A.P. Bio (Biología Aplicada) Temporada 4

La complicada vida de esta serie no parece haber encontrado aún aguas tranquilas. Desde aquella primera temporada de fulgurante entrada, reinterpretando la vida de instituto en USA a partir del filósofo frustrado rebotado de Cambridge Jack Griffin (interpretado por Glenn Howerton) y su rabiosa incorporación a la docencia en el centro de secundaria en Toledo (Ohio) dirigido por su amigo, el director Ralph Durbin (Patton Oswalt); muchas cosas han pasado.

Agotada aquella chispa inicial de gracia, la segunda temporada la convirtió en un degradado y cutre chiché sin sentido que perdía audiencia a raudales. Tanto, que estuvo prácticamente cancelada hasta que, no sabemos por qué milagro, alguien vio su potencial y la rescató en el último suspiro del abismo, eso sí, cambiándola de canal dentro de la NBC. La tercera, producida ya sin la presión de estrenarse en un canal principal, soltó la creatividad e inspiración, volviendo (con menos recursos) a aquellos raíles que la condujeron al éxito cuando se estrenó en 2018.

Aquel original proyecto de A.P. Bio merecía algo más que esta memez sin gracia

Ahora, Movistar + estrena la cuarta temporada que, ante el reto de consolidarse o decaer, se nos muestra, en estos primeros cuatro capítulos hasta ahora disponibles (de los ocho que tiene), como una decadencia a gran velocidad y sin frenos.

El primer capítulo, de hecho, se permite el pecado de resultar, incluso, aburrido. El segundo satiriza los uniformes escolares a partir de una premisa ridícula que se carga la coherencia del conjunto, pero que sí tiene el mérito de recoger y reinterpretar ‘La ola’ (2008) con cierta sagacidad -aunque para ello pierda toda su gracia-. El tercer capítulo no sé ni de qué va porque me cansó tanto que, nada más acabar, dejó de importarme… algo sobre mal de amores y masculinidad, creo. Mientras que el cuarto vuelve a tocar los traumas familiares padre-hijo, más vistos que el TBO, compensados aquí con la incorporación estelar -a modo de secundario- de Bruce Campell como Griffin Senior.

Producción cutre, llena de costuras

Los personajes también han perdido mucha de su vida interior. Los dos principales motores narrativos de la trama general, Griffin y Durbin, son ahora exageradísimos clichés del profesor travieso y del director enrollado. Al hacer así, sus presuntas polémicas carecen mayoritariamente de interés, de forma que las líneas de diálogo de los dos presuntos colosos de la serie se convierten en algo estúpido y sin gracia (especialmente, en los tres primeros capítulos).

Todo esto, junto con una producción cutre a la que se le ven las costuras, nos deja una ‘AP Bio’ diezmada en todos sus frentes: las actuaciones son un cliché tras otro, el guion roza el ridículo en la mayor parte de las ocasiones, la producción es tan limitada que no pocas veces nos resulta artificial, los secundarios están tan desdibujados que sonrojan, la clase y el claustro docente se reduce al rol de comparsa rellena-minutos… He visto la mitad de esta temporada y estoy desesperanzado, indignado y algo enfadado por la enorme oportunidad perdida que representa esta serie. Cuando recuerdo su primera temporada y veo adónde ha llegado en esta cuarta, además de una gran añoranza, me entran ganas de no ver ni un capítulo más. Aquel original proyecto merecía algo más que esta memez sin gracia.

Nota: 3/10

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Filólogo, politólogo y proyecto de psicólogo. Crítico literario. Lector empedernido. Mourinhista de la vida.

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