Viajes espaciales, heroísmo y especulación sobre la historia del universo para satisfacer a los más entusiastas lectores de ciencia ficción.
Hoy repasamos un clásico de la literatura de género de aventuras espaciales escrito en 1989 y firmado por el autor de “Las máquinas de Dios”, de la que también próximamente os hablaremos.
Jack McDevitt nació en Filadelfia en 1935. Se ha convertido en uno de los cultivadores de la ficción especulativa clásica más maduros y completos. Gran aficionado al género desde su infancia, comenzó su carrera como escritor a los cuarenta y seis años, tras haber desempeñado un sinfín de empleos diferentes y vivido en cinco ciudades estadounidenses.
Su amplia experiencia vital se plasma en un estilo sólido que le ha granjeado el favor de los lectores y el aplauso de la crítica, avalado por siete de los premios más importantes del sector. Actualmente reside en Georgia (Estados Unidos).
Jack McDevitt, reconocido en algunos lugares como el sucesor de Isaac Asimov o Arthur C. Clarke, es conocido principalmente como el autor de la serie iniciada en 1994, “Las máquinas de Dios”, y ha logrado el aplauso de la crítica y muchos de los premios más importantes del género. En esta obra muestra una vez más su genio para unir la ciencia ficción y la novela de ideas.
Sentaos y poneos cómodos. La búsqueda puede que os depare alguna sorpresa y el estilo claro y sencillo del escritor nos ayudará a avanzar por las páginas cual motor de hipervelocidad.
“Un talento para la guerra” (La Factoría de Ideas, disponible en FantasyTienda) es una space opera en toda regla e inicia la serie de Alex Benedict, que es continuada por “Polaris” (2004) (próxima edición en La Factoría de Ideas), “Seeker” (2005) y “The Devil´s Eye” (2008).
El argumento versa en torno a la leyenda de Christopher Sim, el guerrero, el líder, el héroe interestelar con un talento muy poco común para la guerra. Sim cambió la historia de la humanidad para siempre cuando convirtió a un grupo de marginados en el arma clave para vencer al Ashiyyur (alienígenas telépatas y a cuyas naves de guerra se las llama naves mundo). Pero, ahora Alex Benedict ha encontrado unos datos sorprendentes tras recibir un viejo archivo digital que, de ser ciertos, demostrarían que la historia de Christopher Sim era un fraude. Estos archivos los ha heredado Alex tras la muerte de su tío Gabriel (Gabe) Benedict tras desaparecer la nave Capella en la que éste viajaba. Él le crió en su casa y ahora todo su legado de viajes, colecciones e investigaciones, así como la IA de la casa (Jacob) es suyo. La compañía jurídica Brimbury y Cia. le indica a Alex que a partir de ahora el dinero no será su problema.
A partir de este momento, prendida ya la llama de la curiosidad en Alex (prototipo del protagonista de este tipo de aventuras que de ser un tipo normal pasa a viajar a lo ancho de la galaxia como si nada), inicia un curioso periplo acompañado por Chase Kolpath, una mujer piloto que trabajaba para su tío y que reaparece en escena. Investigaba el viaje de una nave también desaparecida llamada Tenandrome.
¿Recordáis esos pasatiempos infantiles donde se deben ir uniendo los puntos numerados hasta formar un dibujo completo? Pues aquí ocurre un poco lo mismo. El libro tiene alma de investigación, misterio, un atar cabos y reunir pistas, un interrogar a testigos, visitar bibliotecas, viajar a planetas cercanos o distantes (bien físicamente o a través de una comunicación virtual al más puro estilo matrix),... sí, todo esto que os he enumerado, pero quizá de una manera un tanto lineal, sin... mordiente. Es decir, sin ser un juego de niños, parece que todo es muy fácil, que todo se va desarrollando de una manera rodada. Aunque, al igual que te puede quedar esa impresión, también es cierto que es ahí donde entra en juego la habilidad de este escritor a la hora de narrar, describir parajes, crear historias de naves perdidas, leyendas de guerras pasadas, confrontaciones fabulosas entre la Confederación y los rebeldes, los alienígenas terroríficos y los humanos, lugares lejanos en medio de nebulosas estelares y planetas de gravedades imposibles.
Bien, poco a poco, de oca a oca y tiro porque me toca, el caso es que la búsqueda se centra ahora en un tal Hugh Scott, quien también realizó en su momento una investigación similar a la de nuestros protagonistas. Conoceremos en detalle el peregrinaje del tal Sim o Talino, héroes de guerra al igual que otros muchos que saldrán a la palestra. Hasta un oficial retirado ashiyyurense (los alienígenas malos de este universo), S´Kalian, prestará sus consejos y”orientaciones” a Alex. Este oficial junto a otros humanos de igual rango, busca reunirse periódicamente para fomentar la paz. Veremos. No obstante, la lectura nos deja patente que los periodos de guerra son tiempos difíciles y que todo vale. Quizá aquí radique uno de los mensajes que prevalece en este libro. Una especie de... ¿por qué se deben respetar determinadas reglas en situaciones donde todo está dado la vuelta?
Alex sigue el oscuro camino de una leyenda hasta el corazón de una galaxia alienígena, donde descubrirá una verdad más extraña que cualquier ficción imaginable. El comandante Sim y su nave Corsario fueron un mito. ¿Qué descubrirán nuestros protagonistas al respecto?
Ahí os lo dejo; puedo aseguraros que el “viaje todo incluido” está servido. Un nuevo universo, hitos y ciudades fantásticas, gobiernos que nacen, crecen y mueren. Guerra, aventuras y toque romántico. ¿Os suena todo esto? Pues eso, una novela más a añadir, escrita al más puro estilo clásico (imagino que de ahí las comparaciones con Asimov y Clarke, lecturas que a buen seguro alimentaron la vocación tardía de este escritor).
Sentaos y poneos cómodos, pues. La búsqueda puede que os depare alguna sorpresa y el estilo claro y sencillo del escritor nos ayudará a avanzar por las páginas cual motor de hipervelocidad. Viajes espaciales, heroísmo y especulación sobre la historia del universo para satisfacer a los más entusiastas lectores de ciencia ficción. Efectivamente, a veces uno sólo pide poder disfrutar con una novela con estas premisas y Jack McDevitt se encarga de ello. Feliz lectura.
(R) Jaime Santamaría de la Torre, noviembre de 2010.
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