Jeremy Rifkin

Hubo una época en la cual leer un nuevo libro de Jeremy Rifkin era una experiencia apasionante. Abrías las tapas con la emoción, y la seguridad, de descubrir nuevas cosas sobre el mundo que estaba por venir. Esa época ya pasó. Su nuevo ensayo, “El Green New Deal global” (Paidós, 2019) no pasa de ser un refrito autopromocional donde se sintetizan y concretan las ideas que ya hemos podido leer en otras obras anteriores suyas. En concreto, las referencias a “La tercera revolución industrial” (Paidós, 2011) y “La sociedad de coste marginal cero” (Paidós, 2014) son incesantes y, por veces, pretenciosamente excesivas; casi tanto como los también agotadores apuntes referidos a su agenda de reuniones con líderes políticos, económicos, sindicales, etc.

Posiblemente, su actividad como consultor en los últimos tiempos sea el motor que mueve ahora sus libros y sus ideas. Atrás quedaron las visiones de futuro o los avances anticipatorios de lo que está por venir. Rifkin ha pasado de ver el pasado mañana a ser capaz de mostrarnos solo lo más interesante de lo que está aconteciendo ahora. Es hoy mucho más miope que ayer, pero sigue siendo interesante (menos mal).

Eso sí, su argumentación no es que sea una maravilla, pero sí lo son sus datos y referencias actualizadísimas (algunas, incluso de este mismo 2019). Normal, porque aquí no se trata de convencer sobre lo que está por venir sino de explicar lo que está pasando con un sector, la energía “verde” (es decir, procedente de fuentes renovables), y observar la importancia que este cambio en marcha tiene sobre el conjunto de la estructura social. Consecuencia de esto, evita meterse en charcos cenagosos o camisas de once varas, pasando de puntillas sobre la cansina discusión climática -existen suficientes y abrumadoras evidencias y estudios científicos-; centrándose casi exclusivamente en los datos presentes y sus proyecciones a corto plazo.

Green New DealAsí haciendo, su punto de partida es que: el mundo está inmerso en una imparable tendencia de cambio, con la UE y la República Popular China como sus principales motores. Esta tendencia es la de acelerar la transición hacia la tercera revolución industrial: asentada sobre una red energética inteligente y distribuida, basada en energías procedentes de fuentes renovables, y cuya producción tiende con rapidez a una estructura de costes marginales próxima a cero. Un cambio en cuyo extremo inverso está la industria tradicional de los combustibles fósiles, cuyo pico máximo de demanda se alcance (posiblemente) en la década de 2020, y a partir del cual aumente el riesgo de un rápido y acelerado decrecimiento; manifestado en su forma más dramática en billones de dólares en “activos obsoletos”: bienes que, de un día para el otro, verán interrumpida su amortización y suprimido su valor.

Cuando eso pase, y Rifkin apunta a la próxima fecha de 2028, muchas industrias actualmente dependientes de estos combustibles fósiles sufrirán pérdidas notables. Y, con ellas, muchos grupos de inversores o de fondos de inversión, con importantes paquetes en estas empresas y estas industrias, sufrirán un idéntico catastrófico final. Para evitarlo, el autor retoma lo dicho por él y Barber en un libro de 1978 (inédito en España) “The north will rise again” con el objetivo de movilizar éticamente esos recursos inversores, especialmente los planes de pensiones vinculados a trabajadores públicos o privados regidos por sindicatos, para acelerar la transición y evitar la catástrofe de los “activos obsoletos”.

A partir de aquí, el análisis de los datos económicos respecto a los cambios presentes dejan paso a la previsión sobre los escenarios futuros. Cuando esto pasa, Rifkin “estadounidiza” su discurso, substituyendo lo global por lo local, y la esperanza en el futuro por un cierto escepticismo. Se percibe con claridad la crítica al enfoque de la presidencia Trump, la esperanza frustrada de la presidencia Obama, y cierta ansiedad porque vuelva a su país una senda de inversión en redes inteligentes, fuentes energéticas limpias e inversión en proyectos éticos ambientalmente responsables. Sin duda, una posición razonable que muchos podemos compartir, pero con la que un lector europeo difícilmente empatizará -porque aquí estamos bastante adelantados respecto a la posición del autor norteamericano.

Portada El Green New Deal global, de Jeremy RifkinRifkin también destaca el relevante papel futuro de las infraestructuras. Y es, aunque bastante más difuso de lo que debería -en mi opinión-, el punto más interesante para un lector europeo y español. En resumen, su idea es que la tercera revolución industrial, aunque en marcha en ciertos importantes aspectos, sigue sin contar con una base de infraestructuras adecuada tecnológicamente a lo que se requiere. Los principales sectores protagonistas de esta revolución, siguen sin contar con edificios tecnologizados, redes energéticas suficientemente inteligentes, una malla de sensores suficientemente tupida (y autónoma, respecto a los intereses de las empresas gigantes de internet), un sistema de carreteras preparado para los coches completamente autónomos… Y las ideas actuales de privatizar estas infraestructuras tampoco son, en opinión de Rifkin, la mejor manera de afrontar este cambio para conseguir resultados significativos de forma rápida, segura y confiable.

El libro acaba con un llamamiento y con la enumeración de veintitrés medidas generalistas claves para poner en marcha un Green New Deal… en Estados Unidos. Una oportunidad perdida para entrar en lo concreto. Con lo mucho que hubiésemos agradecido, como personas lectoras, saber algo más de esas medidas en un contexto más general, para poder introducirlas allá dónde todavía no las tenemos, para mejorar una conciencia global que, lejos de darse por supuesta (como él hace en no pocos pasajes), está fuertemente amenazada por un conservadurismo ignorante que confunde Ciencia -en mayúsculas- con ideología -en minúsculas-. Lástima que no se metiese en esas camisas de once varas… a veces, por defender los fundamentos de lo que uno cree, no queda otro remedio. Es por esta actitud, más proclive a la autopromoción que al convencimiento, a la justificación que a la argumentación, que algo en este libro no funciona como debería.

“El Green New Deal global” (Paidós, 2019) es el libro de un Rifkin muy menor. Observa tendencias a corto plazo, ya no ni a medio ni a largo plazo. Reduce sus argumentos a una retahíla de informes y estadísticas, donde el argumento es el envoltorio que rodea a las cifras y los datos, más que la fuerza poderosa de las ideas a las que Rifkin nos tenía acostumbrados/as. Y la mayor parte de las ideas y las opiniones que se contienen aquí, provienen de otros libros anteriores (la mayoría traducidos y publicados al castellano, aunque algunos otros no) sin nuevos matices o nuevas perspectivas que merezcan o hagan de este libro algo más interesante o distinto de los demás. Nada nuevo bajo el sol.

Con todo, si el tema le resulta interesante, entre la mucha paja, sí existe un potencial malogrado capaz de salir a flote. De entre la verborrea podemos extraer un librito majo sobre las tendencias y los cambios necesarios en el sistema capitalista para conseguir que la tercera revolución tecnológica no acabe frustrando las muchas empresas y sectores todavía fuertemente asentados sobre la energía carbonizada (lea, especialmente, los capítulos 2 a 4 y los primeros apartados del 5). E, incluso, algunas notas útiles respecto a las políticas futuras en infraestructuras. Aún así, al cerrar el libro, persiste la sensación de estar ante una oportunidad perdida y un Rifkin irreconocible.

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