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El Gran Mar. Una historia humana del Mediterráneo, de David Abulafia


 Ciencias Sociales
Luis Valcarce   11/09/2013
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     Es la historia de las gentes de toda creencia y condición que a lo largo del tiempo han surcado sus aguas tejiendo redes por las que circulaban y circulan mercancías, ideas, personas.
Portada de El gran mar, de David AbulafiaCreo que una de las consecuencias que tuvo para mí leer Los trazos de la canción, de Bruce Chatwin, fue una profunda creencia (lo más parecido a una religión que he tenido hasta el momento aunque no puedo asegurar que en el trance final no acabe convirtiéndome como Constantino, por precaución) en la naturaleza caminante o viajera del género humano. La naturaleza humana es movimiento y la historia lo ha demostrado: estamos en constante viaje, de un lado para otro. Todo fluye.

Cuando comencé a leer "El Gran Mar" (Editorial Crítica, disponible en FantasyTienda), del profesor de la Universidad de Cambridge, David Abulafia, sentí una sensación semejante a la que me produjo leer a Chatwin. No quiero decir que sean libros parecidos ni mucho menos, pero tiene el mismo poso: describe desde otra perspectiva esa parte fundamental de la humanidad. El ensayo del profesor Abulafia, verdadera historia humana del Mediterráneo, retrata magníficamente esa condición viajera consustancial a la humanidad y definitoria de lo que somos. Así, la obra se nos presenta fundamentalmente como una narración de los viajes y viajeros. Es una historia plural; una historia de las gentes que pueblan o han poblado alguna vez sus orillas y que, inevitablemente, puesto que está en nuestro propio ser, partieron de sus puertos y surcaron sus aguas. Por ello, ya nos advierte el autor en el prefacio, el libro se centra en la superficie del mar, en aquellos pueblos que en un momento determinado lo navegaron y contribuyeron a los procesos de integración comercial, cultural, política que han definido y redefinido al Gran Mar.

Para esta exposición el libro se estructura en cinco períodos diferentes: el primer Mediterráneo del 22.000 a.C, al 3.000 a.C.; el segundo Mediterráneo del 1.000 a.C. a 600 d.C; el tercer Mediterráneo del 600 al 1350 d.C; el cuarto Mediterráneo del 1350 al 1830 d. C y el Quinto Mediterráneo de 1830 a la actualidad.

En ese primer Mediterráneo, nos indica el profesor Abulafia, ya desde un momento muy temprano hubo navegantes que en precarias embarcaciones comenzaron a hacer pequeños desplazamientos aprovechando las corrientes y vientos, saltando de isla en isla, abriendo nuevas tierras o llevando nuevas ideas. Comienzan en este periodo a producirse los intercambios comerciales y culturales que serán la tónica definitoria del Gran Mar, ya que, con independencia de los momentos de unidad política de las distintas áreas o del mar en su conjunto, tanto en este primer Mediterráneo como en los distintos períodos posteriores existirán siempre esas redes. Así, podemos citar las cerámicas en Chipre o Creta, ejemplo tanto de intercambio cultural como comercial. De hecho el autor se encarga de dejar ver a lo largo de toda la obra que los intercambios comerciales y culturales van siempre de la mano y las interrelaciones entre pueblos e ideas van más allá de lo que probablemente el lector medio pudiera imaginar. Así, en este primer Mediterráneo vemos que existe una profunda conexión entre los distintos pueblos de los que tenemos noticia en el área oriental (Grecia, Asia Menor, Palestina) hasta el punto, por ejemplo, que los filisteos (enemigos acérrimos de los hebreos) y los griegos aqueos tendrían un origen común.

Tras este primer Mediterráneo, finalizado aproximadamente con la caída de Troya, el autor analiza el periodo de 1.000 a.C. a 600 d.C. En él asistimos al proceso de auge de las ciudades fenicias y los establecimientos comerciales de los tirios por todo el Mediterráneo. De hecho, Cartago, uno de los protagonistas de este segundo Mediterráneo por su actividad comercial y sus enfrentamientos con Roma, es fundada por marineros de Tiro.

También analiza el autor el auge e historia de los griegos, incluyendo su expansión comercial también por todo el Mediterráneo, sus guerras con el imperio persa o los enfrentamientos entre Esparta y Atenas. Relacionado con el mundo griego, se analiza también la acción de Alejandro de Macedonia y la construcción del imperio macedónico. Si bien su acción fue mucho más allá del ámbito físico del Mediterráneo, en el Gran Mar construiría una ciudad que será un actor destacado: Alejandría. Además, sus sucesores egipcios, los ptolomeos, tendrán también cierta incidencia en este segundo Mediterráneo.

Una historia que mediante la multiplicidad de intercambios ha generado una dialéctica siempre cambiante en un proceso de mutua interrelación que tanto obedece a nuestra naturaleza como contribuye a generarla. Una historia que merece ser leída.

Relevante en este periodo es también la aparición de los etruscos, también conocidos como tirrenos o tirsenios, cuya interrelación con otros pueblos a lo largo del Mediterráneo es destacable, aunque sin duda los protagonistas de este segundo Mediterráneo son sus vecinos romanos. Roma, por una serie de factores variados acabará construyendo un espacio no sólo económico, cultural o gastronómico (el garum merece la atención del lector) sino también político, transformando el Gran Mar en el mare Nostrum.

En ese marco de unidad y relativa seguridad (es destacable la actividad antipirática de Roma) es en el que se producirá la transmisión de ideas filosóficas y creencias religiosas del que acabará emergiendo el cristianismo como religión dominante en buena parte de Europa y del Mediterráneo, hasta el surgimiento del Islam.

El Islam, entendido no sólo como fenómeno religioso sino también político, es un elemento que tras la descomposición del segundo Mediterráneo, resultado del hundimiento del Imperio Romano Occidental por la acción de los pueblos bárbaros, contribuye a generar el tercer Mediterráneo. Este período, que comienza con la total fragmentación del Gran Mar y la desaparición de la anterior unidad comercial o política -consecuencia no sólo de la caída de Roma sino también de la presión que el propio imperio Oriental sufría de los eslavos- se va a caracterizar por la lenta recuperación de los intercambios y la creación de un espacio propio dominado por los musulmanes, que controlarán vastas extensiones.

Este proceso de expansión del Islam tendrá como consecuencia un paulatino debilitamiento del imperio Oriental y la entrada de nuevos actores y dinámicas a través de las Cruzadas, que más allá del enfrentamiento bélico con los musulmanes, supondrá un catalizador del proceso de construcción del tercer mediterráneo.

Entre esos actores que surgen en este momento y que serán de cierta importancia en la posterior historia del Gran Mar, especialmente por su actividad comercial, podemos citar a Venecia (uno de los más longevos cuyo viaje comienza ya en la época de la caída de Roma bajo una más aparente que real sumisión al Imperio Oriental) o a Ragusa (la actual Dubrovnik, bajo inicial soberanía bizantina). Ambas sobrevivirán con bastante fortuna hasta el siglo XIX, sorteando con habilidad los escollos que suponían las grandes potencias del momento.

Otro actor curioso e importante que surge en esta época y que también sobrevivirá hasta casi entrado el siglo XIX es la Orden de San Juan del Hospital de Jerusalén, conocida como Orden de Malta. Como la obra nos instruye, esta orden tendrá un importante papel tanto en este tercer Mediterráneo como en el cuarto.

El tercer Mediterráneo, azotado por la peste negra, da paso al cuarto Mediterráneo en el período 1350-1830. Este período se caracteriza por la desaparición del Imperio Oriental y el surgimiento en el Mediterráneo Oriental del Imperio Otomano que acabará extendiéndose por Asia Menor, Grecia, Balcanes y buena parte del norte de África.

La expansión turca supo generar un espacio político y económico que absorbió distintas culturas dotándose de un particular dinamismo, y entrando en confrontación con los reinos y repúblicas cristianas occidentales, si bien fue capaz también de establecer alianzas.

David Abulafia

Junto a este proceso de expansión otomano se produce también la expansión catalana que tendrá una dimensión comercial de primera magnitud y también política al poner reinos como el de Nápoles bajo su autoridad. Aunque el descubrimiento de América, afectará a la actividad al establecerse un foco de actividad importante para España al otro lado del Atlántico.

Asistimos también a la aparición de nuevos actores comerciales en el Gran Mar, como los holandeses o también políticos y militares como los ingleses y los rusos, con sus ambiciones territoriales en lugares tan lejanos para ellos y cercanos para nosotros como Gibraltar o Menorca, o la intervención estadounidense en Berbería.

Este período, con las ligas contra el turco, las guerras napoleónicas, los piratas de Berbería o la desaparición de algunos vetustos actores donde el lector podrá percibir una mayor redefinición del Gran Mar, como fase previa a nuestro Mediterráneo, el quinto.

En el quinto Mediterráneo el autor analiza los procesos del Gran Mar hasta la actualidad. Ello supone atender a la descomposición del Imperio Otomano, en franca decadencia desde la pérdida de cualquier soberanía real o ficticia sobre el norte de África, Grecia o los Balcanes. De hecho la independencia griega tendrá efectos no sólo en la redefinición de fronteras sino también en los flujos poblacionales como consecuencia de ello y generará fenómenos políticos (la Malé Idea de Venizelos, la enosis) y tensiones que actualmente siguen de plena actualidad (el enfrentamiento entre Grecia y Turquía)

A su vez, asistimos a la intervención colonial occidental (francesa e italiana fundamentalmente) en el norte de África sobre los restos de las antiguas posesiones otomanas, desplazando a los deyes, beyes y bajás. Como podrá ver el lector, bajo la excusa de obra civilizadora se ocultaban intereses económicos y políticos que explican los procesos.

También importante va a ser la construcción del canal de Suez, que abrirá una vía de transporte hacia el lejano Oriente y generará intereses políticos y comerciales que marcarán la historia egipcia e influirán en todo el área de Palestina.

Otro de los elementos que se manifiestan en este período y que es tanto consecuencia como exponente de las tensiones y enfrentamientos bélicos (guerras balcánicas, independencia griega, ambas guerras mundiales) que azotan al Mediterráneo está la creación del Estado de Israel y los movimientos de población que lo anteceden y conlleva. De hecho, no podemos dejar de señalar que la obra nos ilustra de la importancia de la presencia judía (de hecho el término Gran Mar, Yam gadol es cómo los judíos se refieren al Mediterráneo). El libro es, en ese sentido, también una verdadera historia hebrea, dando noticia no sólo de la abundante actividad comercial de los judíos a lo largo y ancho del Gran Mar, ya sea en Occidente o, más frecuentemente, en el área oriental, sino también los padecimientos, persecuciones sufridas, querellas religiosas y, en general, todos los factores relacionados con el pueblo hebreo que han contribuido a la definición del Mediterráneo.

Así pues, "El Gran Mar" es la historia de las gentes de toda creencia y condición que a lo largo del tiempo han surcado sus aguas tejiendo redes por las que circulaban y circulan mercancías, ideas, personas. Una historia que mediante la multiplicidad de intercambios ha generado una dialéctica siempre cambiante en un proceso de mutua interrelación que tanto obedece a nuestra naturaleza como contribuye a generarla. Una historia que merece ser leída.

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