Si me dieran dos céntimos cada vez que he criticado a Minecraft desde que se lanzó al mercado, ahora mismo estaría nadando entre billetes. Hoy solamente puedo darle las gracias. ¿El motivo? Dragon Quest Builders, el análisis que hoy nos ocupa.

Y es que nunca he sido muy fan ni del juego de construcción retro-poligonal ni de la comunidad que lo rodea. No obstante eso no significa que para mí el juego sea cochambroso, al contrario, alabo sus mecánicas y la titánica tarea que supuso para su creador Markus crear un título tan arriesgado y tan completo. Minecraft en sí mismo es un lienzo en blanco de proporciones bíblicas en el que cada jugador puede vomitar sus ideas sobre su tela y darles la forma que a él le convenga.

Gracias a Minecraft, otro videojuego de similares características apareció en PC, Terraria. Un producto que congeniaba mejor con mi idea de ver las cosas y al que le dediqué muchas horas de mi vida, con servidor propio incluido. Una maravilla en dos dimensiones que de no ser por la obra de Notch quizás ni lo hubiéramos olido. Además de Terraria, otros videojuegos quisieron emular a Minecraft (sobre todo en el mercado de dispositivos móviles) pero lo cierto es que nadie ha conseguido eclipsar a la obra de Mojang, ahora propiedad de Microsoft.

Dragon Quest Builders es el vivo ejemplo de cómo clonar Minecraft pero dándole un toque único que solo una de las sagas más longevas de los videojuegos puede conseguir. No esconde en ningún momento de dónde le llegan las ideas, tampoco en su interfaz, pero lo cierto es que consigue hacer suyo lo que en realidad es de otro.

El videojuego llega a Nintendo Switch tras su paso por consolas PlayStation 4 y PlayStation Vita en una impecable adaptación que podría decirse es incluso mejor en algunos aspectos que en las versiones recibidas para las máquinas originales. Un trabajo excepcional que sorprende a propios y extraños y del que seguramente Square Enix estará orgullosa. Fluidez, constancia, manejo estupendo y gráficos a la altura de la obra inicial.

La trama de Dragon Quest Builders nos mete en la piel de un amnésico protagonista que tiene el don de fabricar objetos. Su reino, Alefgardo, fue conquistado otrora por el hechicero Draconarius que liberó hordas de monstruos sobre sus asentamientos dejando casi extinguida por completa la humanidad. Siendo nosotros uno de los pocos supervivientes, con la ayuda de un extraño ente debemos de restaurar la paz en el mundo a base de cincel y martillo. O lo que es lo mismo, reconstruyendo el reino de Alefgardo con casas, edificios, objetos y útiles para sus ciudadanos.

La mecánica es simple y bien conocida por todos. Picar piedras, talar árboles, crear ladrillos especiales, usar la madera para hacer puertas, paja para las camas… Muy novedoso el asunto no es, como ya digo, se ha visto en otros juegos.. ¡pero es Dragon Quest! No, ahora en serio. El toque de la franquicia principal sigue vigente en Dragon Quest Builders gracias a su historia, a su intento de reconstruir el mundo del primer capítulo y a su simpática forma de contarnos la trama y misiones. Durante esta aventura de incontables horas pegados al mando de Nintendo Switch conoceremos a supervivientes que nos pedirán ayuda en forma de misiones. Estas pueden ser construirles una vivienda donde habitar, buscar cierto tipo de objetos, adentrarse en una cueva misteriosa o preparar nuestra ciudad para un inminente ataque por parte de enemigos o del jefe final de turno. Todas son muy variadas y el resultado de todas ellas será el esperado, tener una ciudad digna de un grandioso rey. Salvo si se nos da un poco mal eso de construir… como a ese tal Calatrava.

En Dragon Quest Builders también hay combate como habéis leído pero no esperéis algo muy profundo, de hecho es muy básico y tan solo requiere de un par de botones para llevarse a cabo. Hay diferentes tipos de monstruos, todos extraídos del bestiario de la saga, con algunas sorpresas que harán que sonriamos un poco más con el juego. Por supuesto, al igual que en Minecraft, el ciclo de día/noche afectará en la potencia de ataque y defensa de nuestros enemigos así que más vale realizar las tareas pertinentes mientras el sol nos abrase la cabeza o tendremos problemas a menos que mejoremos nuestro equipo de combate.

En cierto punto de la historia el protagonista debe de atravesar una serie de portales que llevan al héroe a distintas islas de Alefgardo donde las condiciones climatológicas y el paisaje es totalmente distinto a la zona de inicio. Nuestra misión en esas regiones es la misma que la propuesta en la inicial pero con ligeras variaciones, suficientes para no pecar de cansinismo. Habrán nuevos materiales con los que mejorar nuestro equipamiento o banco de trabajo, otros enemigos distintos o -por ejemplo- pirámides que explorar. Vamos, que variedad hay y mucha.

Como véis, Dragon Quest Builders es un cruce de Minecraft con el toque rolero de la saga Dragon Quest que da como resultado una obra casi imprescindible para todo aquél que goce creando mundos. Y, si se me permite el atrevimiento, un título bastante más recomendable que… coff coff LEGO: Worlds coff coff. Además de su modo historia cuenta también con un modo libre donde el jugador no sufre los constantes peligros que vive el protagonista en la campaña principal y donde la creatividad no tiene límites. Es decir, dos juegos en uno (aunque no sorprenda ya).

En lo técnico nada que reprochar; el port es una maravilla. Square Enix ha dado lo mejor de si misma para llevar el producto original a una consola inferior como es Nintendo Switch -si la comparamos con PS4, evidentemente- necesitando tan solo reducir su resolución y la calidad de algunas texturas -aunque los cambios son casi inapreciables-. Tanto en su modo portátil como en dock, el videojuego corre estupendamente sin presentar ningún tipo de tirones o bajones de framerate. Parece ya una coletilla el añadir las ventajas del juego portátil en Nintendo Switch pero Dragon Quest Builders se disfruta mucho más en nuestras manos, a cualquier hora, en cualquier lugar, que si conectamos la consola a nuestro televisor. Es EL VIDEOJUEGO perfecto para llevarnos a cualquier lugar.

En lo sonoro nada reprochable tampoco. Además de disfrutarse mucho mejor con la ayuda de unos auriculares, el título hace uso de las típicas melodías de la franquicia, sonidos y efectos clásicos. Canciones muy divertidas, alegres si se da la ocasión y pegadizas. No llega con voces en ningún idioma -algo normal siendo de donde procede este spin off- pero sí con unos impecables textos en castellano.

Conclusión

Dragon Quest Builders es la excusa perfecta para comprar una consola Nintendo Switch si os gusta crear mundos virtuales y además la fábula de donde proviene. Ambientado en el primer juego de la saga, Square Enix se ha sacado de la manga un spin off muy divertido y lleno de posibilidades capaz de amortizar cada céntimo gastado en él. Además es una maravilla técnica que se juega deliciosamente sin ningún contratiempo.

Quizás la historia no sea una de las mejores de la franquicia pero el hecho de intentar ofrecer un mayor contenido y sentido a la recolección a base de misiones, es un punto a favor que no se puede negar. Y con la tontería de querer crear mejores construcciones y equipos, ¡al final hasta la trama engancha!

Y si lo que nos cuenta el videojuego nos importa poco menos que el estornudo de un gato, siempre podéis iniciar una partida en el modo Libre donde un lienzo en blanco abrazará vuestra creatividad con miles de posibilidades.

¡Que lo compres, leñe!

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