ENTRETENIMIENTO Y 

CULTURA: Cine y Televisión, Literatura, Ciencia, Videojuegos, Cómics | Fantasymundo
RSS 

de Noticias y Artículos sobre Literatura, Ciencias, Videojuegos, Cine, Televisión y Cómics Twitter de 

Noticias y Artículos sobre Literatura, Ciencias, Cine, Televisión, Videojuegos y Cómics Facebook de Noticias y Artículos sobre Literatura, Ciencias, Cine, Televisión, Videojuegos y 

Cómics
Menu general
       Artículo de literatura

La luz de Egipto, de León Arsenal


 Historia
Eidián   24/05/2010
Comenta con tu Facebook
Meneame
     Una de las grandes virtudes de la novela es la recreación de los ambientes, desde los barcos que navegan por el Nilo a las Casas de Cerveza o los palacios de los nobles.
Portada de La luz de Egipto, de León ArsenalDentro de la narrativa histórica, género que acumula tanto maravillas creativas (un buen ejemplo es la monumental "Guerra y paz" del inmortal Tolstoi) como pestiños infumables del tipo… En fin, ahora mismo se ocurre un buen puñado de ellos catalogados como “novela histórica-romántica-femenina”, pero no vamos a empezar a sacar los colmillos tan pronto que es malo para la salud.

Aún dentro de la novela histórica existen muchas y muy variadas subsecciones y una de ellas, nadie lo duda, es la que se refiere al Antiguo Egipto, civilización y tiempo perdido para siempre que suscita una curiosidad casi obsesiva en el hombre contemporáneo tanto por la extrañeza que le provoca como por el halo de grandeza y de misterio que aún desprende. Si tuviésemos que elegir un punto de origen para este tipo de narrativa éste posiblemente sería la novela "Faraón" (obra de Boleslaw Prus, publicada en Polonia en 1897; en España, por primera vez, en 1995) que para los hábitos de lectura actuales resulta, sin duda, un poco pesada y lenta.

Es una pena que Arsenal, con la gran imaginación que posee y lo bien que se defiende con los personajes y las situaciones que narra, no tenga también un estilo ligero para las aventuras que plasma. El libro es bueno pero podría haber sido mucho mejor.

No será hasta los años 40 del siglo pasado se geste el que será el gran hito de este tipo de novelística y, además, una de las mejores obras jamás escrita sobre esta temática: el best-seller del finés Mika Waltari (que en otras novelas es pesado como un mulo en brazos), "Sinuhé el egipcio", que, para mi gusto, guarda uno de los párrafos finales más hermosos de toda la literatura contemporánea. Destrozada por Hollywood en los años 60, la estela de Sinuhé fue, sin embargo, alargada y al calor de su éxito comenzaron a surgir más novelas sobre la extinta civilización.

Desde hace años se estila un tipo de best-seller difundido en estas últimas décadas hasta la saciedad (véanse sino libros como los de Wilbur Smith, Violaine Vayoneke, Paulina Gedge, etc.) y entre los que destaca, por su calidad literaria, Naguib Mahfuz (que, siendo egipcio, escribe sobre su propia gente) y, por su increíble poder de convocatoria, el egiptólogo Christian Jacq con sus trilogías y pentalogías que, sin tanto valor literario, unen un gran rigor histórico, un cierto aire divulgativo y una amenidad que han logrado llevar el Egipto de los faraones a muy variados hogares.

Dejando entonces claro que hablamos de un género literario definido, resulta más fácil abordar la crítica de una obra como "La luz de Egipto" (Edhasa, 2009, disponible en FantasyTienda) del madrileño León Arsenal, que, pese a foguearse en la narrativa fantástica (tiene en su haber el premio Minotauro, el primero que se dio en el año 2004, que ganó con "Máscaras de matar"), parece haberse decantado por la temática histórica, habiendo situado ya dos de sus obras en el Egipto Antiguo de las últimas dinastías. En concreto, "La luz de Egipto" se sitúa en el Tercer Periodo Intermedio (se cita a Asurbanipal en concreto así que entre el 668 y el 650 a.C. más o menos), un momento de decadencia en el que Egipto, dividida en dos grandes territorios, se debatía entre poderes externos, nubios y asirios, que deseaban controlarla bien diplomáticamente o bien por las armas (existe una nota previa del autor que centra espléndidamente las circunstancias históricas).

Bajo este panorama, totalmente alejado ya del prestigio y la majestuosidad de las grandes dinastías, cuyo último gran representante fue Ramsés II (citado en el libro, reinó unos seiscientos años antes de lo aquí narrado), contemplamos la disolución de los grandes principios sobre los que se asentaba el pensamiento del Egipto antiguo, basado en la observación de la Maat (concepto que en toda la novela no se acaba de explicar con claridad quizás porque los egiptólogos de hoy en día tampoco terminan de hacerlo) que es algo más que el respeto y el seguimiento de la verdad, de la honradez personal en cualquier circunstancia. La Maat es aquí una especie de equilibrio entre moral y místico que otorga a Egipto su misma esencia, una esencia que encarna la figura del faraón, que no es sagrado por ser un hombre ungido para tal cargo sino porque es el elegido de Egipto, es el mismo principio del Egipto tradicional y eterno.

León ArsenalNo hay que perder en la novela todo lo aquí dicho porque en realidad, todos los personajes que en ella se presentan plasman de muy buena forma el modo en que los seres humanos se aferran o desechan las ideas tradicionales en momentos de crisis y hundimiento, tanto personal como nacional. Debido a esto, y brillando sobre todos, destaca la figura del uetuti nesu, Snefru, una especie de policía de la época que, como cualquier hombre en crisis, busca un punto de referencia en su vida y lo encuentra desde su juventud en el respeto a la Maat que considera eje de la vida egipcia. Su pérdida, más que cualquier otra consideración de invasiones o guerras, es la que a su parecer provoca la disolución del Egipto tradicional, de la verdadera esencia de su nación. Aferrado de forma natural a ese principio, Snefru cruza tragedias, aventuras y caminos a lo largo del libro sabiéndose un hombre honesto que en tiempos deshonestos sólo tiene su propia honradez para asirse a la vida. ¿Les suena? El mismísimo Alatriste de Pérez-Reverte suscribiría semejante filosofía vital.

Frente a la honestidad extrema de Snefru se alzan arribistas como su amigo Petener, otros que sólo desean vivir el momento como la hermosa Tamit o gente que se aferra a las antiguas costumbres sin razonar si son malas o buenas, volviéndose fanáticos de unas ideas que no osan cuestionar. Máscaras para sobrevivir en tiempos difíciles.

Una de las grandes virtudes de la novela es la recreación de los ambientes, desde los barcos que navegan por el Nilo a las Casas de Cerveza o los palacios de los nobles. También los personajes están tratados con acierto y no se puede hablar de buenos o malos sin más ya que esas consideraciones se revelan en extremo maniqueas: equivocados o no en sus ideales, la mayor parte de los personajes de la novela se comportan de forma consecuente con sus principios, incluso los asesinos, los traidores o los ladrones de tumbas. Nuestro es pues el juicio. El devenir de la historia, pausado como el mismo Nilo, es también lógico y bien estructurado conduciéndonos desde la detención de unos ladrones de tumbas hasta las salas de Asurbanipal en Asiria de forma natural, con una cierta sorpresa final que, en lo que a mi respecta, creo que es demasiado recargada por la forma en que quiere enlazar el prólogo con el epílogo.

Y en este punto llegan los “pero” al libro. Empecemos por el prólogo. A mi parecer la historia que sucede al prólogo es lo suficientemente explicativa sobre lo que en él se narra (en realidad se retoman un montón de veces lo dicho en el prólogo para justificar el devenir de la novela) por lo que podía haberse obviado de forma clara. Finalmente sólo sirve para justificar que Snefru se halle en posesión de un bonito presente, que le hace sentirse más policía de lo que ya es, y que da más sentido al último capítulo. Además, tan sólo por la forma en que es narrado, el prólogo se hace muy pesado; sino fuera porque la historia toma alas desde el segundo capítulo lo narrado podía haberse tornado demasiado plomizo.

Por otra parte tampoco entiendo muy bien la forma de realizar las notas de Arsenal: ¿a qué viene, después de haberla nombrado media docena de veces, aclarar que la ciudad de Per-Atón es conocida también como Pi-Atón? ¿Y plantar el número de la nota en medio de la expresión que se quiere indicar? En cuanto al codo egipcio o meh, ¿la medida que da de 0,523 metros no es el codo real egipcio? Esto último no lo podría jurar ya que yo misma ando liada con el asunto de los codos como medida en España pero me llamó la atención mientras lo leía y no me resisto a ponerlo.

Sin embargo, una de las cosas que más me ha impedido disfrutar del libro es el estilo que Arsenal emplea y que me parece complicado y recargado en demasía, no tanto en las palabras utilizadas como en el empleo de las puntuaciones: las comas y los puntos. Por otra parte, mientras en los diálogos encuentro a Arsenal muy acertado, su forma de desarrollar párrafos e incluso frases me llega a resultar molesta a veces porque corta la acción entre la que se intercala. Pongo ejemplos: mientras se abre una tumba, momento álgido en la novela, el protagonista se adelanta para vislumbrar la entrada “como quien sube braceando desde el fondo del río, para romper la superficie del agua cuando ya se daba por ahogado”. ¿Lo qué? No estoy en contra de las descripciones profundas, extensas o elegantes… pero no en momentos de acción. Además está la irritante costumbre del autor de remitirnos siempre al futuro en el que los personajes repiensan o vuelven a meditar sobre sucesos pretéritos: “Observó adusto al seneti que, a su vez, asintió de forma casi imperceptible, como satisfecho consigo mismo, de forma que, más tarde, al repensar esa conversación, Snefru habría de sospechar que le había soltado eso así, a bocajarro, adrede”. ¿Han observado cuanto circunloquio, de comas y palabras, para decir que más tarde Snefru pensaría que le habían dicho algo a propósito?

Otras veces el espíritu de Arsenal le lleva a explicarnos una cosa dos veces casi con idénticas palabras: “Le ayudó también a recorrer esa distancia el enzarzarse con Hermolaos, en la jerga bastarda […] que usaban mercaderes y navegantes en el Delta para comunicarse entre distintas gentes.” Y cuatro páginas más allá: “Bakenamon no cesaba en su charla ardorosa con Hermolaos, siempre en esa lengua bastarda y sin nombre que, por su trato con mercaderes y proveedores de muchas razas, dominaba tan bien”. Por si no nos habíamos enterado la primera vez…

Y luego están los párrafos sentenciosos, largos, en los que se nos explica cosas que ya damos por sabidas a esas altura de la novela. Un buen ejemplo es el principio de capítulo que comienza precisamente con la sentencia “Egipto es el Nilo y el Nilo es Egipto” y que tras dieciséis líneas sirve para justificar que todo buen egipcio como Snefru se siente en su casa cuando viaja por el Padre Nilo. Será que el Nilo no esta casi omnipresente durante toda la novela.

Un último fallo que le veo a la obra es la inclusión, en la contracubierta, del mapa de una ciudad perdida que, a poco que alguien tenga idea de la historia de Egipto, de perdida nada y, lo que es peor, te aclara todo el intríngulis de la novela casi sin empezarla. Es una pena porque las ediciones de narrativa histórica de Edhasa me encantan, son cuidadas y elegantes pero… Nadie está libre de fallos.

Respecto al estilo narrativo, me temo que a estas alturas de la vida Arsenal no va a cambiar su forma de escribir por esta simple crítica pero es una pena que, con la gran imaginación que posee y lo bien que se defiende con los personajes y las situaciones que narra, no tenga también un estilo ligero para las aventuras que plasma. En fin, que el libro es bueno y se deja leer pero podía haber sido mucho, mucho mejor. Quizás el final, que me recuerda en varios momentos el final de Sinuhé por su reiteración en la cuestión del legado de los hombres, consuele tras tanta pérdida.

Y, porque no puedo ni quiero evitarlo, les dejo con Sinuhé y sus palabras:

“Porque yo, Sinuhé, soy un hombre y como tal he vivido en todos los que han existido antes que yo y viviré en todos los que existan después de mí. Viviré en las risas y en las lágrimas de los hombres, en sus pesares y sus temores, en su bondad y su maldad, en su debilidad y su fuerza. Como hombre, viviré eternamente en el hombre y por esta razón no necesito ofrendas sobre mi tumba ni inmortalidad para mi nombre”.

Y el Padre Nilo prosigue impertérrito su viaje de siglos hacia el mar…

Página 1 de 1



 

Versión imprimible

NO se permite la reproducción íntegra. Para reproducciones parciales: NOTAS LEGALES
Anunciese en Fantasymundo
Imágenes relacionadas con el artículo
     Edhasa
Portada de El águila del Imperio. Libro I de Quinto Licinio Cato, de Simon Scarrow
Simon Scarrow
Portada de El arco de plata (Guerreros de Troya 1), de David Gemmell
David Gemmell
Portada de El mundo de Rocannon, de Ursula K. Le Guin
Staff de Fantasymundo.com - Quienes hacen la página Contacta con Fantasymundo Notas Legales de Fantasymundo Enlaza con Fantasymundo ¿Quiénes somos?