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       Artículo de literatura

El Rey Trasgo. Títeres de sangre, de Alberto Morán Roa: ¿quién maneja a quién?


Jorge Lara Gómez   03/06/2014
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     «Eres la llave, trasgo. Capaz de abrir puertas y de cerrarlas». El Rey Trasgo ha despertado para seguir manejando los hilos del Continente.
Portada Titeres de SangreEn los momentos violentos, a la gente le gusta arrodillarse ante un poder violento. Y en los momentos de paz, recuerdan lo felices que eran cuando no lo hacían… es por ello que tras la reciente caída de la Ciudadela de las Tres Naciones, antaño fortaleza flotante inexpugnable, garante de paz para unas naciones: Esidia, Thorar y Ara; y herramienta de destrucción masiva para otras como para el antiguo imperio de Kara, todos aquellos que de alguna manera estuvieron sometidos a su dominio, ven la oportunidad de reclamar, con trueno y acero, aquella parte del mundo que, según ellos, les pertenece por legítimo derecho. A unas regiones les mueve la ira, a otras, la venganza. Las hay que se mueven por el odio (no hay sentimiento más fuerte y oscuro) y otros por la gloria “eterna”… pero todas ellas tienen un objetivo en común: reclamar la mayor parte del pastel sin dueño en el que se ha convertido el Continente.

Cuatro meses han pasado desde el Cataclismo de Esidia, una alfombra de polvo de huesos cubre una región devastada por los trasgos que se aventuraron más allá de sus laberínticos, oscuros y opresivos Picos Negros, dónde el Rey Trasgo aún duerme esperando el momento de finalizar su obra.  Pero el viento se levanta y arrastra con él los despojos de una ciudad antaño floreciente, para dar forma a unas fuerzas primigenias de poder incalculable, unas fuerzas con las que el Trasgo no cuenta... sí Rey, Esidia, sigue viva.

Alberto no solo narra y describe. Insufla de vida y credibilidad a personajes, criaturas y escenarios del Continente, haciéndonos sentir parte de la historia, un peón más de una guerra civil que llama a las puertas.


Pero regiones como la de Corcia, donde el Conde Dozgov ha urdido un plan que hará que hasta los mismísimos muertos abandonen sus tumbas de arena y barro; Grithar y su obsesión enfermiza por los artilugios mecánicos personalizada en el imponente Mariscal Ferdinand Schalmer; El Reino Velado, de donde se extrae la esencia de la magia pagando un alto precio, el de los Olvidados, que hace tiempo abandonaron este mundo pero cuya deuda de sangre vuelve a reclamar sus servicios; u Othramaras, oasis de duendes, ninfas y criaturas ancestrales, donde es fácil llegar a sus bosques pero salir de ellos… improbable, no están dispuestas a permitir este nuevo renacer de la nación sepultada de Esidia y perder así su parte del botín terrenal, sobre todo Thorar.  De entre todas las regiones, de entre todas las motivaciones, de entre todos los secretos y ardiles palaciegos, los más peligrosos serán sin duda los que recorran la región de Thorar de boca de su Consejo, su brazo más poderoso, el puño de hierro cuyos dedos son: un sabio, un archivista, un guardián, un señor de la guerra y un espía.

La ciudadela Titeres de Sangre
Siempre imaginé a la Ciudadela como una arácnida montaña ígnea.

La cara oculta, la yema, la huella de este puño, pertenecen a un anciano custodiado por un guerrero, a un espectro marchito, a una mole cubierta de pieles, a un ideal hecho carne y a una capa emplumada... individuos excepcionales todos. Los más brillantes de la nación que una vez fue la más poderosa del Continente. Aquellos que sobrevivieron una noche en la Cámara de los Justos, resultaron vencedores de un duelo de ingenio y esquivaron a la muerte en una danza siniestra en forma de combate. Y por encima de ellos, sobrevuela un ave, de mal agüero, negra como la noche, astuta como un zorro: El Cuervo “(…) intrigando, maquinando, hurgando en las vidas de quienes rodean como su ave totémica rebusca en la carroña que la alimenta” manejando los hilos del destino del ContinenteDicen que la lentitud da precisión y la precisión, rapidez, por eso el Cuervo es paciente, porque tiene prisa por ejecutar su plan. Sabe que para que una marioneta ejecute a la perfección sus movimientos mecánicos, estos han de ser muy pausados, precisos, sutiles y firmes, ¡ah! pero cuervo loco, pica pero pica poco no cuenta con los “avatares” del destino (guiño-guiño), tampoco lo hace con el paciente “durmiente”, ni con aquellos que por insignificantes que parezcan ser, con un solo gesto heroico, como el del alguacil Airo Sadraniasspin-off pero ya! de este personaje), podría llegar a cambiar el sentido del giro de la historia del Continente de la que el Cuervo cree tener la única pluma.

El mejor debut de fantasía de 2012: Un derroche de inventiva, una sorpresa inesperada, un regalo para los sentidos. Un orgasmo literario que culmina con un gran ¡NOOOOOOOOOOOO!” La causa de tal desvarío mental que surgió de mi dedo y tecla,fue una de las mejores novelas del pasado 2012, y aún hoy en día, y tras muchas otras novelas leídas, no me arrepiento lo más mínimo de tal afirmación y lo suscribo más de un año y medio después. La novela supuso el debut literario de Alberto Morán Roa: El Rey Trasgo. La Ciudadela y la Montaña” (Kelonia editorial, disponible en FantasyTienda), una aventura de fantasía patria que vino a apuntar los focos y disparar los flashes sobre a un autor con una gran pasión y mimo por las palabras y que nos dejaba contando y tachando los días, esperando pacientemente la continuación de las andanzas de tan pérfido e incomprendido individuo. Y ahora ya podemos gritar ¡SIIIIIIIIIIIII!l porque no solo la sensación tántrica se mantiene en "El Rey Trasgo. Títeres de Sangre" para goce y deleite del lector, sino que se supera, y ese pequeño ser extraño, vestido con andrajos y una capa hecha jirones, con enormes orejas extendidas, los gestos acalambrados, la espalda encogida, autoproclamado como Rey Trasgo, se enfundará en esta ocasión en la piel de un Atlas deforme con el firme propósito de cargar sobre sus hombros con los pilares que mantienen a la Tierra separada de los cielos y de llevar el silencio hasta el fin del mundo.

Alberto Morán Roa por titeres de sangre

Como práctica habitual de la mayoría de autores –al menos de aquellos a los que yo he leído–, el capítulo segundo, o volumen intermedio de una trilogía, suele ser una novela de transición entre el inicio de la saga y su culminación. Suele servir al propósito de cerrar algunas tramas de la primera entrega, desarrollar algún que otro personaje, presentar nuevos actores –lo que conlleva nuevas tramas o ampliación de las ya existentes– y expandir el universo creado. Es decir, el segundo volumen de una trilogía raramente enriquece en demasía, y más bien, su objetivo es funcional: novela de transición, el nudo entre la introducción (libro inicial) y el desenlace (fin de la trilogía). Así mismo también es habitual, dado que suelen pasar meses, e incluso años, entre un volumen y otro, que se dediquen los primeros capítulos, al menos el primero, a repasar los acontecimientos más destacados de entrega anterior para situar todas las fichas en el tablero tal y como quedaron; para poder continuar la partida sin que el lector se desoriente o tenga que realizar una lectura de repaso.

El Rey Trasgo. Títeres de Sangre” (Kelonia editorial, disponible en FantasyTienda), no sirve a ninguno de estos dos propósitos: ni resulta, por fortuna, ser una mera novela de transición, ni incluye, por desgracia, un pequeño hueco dedicado a refrescarnos la memoria. Lo que el peculiar autor Alberto Morán Roa nos propone en esta segunda entrega, es una novela mucho más global en la que viajaremos por casi todo el Continente, ese que está sin bautizar de forma intencionada porque “quería que fuese el continente del trasgo, la tierra del trasgo, que no tuviese un nombre. Tal vez lo revele en el último libro…” en palabras del autor. Como digo, es más extensa, y no sólo por cantidad de páginas respecto a la primera entrega, a la que supera, sin contar la presentación, a cargo de Carlos Sisí (del que en breve publicaremos entrevista), los agradecimientos, el glosario de términos tan útil y la sección de Dramatis Personae, más útil aún, dado la cantidad de personajes “funcionales” que se darán cita, en 159 páginas. Si no porque en ésta, se explora un mayor número de rincones del Continente, cada uno con un tipo muy diferente de habitantes, de misterios, de peligros y de forma de afrontar los cambios que ha originado y que están por llegar desde la caída de la Ciudadela. Unos más mágicos, otros más belicosas. Los hay más laberínticos, y los hay más primigenios. Los hay sumidos en una recalcitrante envidia, y otros que claman sangre y venganza, pero también hay remansos de paz y belleza, y lugares ancestrales largamente olvidados y que pocos recuerdan que existieron.

Lugares Titeres de Sangre

Un trabajo mucho más elaborado, en el que los enfrentamientos físicos, escaramuzas y batallas de la “Ciudadela y la Montaña” dan paso a las intrigas palaciegas, a los secretos de alcoba, la pluma toma el control sobre la espada, derivando en una trama que en muchos momentos me ha recordado –desconozco si intencionada o casualmente– a la relatada en el “Choque de Reyes” de George Martin, endiabladamente truculenta, un baile de máscaras en el que nadie resulta ser quién dice o parece ser, ni siquiera el Trasgo que quizás se enfrente a una cruda realidad: el hombre es una criatura entera de la que no se pueden extirpar sus pulsiones. Y un libro mucho más refinado, en el que el autor, como buen estudiante aplicado, ha sabido pulir todas aquellas pequeñas astillas de la primera entrega puntualizadas por sus lectores para hacerlas suaves al tacto.


Y es que ahora sí me creo, en todas sus facetas, el personaje de Kaelan, pasando a ser uno de mis favoritos. Las batallas y luchas ya no me generan cierto desconcierto y están correctamente descritas. Y las escenas finales de capítulo que dan paso al siguiente (los famosos cliffhangers) me han generado la suficiente intriga y tensión para impedirme desengancharme de la historia. Así que estamos ante una continuación que supera en muchos aspectos a su antecesora, quizás menos sorprendente porque ya sabíamos de que era capaz Alberto Morán Roa, y quizás menos espectacular por ser esta una novela menos belicosa pero sin duda con mucho más empaque, con ese olor a autor que puede llegar a ser referente en la literatura de género y luchar a capa y espada por una firma suya... siempre y cuando sea bien aconsejado, sepa elegir llegado el caso y no se pierda en el camino, porque de todos es sabido, que las cuevas de los Picos Negros, pueden llegar a ser muy traicioneras.

Personajes Titeres de Sangre

No quiero terminar esta reseña sin mencionar y destacar a los otros dos vértices que junto con Morán Roa dan forma a esta pirámide de sólida base y cuya cúspide está aún por descubrir. Por un lado de esta el gran trabajo de ilustración a base de tintas para portada e imágenes de interior de Barb Hernández. Ya era bueno en la primera entrega, pero en esta se supera, capturando a la perfección la esencia de la trama. Por el otro, las no menos grandes ilustraciones de paisajes, escenarios, mapas (interior en la novela) y personajes (de quien son varias de las ilustraciones que complementan esta reseña) de Pablo Uría y cuyo acabado pide a voces un volumen independiente con el sobrenombre, por ejemplo, de “El arte del Rey Trasgo”.

Lejos danzan las marionetas, movidas por manos diestras. Entre ellas tropiezo, importunado por sus hilos. Doy dos pasos, trabado, y maldigo a todos esos estúpidos por sus insensatas piruetas.

No viviré como ellos, OH, no, dejadme a mí circular danza. Estos inesperados tirones que veis, queridos amigos míos, yo os juro que son arte en movimiento
”.

- Proverbio del Insensato -

Grge_dixit: Alberto ¿para cuando una partida al “Rey de las Cloacas”?

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