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       Artículo de literatura

Libros para los niños que siempre seremos: Historias de cronopios y de famas, de Julio Cortázar


Eidián   23/12/2009
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     Estas historias cortas son un digno muestrario de una serie de situaciones divertidas, irónicas y satíricas, donde el lenguaje parece chicle de fresa ácida.
Portada de Historias de cronopios y de famas, de Julio CortázarDice Julio Cortázar: “Si el viejo adagio dice que el niño es el padre del hombre, ¿por qué callarlo en nombre de una seriedad adulta que no siempre lleva a buen puerto?”

He dudado mucho en incluir el libro que a continuación reseño, “Historias de cronopios y de famas” (Edhasa, 2004, disponible en FantasyTienda... aunque la primera edición en esta editorial data de 1970) de Julio Cortázar, no porque considere que no comparte las características de los libros aquí recogidos (grandes obras de la literatura que han acabado calificándose como referentes de los géneros infantil o juvenil), si no porque no se si seré lo suficientemente hábil como para justificar tal adscripción.

Es increíble como Cortázar desvela lo fantástico y maravilloso en cosas y conceptos que otros verían como simples anécdotas vulgares.

Por mi parte, a nadie engaño si digo que fue mi hermana, cuando contaba doce años o así, la que me enseñó por primera vez las narraciones que componen este libro atípico. El por qué de esa lectura juvenil se justifica en la propia edición de Edhasa que aclara, en el envés de la portada (que no cubierta), que existe una guía al profesorado a disposición de quien la pida lo cual nos habla de su promoción como libro adecuado para la asignatura de literatura. A pesar de lo dicho, yo aún recuerdo con cariño las ilustraciones que acompañaban los relatos de mi hermana pequeña y que hacían aún más entrañables si cabe a los cronopios que dan nombre a la obra... que no calificaré de ninguna otra forma porque ni los estudiosos saben como hacerlo.

No es esta una novela pero tampoco es un libro de cuentos; no es un poemario aunque tenga algunos poemas y muchas de sus páginas destilen ternura y sensibilidad por sus cuatro costados; es algo... único, como en realidad lo es toda la obra de Cortázar.

Julio CortázarHablar del genio de Julio Cortázar es complicado a la vez que sencillo: sencillo porque cualquier adjetivo hiperbólico se le ajusta; complicado porque, sólo los adjetivos, se le quedan pequeños. Cortázar, argentino nacido en Bélgica, aunque descubrió pronto la escritura tardó más en llegar a la verdadera creación literaria ya que, como el mismo indicaba, no fue hasta que fue a Francia con una beca en 1951 que descubrió, como decía Miguel Hernández, que “los poetas son viento del pueblo”. De hecho, el primer libro que publicaría Cortázar en Argentina fue el libro de poemas “Presencia”, de corte intimista, que muy poco tendría que ver con sus reivindicaciones políticas y literarias posteriores. Sin embargo ese halo poético le acompañaría el resto de su vida (no dejó por otra parte de escribir una poesía muy peculiar de la cual el libro recoge algunas perlas) y esta obra escrita en 1962 lo demuestra muy bien.

Este juego de narraciones, preludio de lo que después desarrollaría el autor en “Rayuela”(1963), no contiene sólo el libro de los cronopios, sino que las experiencias de los seres creados por Cortázar están precedidas de otras magnificas mini-creaciones: “Material plástico”, “Ocupaciones raras” y “Manual de Instrucciones”. Aunque son piezas elaboradas temáticamente de forma independiente, están unidas por el concepto de juego transgresor con el lenguaje y son un claro exponente de la increíble habilidad que poseía nuestro escritor con el castellano escrito, plegándolo a su voluntad para conseguir reflejar desde un ambiente festivo y alegre hasta el absurdo de la sociedad en que vivimos.

Reconozco que estos preliminares son los que más duros se le pueden hacer a un adolescente poco advertido pero piezas como “Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj” o “Conducta en los velorios” son dibujos magníficos y coloridos de situaciones cotidianas que, bien analizadas, resultan tan absurdas, como cómicas e inquietantes, tanto para alguien de 15 años como para quien ya ha entrado en la cuarentena.

Es increíble como Cortázar desvela lo fantástico y maravilloso en cosas y conceptos que otros verían como simples anécdotas vulgares, como se ve en el micro-relato “El diario a diario”: a través de un soberbio dominio del idioma, con una serie imágenes deslumbrantes y directas, transforma la experiencia diaria y, donde el resto de los mortales sólo encontraría las andanzas anodinas de un periódico usado, levanta un mundo de creación y destrucción, de nacimiento y muerte, de luz y sombras donde cabe tanto lo increíble como lo rutinario. Increíble... y me quedo corta. Pese a lo dicho, y sin quitarle ningún mérito al resto del libro, la pieza maestra de esta creación literaria son los relatos que conforman “Historias de cronopios y de famas”.

Aunque Cortázar crea un mundo ficticio en el que situar a sus personajes (se remonta a la mitología de ese mundo nada menos) estos cronopios, esperanzas y famas nos resultan demasiado cercanos. Cortázar siempre se resistió a decir de donde sacó la palabra “cronopio” (con lo cual tampoco vamos nosotros a darle más vueltas al asunto), palabra que refleja a unos individuos insólitos, “esos objetos verdes y húmedos”, seres tiernos, melancólicos y buenos (tan buenos parecen a veces que los necios no dudarían en calificarlos de necios) que expresan lo mejor que posee el ser humano. Ese reflejo de lo mejor que hay en el hombre puede llegar a parecer revolucionario puesto que los cronopios jamás usan la fuerza para imponerse, aunque muchas veces su persistencia les hace ganar las batallas perdidas a priori, y nadie les hace retroceder si creen estar haciendo lo que deben hacer, dejando que sea el tiempo el que ponga las cosas en su lugar.

Los esperanzas, otra de las tres patas de este banco existencial, a mi parecer, serían una especie de gordos funcionarios, vigilantes de las tradiciones y de lo que tiene que ser así porque siempre ha sido así, bien avenidos en general con el poder que los famas representan, pero capaces de plantarles cara en grupo si aquellos les contrarían... y los famas están solos. En cuanto a los famas, estos reflejarían, como ya se ha dicho, el poder: cuando actúan mal siempre encuentran buenas razones para hacerlo y cuando actúan bien... bueno, suelen ser las menos de las veces pese a que ellos siempre creen estar actuando bien.

Las famas y las esperanzas tienen una gran ojeriza hacia los cronopios porque estos no responden a los principios sacrosantos de egoísmo y razón que los dos primeros defienden. Mientras que las esperanzas parecen que se han sentado sobre su culo hasta que este se desborde por los cuatro lados de la silla, siendo sancionado todo lo que altere esa situación, las famas se enervan porque los cronopios se dedican a vivir lo mejor y más felizmente posible una vida que ya saben lo suficientemente dura.

¿Les suena?

Si bien estas historias cortas son un digno muestrario de una serie de situaciones divertidas, irónicas y satíricas, donde el lenguaje parece chicle de fresa ácida en el selecto paladar de Cortázar (y “aquín” inserto porque sí y porque puedo el relato que más me divierte)...

HAGA COMO SI ESTUVIERA EN SU CASA

Una esperanza se hizo una casa y le puso una baldosa que decía: Bienvenidos los que llegan a este hogar. Un fama se hizo una casa y no le puso mayormente baldosas. Un cronopio se hizo una casa y siguiendo la costumbre puso en el porche diversas baldosas que compró o hizo fabricar. Las baldosas estaban colocadas de manera que se las pudiera leer en orden. La primera decía: Bienvenidos los que llegan a este hogar. La segunda decía: La casa es chica, pero el corazón es grande. La tercera decía: La presencia del huésped es suave como el césped. La cuarta decía: Somos pobres de verdad, pero no de voluntad. La quinta decía: Este cartel anula todos los anteriores. Rajá, perro.

...yo prefiero las cortísimas narraciones que concluyen el libro y que son el mejor ejemplo de la tremenda sensibilidad e imaginación de Cortázar y donde se demuestra que él, al igual que Saint-Exupery, creía firmemente en los niños como origen de los hombres del futuro, hombres que jamás debieran olvidar que fueron niños y que una vez supieron jugar y amar como tales. Por ese motivo he elegido para acabar esta crítica uno de los cuentos más hermosos y breves que jamás he leído.

Para que nunca olvidemos tanta belleza.

Vaya por todos.

FLOR Y CRONOPIO

Un cronopio encuentra una flor solitaria en medio de los campos. Primero la va a arrancar,
pero piensa que es una crueldad inútil
y se pone de rodillas a su lado y juega alegremente con la flor, a saber: le acaricia los pétalos, la sopla para que baile, zumba como una abeja, huele su perfume, y finalmente se acuesta debajo de la flor y se duerme envuelto en una gran paz.
La flor piensa: «Es como una flor.»

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