Es posible que muchos de los jugadores que estén leyendo este análisis ya conozcan la propuesta que ofrece Larian Studios con Divinity Original Sin, ya que el primer juego fue una auténtica joya que se vio superada hace un año con una secuela para PC que fue capaz de mejorar en todo a su predecesor. En caso de que aun no conozcas lo que Divinity guarda en su interior, prepárate para descubrir un auténtico juego de rol en el que el término “mundo abierto” se transforma en libertad y en dar al jugador cientos de alternativas para resolver cada una de las situaciones que iremos resolviendo a lo largo de las más de 100 horas de juego que dura el título.

Cuando Divinity Original Sin 2 llegó a PC, los usuarios de Xbox One y PlayStation 4 imaginamos que el título no tardaría en recibir una versión Definitiva – ya ocurrió con la primera parte – que llegaría a consolas y, por suerte, así ha sido. Desde hace unos días, los fans de los RPG podemos disfrutar de esta Definitive Edition que pule ciertas mecánicas del juego base y añade nuevos contenidos y opciones que hacen que el paso de PC a consolas sea más que fluido.

    

A nivel argumental, Divinity Original Sin 2: Definitive Edition (desde ahora DOS 2) nos sitúa cientos de años después de los sucesos vistos en la primera entrega. En él se nos presenta un conflicto entre los Hechiceros de la Fuente, cuyo poder está atrayendo a todo tipo de criaturas peligrosas, y a los Maestres, que se encuentran buscando a un nuevo Divino y, para ello, están capturando a todos los Hechiceros de la Fuente. Pese a que el argumento no destaca en ningún momento, si que es cierto que se encuentra a un nivel muy por encima del visto en la primera parte y, es que, el fichaje de Chris Avellone queda patente en los diálogos, la profundidad y carisma de los personajes y en el sentido del humor que embriaga todo el juego.

Como ya destacamos en su momento cuando se lanzó esta secuela, uno de sus principales aciertos fue ampliar las opciones de elección de protagonista respecto a la primera entrega y, es que, en lugar de limitarse a darnos a elegir entre una serie de humanos, DOS 2 nos ofrece cinco razas distintas entre las que elegir; humanos, no muertos, elfos, enanos, y hombres lagarto. Cada una de estas razas cuenta con una serie de personajes predefinidos con su propia historia, personalidad única y habilidades especiales a los que podremos encarnar o, si no nos convencen, crear a nuestro propio personaje e incluir en nuestro grupo a uno de esos personajes predefinidos. Por supuesto, cada raza cuenta con sus propias habilidades especiales, aunque, con el paso de las horas, todas las razas podrán conseguir todas las habilidades, independientemente de la raza que encarnemos. Lo que sí destaca a una raza de otra serán ciertas opciones como algunas líneas de dialogo únicas y de nuestra forma de jugar. Por ejemplo, si encarnamos a un no muerto, podremos aterrorizar y amenazar a los personajes durante una conversación con mayor facilidad que el resto de razas.

Sin embargo, el verdadero potencial de DOS 2 se descubre cuando empezamos a jugar. Como comentábamos antes, Larian ha recreado la libertad de acción que ofrece la típica partida de rol con amigos de papel, lápiz y dados. Todo lo que se nos ocurra, por muy absurdo o descabellado que parezca, podremos intentarlo durante una misión. Por ejemplo, en una de las misiones del juego nos piden conseguir un objeto único que se encuentra en una mansión para llevárselo a otro NPC que no desvelaremos. Pues bien, las opciones, repetimos, son infinitas. Podremos afrontar la misión espada en mano y acabar con todo aquel que se cruce en nuestro camino hasta conseguir el objeto, buscar una entrada oculta para esquivar a los enemigos, razonar con ellos a base de diálogos, mentirles y otras muchas opciones que dependerán de nuestras habilidades, nuestro ingenio y de las propias posibilidades del escenario.

La sensación que trasmite esa libertad es la de diversión en estado puro y, es que, el hecho de que los grandes lanzamientos recientes encorseten tanto las opciones disponibles en busca de la acción frenética han provocado que cada vez sea más complicado ser creativos y utilizar el ingenio para resolver un problema en un videojuego. Sin duda, este es el gran punto fuerte de la obra de Larian.

Esa libertad se traslada también al propio desarrollo de la trama. Desde el primer momento, comprobaremos que el juego es muy parco en guías, explicaciones e indicadores, por lo que tendremos que ser nosotros mismos los que tomemos las riendas de la aventura y decidamos como y cuando resolveremos las múltiples misiones principales y secundarias que se presentan en cada arco narrativo. De hecho, habrá jugadores que puedan completar el primer arco del juego en unas pocas horas mientras que otros podrán pasar decenas de horas completando misiones secundarias antes de avanzar algo en la trama principal.

El sistema de combate no se queda atrás en profundidad y opciones. El sistema de combate bebe directamente de títulos como XCOM, Trails of Cold Steel o Wasteland, es decir, los combates se desarrollan bajo una vista isométrica por turnos en los que tendremos una serie de puntos de acción por personaje que podremos gastar en movernos, cubrirnos, atacar, usar objetos o utilizar habilidades especiales. Hasta aquí, nada nuevo en el horizonte, pero, una vez que empezamos a adentrarnos en las profundidades de este sistema, descubrimos que el potencial aparece cuando empezamos a aprovechar las decenas de habilidades para crear bonificadores que se van potenciando entre si para multiplicar las estadísticas de nuestros personajes o reducir las de los rivales. Una vez que empecemos a utilizar este sistema, veremos que hay cientos de posibilidades diferentes para combinar habilidades antes de empezar siquiera a dañar a los rivales.

También será fundamental aprovechar el propio escenario para obtener ventajas o evitar desventajas durante la lucha. Por ejemplo, si nos situamos en una zona mojada o si está lloviendo, los ataques eléctricos causarán más daño mientras que si estamos en una zona muy seca, los ataques de fuego pueden provocar autenticas catástrofes. Lo mismo ocurre con los distintos niveles de altura, ya que la distancia a la que podremos lanzar los hechizos dependerá de nuestra línea de visión y, en ese sentido, la altura siempre da ventaja.

A diferencia de la mayoría de RPGs de este estilo, Divinity Original Sin 2: Definitive Edition ofrece un completo modo multijugador cooperativo y competitivo que eleva las cotas de diversión hasta lo indecible. Esta versión cuenta con un modo cooperativo local en el que dos jugadores pueden jugar a pantalla dividida en la misma partida, aunque cada uno se encuentre en zonas completamente distintas del mapa y un modo cooperativo online a cuatro jugadores. Jugar en modo cooperativo no solo añade la diversión propia de jugar con amigos si no que ofrece una versatilidad total a la hora de afrontar las misiones ya que, mientras un jugador esta luchando en la entrada de una mazmorra, otro jugador puede estar colándose utilizando el sigilo para robar un objeto que se encuentra dentro y los otros dos jugadores pueden estar en la ciudad de al lado activando nuevas misiones para hacer justo después. Sí, la libertad que se siente jugando solo, se multiplica jugando con amigos.

Junto a este modo cooperativo, el juego incluye un modo Arena competitivo en el que diferentes equipos se enfrentan en combates en modalidades como Rey de la Colina y, aunque este modo pueda quedar algo limitado después de unas horas de juego, viene muy bien para plantear nuevas estrategias de cara a los combates más complicados del título.

El único punto negativo a destacar en esta versión para consolas es la total ausencia del modo Dungeon Master que tan bien está funcionando en la versión de PC. Este modo permite crear nuestras propias aventuras generando mazmorras, diálogos e incluso situaciones distintas a las del juego original para luego compartirlas y jugarlas junto a otros tres jugadores. Esperemos que esta opción llegue más adelante junto a los mods para consola.

A nivel técnico lo primero que hay que destacar es la más que admirable decisión de doblar todas y cada una de las líneas de dialogo del juego. Habitualmente, los RPG de este estilo se limitan a doblar las conversaciones importantes o las escenas de vídeo, pero Larian ha optado por doblado todo al inglés realizando un trabajo de lujo del que podremos disfrutar gracias a los textos en castellano que acompañan todos los diálogos. Además, la BSO es abrumadora con decenas de temas instrumentales dinámicos y muy variados que se adaptan a lo que ocurre en pantalla en cada momento.

Por su parte, a nivel gráfico nos encontramos ante un juego con una vista isométrica en el que los escenarios están cargados de detalles y, aunque no sorprenden, la variedad de colores y ambientaciones es impresionante. Además, el juego se mueve con total fluidez incluso en los combates con mayor número de enemigos, por lo que en ese sentido el juego cumple sin problemas.

Por otro lado, el paso de PC a consolas ha supuesto cambios en los controles y la interfaz del juego y, aunque después de un par de horas dominaremos sin problemas todos los menús del juego, es cierto que controlar todas las opciones con un mando llega a abrumar un poco durante los primeros compases de la aventura.

Conclusión

Divinity Original Sin 2: Definitive Edition es, sin ninguna duda, uno de los mejores RPGs de la generación. Su variedad de opciones y la libertad que ofrece al jugador se aleja por completo de cualquier otro título de este género. Esta libertad, unido a su fantástico modo multijugador, aseguran a los fans del rol tradicional casi 100 horas de juego que pasarán volando y, cuando se acaben, seguro que querrán repetir la experiencia una y otra vez.

Imprescindible.

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