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       Artículo de ciencia

Cómo detectar mentiras, de Paul Ekman


 Ciencias Sociales
Rogorn   20/03/2010
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     En este ensayo, publicado por Paidós, se basa la serie de televisión Miénteme, protagonizada por Tim Roth.
Portada de Cómo detectar mentiras, de Paul EkmanNo cabe duda de que "Cómo detectar mentiras" (Paidós, disponible en FantasyTienda) tiene un título atrayente. Cualquiera que lo vea a mano en una librería no podrá resistir echarle un vistacillo, a ver si aprende algún truco para usar con la pareja o el jefe, y seguro que más de cuatro estarán leyendo esto por la misma curiosidad. Bueno, pues primero de todo, el título original es simplemente 'Telling lies' (Contando mentiras), y no es en absoluto un manual sobre cómo cazar mentirosos, sino una exploración del tema desde un punto de vista científico. Porque la principal conclusión que se extrae del libro es que nunca se puede estar seguro al cien por cien de si alguien miente, sin comprobación externa.

En este sentido, algo muy importante que decir es que la contraportada promete "un cuestionario de 38 preguntas que le permitirán descubrir cualquier engaño". Esto, si no es una mentira por sí misma, sí que es una manera un tanto tendenciosa de presentar la realidad. Si alguien espera una lista de preguntas estilo 'Blade runner' con el que podrá atrapar mentirosos cual si fueran los replicantes que cazaba Harrison Ford, no es nada de eso.

De la misma forma que alguien que hable un idioma extranjero entenderá mejor un programa de noticias o una película que quien sólo lo chapurree, así también quien conozca el idioma que hablan la cara, las manos y el tono podrá entender mejor lo que comunican, aun sin que el emisor se dé cuenta de que lo hace. Para esto sí vale el libro. Para cazar pellejudos, llamen a Deckard.

El mencionado cuestionario es una "lista de control" para que el "cazador de mentiras" sepa el nivel de dificultad que tiene descubrir si alguien está intentando engañarlo o no. Por ejemplo, la primera pregunta del cuestionario es: "¿Puede prever con exactitud el mentiroso cuándo tendrá que mentir?" Si la respuesta es negativa, entonces la lista clasifica el grado de dificultad como "fácil", ya que hay más posibilidades de descubrir una mentira cuando se coge por sorpresa a quien la dice. Si la respuesta es positiva, el grado se clasifica como "difícil".

Por ejemplo, si tu pareja que te engaña sabe que le vas a preguntar esta noche si te pone los cuernos, será más "difícil" averiguar si te miente o no que si la pillas de sopetón. Las otras 37 preguntas son del mismo estilo, la mayoría cosas de sentido común. Número 13: "¿La mentira tiene un destinatario anónimo?" Si no, dificultad fácil. Si sí, difícil, porque el mentiroso tendrá menos sentimiento de culpa al intentar su engaño. Pregunta 19: "¿Tiene el mentiroso mucha experiencia previa en mentir?". Pregunta 28: "¿Está avergonzado el mentiroso de lo que oculta su mentira?" Y así sucesivamente. La ayuda que puede prestar este cuestionario, lejos de permitirte cazar a Nexus 6, es la de sistematizar respuestas, apartar emociones a un lado y concentrarse en hechos y no en supuestos. ¿Se acertará o no? No se puede saber, salvo por comprobación empírica. Si pillas a tu pareja con otra persona lo sabrás fijo. Pero eso no tiene gracia, claro.

Otra cosa importante que decir es que este libro no está escrito por un cantamañanas cualquiera en busca de sacarse unas perras contando medias verdades. El autor, Paul Ekman, fue profesor de Psicología en la Universidad de San Francisco y ha trabajado para el FBI, la CIA y el Departamento de Defensa estadounidense. Y cuando dijo que ha trabajado para ellos, es que fueron ellos quienes fueron a buscarlo a él ex profeso tras leer sus primeras investigaciones en los 60, cuando interesaban sobre todo para atrapar espías comunistas. Es, pues, un libro escrito por un científico, y como tal, tiene buen cuidado en no engañar al lector. Durante todo el texto se repite que NO EXISTE forma de saber al cien por cien si alguien miente. Que todos los trabajos, experimentos y descubrimientos ayudan a aumentar el margen de aciertos, pero que la certeza total ni existe ni existirá. Lo cual es esencial para cosas como el polígrafo, donde un 80 ó 90 por ciento de fiabilidad, si es que es posible, no es suficiente para usarlo penalmente.

Paul EkmanEkman es bastante crítico con este tema. No por su existencia, que le parece algo fascinante, sino por el uso que se le da a dichas máquinas. Un polígrafo, según él, jamás debería usarse para condenar a nadie si lo falla, sino para proseguir la investigación. No pasarlo no te dice que quien lo falle es culpable, sino que hay algo que no cuadra, así que el mensaje es: siga investigando, agente. Un ejemplo que pone fue el de un caso donde se acusó a alguien de matar a su vecina. Viendo que fallaba el polígrafo reiteradamente cuando se le preguntaban detalles sobre el cadáver, que el hombre encontró primero que nadie, la policía pensaba que esto le ocurría porque era culpable. Más tarde se supo que la razón del fallo era que cuando el hombre vio el cadáver de la vecina, desnuda, se había excitado, reacción que le daba vergüenza, y que provocaba alteraciones en su pulso cuando se mencionaba el cuerpo. Obviamente, si revelaba su excitación, la policía hubiera pensado aún más que era un sádico capaz de cometer el crimen, y por eso lo calló. Y la única manera que tenía ese sentimiento de salir a la superficie era una turbación cuando se mencionaba el cuerpo sin vida.

Un nuevo detalle importante sobre este libro es que fue escrito en su gran mayoría en los años 80. La edición original es de 1985 y revisada en 1989, 1992 y 2001. Ekman dice haber revisado cada nueva edición, pero dicha revisión parece consistir sólo en añadir unas pocas páginas al original, sin cambiar el texto anterior. Los ejemplos de mentirosos ilustres que se citan más son gente como Hitler o Nixon, que eran gente 'cercana' al lector de aquel tiempo, y sólo en los últimos capítulos aparecen Oliver North o Bill Clinton. Esto no tiene por qué significar que el texto esté anticuado, pero puede producir alguna duda. Por ejemplo, el truco que se oye siempre de fijarse hacia dónde mira una persona, si hacia la derecha o la izquierda, cuando te cuenta algo, porque si mira hacia un lado está recordando y si mira hacia otro está inventando, debido a que se recurre a dos zonas del cerebro distintas, no aparece por ninguna parte, ni para confimarlo ni para desmentirlo.

Lo que sí aparece es un amplio catálogo de reacciones verdaderas ante diversas emociones, que obviamente no se puede pasar de moda, ya que son cosas biológicas, instintivas, que no se pueden anular. Saber si una sonrisa es verdadera o falsa, si un rictus de ira, miedo o desprecio es auténtico o fingido no es difícil si se conocen las señales típicas que deja en el rostro. Pero, de nuevo, que no se proyecte la emoción que se espera no significa que alguien esté mintiendo. Puede estar pensando en dos cosas diferentes, puede verse afectado por el mero hecho de tener que mentir, o puede existir algún tipo de tensión que mezcle signos de varias emociones.

Muy instructivos son también los relatos de casos concretos y experimentos hechos por Ekman u otros científicos. Uno de ellos, por ejemplo, consistió en mostrar a estudiantes de enfermería imágenes plácidas de naturaleza agradable, seguidas de otras de horribles quemaduras y amputaciones. Luego se les decía que tenían que convencer a un entrevistador de que las imágenes desagradables no les habían afectado como enfermeras. Y para dar tensión al asunto, se les dijo que una parte importante de su evaluación ese año dependería del resultado de dicha entrevista, ya que las reacciones ante heridas y lesiones graves eran importantísimas para una enfermera. Los resultados de las entrevistas se guardaron como simple experimento aplicable a cualquiera, pero años más tarde, Ekman se sorprendió al ver que las mejores enfermeras habían resultado ser las que mintieron mejor aquel día y que varias que no habían podido engañar al entrevistador dejaron la carrera.

En suma, es imposible saber en el cien por cien de los casos si alguien miente sólo por sus gestos, voz, relato, etc, y seguramente nunca se podrá desarrollar una forma de averiguar todos los casos todas las veces. Pero sí que hay cosas que con el entrenamiento adecuado se pueden mejorar y aumentar así el número de aciertos. De la misma forma que alguien que hable un idioma extranjero entenderá mejor un programa de noticias o una película que quien sólo lo chapurree, así también quien conozca el idioma que hablan la cara, las manos y el tono podrá entender mejor lo que comunican, aun sin que el emisor se dé cuenta de que lo hace. Para esto sí vale el libro. Para cazar pellejudos, llamen a Deckard.

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