El secreto del Salmo 46: no ha sido lo que esperabaMensajes escondidos en el arte”, dibujos de un prometedor autor español y guión de un conocido desarrollador de juegos (anda que no disfruté en mis tiempos con el “Loom”… gran aventura gráfica con un guión muy atrayente), así que pensé que me encontraría una peculiar visión sobre los secretos de grandes obras artísticas a lo largo del tiempo. Pero me equivoqué. Mucho.
   
Y lo peor no es que me equivocara (las equivocaciones a menudo nos descubren obras fabulosas que, de otra manera, no habríamos ni hojeado), sino la cara de seta que se me quedó después de leer este cómic. No culpo a los autores, sino más bien a mi nula capacidad para comprender qué es lo que me han querido decir y a dónde querían llegar. La sequía reseñadora que he tenido estas últimas tres semanas no han sido debidas sólo a las fechas navideñas, sino que el intentar abordar la reseña de esta obra ha tenido bastante que ver.
   
En fin, vamos a ello: allá por el año 2002, el 23 de marzo, durante la conferencia de desarrolladores de juegos de San José, Brian Moriarty preparó una presentación que podéis leer transcrita y escuchar aquí  y, si os lleváis mal con la lengua de Shakespeare, al que mencionaremos después, podréis leerla en español aquí . Pues bien, Iván Sende se ha ajustado al texto de esta conferencia y se ha atrevido a contarla en formato de cómic –obviamente, con la autorización del autor-.
   
El secreto del Salmo 46: no ha sido lo que esperabaTodo comienza con una experiencia vital de su juventud como dependiente de una tienda de radio y televisión, así como sus inicios en la entonces naciente industria del videojuego. Una historia de pilas y transistores que engancha con una referencia a un libro-juego que fue lanzado por un avispado tipo llamado Kit Williams  el 20 de septiembre de 1979: se llamaba “Masquerade”, y prometía el hallazgo de un tesoro si los lectores conseguían descifrar el enigma oculto entre sus páginas. Ni que decir que ese tesoro existía de verdad y estaba enterrado en un determinado lugar: se trataba de una liebre de oro de 18 quilates que podéis ver aquí . Ni que decir tiene que nunca llegó a ser encontrada y terminó siendo subastada en Sotheby’s.
   
Voy a detenerme aquí. Obviamente, el lanzamiento de “Masquerade” tuvo poco o ningún impacto en España, así que me tocó documentarme al respecto mientras pensaba para mis adentros qué narices hacía investigando sobre un libro-juego británico de finales de los años 70 del siglo pasado. Pero bueno: conseguí recopilar varias páginas e intenté sacar algo en claro. Las pistas existen y las indicaciones, también: veamos este ejemplo . Parece una representación de un señor barbudo manejando unas marionetas, con una orla en la que se lee: “Jack be nimble, Jack [dibujo de una abeja. ¿Quizás quiere decir “bee”?] quick, and Jack jumps over the flame.”

Aplicando las instrucciones del inicio del libro que rezan que “dentro de las páginas de este libro se cuenta una historia / de amor, aventuras, fortunas perdidas y una joya de oro macizo / Para resolver el enigma oculto debes usar tus ojos / y encontrar la liebre en cada ilustración que puede conducirte al premio” me puse a intentar solucionar algunos y, al menos en el que nos ocupa en este ejemplo, creo haberlo conseguido: las letras en rojo nos dan la palabra “Isaac”, algunas letras aparecen marcadas con una lengüeta (la R de “over”, la I de “quick” y la S de “jumps”) que, jugando a los anagramas, nos da “Sir”, lo que me hace pensar que la figura representada es la de Sir Isaac Newton. Por otra parte, el cuadrado mágico de colorines de la izquierda se corresponde con el de la ilustración de la página 4  del libro, y nos da una curiosa correlación: el 1 es rojo, el 2 amarillo, el 3 verde y el 4 azul…

El secreto del Salmo 46: no ha sido lo que esperabaY se corresponden con los anillos de los dedos de Newton, con los que maneja las marionetas. Las letras coloreadas y ordenadas según color nos dan la palabra “Hour”, y estoy convencido de que las letras a las que señalan los miembros de los muñecos manejados por los dedos con anillos coloreados quieres decir algo, pero aunque he jugado a los anagramas con ellas, no he sacado mucho en claro. ¿Qué quiero decir con esto? Que malamente va a enganchar a un lector español. Como curiosidad está bien, pero… no me ha aportado mucho más allá de devanarme los sesos intentando encontrar la explicación de este estéril pasatiempo (me he entretenido mucho, eso sí). Y no me extenderé sobre la letra de una tonadilla popular británica llamada, precisamente, “Jack Be Nimble” que se cantaba al jugar determinado juego durante el día de Santa Catalina… Os invito a descubrirla. El caso es que, combinando las pistas de cada imagen y jugando a los anagramas con las letras que señalan las distintas figuras y colores, el libro, efectivamente, daba la localización del premio.
   
En fin, sigamos: tras este episodio anecdótico y desconocido por el español medio, nos presenta una curiosa reflexión sobre los “huevos de pascua”, o sea, las sorpresas escondidas en algunas obras de arte: El Greco, Shostakovich, Mozart y la curiosa manera que usaba Bach para firmar alguna de sus obras sin que la gente lo supiera. De ahí pasamos a una alusión a la cábala y la numerología que nos conduce a William Shakespeare: tras varias curiosas teorías sobre quién era, a qué se dedicaba y cómo era capaz de crear tantos silogismos, nos encontramos –al fin- con el que es el secreto del “Salmo 46”.

El secreto del Salmo 46: no ha sido lo que esperaba En la iglesia en la que Shakespeare está enterrado –o eso se dice- (la Trinity Parish Church en Stratford-Upon-Avon –presunto lugar de nacimiento de Shakespeare-, para los curiosos), se expone la llamada “King James Bible”, publicada en 1611 cuando Sir William tenía 46 años que, curiosamente, está abierta por el salmo 46. Bueno, el enigma es que, además de que la traducción es diferente a la típica de una “vulgata”, si contamos la cuadragésimo sexta palabra desde el principio y la cuadragésimo sexta desde el final de la página, conseguimos las palabras “shake” y “spear”. Juntadlas. Curiosa coincidencia… ¿Verdad?
   
En fin. Aquí termina la historia con una pequeña reflexión final. Se añade la biografía de los autores a modo de epílogo.
   
Insisto: ¿nos habla de algunas curiosidades escondidas en la obra de algunos conocidos artistas? Sí. Eso no puede negarse. Pero… ¿La obra nos ofrece una historia fluida y clara con un hilo conductor coherente? Entiendo que no. ¿Qué tiene que ver el “club de la pila del mes” o la sustitución de un transistor con este anecdotario de secretos artísticos? ¿Qué pinta un ejemplo como el “Masquerade” en una conferencia cuando sólo pudo ser disfrutado por el público británico –vale, vamos a añadirlo al anglosajón en general, pero dudo que un estadounidense o un australiano viajasen al Reino Unido para buscar la dorada liebre-? Además, el mensaje presentado resulta confuso, por lo menos fuera de su contexto.
   
Sin embargo, no puedo decir nada adverso sobre el trabajo de Iván Sende, que ha conseguido plasmar en un dibujo sencillo y agradable el texto del discurso. Lo acompaña bien, de una manera esquemáticamente figurativa pero en la que reconoces perfectamente tanto a los personajes como las obras y artistas representados. Un notable trabajo.
   
El secreto del Salmo 46: no ha sido lo que esperabaPero, insisto: no he sido capaz de captar el objetivo y el mensaje de la obra, que entiendo que no se ajusta del todo al subtítulo de la obra. Mi humilde opinión es que, simplemente, se quiere estimular nuestra curiosidad presentándonos el poder de sugestión de algunas obras conocidas a través de sus pequeños secretos ocultos para que nos animemos a sumergirnos en ese misterio o, tal vez, demostrarnos cómo ese poder de sugestión se mantiene hasta nuestros días poniendo un ejemplo reciente como es el de “Masquerade” y la propia ponencia de Moriarty.
   
A lo mejor vosotros, queridos lectores, sois capaces de encontrar mejores explicaciones y sacarle más partido que yo a este pequeño cómic de 80 páginas en tapa blanda con solapas de cuidada edición. De veras: no quiero que esto se considere una mala crítica. Simplemente subrayo que no he sido capaz de pillarle el punto, y no estoy totalmente seguro de si es un defecto de la obra o es mío. Echadle un vistazo y ya me contaréis.

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