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Horus, Señor de la Guerra (La Herejía de Horus 1), por Dan Abnett
Alejandro Serrano   25/08/2007 ( 1866 lecturas) Escribir Comentario
     Los diálogos entre personajes son grandilocuentes, altivos, sangrientos y llenos de un desdén para con las víctimas o los disidentes escalofriante: conoce el origen de Warhammer 40K.
Portada de Horus, Señor de la Guerra (La Herejía de Horus 1)El mundo literario de Warhammer 40.000 (o Warhammer 40K) está basado en el juego de tablero del mismo nombre y distribuido por Games Workshop, en el que se utilizan miniaturas junto con una trama futurista y post-apocalíptica, con alto contenido épico, militar y estratégico. Este juego es una evolución de otro anterior, el Warhammer Fantasy, de tipo fantástico-medieval y con diferentes reglas. Warhammer 40K está situado cronológicamente en el 41º milenio, en un Universo en el que la especie humana domina militarmente gran número de sistemas, de una vastedad inconmensurable, pero sigue teniendo enemigos, en la forma de alienígenas (o Xenos) y otros humanos con sed propia de dominio, o corrompidos hasta la médula por el Caos, una fuerza atávica presente en todos los mundos y en continua pugna con el Orden establecido.

En el 41º milenio, el Imperio de la Humanidad unifica bajo su dominio miles de sistemas, bajo la autoridad del Emperador, un héroe que reside en Terra, la antigua cuna de nuestra especie, anteriormente llamada Tierra. Su doctrina, profundamente intolerante, pretende erradicar del mundo cualquier pensamiento espiritual que no sea el de la dominación o el exterminio automático de aquellos que se le oponen. Solo puede existir un gobierno y una línea de pensamiento: se terminaron las religiones o la “brujería”, así como todo pensamiento social. Las armas hablan y los civiles callan o adoran. Aunque el propio Emperador lo ha prohibido, sus fuerzas de élite han establecido un culto divino hacia su persona, y para ellos cualquier mínima discrepancia con la doctrina imperial se castiga con la muerte.

El Emperador inició un movimiento militar conocido como la Gran Cruzada, durante el cual unificó el gobierno de la raza humana, bajo el mandato del Consejo de Guerra, capitaneado por él mismo y los primarcas, a base de intervenciones en cada uno de los mundos conocidos, en el que se establecieron nuevos gobiernos adeptos al régimen. El Adeptus Mechanicum, la división científica del ejército, creó a los veinte “primarcas” inmortales con el ADN del Emperador, pero éstos fueron dispersados por los dioses del Caos por el Universo, y cada uno llegó a su propio mundo, en el que prosperaron. En la Gran Cruzada, éstos fueron puestos de nuevo bajo el gobierno del Emperador, y se unieron a su nuevo impulso reunificador. El Emperador también creó a los inmortales (que no invulnerables) Adeptus Astartes, una suerte de marines súper-humanos, de mayor estatura, complexión, fuerza y capacidad de regeneración, a partir del ADN de los veinte primarcas, mejorando a humanos de base con características mejoradas en extremo. Éstos forman la fuerza de élite del Imperio de la Humanidad, asistidos y complementados por otros guerreros, y se rigen por un código propio. No suelen plantearse grandes cuestiones morales, y su fanatismo está fuera de toda duda. El desvío de conducta, aún sutil, de este código, es motivo de castigos ejemplares o incluso la muerte. Tras el fin de la Gran Cruzada, el Emperador creó el Consejo de Terra, formado por civiles, con una autoridad superior al Consejo de Guerra, y que guiaba las actividades de éste. Se creó el cuerpo de Rememoradores, civiles designados para transmitir a las futuras generaciones las gestas de los ejércitos del Imperio, y destinados junto con la tropa. Su única misión consistía en recordar y transmitir, por supuesto detalles no comprometidos cara a la opinión pública. El Emperador trataba de politizar la conquista del Universo.

Los Eldar son una raza de alienígenas civilizados que dominaban el Universo cuando la humanidad aún estaba encerrada en Terra y no hacían uso de los viajes interestelares. Entraron en decadencia y en poco tiempo fueron dominados, aún a pesar de disponer de una maravillosa tecnología, pero aún resisten apartados y realizando frecuentes hostigamientos a las fuerzas imperiales. Poco a poco, las fuerzas del Emperador eliminan a todos los alienígenas, tanto racionales como de comportamiento instintivo, con despiadada eficacia y desdén. En realidad, el mayor enemigo de la humanidad es la disformidad, una fuerza corrupta propia del caos que es capaz de transformar física y mentalmente a cualquier ser, dotándole de una apariencia monstruosa y una sed de sangre bárbara imposible de cuantificar. La disformidad está presente en el Universo y es consustancial a él, y forma parte de una de las prácticas prohibidas por el Emperador. Hay humanos y alienígenas que practican estos tratos con la oscuridad y se dedican a la brujería con el fin de dominar el mayor número de sistemas posible y derrocar al Imperio. El Caos saca a la luz lo peor de la naturaleza de cada ser, y su poder está cimentado en su propia naturaleza psíquica.

El primer volumen de la serie La Herejía de Horus, titulado Horus, Señor de la Guerra, se centra en la figura de este primarca, el favorito del Emperador, y que ocupa el cargo más importante de las fuerzas militares de éste. El Señor de la Guerra tiene bajo su mando a todas las legiones de Astartes y fuerzas imperiales, y tan solo responde ante su único inmediato superior, exiliado en Terra. Horus el Glorioso es a la vez militar y político, un hábil estratega que combina una maravillosa capacidad de liderazgo con la más absoluta devoción de las tropas hacia su persona. “La Herejía de Horus” se sitúa en el 31º milenio, y cuenta los hechos acaecidos en ese tiempo, y que dieron origen al mundo de Warhammer 40K, en uno de los episodios más conocidos por la Humanidad.

En este primer libro, Dan Abnett nos introduce en la organización militar del Imperio a través de sus figuras clave, cimentando las bases de la trama que posteriormente se desarrollará. Los antecedentes históricos de la Herejía de Horus quedan claros, así como la situación militar y política. “Horus, el Señor de la Guerra” está lleno de acciones militares narradas con crudeza y de forma directa, sin adornos líricos, semejando el modo de combate de los Astartes: rápido y directo, entrar, matar y salir incólume. La filosofía del Imperio está presente en todos y cada uno de los personajes: someten y aniquilan a millones de personas por todo el Universo en aras de “la verdad”, para unificar a toda la Humanidad, a su criterio en las grandes cuestiones morales. La humanidad bajo el Imperio está sometida a una sociedad militar y pragmática, sin una religión dominante, totalmente secular, y que toma al trabajo y al deber como fe básica. La obligación de ser útil está por encima de todo, y la cadena del poder ha de ser respetada por encima de cualquier otra cuestión.

Este primer tomo de la Herejía de Horus está narrado como si de una campaña militar se tratase. Los diálogos entre personajes son grandilocuentes, altivos, sangrientos y llenos de un desdén para con las víctimas o los disidentes escalofriante. Los Primarcas y Astartes se consideran como enviados de la Verdad Imperial, y asumen todo el derecho de difundirla a golpe de bólter o espada. Apenas hay espacio para la reflexión individual, y unos pocos personajes sustentan en verdad el peso argumental: aunque totalmente fanatizados, aún conservan cierto nivel de autocrítica, y muestran al lector que la verdad no es tan clara como parece. La inclusión de los rememoradores, civiles de Terra, pone un contrapunto en inicio interesante, ya que éstos incluyen la discrepancia y la crítica, pero más tarde, también ellos justifican y alientan las campañas de “reeducación”. Sin embargo, la mayoría son simples brazos ejecutores, espléndidos en su poder pero nada más. Destrozarían con la misma alegría a un alienígena viscoso e irracional que a un humano que crea firmemente en la maldad el Imperio.

En ocasiones esta narración plana y militar, más propia de la épica que de una situación real, buscada para conseguir determinado efecto, cansa por reiteración, ya que solo es rota en momentos muy puntuales aunque bien escogidos. Se echa de menos el punto de vista de las víctimas de la unificación, presente solo en unas pocas ocasiones, y más capacidad de autocrítica en las tropas del Imperio, demasiado sujetas a la doctrina y el fanatismo.

A “Horus: Señor de la Guerra”, le siguen, por orden de publicación: “Falsos Dioses”, también publicado por Timun Mas, “La Galaxia en llamas”, que llegará a las librerías españolas este septiembre, y continuará por “Flight of the Eisenstein” (”El vuelo del Eisenstein”), “Fulgrim” y “Descent of Angels” (”El descenso de los Ángeles”), aún no publicados en castellano, pero que llegarán, según el editor de Timun Mas, José López Jara. Podemos esperar otro tipo de narración y desarrollo en las siguientes novelas, ya que se presume un conflicto entre los Astartes por el modo de dirigirse del Imperio, una mayor discrepancia en el seno de las tropas.
 
La Herejía toma forma: “Horus es una estrella ascendente, ¿pero hasta qué altura puede llegar una estrella antes de caer?”

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