28 Días despues
Alejandro Serrano. 06/02/2005  
Encontrado en http://www.fantasymundo.com/articulo.php?articulo=1
     Te imaginas despertarte un día de la cama y encontrarte con que todo lo que conoces ha sido destruido, que toda la humanidad ha sido desolada y tu estás solo. ¿O no tan solo?
¿Quién no ha tenido una pesadilla en la que, después de despertarse como cada mañana, lavarse los dientes, prepararse el desayuno, vestirse y traspasar el umbral de su casa, se encontrara con el mundo completamente desolado y desierto, sin otro alma que la propia recorriendo sus calles? ¿y qué temor colectivo de la humanidad es tan recursivo como el de una devastación mundial provocada por algún experimento científico incontrolado?

Esta película aúna ambos terrores atávicos en uno solo de manera muy acertada, sin excesivo sensacionalismo y muy centrada en los cambios psicológicos graduales que van apreciándose en los protagonistas. La acción comienza en un laboratorio científico, donde se almacenan varios primates sujetos de experimentos. Un comando ecologista lo asalta para liberar a los animales, convencido de que este no es más que otro episodio de la injusta y cruel utilización de los mismos para fines médicos. Una vez allí, son sorprendidos por el facultativo encargado de vigilarles, quien presa del pánico les explica que están infectados. No pueden ser liberados, ya que se encuentran enfermos de... IRA. Como no, el médico es desoído por completo, y cuando una chica del comando procede a liberar al primer primate, éste, en un acto de furia homicida, la ataca. El espectador presencia el primer contagio, el origen de la infección... el principio de todo.

Se produce un salto en el tiempo y el espacio, y nos sitúan en una aséptica habitación de hospital, con Jim, un enfermo inconsciente totalmente desnudo sobre una camilla. Al poco tiempo, éste despierta, se quita los catéter, y se yergue. Totalmente confuso y desorientado, se levanta y sale de la habitación, aún con la bata del hospital y con una larga barba, muy al estilo de Robinson Crusoe después de meses en la isla. Nada más salir, y aún medio dormido, queda estupefacto ante el espectáculo que tiene ante él: el hospital completamente devastado, desierto... como si lo hubieran abandonado precipitadamente. El mobiliario y las medicinas siguen ahí, sólo un tremendo destrozo evidencia el desastre. Con paso vacilante, recorre los pasillos, estupefacto, hasta encontrar por fin la salida.

Sólo es el principio. Recorre las calles. Ni un alma. Vehículos abandonados. Suciedad. Escombros. Mortal silencio. No alcanza a comprenderlo. Lo único que sabe a ciencia cierta es que sufrió un accidente, y después de un tiempo inconsciente despierta. Y esto. Ni un alma, Londres patas arriba, y ni una sola voz responde a su presencia. ¿Será un sueño? Es lo primero que se pregunta. Con paso vacilante, y con la bata como único abrigo, recorre las calles de la ciudad en unos minutos agobiantes, terroríficos, angustiosos... muy bien llevados por el director. Un episodio de suspense acompasado por una banda sonora al paso de la confusión mental del protagonista, y que culmina en Trafalgar Square, donde se topa con multitud de notitas y fotos pegadas, súplicas de búsqueda de familiares, amigos, conocidos... ¡¡¿qué demonios ha pasado aquí?!!

Tan sólo es el comienzo de la pesadilla. Más tarde, y después de un terrorífico contacto con varios infectados, se encuentra con otros dos sobrevivientes, quienes le cuentan lo que sucedió durante su convalecencia. El inicio de la epidemia, los contagios exponenciales, la población masacrada... todo Londres infectado. Desde que radios, periódicos y televisiones dejaron de informar, no se sabe nada, no se tienen cifras, nadie sabe cuándo acabará ni cuántos sobrevivientes hay...

A partir de ahora, sólo sirve luchar por el propio pellejo. Los amigos, familiares o conocidos ahora son infectados: cuerpos sin voluntad ni otro propósito que el de propagar el virus. Les distingue de los seres humanos sus terroríficos ojos rojos, y una velocidad inusitada de movimientos. Y por encima de todo... la SED incontrolada. No hablan, no razonan... pero no son zombies al uso, no están muertos, ni se alimentan de la carne viva. Y el sol no les gusta, se ocultan de él, pero pueden atacar en lugares en penumbra, o perseguir a la luz del día a sus víctimas. Los tres deciden ir a visitar a los padres del protagonista, al otro lado de la ciudad, donde se encontrarán con un espectáculo dantesco... Más tarde, se unirán a un hombre y su hija, en busca de lo que parece ser el último reducto del ejército en Gran Bretaña... la salvación.

No es fácil recomendar una película así. Quien vaya al cine simplemente a pasar un buen rato entretenido, abundantemente regado con palomitas y refrescos, sin mayores pretensiones, debería evitarla, ya que salvo dos o tres carcajadas en momentos puntuales, se pretende otra cosa. Es una buena película, rodada con muchísimo acierto en la mayoría de las escenas, pero hay que tener estómago. No hablamos de vísceras sangrantes, ni de la casquería que suele acompañar a este tipo de películas, sino de la opresión psicológica constante a la que se somete al espectador, y que apenas tiene respiro, la degradación constante del ser humano enfrentado a circunstancias extremas... Varias personas se escabulleron rápidamente del cine cuando fui a verla, justo después de la escena de Trafalgar Square, algo que rara vez ocurre. Sin embargo, quien guste del cine serio, bien conceptuado y ejecutado, tenebroso, o simplemente de catástrofes, debería aprovechar la ocasión. En una época de Armaggedons o Deep Impacts una cinta como esta es sin duda bienvenida.