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       Artículo de literatura

Drácula: Año cero, de Antonio Sachs: Insípida biografía de Vlad Draculea


 Historia
Natalia Calvo   13/10/2015
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     La sucesión de fechas, nombres y empalamientos sin ningún tipo de contexto histórico profundo lastra el libro hasta convertirlo algo totalmente sin sustancia.
Portada de Drácula: Año cero, de Antonio SachsLa figura de Drácula, desde el siglo XIX, ha experimentado un auge sin precedentes en el mundo literario y cinematográfico. Desde la obra más conocida (aunque no primera), de Bram Stoker, hasta las recientes películas sobre vampiros, Drácula se ha convertido en uno de los personajes más importantes en el imaginario de monstruos de nuestra sociedad actual.

Pero ¿quién inspiró a Stoker para construir el mito del vampiro chupasangre e inmortal? Lo que menos gente sabe, aunque ya es bastante conocido, es que el temible y amado conde Drácula, está inspirado en la figura de un príncipe de Valaquia llamado Vlad Draculea, que vivió en el siglo XV en el sur de Rumanía.

Antonio Sachs nació en Murcia en 1974 y estudió Filosofía y Letras, siendo conocido por participar en diversas antologías de género gótico. Con “Drácula: Año cero” empieza su carrera literaria en la novela histórica, investigando los orígenes del inmortal mito vampírico.

El libro comienza en la infancia de Vlad Draculea, cuyo padre, el voivoda de Valaquia, acosado por los otomanos, les permite entrar en el territorio rumano y llevarse a sus hijos como rehenes, para ser educados hasta su edad adulta por ellos. Con los otomanos, tanto Vlad como su hermano aprenderán las artes de la lucha, aunque la sed de venganza y el sentirse extraño de nuestro personaje, acabarán por convertir esta educación en un profundo odio, que intentará saciar con venganza el resto de su vida.

A lo largo de varios capítulos y, casi hasta el final, se nos cuenta la historia de Valaquia en estos años convulsos, con infinidad de cambios de voivodas, guerras fratricidas, empalamientos por doquier y muerte y destrucción a raudales.

Ya al final del libro, con la ¿muerte? de Vlad, encontramos unas páginas que conectan el personaje histórico con el mito. Desde su supuesto asesinato en los bosques transilvanos, pasando por las historias de vampiros y otros seres demoníacos del Renacimiento, hasta el propio Bram Stoker y su inspiración previa a la hora de conseguir ideas para sus relatos.

He calificado el libro de insípido en su título, pero ¿por qué? Un personaje histórico como Vlad Tepes y uno literario de la categoría del conde Drácula ofrecen muchísimas posibilidades, tantas, que cualquier libro sobre ellos tiene interés para cualquier aficionado a la literatura en general. Sin embargo, Antonio Sachs logra hacer aburrido el volumen.

Nos encontramos con más de 120 páginas de crónica referentes a la vida de Vlad Draculea. Hasta aquí todo perfecto, pero, resulta que el autor no imprime nada de emoción al texto, convirtiéndose en una sucesión de acontecimientos que podrían resumirse, según este libro, así: Vlad se enfada, empala a mucha gente, alguien traiciona a Vlad, se exilia, se enfada, empala a mucha gente... Todo el relato histórico consiste en una enumeración de fechas, nombres y empalamientos. Porque no existe ningún tipo de concreción histórica y, cuando la hay, representa una ínfima parte, tremendamente influenciada por las ideas anti Edad Media provenientes del Renacimiento que, afortunadamente, han sido desterradas de los estudios serios hace mucho tiempo. Es imposible crear algo interesante sin hacer un estudio de la época del personaje, porque entonces nos encontramos con el resumen anterior.

Y es que además, el autor no es inocente. Pongamos que estamos ante un relato de género con Drácula como protagonista, cuyo autor es fanático de la literatura gótica. Las admiraciones a la persona de Vlad Draculea son, sin duda, permisibles e incluso recomendables. Pero no cuando se intenta hacer una descripción ajustada a lo histórico, entonces la fascinación por un tipo recordado por empalar gente a mansalva, se convierte en algo extraño y peligroso. Más que nada, porque tenemos un contexto histórico escaso en el que no sirve decir “empalaba todo el mundo”. La figura debería tener un trasfondo más amplio, algo en lo que sustentar esa fascinación, puesto que el lector no tiene por qué saber quién era Vlad, pero se extrañará de que el autor alabe sus felonías.

Por otro lado, el libro se presenta como una conexión entre el personaje y el mito, cuando, como he comentado, se pasa muy por encima sobre todas las influencias que llevaron a Stoker a crear a Drácula, despachándolo en unas pocas páginas, con capítulos variados de página y media donde no da tiempo a enterarse de mucho.

Y ahí reside el mayor fallo que veo a la obra, que lo más interesante, más allá de los datos al alcance de todos (santa Internet), no existe más que testimonialmente. ¿Cómo hemos llegado de Vlad Draculea a Drácula? ¿Qué ha habido en el medio para que la historia de este conde valaco fascinase a Stoker para crear un personaje inmortal? No será con este libro donde profundicemos sobre el tema, más que para tener unas tenues pinceladas que poco aportan al terreno propuesto.

Antonio SachsPero es que además, Antonio Sachs nos “deleita” con tres actos de su invención sobre la muerte de Drácula y su transformación en leyenda, o en vampiro o en sabe él qué. Por tanto, tenemos una sucesión de acontecimientos y empalamientos (hay que mencionarlos, además de “príncipe diablo” es la palabra más utilizada, seguramente), una pequeña biografía de Stoker y un relato del autor, completamente separado del libro (ficción vs. realidad) pero que intenta entremezclar como si, quizá, tuviera algún sentido o conexión con el resto. No.

Otra cuestión que me ha parecido imperdonable es la falta de bibliografía del libro. Hay algo, sí, en pies de página que intentan seguir a duras penas la notación bibliográfica correcta. Pero en ocasiones puntuales, puesto que, al final, no encontramos una lista de obras en las que se basa el autor para afirmar tal o cual cosa en las páginas de crónica histórica ni en lo referente a Stoker.

¿Tiene algo bueno el libro? Sí, indudablemente. Bajo mi criterio de historiadora es un libro completamente fallido dada la laxitud con la que trata todos los temas importantes y el empeño en fechas y nombres sin contexto alguno. Pero para los amantes de la historia de Drácula, puede representar una fuente de información interesante que les ayude a comprender un poco más tanto la figura histórica como el mito.

Sin embargo, creo que es una auténtica pena, dado que tanto Vlad Draculea como Drácula dan para mucho más. Y la edición de Cazador de ratas es, simplemente, perfecta, tanto por la portada elegante y sencilla como por las ilustraciones interiores.

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