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       Artículo de literatura

Caminarán sobre la tierra, de Miguel Aguerralde


 Terror / Suspense
Jorge Lara Gómez   02/09/2013
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     Cuando los muertos no quepan en el infierno, caminarán sobre la tierra. Miguel Aguerralde nos susurra al oído con voz rasposa que algunos secretos deberían guardar reposo en sus tumbas para siempre.
Portada Caminaran sobre la tierraConocí a Miguel Aguerralde por su participación dentro de la antología de relatos post-apocalípticos “Postales desde el fin del mundo” que la joven editorial Universo publicó en diciembre del año pasado. Su relato se llamaba “Ya todo eran tumbas” a través del cual conocimos a Aria, una “madre-coraje” implacable que no dudaba en descerrajarte un tiro por el bienestar de sus cachorros. Y he de decir que fue unos de los relatos que más me gustó, por la trama, por la elección y descripción de los personajes y por el estilo de escritura, en el que no hay cabida para las divagaciones: es directo, sin pararse en descripciones superfluas, y en detalles de relleno. Así pues y recordando el regusto dulce que me dejó su pequeña obra, me decidí a embarcarme (y nunca mejor dicho) en su estreno literario dentro de la temática zombi. 

Y esta no es otra que la novela que hoy desentierro: “Caminarán sobre la tierra” (editorial Dolmen, línea Z, disponible en FantasyTienda), una novela “Z fusion” que, en general, me ha dejado buenas sensaciones. Y digo en general porque ciertos aspectos de las misma no me han terminado de convencer: unos por confusos, otros por inexplicables y los menos, por falta de rigurosidad. 

No quería novelas de zombis sin zombis, ni tratados de sociología donde los monstruos fueran la excusa o el escenario. Quería armar una gorda, despertar a los difuntos sin contemplaciones y poner patas arribas mi adorada isla.”


Afirma Claudio Cerdán, (autor de la descarnada “El país de los ciegos” de Ilarion ediciones) en el prólogo realizado para “Calles de Chatarra” (editorial Palabras de Agua) que la fusión de géneros conforma el cóctel perfecto, en referencia a la mezcla de novela negra y fantasía de la que hace gala la novela de Alejandro Guardiola. Siendo así, el nuevo trabajo de Miguel Aguerralde puede ser considerado como ese mismo tipo de bebida espirituosa a la que hace mención Claudio, dado que al autor madrileño de nacimiento y gran canario de adopción, nos sirve en vaso ancho dos peces de hielo, en honor al frío que sentiremos al asistir atónitos a como los personajes con los que vamos empatizando se van dejando la vida entre dos puestas de sol, regados con un tercio de aventura, al más puro estilo cualquiernovelaopelideaventura y otras dos terceras partes de novela zombi, según usos y costumbres de los zombis genuinos de Romero: de los que mueren y resucitan, de los que matan y engullen, de los que despedazan y arrancan vísceras, y todo ello mezclado, agitado y alcanzando el punto de ebullición… en definitiva, arrastrapiés de los que salen de sus tumbas con la mano por delante, en claro homenaje a la requetefamosa escena del “Thriller” del “Rey del pop” que tanto le fascinó desde pequeño: “al picarme el gusanillo de escribir una novela Z tuve claro que quería que esa escena formase parte de ella” y lo hace desde la misma portada, obra del creciente Daniel Expósito, una portada que cuanto menos inquieta, y que parece tener vida propia con esas manos que agónicamente reclaman en préstamo un poco más de tiempo sobre la tierra. 

Chi cerca mal, mal trova: "Quien busca el mal, el mal encuentra", recitaba continuamente la madre de Flavio Correa, agente de policía isleño al que su compañero, Edgar, una mole de mala leche colombiana, se refiere como “el spaghetti”. Y tal y como cantaba su madre, esta historia nos habla, en su primera parte (algo más de un tercio de la misma), de aquellos que buscaban el mal, y para ello, su autor se remonta unos doscientos años después del descubrimiento de las Américas por parte del gran Almirante para comenzar esta odisea: un galeón, el Esperanza (funesta ironía la de Miguel), una expedición comandada por el cruel corsario (con los papeles en regla) John Henry. ¿La isla? Santo Domingo y unas reliquias que debieron descansar en paz; un ritual tan antiguo como peligroso y un jesuita que consigue huir de la muerte que camina con un cofre bajo el brazo que hará que el infierno se vea desbordado. Poco despúes de este viaje al pasado y ya en la actualidad, la novela se va tornando Z poquito a poco, donde da todo lo que tiene para describir el mal que encuentran los incautos habitantes de otra isla: Gran Canaria. El mismo galeón, esta vez dormitando en su tumba bajo el mar, otro cruel buscador, el Francés; las mismas reliquias pero otro ritual: el del “sálvese quien pueda”... y un historiador, que como aquel jesuita, intentará evitar el caos que aguarda encerrado desde hace casi 400 años en un pequeño cofre, y cuyo manejo desatará con imparable virulencia un caos que crece de forma exponencial en la forma de ejércitos revividos… “cada vez menos vivos, cada vez más muertos“. 

Imagen mano Caminaran sobre la tierra

En Caminarán sobre la tierra he dado rienda suelta a la parte más macabra de mi imaginación” confiesa un autor versado en el género policíaco de psicópatas y serial killers y que buscó en lo más hondo de su ser, sin recurrir a series del género, que no ha visto, por mucho que se empeñen algunos de acusarlo de intentar aprovechar el éxito de las mismas (el susodicho personaje o bien no ha leído la novela o bien no ha visto la serie, porque se parecen entre ambas lo que Tyrion Lannister a Sandor "El perro" Clegane ), ni a la multitud de novelas escritas sobre estos adorables seres, que no ha leído, para confeccionar la novela zombi que a él mismo le hubiera gustado leer, buscando la originalidad que difícilmente puede encontrarse ya en un pozo tan perforado, e intentando aplicar una vuelta más a un tuerca con visos de pasarse de rosca. Y el caso es que este debutante Z lo consigue.  Lo consigue porque recurre, como ya he mencionado antes, a “muertos vivientes” y no a vivos infectados con vaya usted a saber que virus maligno. Lo consigue porque hace que resucite todo aquello que sea susceptible de ser resucitado sin importar si era un hombre que murió un siglo antes y tan solo es un saco de huesos o un salmón noruego que se expone en un mostrador. Su máxima es: si está muerto puede resucitar, a destacar en este aspecto las escenas del mercado, las del cementerio y aquellas protagonizadas por la huida de Jaime (ya entenderéis el motivo), realmente sobrecogedoras, y ¡qué diablos!: originales. 

Y lo consigue por la mezcla de géneros, de tal forma que lo que se anuncia como novela de zombis comienza siendo una de piratas, con tesoros, mapas, enigmas por resolver, abordajes, pillaje (¡Queremos novela de Morrisey “La Roja”!)…, para luego dar paso a despreciables anticuarios con aún más viles esbirros, santería, secretos eclesiásticos, pecios...  Todo ello en torno a una de las figuras históricas más determinantes y enigmáticas de la era de los descubrimientos y usando como nexo de unión a los zombis. Destacar la gran labor de investigación y documentación de la que el Aguerraldo hace gala, y a través de la cual he conocido partes de la vida, obra y milagros del Almirante que no se enseñan en los libros de texto. De nuevo Miguel se expresa al respecto: “Suelo ser bastante metódico y obsesivo con la documentación en mis novelas, por lo que en esta ocasión tuve que bucear, y nunca mejor dicho, en documentos históricos geográficos, marineros, comerciales y, por supuesto, en las raíces del vudú”.

Miguel Aguerralde Caminaran sobre la tierra_1Nada puede encontrar más estimulante un escritor de terror que desatar el caos absoluto en las calles que mejor conoce. Es un desahogo”, si, debe serlo, sino que le pregunten a Carlos Sisí, y es por ello que Aguerralde eligió como tablero donde situar su particular WWZ la tierra que lo acogió desde pequeño, y hay que decir que no ha tenido piedad con ella, ningún rincón de la misma saldrá indemne, ningún cuerpo sepultado por muy sacrosanto que sea podrá desoír la llamada de los suyos y cualquiera que aún respire deberá luchar por su vida. Y es en este punto donde he de mencionar el primero de los matices que no terminan de convencerme. Cierto es que el autor ha afirmado que se trata de una novela coral, que los personajes principales son creíbles, tienen carisma, humanidad y los mismos problemas que cualquier hijo de vecino (en esta novela no hay sitio para los “rambos de las pandemias" pero sí lo hay para verdaderos hijos de mala madre, mis disculpas por el taco) pero es que da la sensación que en la isla ¡solo habitan en ellos!, me resulta muy confuso que se desate el caos absoluto y que no aparezca ningún tipo de fuerza del orden para arrimar el hombro salvo un par de agentes y que en ocasiones de la sensación de que transiten por calles desiertas. Inexplicable me parece por una parte la relación entre Edgar y Eugene cuyo punto culmen se desarrolla en la azotea. Sus motivaciones y reacciones te dejan con cara de “WTF” para el resto de la novela. Y por otra la escena del helicóptero: o puede ascender o no puede, pero un milagro así de sopetón… no me cuadra.

Y así llegamos hasta el último de los matices: el de la falta de rigurosidad. En este punto uno no sabe muy bien cómo repartir culpas sin abrir un eterno debate en torno a la responsabilidad que le atañe a cada cual sobre las correcciones de las novelas. Mi opinión es que se debe repartir entre autor y editorial. Es por ello que me ha sorprendido encontrarme con una corrección un tanto mejorable, lo cual me sorprende porque nunca lo había detectado en las novelas de Dolmen. Palabras incompletas unas y sobrantes otras en algunas frasesy sobre todo signos de puntación (en especial las interrogaciones) que brillan por su ausencia,… y que si bien no afectan al, más que correcto, resultado de los inicios zombis de Miguel Aguerralde, sí resulta necesario ser puntualizado para evitarlo en un futuro. 



Cuando los muertos no quepan en el infierno… caminarán sobre la tierra

Grge_dixit: Una novela a caballo entre dos géneros que se funden como la mantequilla en pan caliente. Divertida, original, con ciertos toques gore y con otros de mala leche que hacen gritar a pleno pulmón: ¡Corre Forrest, corre! Y ¡Que se coman a ese malnacido!

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