No todo van a ser malas noticias en cuanto a la salud medioambiental de nuestro planeta.

Tras treinta años de mediciones vía satélite de la capa de ozono que recubre la Tierra, los científicos por fin observan una tendencia positiva en su recuperación a nivel global, gracias a la reducción de emisiones de sustancias nocivas.

El agotamiento del ozono en nuestra atmósfera que nos protege de la radiación ultravioleta del Sol provoca cáncer de piel, cataratas y trastornos en el sistema inmunitario de los humanos y del resto de animales, plantas y el fitoplancton microscópico. Este ozono se sitúa entre 11 y 50 kilómetros por encima de la superficie terrestre, y a partir de la década de los años 60 del pasado siglo comenzó a descender progresivamente. En la alta estratosfera llegó a disminuir a un ritmo de entre el 4% y el 8% por década.

Tras los acuerdos internacionales para la reducción del uso de las sustancias que destruyen el ozono, los satélites de vigilancia ya han detectado los primeros signos de recuperación. Los científicos climáticos precisan de lecturas que abarquen 30 años o más para poder analizar las tendencias con precisión.

La concentración del ozono varía según la estación y la actividad solar, por lo que se necesitan décadas para separar esta variabilidad natural de los cambios influidos por el ser humano. Los científicos de la Iniciativa sobre el Cambio Climático de la ESA (Agencia Espacial Europea) están armonizando las mediciones procedentes de distintos satélites para obtener una visión a largo plazo de la variabilidad del ozono.

Las lecturas se remontan a 1995 en el caso de “columnas totales” —el ozono total de todas las capas de la atmósfera— y a 2001 en el caso de perfiles de ozono con alta resolución vertical, que permiten identificar las distintas capas del gas.

Los registros proceden de cinco sensores satelitales capaces de proporcionar mediciones con una resolución vertical elevada, como los de la antigua misión Envisat de la ESA, junto a la información actual de la canadiense SciSat y el satélite sueco Odin.

Recientemente se han añadido las mediciones de los satélites ERBS y Suomi NPP de la NASA, ampliando la cobertura hasta 1984.

Al combinar los datos de la Iniciativa sobre el Cambio Climático con los de la NASA, vemos claramente tendencias negativas en el ozono de la alta atmósfera antes de 1997 y tendencias positivas tras esa fecha”, afirma Viktoria Sofieva, científica investigadora senior del Instituto Meteorológico Finlandés.

Las tendencias de la alta estratosfera más allá de los trópicos son estadísticamente significativas y preludian una cierta recuperación del ozono”.

Las mediciones de ozono con alta resolución vertical son esenciales para identificar estas tendencias. La futura misión Altius de la Iniciativa de Vigilancia de la Tierra de la ESA ofrecerá mediciones continuas para la vigilancia del clima a largo plazo.

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