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       Artículo de literatura

La mano izquierda de la oscuridad, de Ursula K. Le Guin


Eidián   08/02/2010
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     Un ser humano lleno de curiosidad que se pregunta a cada momento por otros mundos, otros hombres, otras vidas....
Portada de La mano izquierda de la oscuridad, de Ursula K. Le GuinLa luz es la mano izquierda de la oscuridad,
y la oscuridad es la mano derecha de la luz.
Las dos son una, vida y muerte, juntas
como amantes en kémmer,
como manos unidas,
como el término y el camino.


Hay preguntas sobre el ser humano que la mayoría de la gente considera irresolubles en nuestra experiencia cotidiana: ¿Es “persona” aquel que pierde o no llega a poseer la facultad de pensar? ¿Dónde residen las emociones? ¿Estamos predeterminados por nuestra condición sexual? ¿Qué es lo que nos hace “humanos”?... A lo que se añade un largo etcétera al que científicos y filósofos llevan toda la historia intentando darle una explicación.

Ante todo debemos percibir que Le Guin procura por todos los medios que comprendamos que las personas de Gueden no son mi masculinas ni femeninas sino, simplemente, personas.

Cómo dijo el poeta, mientras haya un misterio que al cálculo resista, habrá poesía y es en la fabulación en dónde únicamente podemos encontrar respuestas a estas interrogantes pues tras una frontera que el ser humano supere siempre llegará otra que lo desafíe de nuevo. Esta en nuestra propia condición humana querer saber, no resignarnos a la oscuridad.

En este sentido Ursula Kroeber (más conocida por su nombre de casada, Ursula K. Le Guin) ha intentado dar respuestas a muchas de las interrogantes que el hombre se hace a través tanto de la fantasía como del género sci-fi, ciencia ficción para que nos entendamos todos. Con una prosa elegante y ágil, Le Guin ha creado personajes inolvidables y terriblemente humanos como Gavilán, el archimago archiconocido de la saga de Terramar, cuya evolución a lo largo de las novelas de la serie nos lo muestra como un ser que crece y sufre ante nuestros ojos, que nos muestra, pese a ser el héroe de la historia, todas sus debilidades, sus pequeñas grandezas, su dolor... Si algo se puede decir de esta autora es que, sea cual sea el escenario que emplea, sus argumentos siempre se centran en el hombre, en lo que siente, en sus reacciones, en sus miserias, en lo que significa, simple y difícilmente, ser humano.

Minotauro, es un esfuerzo que le honra, publicó en 2008, en edición de bolsillo, una de sus mejores obras y, para algunos críticos, la mejor de todas ellas, "La mano izquierda de la oscuridad" (Minotauro, disponible en FantasyTienda). Esta obra de 1969 fue premiada en su momento con los premios Hugo y Nebula, los más prestigios de la sci-fi mundial, y fue considerada como una abanderada del movimiento feminista dentro de la ciencia ficción, calificativo que su autora, siempre en contra de cualquier etiqueta, ha rechazado sin paliativos. La novela en sí trata del género y la sexualidad a través de los hechos desencadenados por un terrestre, Genly Ai, que llega como enviado de una organización de humana a una antigua colonia en la que los habitantes han mutado a hermafroditas capaces de cambiar de sexo con la misión de que estas gentes se unan a la liga de planetas que representa.

Ursula K. Le Guin, autora de Terramar

Pese a que el dibujo de este planeta, Gueden, Iniverno para los terrestres, está trazado con una gran maestría, y es en todo momento real y palpable en sus atormentados paisajes helados; en sus estaciones que, en realidad jamás pasan de un invierno tibio (Le Guin proporciona al final del libro un reloj y calendario guedenianos); en sus bosques apenas habitados por animales; en la omnipresente nieve y el todo poderoso hielo... Lo mejor retratado de toda la novela son los hombres de este mundo nevado y extraño que, a través de sus costumbres y peculiaridades, nos dan la medida de nuestras propias faltas y rarezas.

Los habitantes de Gueden, el planeta Invierno, son andróginos, humanos con dos sexos. Al igual que los animales, sólo tienen deseo sexual durante un corto periodo de celo que denominan “kémmer” en el que se puede ser tanto varón como hembra, dependiendo de las circunstancias. Así pues, un individuo puede ser tanto padre como madre varias veces a lo largo de su vida.

Los investigadores del Ecumen (la organización pacífica de planetas que envían a Ai) suponen que los guedenianos fueron creados mediante ingeniería genética, bien para maximizar el éxito reproductivo en el mundo glacial de Gueden, o bien, simplemente, por curiosidad. Sin duda, cuando Le Guin desarrolló esta idea, pesó en su ánimo la idea de conocer que quedaba de la naturaleza humana cuando la condición sexual dejaba de ser condicionante.

Bajo esta perspectiva es como surgen las propuestas más transgresoras del libro que llega a sugerir que en una sociedad donde el conflicto entre sexos no tiene lugar, conceptos como la guerra, en tanto que conflicto armado de larga duración que busca la aniquilación del enemigo, jamás aparecerían. Lo mismo sucedería, por tanto, con los principios que generan las guerras como el patriotismo o el nacionalismo puesto que los guedenianos no ven a los extraños como “los otros” sino que son considerados como seres similares al propio “yo”.

De igual forma, en cada territorio, las personas luchan por la mejora de su posición social (el honor personal es algo inviolable) con lo cual se percibe que ese tipo de conflictos son inherentes a todo tipo sociedades humanas. La política no deja de ser importante, pues son una civilización desarrollada con un cierto grado de tecnicidad. Al existir política existen los países como entidades geográficas, cada uno con su propio tipo de sociedad debido a la evolución histórica. La política, sin embargo, no llega a empañar las relaciones entre naciones hasta el punto de la guerra pues los conflictos armados, cuando existen, se limitan a ataques rápidos, sorpresivos, de castigo, que no trascienden verdaderamente al ámbito social. Así pues es la diplomacia, con todo lo que tiene de intriga y manipulación, lo que determina la actuación de los gobiernos y de sus componentes en Gueden sin que jamás se recurra al patriotismo o las armas como elemento desestabilizador de la política interna o exterior.

Este no recurrir a la violencia excepto si no queda otra solución, y nunca emplear el odio hacia los otros como excusa de la propia ambición, se considera como algo “femenino” y que impregna toda esta obra de Le Guin. Personalmente, creo que estas presunciones sobre el libro son, cuando menos, exageradas.

Ante todo debemos percibir que Le Guin procura por todos los medios que comprendamos que las personas de Gueden no son mi masculinas ni femeninas sino, simplemente, personas. Toda la novela se dedica a ello. La relación entre los dos personajes principales, Estraven y Genry (que es como llaman los guedenianos al personaje de Genly) es clave para que los lectores lleguen a ese convencimiento.

Genry, en su relación con Estraven, que desde el primer momento cree en su misión y en la necesidad de que esta triunfe, se muestra casi hasta las últimas páginas desafiante, lejano, poco receptivo a ninguna de las ayudas que éste le proporciona. Y es que, en el fondo, subyace el rechazo humano hacia lo diferente y que percibimos como inherente a nosotros mismos, lo sexual en este caso. Sin embargo las experiencias que Genry se ve obligado a vivir junto a Estraven cambia su punto de vista y, aunque nunca se llega a materializar una relación sexual entre ambos, queda claro que Genry considera que las relaciones entre ambas especies humanas no son en absoluto condenables y si posibles.

Porque, sobre cualquier consideración, lo que demuestra ser verdaderamente implícito a la especie humana, lo que le dignifica, es el amor. Y el amor puede vencer cualquier otra consideración, cualquier diferencia, tendiendo puentes entre todas las personas. Nos hace, verdaderamente, humanos.

Más allá de esta verdad incuestionable, también nos habla Le Guin de que sólo de la unión igualitaria de los dos sexos, de la consideración idelológica y psicológica de ambos sexos como un todo indisoluble, puede nacer algo similar a la armonía (en Gueden, las personas que se veían abocadas a tener un solo sexo, lo cual era muy raro, eran llamadas “perversos”). Esa es la mano izquierda de la que trata el libro, la luz que sólo podemos obtener de nuestra comprensión de la otra mitad de nosotros mismos.

En realidad, nos dice el comportamiento de Estraven y Genry, no existen más diferencias que las que nosotros mismos nos levantemos pues todos formamos parte de una unidad que se revela en cada individuo, en cada ser humano.

Un ser humano lleno de curiosidad que se pregunta a cada momento por otros mundos, otros hombres, otras vidas....

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