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       Artículo de cine

Drácula: la leyenda jamás contada que ya nos habían contado


Alejandro Serrano   23/10/2014
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     Sensación agridulce con este Drácula que apenas nos cuenta nada nuevo, y que carece del halo terrorífico que caracterizaban al de Coppola y al de Stoker.
Alguien debería decirle a quien instruye a los montadores de tráilers de películas que en ocasiones boicotean sus propias producciones, al darnos una idea muy equivocada de ellas. Un ejemplo de manual es “Drácula: la leyenda jamás contada”, primer largometraje dirigido por Gary Shore. A primera vista, con el tráiler, la cinta parece una versión del mito vampírico actualizada por Michael Bay. Ultraviolencia, un vampiro salido de Matrix sin más motivación que la venganza, escenas de poco contenido argumental… sin embargo, lo que tratan de vendernos con el tráiler es mejor –no demasiado- de lo que aparenta; dejando a parte el tema de la manipulación del mito, histórica y política, que luego veremos.

Drácula: La leyenda jamás contadaLa película pretende narrar la historia de Vlad III (nacido como Vlad Drăculea y conocido como Vlad Tepes –el Empalador-), que vivió entre 1431 y 1476, y la forma en la que se convirtió en vampiro según el mito actual sobre Drácula, creado por Bram Stoker, quien se basó en la vida de este implacable príncipe de Valaquia (hoy día el sur de Rumanía) para idear su personaje más famoso.

Según esta nueva interpretación con conexiones con la de Stoker, Vlad Tepes es también príncipe de Valaquia, de confesión católica, tras su conversión a partir de la fe ortodoxa. Fue rehén de los invasores otomanos, en una práctica habitual por aquel entonces, que consistía en asegurar la lealtad de ciertos nobles, mediante el secuestro consentido de sus hijos o parientes en otras cortes. A cambio, éstos se criaban en costumbres distintas, y a menudo adquirían mejor educación y destrezas que aquellas a las que habrían tenido acceso en sus respectivas tierras natales. Ese fue el caso real de Vlad, que se crió hasta los diecisiete años junto a su hermano Radu el Hermoso en la corte del sultán otomano Murat II, padre de Mehmet II, quien le sucedería en el trono. Vlad y Mehmet llegaron a tener muy buena relación, y ambos se consideraban hermanos; con todo el valor que en aquellos tiempos se daba a ese tipo de parentesco, por supuesto: en función de las necesidades del momento.

En la película, esta relación fraternal entre ambos hasta cierto punto también se da. Mehmet II es ya sultán, y Vlad, en el tronoDrácula: La leyenda jamás contada de Valaquia, es su vasallo, una relación que llena de vergüenza al segundo. El príncipe es dibujado como una persona honesta –dentro de lo que cabe-, traumatizada por los desmanes de los “turcos” y en permanente conflicto consigo mismo, al verse obligado no sólo a permitir el pago de un tributo anual, sino a que los soldados del Imperio Otomano fustiguen y humillen a sus súdbitos sin oposición.

Las destrezas guerreras adquiridas por Vlad en la corte otomana le convierten no sólo en el mejor guerrero de su pueblo, sino también le dan un conocimiento profundo de la forma en que piensan sus forzados aliados. Pero Mehmet II pretende obligar a Vlad a la entrega anual de mil niños para ser adiestrados en el uso de las armas e incorporados al ejército otomano, al cuerpo de los temibles Jenízaros. Drácula: La leyenda jamás contadaEsta costumbre fue abolida en el pasado por el padre del sultán, pero Mehmet II la reinstaura, al tener necesidad de soldados en sus luchas contra los reinos europeos. Vlad se horroriza pero planea ceder, mientras que su esposa le empuja hacia la rebeldía, sin sopesar sus consecuencias. El motivo no es la solidaridad para con su pueblo: Mehmet pretende que uno de los niños sea el hijo varón de Vlad: Ingeras.

De la decisión sobre este tema, según la película, dependerá el destino de Valaquia y el de la familia próxima de Vlad, quien necesitará todo el poder que pueda reunir para defender a su pueblo, en un caso o en el otro.

“Drácula: la leyenda jamás contada” nos cuenta cómo Vlad reacciona frente a las exigencias de Mehmet II, y cómo el mito adaptado para la ocasión se funde con la figura histórica del príncipe de Valaquia. Por supuesto, Vlad llega a ser un vampiro, pero la forma en que llega hasta ese punto –no vamos a dar mayores detalles o no tendréis motivos para ver la cinta- se encuadra dentro de una plausible lógica fantástica, y sin duda este aspecto es lo mejor de la película.

Drácula: La leyenda jamás contadaSi habéis visto el tráiler, os dará alguna idea de la vertiente vampírica, pero en realidad esta película -que según esos breves momentos que nos adelanta la productora es una sucesión de batallas, mordiscos y momentos épicos- resulta ser una trama bien urdida –repito, dentro del género fantástico- en la que quedan claras las motivaciones del personaje, así como el entorno personal que le lleva a tomar una decisión crucial.

La dimensión histórica, si bien a menudo falsaria, queda bien apuntalada dentro de la trama fantástica, y da un punto de credibilidad dentro de la trama general, a pesar de detalles que podrían haberse mejorado mucho.

Esta es una película hecha desde el respeto –hasta cierto punto-, no como otras que utilizan a algunas anteriores, o a libros icónicos, para fabricar un pastiche lleno de efectos especiales pero que podríamos calificar como “cáscara vacía”. Ejemplos de esto podemos dar muchos, pero “Drácula: la leyenda jamás contada”, en mi opinión, no se encuadra en esta categoría, aunque por los pelos. A pesar de las apariencias, es una película que se cuece a fuego lento, con razonables interpretaciones y una ambientación cercana a lo correcto.

¿Comparable al “Drácula” de Coppola? No, en absoluto.Drácula: La leyenda jamás contada Pese a las buenas palabras que le dedico, no deja de ser en muchos aspectos más de lo mismo. No aporta casi nada nuevo, y sí se apoya tanto en la producción de Coppola como en la obra de Stoker para llevar a cabo una producción vagamente digna, sí, pero en mi opinión innecesaria. Sobre todo porque carece del halo terrorífico que sí consiguió Coppola en parte hace más de veinte años, y eso, en una película que explora el mito de Drácula, es un pecado mortal. Sí hay indicios de ello en algunas secuencias –en las que aparece un enorme Charles Dance-, pero el grueso del metraje es una trama épica en la que las armas de filo ancho son el componente principal, no los colmillos.

Esta película entretiene, sin más. Un entretenimiento que no compensará a los más fanáticos seguidores del mito, pero quizá sí seduzca a nuevos espectadores, de coordenadas vampíricas alejadas del toque clásico. No, por si os lo preguntáis, tampoco es comparable a “Crepúsculo”; está a mucha distancia, para bien…

Drácula: La leyenda jamás contadaLuke Evans (“El hobbit”) convence razonablemente como el Vlad del mito, tanto por presencia como por su versatilidad interpretativa, y es, junto a Charles Dance, el pilar de esta película. Sarah Gadon da vida a Milena, la esposa de Vlad, en un papel poco exigente pero con el que la bella actriz canadiense cumple con creces.

La fotografía está demasiado dominada por el toque digital, con un tono oscuro que pretende ser tétrico, aunque los impresionantes parajes de Irlanda del Norte y el Reino Unido donde se rodó la película ayudan a diluir un poco los efectos especiales. En ocasiones introducen una molesta sensación de falsedad, precisamente por ese tono oscuro que simula el paisaje rumano, pero en general dan el pego como escenario –si uno no se fija demasiado-.

Al principio de esta crítica hablábamos de laDrácula: La leyenda jamás contada manipulación histórica subyacente, y la hemos dejado para el final porque es posible que sea lo último que os interese, pero me veo en la obligación de señalarla, puesto que marca distancias con la habitual concepción del mito.

En primer lugar, aquí Vlad es descrito como una persona justa y honrada, aunque con un pasado truculento por influencia de los “turcos”. En realidad, Vlad fue toda su vida un sádico, no sólo por su costumbre de empalar enemigos a puñados –miles, según la tradición- sino también por su afición a arrasar aldeas y ejércitos enemigos, y por una justicia interna tan salvaje que no podía calificarse como “justa”. Las masacres y los castigos desproporcionados para él –en su propio pueblo- fueron algo muy común, y sus alianzas variaban tanto como lo hacía la conveniencia geopolítica. Compartía algunos métodos con el Imperio Otomano –sobre todo el salvajismo guerrero-, y su alianza con él fue firme mientras no comprometió su trono.

Drácula: La leyenda jamás contadaEn segundo lugar, no paran de referirse a los otomanos como “turcos”, y a su sistema de gobierno y religión como “el mal”, en una manipulación que no puedo evitar conectar de forma clara con la actual situación en Oriente Medio y en particular la de Turquía con EEUU. La habitual estigmatización de lo islámico –y elevación de lo “occidental”- y su identificación con el Mal es ya habitual, y esta parece ser otra piedra del alud. No es que servidor tenga querencia por las religiones ni por el Islam en particular –más bien todo lo contrario-, pero esto huele ya a cuerno quemado. Aquellos contra los que Vlad lucha son otomanos, de un imperio tan vasto y variado en procedencias y caracteres que su identificación absoluta con uno de sus territorios, aunque sea el fundacional, en aquellos tiempos, me resulta poco accidental y sí interesada. El uso del término “turco” es muy, muy inexacto. Si juntamos esto con la bonhomía propia del Vlad de esta película…

En fin, detalles aparte, estamos ante una película disfrutable, pero resulta ser un viaje para el que los admiradores del mito deDrácula: La leyenda jamás contada Drácula no necesitarán alforjas. Y eso que elementos tenía para dibujar un personaje más acorde con el creado por Stoker, pero se queda a medio camino. Al final, todo apunta a que habrá segunda parte –si la taquilla lo permite-, lo cual me alegra porque deseo ver más a Charles Dance en este papel. Le viene como anillo al dedo, y es lo mejor de la película, pese a la brevedad de sus apariciones. Y de paso, quizá veamos algo de terror, y no tanta épica guerrera.

Lo peor, sin duda, es el “Síndrome del Moco Verde”, que estableció “El retorno del Rey” con el Ejército de los Muertos y que continua imparable con este Drácula Superhéroe que termina con ejércitos él solito en cuestión de minutos.

En fin, que vayáis a verla o no está en vuestras manos… como siempre. Yo sólo doy mi parecer

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