Prologado por Jorge Valdano, este libro es una declaración de amor y odio al fútbol que no puede pasar por alto el aficionado a este deporte o a la novela negra.

Horacio Convertini es un animal literario. No sólo ha ganado multitud de certámenes como el Premio Nacional de las Artes (2008), Concurso Extremo Negro BAN! (2013), Silverio Cañada y el Celsius de la Semana Negra de Gijón (2013 y 2018) o el Internacional de Novela Policial Azabache sino que además de ser un escritor prolífico en la novela negra, también toca la literatura juvenil y la crónica como redactor de la sección policial del diario Clarín. Entre sus títulos están “La soledad del mal”, “El refuerzo”, “El último milagro” y el más reciente “Los que duermen en el polvo”.

Imagínense la situación: Su equipo de fútbol lleva una primera vuelta desastrosa, tanto que parece que el descenso a segunda es inminente con lo que ello conlleva, a saber, menos dinero, fuga de las estrellas del equipo, pérdida de aficionados… Un desastre (soy del Sporting de Gijón, conozco el tema). En este caso no se trata de un equipo de España sino de Argentina, el país del fútbol, con permiso de Brasil. El Racing Club de Avellaneda está tocado de muerte y su figura, Johnny Franzoni está a punto de abandonar el barco e irse a jugar a Bélgica, entre otras cosas por el ambiente de violencia que se empieza a vivir en la grada y que le afecta personalmente en la figura de Lis y el Oso, dos aficionados que no dudan un momento en amenazar a quien se ponga por delante para crear un nuevo Racing. ¿Y qué hacen presidente y entrenador? Sobreviven. El presidente, Jesús Ribonatti, propietario de una tienda de electrodomésticos, se resiste recurrir a Nakamura y el entrenador, Zagaglia es un pobre diablo que ya no sabe qué tecla tocar para mejorar el rendimiento de sus jugadores.

¿Quién es Nakamura? A situaciones desesperadas, soluciones extremas. Nakamura es un crack de los mandos, el campeón mundial de FIFA en Play Station cuyos patrocinadores tienen una idea que no sólo salvaría a Racing sino que lo haría elevarse a los altares del fútbol argentino y, ¿por qué no?, internacional. Se trata de implantar un chip en la cabeza de Franzoni cuyos movimientos estarían controlados por Nakamura. ¿Qué puede salir mal? Nada, es todo discreto y coherente, y si funciona, salvará al querido Racing del fracaso y la ignonimia.

Por supuesto esto es tan sólo una introducción de la novela y aquí no se desvela nada que no se diga en la contraportada. El libro es todo un homenaje a la literatura y al fútbol. La forma de narrar de Convertini te mete en la atmósfera de un puñetazo, porque desde la primera página ya se hace patente el clima de violencia que será el predominante a lo largo de toda la novela. Aunque el diálogo es una parte pequeña dentro del libro, el autor lo maneja con gran maestría, en el momento exacto donde se necesita, donde la tensión puede rebajarse, para conseguir volver a introducirte exactamente donde él quiere. Incluso, me atrevería a decir, que el hecho de ser un libro escrito por un argentino, para un lector español, le añade más atractivo por el “desconocimiento” de algunas palabras que te obliga a estar más atento a la forma de hablar de los personajes o a la de narrar del autor.

Y es que Horacio Convertini derrocha amor por el fútbol y por la narración. Se nota a cada página y a cada nuevo personaje que aparece, empezando por el Duro Cameselle y siguiendo por todos los demás, incluso Nakamura. Y es que novelar fútbol, como dice Valdano en el prólogo, es muy difícil porque se reescribe día a día, y es cierto, ¿cuántas novelas futbolísticas conocen? Pues Horacio Convertini es capaz de mostrar ese amor por este deporte con lo más oscuro, turbio y criminal de la novela negra, de montar un relato que además de encoger el alma por lo perfectamente factible del mismo, sorprende a cada página y a cada nuevo personaje o situación que nos encontramos. Vamos, que se le coge “aprecio” literario hasta a los cafres de Lis y el Oso.

Tanto si te gusta el fútbol como si no, pero sobre todo si eres de un equipo de sufridores, de estos que suben y bajan o se mantienen todos los años en Primera por los pelos; si eres un amante de la novela negra más pura y más negra, Horacio Convertini y “El último milagro” te van a encantar. De todos los libros que traje para casa de la Semana Negra de Gijón (que no fueron pocos), este es el que más me ha sorprendido. ¡Léelo! Te aseguro que no te arrepentirás.

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