Que el horror pueda ser hermoso es una estafa, un engaño. Algo tan pavoroso como la muerte nunca debería revestirse de belleza y sin embargo, a veces, así es.

Recuerdo este pensamiento, que me perturbó profundamente la primera vez que lo leí, en el Ciclo de la Luna Roja, de José Antonio Cotrina, creo que en el primer libro, La cosecha de Samheim. Allí, un niño moría violentamente y su cuerpo se transformaba en una luz deslumbrante mientras desaparecía de la existencia.

El espanto hecho hermosura: un autor, una idea clave.

Las ideas son como las pulgas: saltan y pican indiscriminadamente pero, en algunas ocasiones, se asientan con comodidad en nuestro cuerpo blandito y viven regalándose con nuestra sangre, alimentándose de nuestra vida, aferrándose con sus invisibles uñas a nuestra consciencia. La mayoría solemos enterrar tales obsesiones en lo más profundo de nuestra cabeza, otros se aferran a ellas como a anclas que les arrastran al abismo… y otros hacen libros. José Antonio Cotrina los hace y ahora ha encontrado a una cómplice a su altura que le secunda en tal empeño, Gabriella Campell.

Gabriella Campell fue cofundadora y dirigió durante siete años la editorial Parnaso, y es correctora y lectora profesional. De forma individual tiene dos poemarios publicados y un libro de relatos de fantástico oscuro: Ha colaborado como redactora en diversas revistas y páginas web, entre las que destaca la red literaria Lecturalia.com y su propia web para escritores gabriellaliteraria. En cuanto a José Antonio Cotrina, para los que aún no le conozcan a estas alturas, decir que publicó su primera novela en 2003, “Las fuentes perdidas”, aunque llevaba a sus espaldas desde los años 90 del siglo pasado un montón de relatos de fantasía, algunos premiados, donde desarrollaba un universo paralelo en el que lo espantoso tenía mucho que decir. Luego se dedicó sobre todo a la literatura juvenil aunque el horror versus fantasía oscura siempre han estado presente en toda su obra, a veces más agazapados, a veces dominándolo todo.

Cotrina y Campell han creado en esta ocasión un libro lleno de atrocidades, desesperación, muerte, crueldad, engaño… pero también lleno de amor, amistad, lealtad y, si, belleza. Ese libro es “Crónicas del Fin: una grieta en el cielo” (La esfera de los libros, Alethé, 2016) que apareció en primera instancia en una serie de cinco entregas autopublicadas que se podían comprar en Amazon (El cielo roto, El dios en las alturas, Testamento, El ojo de la tormenta y Réquiem) y que luego han sido reunidas en este libro por Alethé.

No se que tal resultaría el muy folletinesco intento de la entrega por capítulos que tan buen mercado tiene en USA (ahora mismo recuerdo mis libritos de “El pasillo de la muerte”, llamado fílmicamente “La milla verde”, del incansable Stephen King), pero se ve que les fue tan bien como para que Alethé decidiese publicar un libro con las cinco partes. Es un libro que encaja bien con Alethé, sello especializado en fantasía, aunque en esta ocasión sea una fantasía más que oscura negrísima ya que aborda el mismísimo Apocalipsis, la llegada a la tierra de unos seres gigantescos y demoniacos, con toda su cohorte de espantos, que destruyen la realidad tal como la conocemos, devoran y destrozan a la humanidad y convierten el mundo y la vida de los supervivientes en un infierno o, mejor dicho, en el Infierno. Casi nada lo del ojo y lo llevaba en la mano.

Lo cierto es que el libro me ha gustado mucho… a pesar de que lo afronté con bastante temor por razones que no tienen nada que ver con la calidad de los autores y su obra. Hasta ahora no había leído nada salido de las manos de Gabriella Campell pero si que me he nutrido con ganas de la obra de Cotrina. Le he seguido desde el magnífico cuento “Lilith, el Juicio de la Gorgona y la Sonrisa de Salgari” premiado en el Alberto Magno de ciencia ficción de la Universidad del País Vasco en 1998, donde ya dibujaba su magnífico mundo paralelo, hasta la publicación de “La canción secreta del mundo”… donde casi, casi decidí dejarlo.

“La canción secreta del mundo” marca para mi un antes y un después en la obra de Cotrina. No es que sea una mala novela, mal escrita o mal concebida. Ni mucho menos… pero es tan radical en la destrucción de los personajes, tan implacable a la hora de impedirles cualquier tipo de salida que no aboque al dolor profundo, la  desesperación y/o la muerte que aún no entiendo como la gente la califica sin más de literatura “juvenil”. Es como si desde el principio Cotrina hubiese decido que el principio básico de la novela era cargarse a todo el mundo y que los posibles supervivientes lo pagasen caro. Comprendo que es una apreciación mía pero echaba de menos que Cotrina dejase alguna puerta abierta a sus personajes, que les dejase un mañana en el que poder vivir sin deseos de volarse la cabeza o volársela a los demás.

Por fortuna para él, (o al menos yo lo creo firmemente) Cotrina empezó a crear novelas a cuatro manos con Gabriella Campell, sobre todo, con la cual ha escrito hasta ahora tres novelas juveniles, “El fin de los sueños”, donde Cotrina y ella se lanzaban a una aventura dreampunk (a mi que me registren, se supone que esto define a la novela que une el mundo onírico y la scifi) y “El día del dragón”, primera novela de una saga de ¡¡¡fantasía cómica!!!, cuyo segundo volumen está a puntito de salir. Ja, humor en Cotrina. Ironía si, cierta diversión también, pero humor, humor…. Bien por Gabriella.

Y es que aunque Gabriella Campell opine en su blog (donde da principalmente  consejos sobre escritura) que la creación a cuatro manos es complicada y trabajosa, lo cierto es que a ella y a Cotrina les está yendo muy bien con ella. Sus libros no son solo originales sino que también tienen una indudable calidad literaria, un estilo que, a pesar de los toques personales de cada uno, se unifica de una manera cuasi perfecta. Chapeau, vamos.

En cuanto a “Crónicas del fin” (que lleva el subtítulo de “Una grieta en el cielo” para señalarnos que es la primera “temporada” de un ciclo de libros), la riqueza del mundo postapocalíptico que han creado los dos escritores es tan fascinante como aterradora. A cada paso surgen monstruos capaces de devorar cualquier cosa que se mueva… y el hombre no es el menor de todos ellos, siempre capaz de las peores bestialidades si le dejan. La estructura de la novela recoge la de las entregas en e-book: cinco partes precedidas de un prólogo cada una. El prólogo que da comienzo al libro es, simplemente, apabullante. Breve, directo, implacable y aterrador, marca la pauta de lo que vamos a encontrarnos después en cuanto a desfile de horrores. En el primer capítulo aparecen los grandes protagonistas del relato, Adra y su galgo negro Winston. Adra es una cazadora de monstruos que busca venganza y que lleva una pesada carga sobre si. En la primera parte del libro se encuentra con Gale, un joven encerrado en un bunker donde experimentan con humanos y los seres que llegaron con los leviatanes, esos grandes entes que originaron el Apocalipsis en el que está inmersa la Tierra. El encuentro de los dos jóvenes cambia la vida de ambos y da origen a una trama donde destacan el sensible Angie, el repugnante y nunca presente Klaus, la capitana Ciara o la fuerza de la naturaleza que es la poderosa Décima. Y siempre bajo el vuelo de los ominosos leviatanes, que oscurecen los cielos y la vida. A pesar de todo, y es aquí donde yo veo la gran diferencia con el Cotrina de “La canción…”,  los personajes, pese a las abominaciones y el espanto que les rodean, nunca se dan por vencidos y siguen luchando por sus vidas simplemente para averiguar que les aguarda al día siguiente… si hay un día siguiente. Porque debe haber una salida y si no se busca, leches.

El mundo que crean Campell y Cotrina es tan imaginativo y tan rico que no me extra que ambos confiesen que una de sus principales inspiraciones fue la serie “Hora de aventuras” (protagonizada por cierto por el joven Finn… y un perro), serie que tiene un mundo mágico abigarrado, sorprendente y que, en el fondo, ya que no en la superficie, guarda una gran lógica en toda su estructura y desarrollo. Más increíble me resulta que citen la serie del canal Disney “Gravity Falls” donde el horror se convierte en algo manejable y mucho más infantil pero ellos sabrán. Y luego está la larga lista de autores digamos “serios” que siempre se necesitan para avalar la calidad de una creación literaria: Baker, Carter, Cronenberg, Miéville, Gaiman, Burton… Como vemos los directores de cine son tan importantes como los escritores y revelan la gran plasticidad de la obra de los autores españoles, muy, pero que muy cinematográfica tanto en el ritmo como en lo visual. Y citar a Clive Barker en cuanto al espanto metafísico y fantástico de la carne torturada es como citar a Shakespeare cuando se habla de las negras honduras del comportamiento humano. Maestros, maestros. Con la lección bien aprendida por los alumnos. Y con unos ramalazos de pura poesía que son sello de la casa:

“Había una grieta en el cielo. Era descomunal, una brecha en el tejido del universo, una cuchillada al engranaje de lo real”.

“La esperanza no es más que una mala excusa, una mentira que te cuentas a ti misma cuando ya no queda nada que sea verdad” 

Y mi favorita:

“Fuera anochecía. Un pedazo de luna parecía clavado sobre el leviatán. Los tonos de esta nueva noche eran hermosos e incendiarios, teñidos de naranja y amarillo. La tormenta los esperaba a lo lejos, en el norte. Los relámpagos eran chispazos dorados; la cordillera centelleaba  a la luz del crepúsculo ámbar. […] El mundo refulgía.

Había horror allí fuera—pensó Gale–, pero también belleza. […]

   –No debería ser tan hermoso –murmuró–. No debería ser así. Es un engaño, una estafa

No debo olvidar citar la fabulosa portada de Libertad Delgado, Liberlibélula, que fue también la ilustradora de los cinco e-books y que ha clavado el aire de pesadilla del libro.

Por último recodar las palabras de los autores:

“Esta primera temporada, no es un final del todo cerrado. Quedan muchas cosas por narrar y queremos hacerlo: necesitamos contaros por qué Décima se llama Décima y que pasa con Angie (¿encontrará su lugar en el mundo?). Necesitamos contaros qué ocurrirá con Gale y qué pintan Violeta y su quimera en todo este embrollo; qué pasará con Klaus y Ciara y, por supuesto con Adra y Winston. Ahora que ya sabemos que hacen aquí los leviatanes, ¿como afectará eso a nuestro grupo?”

¡Quién sabe! Habrá que estar alerta y disponerse a dejar entrar de nuevo el horror (¿cuántas veces habré escrito ya esta palabreja?) en nuestras casas, chorreando en cada página del libro, como sangre derramada en honor de un dios ignominioso y olvidado. En fin, ¿qué diría Lovecraft?

 

 

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