|
|
Fahrenheit 451, de Ray Bradbury (Clásicos Minotauro) |
|
|
|
|
|
Quizás libros como este nos ayuden a comprometernos con nuestra propia sociedad, admitiendo al mismo tiempo la individualidad: no arrinconemos a los libros. |
|
Un mundo feliz, sin preguntas, sin curiosidad, con los sentidos bombardeados una y otra vez por estímulos vacíos pero placenteros. Un mundo insulso, pero feliz, pendiente de las telepantallas interactivas. No existe nadie a quien las preocupaciones de la vida agobien en exceso: hay que trabajar para ganarse la vida, pero ello no quita el sueño a nadie, hay muy pocos con curiosidades intelectuales que les lleven a hacerse preguntas incómodas y poner en peligro su felicidad.
Sé feliz, no pienses, no vayas más allá del rebaño, no hagas caso a los radicales que buscan preguntas y jamás encuentran certezas a las que asirse. No sabes ni quieres saber lo que es un libro, teme las inquietantes palabras que encierran, evita la mirada de aquellos que los leen, son infelices por naturaleza, incapaces de contentarse, siempre haciéndose preguntas sin respuesta, transmitiendo a otros su desasosiego, contaminando el alma de los felices. Malditos sean, malditos todos. ¿Quiénes se creen que son para declarar que el ser humano es una cáscara vacía? ¿Sólo porque han leído? Si la gran mayoría se siente incómoda ante un texto impreso, si no soportamos los pensamientos que en ellos encierran, si el Gobierno nos exige que no destapemos la caja de Pandora... ¿quiénes somos nosotros para desafiarles? Ellos velan por nuestro bien, por ello se creó el Cuerpo de Bomberos, para impedir que la letra impresa nos contamine. Dejémosles hacer su trabajo, dejemos que el papel se carbonice, que su tinta se transforme en volutas de humo: los pensamientos de los radicales infelices volatinizados. Dejemos que el fuego purifique, porque a fin de cuentas es lo que hace un bombero: transforma la inmundicia en un bonito fuego que ilumina las casas impuras de madrugada. ¡Qué espectáculo! Y si algún radical se ve atrapado en ese fuego, mejor que mejor, ¡Que todas las ratas se quemen! Amenazan nuestro mundo y se lo merecen.
Precisamente, Guy Montag es bombero, un valeroso bombero, y está orgulloso de serlo. Su alma cosquillea cuando las alarmas resuenan, y su patrulla llega a una casa contaminada de madrugada, y con precisión y valor los lanzallamas escupen su fuego purificador sobre las posesiones de cualquier ciudadano. No cualquiera... el Gobierno no quemaría la casa de un buen y feliz ciudadano, sino solo la de un radical, la de alguien que, cegado por preguntas incómodas, guarde un libro en ella. Todas las casas son ignífugas, pero pueden consumirse gracias a la acción coordinada de varios bomberos. Ninguna casa ardería si no fuera por ellos, y tienen una buena razón para reducirlas a cenizas: por el bien de los ciudadanos honrados. Montag es feliz con su trabajo y su mujer, a quien conoce desde hace diez años. Pagan las facturas gracias a un buen trabajo y tienen varios muros con telepantallas, gracias a las cuales la mujer del bombero puede entretenerse.
La vida de un ciudadano es sencilla. En el trabajo, en el hogar, en el transporte público, a cualquier minuto de cualquier hora, las mentes se ven bombardeadas por las telepantallas, ningún instante queda libre para el pensamiento individual. Los programas de persecuciones, la publicidad, los deportes retransmitidos,... todo ello escupido de forma constante y machacona, impide que alguien pueda pensar de forma autónoma, salvo los radicales. La felicidad en estado puro: estímulos hasta la hora del sueño saturan el cerebro de los buenos ciudadanos, los anestesian por su bien. La gente no mira a sus familiares o vecinos, no se pregunta qué les ocurre, o porqué suceden las cosas. Es incómodo y no conduce a nada bueno. Hace años que se eliminaron los porches o los espacios grandes: la gente se reunía a su alrededor y discutía sobre los asuntos de actualidad, y no solucionaban nada, solo llegaban a construir en torno a ellos sobre la insatisfacción, sin aportar nada al mundo. Ahora, ante cualquier intento de entablar una conversación, la gente lanza miradas furiosas, corre o reacciona violentamente, así se corta de raíz cualquier intento de los radicales de transmitir su insatisfacción. Y el Gobierno ayuda: en cuanto detecta a alguien que, por naturaleza o educación, piense y se pregunte cosas, enseguida se la intenta reeducar. Se extirpa a los niños de sus familias muy pronto, y el Gobierno tiene formas de identificar desde pequeños a los radicales. Y si esto no funciona, desaparecen un día y no se los vuelve a ver. Tales cosas son necesarias, pues estamos en guerra. Y la necesidad obliga, hemos de estar unidos, el Gobierno sabe lo que hace, es por nuestro bien. El Gobierno no quiere que la guerra nos preocupe, y prefiere que la olvidemos. Ellos saben lo que hacen.
Los jóvenes se matan unos a otros, los mayores se suicidan a menudo, pero son víctimas colaterales, el resto de nosotros es feliz, salvo los radicales, antisociales por naturaleza. Asumimos pérdidas para que el conjunto gane, el triunfo de la mayoría. No nos interesan las minorías en absoluto. ¡¡Sé feliz!!
Dentro de la colección Clásicos, Minotauro reeditó en junio de 2007 esta novela de Ray Bradbury, titulada Fahrenheit 451, en honor de la supuesta temperatura a la que arden los libros. Tal y como asegura su autor en el posfacio que se incluye en esta edición, la novela surgió gracias a la escritura previa de cinco relatos, tras los cuales alquiló una máquina de escribir en el sótano de una biblioteca. Terminó la novela en nueve días, en el año 1950. Intentó publicarla durante los tres años siguientes, hasta que un ambicioso joven se cruzó en su camino, un tal Hugh Hefner, quien le propuso publicarla en tres partes, dentro de una revista que estaba a punto de lanzar: Playboy. Durante el invierno de 1953-1954, la novela corta Fahrenheit 451 por fin vio la luz entre sus páginas, en los números 2, 3 y 4. El resto, como suele decirse, es historia. La presente reedición de Minotauro incluye dos relatos: por una parte, el más largo, titulado "El parque de juegos” y por la otra, “Y la roca gritó” de apenas unas páginas, que hablan de cosas adyacentes a la novela: la crueldad y la arrogancia de la mayoría, que aplasta a base de uniformidad al resto del mundo. El segundo podría muy bien ser el final de la sociedad descrita en Fahrenheit 451.
La novela supone una crítica clara a la sociedad de nuestra época, una visión que podría resultar profética, dado el año de su escritura. Ahora mismo, estamos en una sociedad que margina a la cultura, rebajándola a niveles ínfimos, repleta de estímulos visuales y sonoros machacones, con la televisión como único protagonista en muchos hogares, un monstruo cuya influencia se extiende por todos los niveles de la sociedad. Las obras escritas y audiovisuales audaces y comprometidas se ven ahogadas por un torrente formado por otras superficiales, de dudoso valor y de consumo masivo. Estamos, por así decir, en los primeros estadios de la marginación cultural primera de la que nos habla Bradbury.
La lectura de Fahrenheit 451 es hoy más necesaria que nunca, si no queremos que finalmente, los libros queden arrinconados en cualquier esquina, marginados hasta desaparecer de nuestro mundo. El proceso real sigue, de momento, los mismos pasos que en la novela, y aunque podríamos pensar que es impensable un final similar, lo cierto es que en muchas épocas de nuestra historia, la cultura fue considerada peligrosa e insidiosa, y aún hoy las voces disidentes no son muy bien vistas, no solo por los gobiernos, sino por la sociedad en su conjunto. Las visiones alternas, sorprendentes, que podrían abrirnos los ojos a una sociedad nueva, nos dan miedo, y solemos preferir la comodidad de lo conocido, de lo cotidiano y seguro. Las recientes guerras por motivos económicos, consentidas por la sociedad, aunque vagamente toleradas, son un síntoma claro: mientras mantengamos en cierta medida nuestra cotidianeidad, el resto no es tan importante. Cuando algo no nos afecta directamente, en muchas ocasiones tendemos a no comprometernos, y dejamos pasar de largo estupendas situaciones para defender los derechos tan duramente ganados.
Quizás libros como este nos ayuden a comprometernos con nuestra propia sociedad, admitiendo al mismo tiempo la individualidad. Aprender que todos somos diferentes y tenemos distintas necesidades, y respetar las ajenas, es el primer paso para admirar y conservar una sociedad heterogénea. Si perdemos nuestra individualidad, y admitimos una homogeneización impuesta, perderemos enriquecedoras y diferentes visiones que pueden resultar útiles para construir una sociedad. En ocasiones, nos vemos tentados a defender lo nuestro sin considerar lo ajeno, sin darnos cuenta de que no somos únicos en el mundo. No hay que caer, sin embargo, en actitudes poco lógicas, y no tratar de defender lo indefendible, actitudes incívicas que tienden a romper la sociedad, pero tampoco podemos marginar, encarcelar o asesinar a nuestros conciudadanos por pensar diferente.
“Y al otro lado del río se alzaba el árbol de la vida con doce clases de frutos, y daba sus frutos todos los meses. Y las hojas del árbol eran la salud de todas las naciones”.
|
|
|
Página 1 de 1
|
15 Comentarios recibidos
| Escribir nuevo comentario (Requiere registro) - Leer todos los Comentarios
|
|
|
Usuario: Murray (11-Octubre-07)
Al provenir de un sistema de estudios extranjero, mis opiniones sobre el español han sido siempre pobrísimas. Lo que pasa con la literatura en español es que hay mucho tipo que la ha estudidado con entusiasmo y la inculca como obligación necesaria, cuando nuestra literatura ha sido, en líneas generales, un auténtico pestiño en comparación con la francesa o la inglesa. ¿Cómo pretendes incentivar a la lectura a un españolito, cuando las referencias de su cultura literaria son los Lope de Ruedas, los Berceos, los Cadalso o los Larra?. Compara con Dumas, Kipling o Stevenson y se comprenderá el problema de los bajos índices de lectura. Educar a un niño tan joven en ciertas lecturas es un suplicio, pero que el sistema mantenga y sostenga ciertas posturas sobre la literatura (y sobre todo, acerca de lo que es o no literatura), debería estar tipificado como delito en el Código penal. Consecuencia de que este país nunca ha sabido qué hacer con sus genios ni su arte. Aunque bien mirado, también puede ser la historia del reconocimiento de una derrota: la de saber que si no obligas a leer ciertos ladrillos soporíferos a los jóvenes durante la educación obligatoria, es más que probable que no los lean nunca. Toda decisión implica un riesgo.
Por lo demás, yo en el bachillerato ( y antes) me leí a Dante, a Svevo, a Calvino, a Salgari, pero también a Homero, Virgilio o Aristófanes. Y no os podéis hacer idea de lo agradecido que les estoy a ciertos profesores por el bagaje que pudieron darme...
Un saludo, Murray |
|
|
Usuario: Daniel Salvo (11-Octubre-07)
No se en otros países, pero en Perú el programa escolar sigue una secuencia "histórica" de literatura: desde los clásicos (Mio Cid, Quijote) hasta las literaturas nacionales y contemporáneas (digo, es un decir, se supone que eso pasa en 5 años de la secundaria o preparatoria, pero dudo que se cumpla en verdad).
Me parece una manera errónea de acercar a los alumnos a la literatura. ¿Cómo es posible que a los 11 o 12 años te hagan leer libros escritos en un castellano antiquisimo y dificil, que no puedes apreciar como se , y recién a los 15 o 16, te hagan leer la literatura contemporánea, más fácil de entender? Debería empezar por ahi, que uno coja el gusto por la lectura y después lol desarrolle. |
|
|
Usuario: Mithrand (06-Sept.-07)
No estoy de acuerdo con que haya libros que se tengan que leer sí o sí. No se trata de obligar a leer libros, sino de incentivar la lectura en general. Puedes obligar a un niño a leer "El Quijote" por la fuerza, si pones mucho empeño, pero es posible que lo coja con mucho desagrado por ser una obligación y lea muy poco durante el resto de su vida. ¿Qué ganas con ello? ¿que lea un libro "fundamental", le coja asco así como a la lectura en general?
Jamás fui capaz de terminarme "El Quijote", y tras varios intentos desistí. Me parece un soberano peñazo tras cierto número de páginas y no puedo con él. Sin embargo, he leído innumerables obras en mi vida, y sigo leyendo, y creo que no me desharé de este vicio jamás. Y comencé con "Los cinco" o "Elige tu propia aventura". Lo importante no es el inicio del camino, sino como lo recorres.
No olvidemos, que por mucho que haya lecturas "universales", no todos tenemos el mismo gusto, ni mucho menos. ¿Cuánta gente se habrá leído "El Quijote"? Seguramente mucha menos gente de la que dice habérselo leído. Estas cosas no se imponen, el gusanillo ha de picarte. Empiezas por unas lecturas y evolucionas a lo largo de los años. Leo de todo, como creo que debe ser, y aún habrá gente que diga que no me he leído tal o cual libro fundamental, y que eso desluce mi trayectoria como lector. Me da igual, francamente, solo yo me pongo límites. Si algo no me gusta, no me gusta :zzz: Por mucho que Cervantes sea quien es... |
|
|
Usuario: thewatcher (05-Sept.-07)
Sí, yo estoy de acuerdo con lo de las listas, pero al igual que tú no puedes elegir estudiar o no ecuaciones, hay determinados libros que se deberían leer sí o sí, el Quijote entre ellos. También es cierto que cualquier criterio para eso será subjetivo, porque no estamos hablando de una ciencia exacta, pero vaya, que nos guste o no, el Quijote es lo que es.
Un saludo. |
|
|
Usuario: ireth (05-Sept.-07)
Mith, muy bueno el artículo, y sí, yo tambien creo que es un libro fundamental.
En lo que son los libros del colegio... Todo lo que me tocó leer fue literatura española, aunque vimos de pasada algo de literatura inglesa (y Shakespeare, pero sin leer nada, me ha tocado leerlo por libre), italiana y francesa... Pero muy de pasada (una página del libro por país, creo). Y que queréis, cuando me mandaron leer el Quijote me pareció un rollazo enorme, leí poco y encima en diagonal; y el año pasado decidí leerlo y me ha parecido buenísimo.
No sé, yo creo que es una buena idea esa de dejar elegir de entre una lista en la que haya un poco de todo (siempre que sean buenos libros, claro). Así es como descubrí "El juego de Ender", porque se lo leyó mi hermano en el colegio y me dijo que estaba muy bien |
|
|
Escribir nuevo comentario (Requiere registro) - Leer todos los Comentarios
|
|
|
|
 |
|
|
Version imprimible
·
Recomendar a un amigo |
|
 |
|
|
|
 |
|
No se permite la reproducción íntegra de este artículo. Para reproducciones parciales o citas, consultar el apartado de NOTAS LEGALES
|
|
|
|
 |
 |
 |
 |
 |
|
|
| |
|
|
|
 |
|