Anna Starobinets

Cuando uno abre un libro de Anna Starobinets (Rusia, 1978) debería hacerlo desprovisto de todo tipo de prejuicio o conocimiento previo sobre él, rechazar leer cualquier comentario o crítica o reseña o prólogo o referencia antes de acabar de leer la novela, entregarse con la inocencia de un niño a lo que venga y nada más –sin pensar siquiera en si su autora tiene este o aquel estilo. Cuanto menos se sepa mejor y si es nada de nada, mejor que mejor. ¿Por qué? Porque Anna Starobinets se marca como meta romper con cualquier certeza que hayamos tenido en su obra anterior, sorprendernos a cada paso con una novela más original y apasionante que la anterior… ¡Y lo consigue! Por eso cualquier conocimiento previo que creamos tener conseguirá, únicamente, impedirnos gozar al máximo con su literatura.

Este consejo puedo dárselo con la experiencia de haber cometido este mismo error antes. Me llega el libro a las manos con el conveniente anexo de prensa, con la contraportada plagada de comentarios, con la biografía de la autora y la sinopsis de la novela, y uno (que no es de piedra) siente el deseo irrefrenable de saciar sus ansias de malsana curiosidad.

Todo lector siente en algún momento cómo le llama una pregunta a la que pocos se pueden resistir, pudiendo, responder: ¿de qué irá la novela? ¡Monumental error! Uno acude a sus lecturas previas, traza paralelismos, busca influencias o posibles líneas de desarrollo… Y, cuando empieza a leer, mientras destruimos la idea preconcebida y construimos la nueva, ya hemos perdido una frescura y una imaginación de un valor incalculable. El ser humano evoluciona porque es curioso pero, está visto, a veces tanta curiosidad también puede detener su progreso.

Portada de El vivoTal idea está íntimamente situada en el centro argumental de ‘El vivo’ (Nevsky, 2012) pues parte del concepto de la singularidad definido en la década de 1960 por vez primera por John von Neumann, y solo popularizado dos décadas después por el escritor de Ciencia Ficción Vernor Vinge. Según este concepto, la curiosidad humana está consiguiendo avances tan importantes en inteligencia artificial que, más pronto que tarde –algunos lo sitúan en la década de 2020, llegará el momento en que la tecnología sostenga una inteligencia capaz de superar en varias veces a la inteligencia de la propia humanidad. Una idea que en el Prólogo ya se explicita: «Anna Starobinets escribe para usted (porque ella tampoco se fía ya de nadie)”. Julián Díez recoge a través de unas declaraciones del también escritor de Ciencia Ficción Robert J. Sawyer: “los primeros inmortales ya han nacido”.

¿Cómo será la singularidad cuándo llegue?, ¿qué alternativas a la humanidad puede plantear una inteligencia artificial? Todavía más, ¿es compatible la humanidad con una inteligencia no humana? O incluso, ¿es compatible la humanidad con la alternativa no humana que tal inteligencia pudiera plantear? Preguntas apasionantes de un futuro inminente al que estamos abocados, por nuestra curiosidad, antes o después a llegar.

Pues bien, ‘El vivo’ (Nevsky, 2012) es el núcleo de la respuesta de Starobinets a estas preguntas: una sociedad demográficamente cerrada –no puede tener más de tres millones de miembros; genéticamente inmóvil –la reproducción asistida repite los mismo códigos genéticos una y otra vez; con una vida pautada a cada milímetro según la eficiencia biológica orientada a la reproducción y el cumplimiento de sus funciones sociales –existiendo una jubilación forzosa que nadie quisiera para sí; donde todo gira alrededor del conjunto de pautas tecnológicas que lo hacen posible –siendo “el vivo” el resultado más significativo y “el socio” su plataforma tecnológica e institucional.

En este contexto aparece, de repente, la anomalía o la excepción o la singularidad que rompe todos los esquemas: llamado “CERO” posee un código genético único, distinto a los otros tres millones, una vida aleatoria e imprevisible, un punto de ruptura al sistema totalizador que significa “el Vivo” para el resto de los miembros de la sociedad. Starobinets nos plantea en la novela, a través del conocimiento de ‘El vivo’ (Nevsky, 2012), una inteligentísima distopía sobre un futuro inminente dónde la singularidad y la humanidad se ven las caras frente a frente; proponiéndonos su alternativa a una supervivencia humana rendida a la inhumanidad.

Más allá de la trama está una literatura intensísima, variada en registros adaptados a una multiplicidad de códigos –inherentes además a ese futuro posible, de diálogos vivos y con potentísimas cargas de profundidad sobre el ser o la naturaleza humanas, de personajes asoladoramente arrasados por la angustia vital de quién vive unas experiencias prestadas o ajenas o impuestas, y sobre todo por el aterrador contraste entre el interior incinerado y la apariencia pulcra de todos los seres humanos que intervienen en esta novela. El desconcierto con que tanto nos sorprendió Starobinets en sus relatos de ‘Una edad difícil’ (Nevsky, 2012) adquieren aquí una nueva forma, y dan también un paso adelante en cuanto a madurez, credibilidad e intensidad.

El descubrimiento de Anna Starobinets (Rusia, 1978) me dejó en su día totalmente noqueado. La sorpresa ante la audacia y la originalidad de su propuesta creativa todavía me mantienen en vilo, y ‘El vivo’ (Nevsky, 2012) no ha hecho otra cosa que intensificar la llama de aquellas sensaciones, volviendo a arrasar mis ojos, mi corazón y mi mente. El cierre de año no ha podido ser mejor. Starobinets es de otro mundo.

Fco. Martínez Hidalgo
Filólogo, politólogo y proyecto de psicólogo. Crítico literario. Lector empedernido. Mourinhista de la vida.

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