David Linden, neurocientífico

La divulgación científica experimenta un nuevo y decidido impulso en este comienzo del siglo XXI. Desde aquellos vídeos didácticos de Von Braun, resumiendo el programa espacial norteamericano y llamando a la juventud a dedicarse en las escuelas a la investigación, pasando por los fanzines y las jornadas de matiné, o por los irrenunciables precedentes que son Carl Sagan y su ‘Cosmos’ o las series como ‘Érase una vez…’, la ciencia lleva siendo desde hace décadas un área de creciente importancia para el ensayo.

Curiosamente, en esta década, y al contrario de lo que podía pensarse, no son las nuevas generaciones las que se incorporan, sino las generaciones mayores las que quieren recordar el espíritu de aquellas obras y, a partir de la curiosidad científica que despertó en ellos, actualizar y ampliar sus conocimientos. A las nuevas voces de la astrofísica, como Michio Kaku o Brian Green, se suman otras en áreas hasta hace poco agazapadas en los departamentos universitarios: Stephen Jay Gold o Jared Diamond en antropología; Anthony Beevor o José Hermano Saraiva en historia; Ulrich Beck o Anthony Giddens en sociología… son incontables las nuevas disciplinas que se suman a la producción editorial divulgativa a partir de la curiosidad que despiertan.

En este último grupo, y a partir de los extraordinarios avances que se han ido produciendo en los últimos años, una nueva área de conocimiento se suma a este estimulante clima ensayístico: las neurociencias. Lo inmenso de su transcendencia y lo variado de perspectivas para su tratamiento (psicología, medicina, biología, antropología…) ha generado uno de los más recientes y heterogéneos campos de estudio. No en vano, y si uno pasa la vista de reojo por los andeles de las novedades, podrá observar sin dificultad la copiosa publicación que en fechas recientes se ha venido dedicando a su objeto principal de análisis: el cerebro.

El profesor David Linden, autor de ‘El cerebro accidental. La evolución de la mente y el origen de los sentimientos’ (Paidós), adopta la perspectiva de la biología evolutiva para, de forma originalísima y con ligera pluma, afrontar la respuesta a algunas preguntas básicas: ¿es el cerebro un mecanismo tan eficiente como la cultura popular propaga?, ¿hay una ingeniería sorprendente detrás, o es más casual de lo que nos creemos?, y su diseño, ¿cómo afecta a los procesos mentales más comunes que llevamos a cabo?

Portada de El cerebro accidental David LindenLa hipótesis de partida de Linden es un reto para el lector: nuestro cerebro no es más que una superposición de sistemas poco eficaces que, con el paso del tiempo, han tenido que desarrollar mecanismos biológicos creativos para evitar quedarse estancados. El desarrollo de esta idea principal echa mano como gancho, y funciona de forma magistral, de otras preguntas no menos interesantes: ¿por qué sentimos las cosquillas cuando los demás nos las buscan, pero no cuando la búsqueda la dirigimos nosotros?; la memoria ¿qué forma tiene, la de un recipiente único y perfectamente ordenado, o la de una red dispersa que va dejando las cosas aquí y allá?; nuestras relaciones sexuales y sociales de pareja ¿porqué son tan excepcionales respecto a las de la mayoría de seres vivos, tiene que ver el cerebro algo con esto?; o la idea de Dios, ¿en verdad es tan original como se nos cuenta, o tiene nuestro sentido de la consciencia y el pensamiento algo que ver en ello?

Al didactismo contribuye uno de los principales valores de este libro: las gráficas y explicativas representaciones. No son pocos los diagramas, las ilustraciones o las fotografías que acompañan al discurso de Linden. A diferencia de otras obras, tendentes más a la imagen sintética que resume lo dicho –y redunda en el contenido, Linden escoge complementar y enriquecer la explicación. Los pies de las imágenes, ricos en texto, concretan o anotan las dudas o aspectos que se consideran de mayor importancia o interés. Un uso editorial de este recurso del que otras obras divulgativas debieran tomar muy buena nota.

Algo muy de agradecer, pero que a no todo el público lector le puede interesar, es el grueso de la explicación biológica: desde la estructura general del cerebro, hasta el funcionamiento de los procesos químicos, pasando por la desconocida estructura e interacción neuronal y las consecuencias de sus posibles alteraciones accidentales y/o experimentales. Linden cataloga y explica con mano maestra el funcionamiento de todos los entresijos de un órgano no vital sin el cual no seríamos ni quién somos, ni cómo somos.

La colección ‘Transiciones’ de Paidós continúa con David Linden y ‘El cerebro accidental. La evolución de la mente y el origen de los sentimientos’, segunda mejor obra de divulgación en neurociencias de las publicadas originalmente en 2008, la senda para convertirse en una de las referencias editoriales en esta línea de pensamiento. El catálogo de obras y voces, que ya cuenta con otros nombres de grande interés como Steven Pinker o Howard Gardner, Daniel Dennett o Marc Hauser, Alan Sokal o Nassim Taleb, crece con uno de los libros sobre el cerebro más rigurosos e interesantes de los actualmente disponibles en castellano.

Una referencia original y diferente a la que un lector apasionado no debería perder la oportunidad de acercarse. Con el tiempo podría llegar a ser, méritos tiene para ello, una obra de referencia fundamental.

Fco. Martínez Hidalgo
Filólogo, politólogo y proyecto de psicólogo. Crítico literario. Lector empedernido. Mourinhista de la vida.

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