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       Artículo de literatura

Ocaso en Shanghai, de Juan Torregrosa Pisonero


Alejandro Guardiola   04/09/2013
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     Tanto si os gusta el género de la ciencia ficción como si queréis probar una lectura corta, pero repleta de ideas y reflexiones sobre un futuro cercano, es muy recomendable.
Portada de Ocaso en Shanghai, de Juan Torregrosa Pisonero"Ocaso en Shanghai" (Kelonia 2013, disponible en FantasyTienda) es una novela corta de ciencia ficción de Manuel Torregrosa, que resultó finalista del certamen Domingo Santos 2012. Ahora ve la luz publicada por la joven editorial Kelonia, quienes ya editaron el relato ganador del concurso "Orpheus" (Kelonia 2012) de M. Braceli, quien precisamente se encarga del prólogo que nos presenta la novela. Con esta labor por parte de Kelonia, por lo menos se recupera la publicación de las historias ganadoras y finalistas de uno de los premios de relato (novela corta en la última entrega) más importantes de género fantástico. Además, el libro viene envuelto con una espectacular ilustración y diseño de cubierta de Daniel Expósito Zafra.

"Ocaso en Shanghai" está ambientada en un futuro cercano y nos cuenta sobre un mundo en el que China ha invadido Japón como consecuencia de una guerra tecnológica. El país nipón ha conseguido desarrollar en Shizuka unos androides muy avanzados a los que ha dotado de inteligencia artificial, de tal forma que a medida que van aprendiendo bajo el tutelaje de expertos humanos, van adquiriendo autoconsciencia. En la actualidad cuando comienza la historia se ha cerrado la factoría y se ha prohibido la producción de los robots de Shizuka. Los androides que quedan en territorio chino-japonés son reubicados y controlados por una agencia gubernamental dependiente del partido. De igual manera existen leyes que prohíben la reunión de más de dos de estos robots en un mismo lugar.

Como no podía ser menos, el protagonista de "Ocaso en Shanghai" es uno de estos robots provenientes de la factoría Shizuka, un C3, físicamente parecido a un humano pero con partes metálicas como el rostro. La historia está contada en primera persona y desde el punto de vista del androide, que tiene consciencia de sí mismo. Seguiremos la vida de este robot durante su confinamiento en Shanghai, sus paseos por una ciudad que se ha convertido en una masiva megápolis, sus reflexiones y sus pensamientos, las relaciones con los humanos y los escasos contactos con otros androides similares a él.

La narración resulta muy entretenida, con un ritmo pausado, pero no lento, y acorde con lo que la historia requiere en tan pocas páginas.

El personaje se enfrenta a la ambivalencia de tener unos sentimientos de los que no está seguro si ha desarrollado de manera genuina o se trata de parte de su programación. El robot se vestirá como un humano, socializará con otros humanos, frecuentará pubs y bares virtuales, leerá los periódicos, amará la poesía y la música clásica, tendrá una «amiga»… Al final se dará cuenta que para las personas de carne y hueso no es más que un objeto exótico, un pasatiempo construido por la tecnología, con una plancha de cromo por cara y que habla.

La melancolía y la frustración del protagonista van en aumento a medida que avanza la historia. En ese sentido está muy bien reflejado el sentimiento de depresión y de agobio de una máquina que no puede ser humana, que no puede aspirar a más y que se siente atrapada en su propio cuerpo artificial. Los androides de Shizuka saben que tienen los días contados, porque con el cierre de la factoría japonesa, no existen piezas de repuesto en caso de avería. Por tanto, la única oportunidad de supervivencia sería la canibalización de otros androides similares o la rebeldía contra el creador.

Nuestro personaje guiará al lector durante un peregrinaje por las calles de Shanghai para decidir cuál será el camino que quiere tomar con su vida. La angustia existencial del androide es uno de los fuertes de la novela corta, su alienación va creciendo al mismo tiempo que el lector se familiariza más con él, lo humaniza y comprende poco a poco sus problemas. De la misma forma que la especulación de en qué puede llegar a convertirse nuestro mundo: conflictos políticos, guerras por la posesión de la última tecnología, cuestiones sobre si los androides de Shizuka por el mero hecho de ser inteligencias artificiales son seres vivos o no, son otros de los puntos que trata con acierto el autor.

Juan Torregrosa Pisonero

La narración resulta muy entretenida, con un ritmo pausado, pero no lento, y acorde con lo que la historia requiere en tan pocas páginas.

M. Braceli ya nos avanza en el prólogo sobre la influencia de Dick en la obra que estamos a punto de leer. Y sí que podemos encontrar referencias a "Sueñan los androides con ovejas eléctricas" (Edhasa 2008) y a la más popular versión cinematográfica de Ridley Scott "Blade Runner" (1982). Pero para mí tiene más elementos en común con la obra de Santiago Roncagliolo, "Tan cerca de la vida" (Alfaguara 2010) y con uno de los personajes de "La chica mecánica" de Paolo Bacigalupi (Plaza & Janés 2011).

Tanto si os gusta el género como si queréis probar una lectura corta, pero repleta de ideas y reflexiones sobre un futuro cercano, "Ocaso en Shanghai" es un libro más que recomendable.

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