El primer DiRT Rally tuvo un camino tan exitoso como atípico allá por 2015: después de años de desarrollo su primer lanzamiento tuvo lugar como un Early Access en Steam donde, gracias al apoyo de un público ansioso por experiencias de conducción realistas, fue evolucionando positivamente. Seis meses después, a las puertas de 2016, tuvo lugar su lanzamiento definitivo en PC, donde obtuvo grandes elogios, que se repitieron unos meses después con su aparición en consolas, coincidiendo con su aniversario.

Codemasters consiguió prácticamente la unanimidad al encumbrar a este título como uno de los mejores del género de rally de los últimos años, sobre todo por el viraje que el equipo de desarrollo decidió tomar hacia la simulación más pura. La saga que comenzó hace ya dos décadas y que tomaba el nombre del ya difunto Colin McRae (dejaron de usarlo después del Dirt 2) tenía un nuevo hito. Ya lleva unos cuantos.

Tres años después tenemos entre manos la continuación de aquel juego cuyos comienzos fueron la piedra angular de lo que luego se convirtió en su éxito. Sin embargo, en este caso nos toca analizar la versión completa y no una versión en desarrollo. Esto es relevante porque no podemos dar por hecho que vaya a haber una continuidad en la realización de mejoras y añadidos de contenido y, cómo veremos más adelante, esto lastra parcialmente el resultado de la experiencia a día de hoy.

Como su propio nombre indica, estamos ante un juego de rally (más rallycross) como podría ser cualquier otro, pero con un énfasis mayor en la simulación y en una experiencia de conducción más realista, en contraposición con el resto de títulos denominados DiRT que, sin ser arcades ni mucho menos, se centran algo más en la espectacularidad y en los estándares actuales en los juegos, con un modo carrera más amplio y una progresión más lineal. Esto tiene por supuesto sus pros y sus contras, pero hay que tenerlo claro si estamos pensando en adquirirlo: las primeras horas son complicadas y si no tenemos cierta experiencia en este tipo de conducción, nos será complicado evitar los últimos puestos de las clasificaciones.

Dicho esto y si aceptáis el reto, la jugabilidad es exquisita, sin duda el plato fuerte del título, sobre todo si disponemos de un volante que amplifique la experiencia. Si no, tampoco hay demasiado problema, los controles responden adecuadamente, notando claramente las diferencias entre las superficies de las diferentes etapas que componen tanto el modo rally como rallycross, obligándonos no solo a estar concentrados en todo momento, sino a configurar el vehículo dependiendo de las condiciones de la pista.

Para añadir, además, más diversidad a estas condiciones, a la meteorología se le suma un nuevo sistema denominado «degradación del terreno», que como su nombre indica, modifica las condiciones de la pista según van pasando vehículos por ella. En el caso del rally, como esencialmente corremos solos, se calculará una degradación u otra dependiendo de la posición en la que salgamos. Por tanto, si somos los primeros, el terreno estará más firme y plano, pero la grava y el polvo harán mayor mella. Si somos de los últimos, sin embargo, las huellas de los neumáticos de los vehículos anteriores habrán dejado ondulaciones y baches de todo tipo, teniendo así que ajustarnos al detalle y preparar los amortiguadores para una dura batalla.

Son gracias a estos detalles, que no dan tregua alguna al jugador, por lo que DiRT Rally 2.0 destaca pero a la vez puede frustrar a quienes ya se han acostumbrado a rebobinados, repeticiones de tramos y similares ventajas sin mucha cabida en simuladores. Aquí solo podremos repetir el tramo completo y además un número limitado de veces, dejando claro que no tenemos opción de fallar demasiado. En las pruebas de eventos, además, si destrozamos los faros a las primeras de cambio, tenemos todas las papeletas de disfrutar de etapas completamente a oscuras más adelante, lo que básicamente nos destroza el campeonato completo.

Volviendo al tema de los terrenos, es encomiable el esfuerzo por dotar a cada uno de ellos de tanta diferencia, sobre todo en situaciones extremas como cuando pasamos de tierra a asfalto en las etapas del rally de Cataluña. Lo único que echamos en falta y seguro que aparecerá tarde o temprano en algún DLC es hielo y nieve, los grandes ausentes del título.

Porque por lo demás venimos bastante servidos: en el caso del rally tenemos seis localizaciones muy diferentes entre sí con varias etapas cada uno, algunas rondando los 16 kilómetros de largo, lo que nos da para más de cuarto de hora de carrera: Nueva Zelanda, España, Australia, Estados Unidos, Polonia y unas etapas durísimas en Argentina, donde nos pasaremos gran parte del tiempo rodeados de rocas en pistas muy estrechas pero muy satisfactorias de superar. Porque ahí está la gran ventaja de jugar de este modo: las recompensas tardan en llegar, pero cuando llegan son gratificantes.

En rallycross tenemos a nuestra disposición ocho circuitos oficiales que podremos recorrer en seco o lluvia en carreras bastante intensas, que se deciden en cuestión de segundos. En total el número de pistas no está nada mal, pero como comentaba anteriormente, se echa de menos un séptimo rally en nieve, como el de Suecia. Su mayor punto fuerte es la gran diferencia entre ellos. Su punto débil es precisamente lo opuesto, que los tramos de una misma localización tienden a ser muy semejantes.

Los controles no solo varían dependiendo del terreno, por supuesto, sino también del tipo de vehículo que hayamos seleccionado. Unos 50 modelos de todo tipo entre los que se encuentran tanto históricos como actuales. Unos ejemplos serían el Mitsubishi Lancer Evolution X, el Citroen C3 R5 o el VW Polo GTI R5, entre muchos otros, con una diferencia entre ellos a nivel jugable muy considerable. El único pero que le podemos poner en este apartado es en el menú de selección y desbloqueo, algo confuso tanto para ver a qué categoría pertenece cada uno como precisamente para desbloquearlo. Como detalle curioso, existe la posibilidad de comprar vehículos de segunda mano con cierto kilometraje y que nos saldrán más baratos aunque menos duraderos.

Como veis, todo en DiRT Rally 2.0 está pensado desde el punto de vista de los controles y la jugabilidad, que aunque no llegue al nivel de realismo y detalle de algunos simuladores de otros géneros de conducción, sí que resulta endemoniadamente divertido de aprender.

Sin embargo, la otra cara de la moneda nos la encontramos en el contenido, apenas actualizado desde la versión anterior. Como decíamos al principio, el equipo de desarrollo optó por centrarse en aspectos jugables dejando de lado aspectos más actuales, como la progresión en un modo historia y otros alicientes y recompensas del estilo. Por desgracia, nos hemos acostumbrado a esos añadidos extra tan superficiales a veces pero que alargan el juego.

Aunque no es la única opción, todo gira en torno al modo Eventos, donde tendremos varias posibilidades de realizar campeonatos de todo tipo, muchos de ellos temporales. No responden a un criterio claro, más allá de competir e intentar ganar. Podemos usar parte del dinero conseguido con estas pruebas en mejorar algunas de las características básicas de los coches así como mejorar las características de nuestro equipo de mecánicos, que nos permiten arreglar desperfectos en menos tiempo entre los diversos tramos de una etapa y otras ventajas similares. No resulta muy interesante y adolece de falta de un mínimo contexto. Si no nos molesta, eso sí, podremos jugar durante muchas horas. Aparte, tenemos disponibles dos modos con algo más de interés: el FIA World Rallycross Championship oficial y una serie de campeonatos históricos donde no podremos elegir el vehículo, que dependerá de la época de la etapa concreta que estemos jugando. Aparte de esto, poco más: no hay modo práctica, ni entrenamiento, ni juego a pantalla partida ni nada similar. Tampoco destaca en absoluto en su vertiente online, muy limitada.

Desde el punto de vista más técnico, destaca por su gran ambientación y por el realismo de las físicas, tanto en el control de los vehículos como en los desperfectos que les podemos ocasionar, no solo las evidentes como golpes y destrozos varios con sus consecuencias visuales, sino también otros como calentar en exceso determinadas partes, someter los frenos o los amortiguadores a demasiado estrés y el propio desgaste natural del vehículo en estas condiciones tan poco favorables.

Volviendo a la ambientación, en la versión analizada en PlayStation 4 sí que es cierto que no destaca especialmente por la calidad final de los gráficos en estático, pero una vez entramos en movimiento, donde no podemos apreciar tanto el detalle y sí más el trazado general, la iluminación y las recreaciones meteorológicas, vemos que realmente han realizado un gran esfuerzo por ponerse en la zona alta de la tabla. Mejora según pasan las horas.

El sonido es especialmente importante en un juego de rally y venimos muy mal acostumbrados por la gran calidad del primer DiRT Rally. Por suerte, tanto las indicaciones del copiloto como los efectos sonoros del coche lucen a un nivel similar, por lo que estamos plenamente satisfechos en este apartado. La banda sonora es cierto que es más para pasar el trámite que otra cosa, pero es un problema menor que no lastra la experiencia.

En conclusión, es un juego muy directo para los estándares actuales. Te pone a los mandos desde el minuto uno a un nivel de dificultad bastante exigente que requiere de toda nuestra atención y sin tanta recompensa ni progresión de lo que resulta «normal» hoy en día, lo que puede tirar para atrás a parte de su público objetivo. Sin embargo, para los más puristas, es una elección sobresaliente a la que solo le falta algo más de contenido y de coherencia en sus modos de juego para rematar la faena.

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