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       Artículo de ciencia

El cerebro musical, de Daniel J. Levitin: música y ciencia en un ensayo imprescindible


 Biología / Medicina  Ciencias Sociales
Alejandro Serrano   24/07/2015
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     Este ensayo único está repleto de ciencia, pero también de canciones y teoría musical.
Portada de El cerebro musical, de Daniel J. LevitinCasi todos reconocemos la música como algo fundamental en nuestras vidas. Recordamos melodías y letras, y las asociamos a momentos de nuestra existencia, a veces triviales y en otras ocasiones, importantes. Incluso, las primeras lecciones básicas, los primeros conocimientos que atesoramos, o los momentos afectivos iniciales con nuestros familiares, están teñidos por la música. Nos cantan canciones, que reconocemos asombrados ya en los primeros meses, como un lenguaje que no terminamos de descifrar pero que está en nosotros desde nuestro nacimiento.

Música y humanidad han evolucionado de forma paralela, al principio de forma tosca, y finalmente más refinada. Forma parte de la evolución de nuestras sociedades, y por supuesto, ha teñido la de nuestro cerebro y comportamiento colectivo. “El cerebro musical”, del neurocientífico, psicólogo cognitivo, músico y productor Daniel J. Levitin, pretende explicar el papel de la música en nuestra historia, incluido el presente, como una actividad cooperativa que preparó el camino para otras más complejas.

Levitin distingue entre seis tipos de canciones: de amistad, de alegría, de consuelo, de conocimiento, de religión y de amor. Su estudio musical y antropológico, publicado en este libro, no se centra en ninguna tradición musical en particular, sino que realiza un sorprendente recorrido por muchas de las conocidas, sin importar su complejidad, tradición o localización. Y liga este conocimiento con las últimas teorías de la neurociencia. Sus interpretaciones a menudo son plausibles, repletas de lógica, aunque él mismo no cae en la autocomplacencia: presenta su visión de este tema como una más entre otras.

El cerebro musical” es al mismo tiempo un ensayo personal y colectivo, ya que Levitin vuelca en él numerosas anécdotas de él mismo y de otros músicos y científicos, así como referencias a estudios propios y ajenos. Sólo por esta variedad de puntos de vista, este libro es ya de por sí interesante, e incluso me atrevería a decir, imprescindible, si uno quiere llegar a comprender el papel que la música ha jugado y tiene en la humanidad.

Al inicio de nuestra evolución humana, no existían ni el lenguaje ni las artes, apenas gruñidos o gestos, con los que pretendíamos comunicar estados de ánimo o conocimientos básicos. El autor de este ensayo cree que un mecanismo cerebral, probablemente situado en la corteza prefrontal, evolucionó y creó por necesidad un modo de pensamiento que condujo al lenguaje y al arte.

Este mecanismo neuronal nos dotó de tres capacidades cognitivas que caracterizan nuestro cerebro musical: la toma de perspectiva (la capacidad de tener nuestros propios pensamientos y admitir que otros los tienen y pueden ser distintos de los primeros); la representación (la capacidad de pensar en cosas que no tenemos ante nosotros); y la reorganización (la capacidad de combinar, recombinar e imponer un orden jerárquico a las cosas que reconocemos en el mundo y los pensamientos que suscitan). Estas tres capacidades permitieron a los primeros humanos crear el lenguaje y representar pictóricamente escenas de vida, por poner dos ejemplos. Y en última instancia, de ellas provienen el arte y el pensamiento profundo de nuestros días, incluida la música.



La potencia de nuestro pensamiento abstracto nos diferencia del resto de animales del planeta. Algunos de ellos tienen ciertas capacidades, pero ninguno de forma tan manifiesta como el ser humano. Nuestra cultura es, ahora mismo, la más evolucionada sobre la faz de la Tierra, aunque conservemos ciertas características que nos aproximen en nuestro comportamiento a otros animales menos evolucionados.

La comprensión de las relaciones y su codificación en el cerebro supone una gran diferencia en el pensamiento, propio del ser humano y poco presente en el resto de animales. Y es básica en todos los sistemas musicales. Relacionamos notas, estados de ánimo, somos capaces de cantar a coro siguiendo una melodía, incluso de improvisar música, independientemente de que la hayamos estudiado o no de manera formal. Pareciera que la música es en nosotros algo natural, propio, indivisible de nuestra naturaleza. La necesitamos, y nos ayuda a sobrellevar los reveses de nuestra existencia.

La posesión de un cerebro creativo siempre ha favorecido al individuo frente a la selección natural o sexual. Creativo frente a las amenazas o a las oportunidades, para encontrar pareja y conseguir que los hijos sobrevivieran en un entorno hostil, y en este sentido, un cerebro así indica flexibilidad cognitiva y emocional, algo básico para medrar. La capacidad de trabajar en equipo marca a menudo la diferencia entre las oportunidades que pueden presentársele a un pueblo concreto, o el desastre colectivo. Un cerebro creativo, aunque tenga un aspecto individualista marcado, también posee un lado social básico, que la evolución ha considerado imprescindible para sobrevivir. Levitin demuestra que la música llegó a ser fundamental en la forja y el mantenimiento de todas las sociedades humanas, que gracias al canto o a la sincronización gestual, unos pueblos fueron capaces de imponerse a otros, y a otras especies, dominando por completo el planeta.

El cerebro musical” está repleto de ciencia, sí, pero también de canciones y teoría musical. De anécdotas y pensamiento científico, pero también de referencias musicales y opiniones al respecto del tema que nos ocupa de músicos, bastantes de ellos conocidos por todos. Levitin desmenuza letras y melodías buscando su significado oculto, la mecánica de la composición y su efecto en el oyente, a través de las descargas de dopamina y otras sustancias neuroquímicas que el cerebro desencadena cuando oímos canciones con cierta estructura, que llegan a emocionarnos por alguna razón.

Daniel J. Levitin

A través del proceso de evolución paralela del cerebro y la música, en las estructuras corticales y neocorticales, desde el tallo cerebral hasta la corteza prefrontal, desde el sistema límbico hasta el cerebelo, la música se ha introducido en nuestra mente de forma imparable. Levitin analiza este proceso de forma plausible, y creo que el lector disfrutará como yo he hecho del viaje.

La música siempre ha sido algo muy presente en mi vida, como la ciencia. En este libro, ambos aspectos humanos se combinan de forma magistral, como en ningún otro que haya leído. Estamos ante un libro imprescindible para cualquiera que ame la música, un repaso a través de distintos estilos musicales y diferentes tipos de música, que explica cómo podemos llegar a emocionarnos con ella.

Un gran viaje…

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