos políticos cobrando sueldos múltiples, con la jubilación de lujo asegurada, y con sentencias del Tribunal Supremo que avalan que un diputado se embolse el plus de manutención pese a tener pisos en su ciudad de trabajo. ¿Hasta qué punto llega la rabia de un desahuciado? ¿España se levantará contra tantos abusos?

Cristina Fallarás: Ah, veo que me haces esta pregunta para ponerme de buen humor… No sé a dónde vamos a llegar ni cuándo, lo que sí sé es que ese lugar no tendrá nada que ver con aquel que dejamos atrás cuando nos creíamos ricos, cuando pensábamos que el estado llamado “del bienestar” era una vía de futuro, cuando aún confiábamos en la autoridad, cuando respetábamos un sistema democrático basado en la representación, cuando aún no nos habíamos dado cuenta de que una panda de mangantes nos estaba vaciando las arcas, cuando cerrábamos los ojos para no verlo, cuando algunos se iban lejos de vacaciones para no verlo, cuando otros metíamos la carita entre libros y nuevas tecnologías para no verlo, cuando nos inventamos todo lo que no somos para no ver nada de todo aquello que no estábamos evitando. Lo dicho, qué alegría.

Alejandro Serrano: En “A la puta calle” confiesas también haber pasado de apolítica a “violenta”, es decir, has descubierto que, si quieres que un país cambie, no perecer ante los abusos, se necesita una ciudadanía vigilante, que no tenga remilgos a la hora de exigir sus derechos. ¿Crees que es necesaria una experiencia tan traumática como la tuya para dar un paso así, o mucha gente en nuestro país le está viendo las orejas al lobo? ¿qué le dirías, una vez más, a Cospedal, por calificar como nazis a quienes practican los escraches, o a Felipe González por reclamar que pensemos en los niños de los padres escrachados?

Cristina Fallarás: Creo que es necesaria una sociedad adulta y responsable, y estoy convencida de que eso pasa por la educación. Cuando busca la raíz, el eje fundamental, la cuerda que tocar para cambiar de música, lo encuentro en la educación. Una educación que no sea para el consumo y el ocio, sino para la cultura y una convivencia sosegada. No sé si eso es posible, pero desde luego lo que seguro resulta imposible es seguir actuando como hasta ahora, escondiendo la cabeza y la mirada. En cuanto a González y Cospedal, ambos son responsables, cada uno en su medida, de esto que estamos viviendo. Qué sabrán ellos de nosotros, ellos son cómplices del dolor.

Alejandro Serrano: ¿Qué perspectivas de futuro tienes a nivel laboral y personal? ¿crees que ahora eres más fuerte?

Cristina Fallarás: Ahora soy mucho más fuerte, sí. Tener el valor de enunciar(te) te arma, y en ese sentido yo estoy armada. En cuanto al futuro, imagino que te refieres a mañana jueves, ¿no? Más allá no lo sé. ¿Tú lo sabes? ¿Lo sabe alguien?

Alejandro Serrano: Por último, nos gustaría darte las gracias por tu libro, por arrancarte el pudor y contar las cosas como son –es absolutamente necesario, y sobre todo, desearte suerte y más valor aún para seguir luchando, para sacar adelante a tu familia –como han de hacer millones de personas en este país bananero, y por tu presencia en las manifestaciones de la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca)… un abrazo.

Cristina Fallarás: Muchísimas gracias a vosotros. El pudor, arrancarme el pudor, como tú dices, ha sido sin duda lo más difícil a la hora de escribirlo. Eso y no caer, ni siquiera rozar la autocompasión.

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