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Retorno al Bosque de los Cien Acres. Nuevas aventuras de Winny de Puh, de David Benedictus
Literatura Juvenil
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| Almudena Galán 19/09/2011 |
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El autor británico toma el relevo de A.A. Milne y revive a Winny de Puh y sus amigos 80 años después de su nacimiento. |
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Hola, me llamo Almudena, tengo veintitantos años y soy fan del osito Winny de Puh. Y es que la edad no es ningún impedimento para disfrutar de las aventuras del viejo oso barrigón y sus amigos del Bosque de los Cien Acres. A. A. Milne dio vida a Puh a partir de los juguetes de su hijo, Christopher Robin Milne, pero se cree que, en realidad, no escribió los libros para él.
A veces, el sentido del humor retorcido y los matices psicológicos del manuscrito original son difícilmente apreciables por los niños. David Benedictus recoge el testigo ahora desde un punto de vista más simple, elaborando una digna continuación de las peripecias del oso yonki de la miel.
Benedictus propone nuevas historias en forma de cuento en las que se entremezclan crucigramas, concursos de ortografía, búsquedas de miel, sequías, críquet, sueños, festivales, empachos de moras, tostadas con leche condensada… El retorno de Christopher Robin (nuestro retorno) al Bosque de los Cien Acres es el punto de partida que da lugar a los diez capítulos que bien podrían haber salido de la pluma de Milne, hasta que el verano se acaba y llega la hora de marcharse con el niño. ¿Será ahora cuando nos hagamos demasiado mayores para jugar con Winny Puh?
Sin duda, una apuesta acertada para los más pequeños, pero también para aquellos que guarden en su interior un rinconcito especial para Winny de Puh y sus amigos.
Pese al problema de las continuaciones de una misma franquicia escritas por autores diferentes, Benedictus ha logrado en "Retorno al Bosque de los Cien Acres. Nuevas aventuras de Winny de Puh" (Valdemar, disponible en FantasyTienda) ponerse casi a la altura del escritor original. Aunque sus historias tienen un trasfondo más simple que las de Milne, su estilo literario es bastante similar. Quizá pudiera parecer sencillo, pues un libro de estas características, en el que los personajes presentan una escasa evolución, basta con sentarse a escribir cualquier ocurrencia. Sin embargo, Benedictus consigue captar la esencia, el espíritu del Bosque de los Cien Acres, palpable sobre todo en el último capítulo, con la despedida de Christopher Robin.
Quizá si algo se echa en falta en este libro es una mayor introspección y una profundidad psicológica en los personajes. Además, falta un mayor protagonismo de algunos personajes que se lo merecían. La potencia literaria de Tigle, el tigre saltarín, queda bastante desaprovechada al relegarle a mero personaje secundario.
En cuanto a la presentación, Valdemar ha tirado la casa por la ventana. Una maravillosa encuadernación en la línea del primer libro y una maquetación bellísima hacen de este volumen toda una pieza de coleccionista. Tras el horror vacui inicial de la cubierta encontramos un mapa del bosque a todo color, muy parecido al original. Por dentro, multitud de dibujos de Mark Burguess prácticamente calcados de su predecesor, E. H. Shepard, que se basó, a su vez, en un oso de peluche perteneciente a su hijo, Growler (que sería destruido por un perro años más tarde) para dar vida a Winny de Puh. Una presentación a todo color digna de cuento.
Sólo una observación: los nombres dados a los personajes por Disney (los más conocidos) difieren un poco de los del libro. No obstante, lo mismo ocurre con el estilo de dibujo, ya que Disney se basó en las ilustraciones de Shepard, pero después las adaptaría como creyera oportuno.
Sin duda, una apuesta acertada para los más pequeños, pero también para aquellos que guarden en su interior un rinconcito especial para Winny de Puh y sus amigos. Timothy Hutton le decía a Natalie Portman en "Beautiful Girls" que Christopher Robin se había hecho demasiado viejo para Winny de Puh, que una vez que maduró, ya no le necesitó más. Puede que ese momento llegue algún día, pero mientras haya un Christopher Robin dispuesto a pasar un rato con el viejo oso descerebrado, el Bosque de los Cien Acres seguirá existiendo.
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