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Chavs: La demonización de la clase obrera, de Owen Jones


 Ciencias Sociales
Fco. Martínez Hidalgo   20/11/2013
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     La contundencia de este libro no deja indiferente a ningún lector; un ensayo antropológico y sociológico de altura.
Portada de Chavs: La demonización de la clase obrera, de Owen JonesUn estereotipo social ha ido ganando enteros, poco a poco, entre la población británica. Si cerramos los ojos y ponemos una pizca de imaginación quizás podamos reconocerlo e, incluso, trasportarlo a la realidad de la sociedad española: persona joven, con trabajos poco cualificados o en situación de desempleo, de renta baja o dependiente de prestaciones o ayudas o subsidios, que vive en barriadas urbanas en los alrededores o las afueras, viste de chándal o con ropa sport de marca, y exhibe ante los demás un carácter rudo y pendenciero. Bajo la denominación de “chav”, palabra de raíz gitana que da forma también a la palabra castellana “chaval”, se esconde un estereotipo que, por su creciente uso y función, va extendiendo progresivamente en la sociedad inglesa sus atributos calificativos (negativos) al conjunto de la clase obrera.

La magnífica obra de Owen Jones (Inglaterra, 1984) resulta ser un estudio de antropología sociocultural que, a partir del uso funcional del calificativo “chav”, desentraña la estrategia para, precisamente, desprestigiar al conjunto de la clase obrera. ‘Chavs. La demonización de la clase obrera’ (Capitán Swing, 2013, disponible en FantasyTienda) se hace cuatro preguntas parciales esenciales para el desarrollo de esta cuestión general: ¿quién está desarrollando este uso funcional peyorativo del término “chav”?, ¿por qué este uso, cuál es la estrategia y el objetivo tras todo ello?, ¿cómo se manifiesta este uso, o cómo se expande el concepto de “chav” en su peor uso en la sociedad inglesa?, y finalmente, ¿qué supone en el corto y medio plazo esta estrategia en marcha para el desprestigio de la clase obrera?

Para ello, Owen Jones presta atención a un heterogéneo grupo de esferas culturales: los grupos de poder en el gobierno, los medios de comunicación, las políticas sociales puestas en marcha, o los discursos sociales alrededor del trabajo y la lucha de clases, entre otros influyentes para la transmisión de ideas.

Respecto al quién, en este ensayo se pone el objetivo en las clases pudientes y su interés por establecer una brecha de ruptura social a partir del estereotipo o modelo de las denominadas “clases medias”. Todo por debajo de ellas semejaría corrupto, ajeno a la decencia y al buen gusto, inculto y asilvestrado. El objetivo es convertir a las “clases medias”, comenzando por la baja burguesía, en una aspiración, en una referencia, en un leitmotiv para las vidas de las personas por debajo de esa condición social. Transformando a los valores burgueses en la “norma” social mientras que los valores de la clase trabajadora serían, por el contrario, la “anomia” o la degradación de la “norma”. Y con los valores burgueses va aparejado, por supuesto, el modelo social burgués.

El principal objetivo de esta estrategia responde, según Owen Jones, a la intención de desmontar la capacidad de la clase obrera para construirse y definirse como clase. Si no existe una conciencia de clase, tampoco existirá una lucha de clases. En este sentido, al minar los valores de la clase obrera, retratándolos como una anomia corrupta y enferma, y al señalar la sana deseabilidad de otros valores ajenos a esta clase (burgueses), se disuelve la clase y se atomizan las relaciones sociales. No existe capacidad de defensa de clase y, en consecuencia, se dificultan, deslegitiman y obstaculizan las acciones colectivas de protesta o de reacción contra la explotación. Las relaciones económicas y laborales de producción se individualizan y el trabajador queda expuesto, en solitario, a la voluntad del propietario de los medios de producción (empresario, explotador, capitalista, burgués).

Argumentos sólidos, una línea de desarrollo clara y una marea de ejemplos, hacen de este libro un inexpugnable catálogo de iniquidades y miserias no apto para estómagos sensibles.

La consecuencia más visible del éxito relativo de esta estrategia está en el aumento de las desigualdades. Una desigualdad evidente, además, en distintos y cada vez mayores aspectos de la vida en común de las sociedades: desigualdad en el disfrute de libertades y derechos, desigualdad en el acceso a medios fundamentales para la vida digna como la comida o la vivienda, desigualdades en la relación con las instituciones democráticas de gobierno o de legislación o de justicia, desigualdades en las posibilidades de movilidad/ascenso social… Una desigualdad articulada de forma perversa porque, desde el discurso burgués de la deseabilidad de valores y actitudes, esa desigualdad no es más que la consecuencia de su pertenencia a la clase obrera: todo es mejor cuando uno pertenece a la “clase media” y peor cuando pertenece a la “clase trabajadora”. El mensaje está claro: dejar de ser “clase trabajadora” y aspirar a la ser “clase media” representa la única salida posible de la desigualdad.

Otro objetivo de esta estrategia, además de la disolución de la clase trabajadora a partir de su deseabilidad de pertenencia a otra clase, está en su disolución interna, enfrentando a unos trabajadores contra otros a partir de una relevante acusación: su fraude/abuso del Estado de Bienestar lo ha llevado a unos niveles de insostenibilidad y corrupción que hacen inevitable su erosión y pronto final. En las “clases bajas” o “trabajadoras”, agazapados entre trabajadores precarios y desempleados, vive una ingente cantidad de rémoras parasitarias que, subsistiendo a partir del cobro indebido de prestaciones o ayudas o subsidios, han ido acabando poco a poco con el sistema. El Estado de Bienestar genera residuos sociales, “chavs”, que abusan de él hasta provocar casi su derrumbe total.

Para reforzar esta imagen, desde las clases pudientes se han puesto en marcha políticas de denuncia del fraude en el cobro de las prestaciones y las ayudas, hasta el punto de manipular las estadísticas o apartar otras evidencias. Entre estas evidencias incómodas, y frecuentemente ignoradas, se encuentra un dato espeluznante: mientras en Gran Bretaña el fraude al Estado de Bienestar se cifra en 7.000 millones de libras esterlinas, el fraude fiscal perpetrado por clases acomodadas o grandes fortunas se eleva por encima de los 70.000 millones. El gobierno de David Cameron se centra en perseguir un fraude social que supone el 10% del total del fraude fiscal, y además aprovecha para iniciar políticas de desmantelamiento del Estado de Bienestar para justificar una recuperación de ingresos que se podría solventar (¡y sobraría dinero!) si pagasen sus impuestos quiénes ahora no lo hacen.

Este dibujo de los “chav”, adjetivo calificativo de connotaciones peyorativas extensible al conjunto de la clase trabajadora, precisaría, para ser eficaz, una legitimación social y una reproducción masiva que garantizan los medios de comunicación. Del libro de Owen Jones escogemos dos de los ejemplos más significativos: la joven Vicky Pollard del programa cómico de sketches "Little Britain" y la familia Gallagher de la serie "Shameless". Aunque, para unos, estos retratos sí pueden tener un claro contenido paródico e hiperbólico –exageración de estereotipos infrecuentes y no representativos de toda una colectividad, para otros, en cambio, su desconexión respecto a quién forma la clase trabajadora sí puede hacer ver a estos programas como un “docudrama” basado en hechos reales. Y es que nos Jones advierte de que quién más eleva el tono contra los “chav’s” son, precisamente, personas ajenas por completo a la realidad de la clase trabajadora.

Owen Jones

Consecuencia de todo ello, en la plausible hipótesis de Owen Jones, se está desarrollando una nueva política de clase cuyo objetivo es la deslegitimación de la clase obrera y su posterior desmembración para, a partir de la atomización e individualización de las relaciones productivas y laborales, conseguir legitimar unas más claras y estrictas condiciones de explotación.

La contundencia de ‘Chavs. La demonización de la clase obrera’ (Capitán Swing, 2013) no deja indiferente a ningún lector. Argumentos sólidos, una línea de desarrollo clara y una marea de ejemplos, hacen de este libro un inexpugnable catálogo de iniquidades y miserias no apto para estómagos sensibles. Con todo, su lectura resulta indispensable sobre todo si, como decíamos al principio, hemos sido capaces de trazar paralelismos entre un libro centrado estrictamente en la realidad inglesa, y nuestra realidad presente próxima actual. Quién esto escribe cree, honestamente, que esos paralelismos existen y son reconocibles. Por eso, aunque la serie de ejemplos nos pueda hacer sentir la lectura, a veces, como excesivamente repetitiva, merece ser deglutido hasta el final con gran atención y mente abierta. Un ensayo antropológico y sociológico de altura.

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