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El Diablo y otros cuentos de angustia, de Guy de Maupassant
Joaquín Torán   01/05/2009 Comentarios (2)
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     Libro imprescindible, el enésimo al que nos está malacostumbrando Valdemar, de un autor que sigue siendo un gran desconocido.
Portada de El Diablo, de Guy de MaupassantPara Guy de Maupassant (Dieppe, 1850- París, 1893), lo angustioso era algo más que un puntual sentimiento: se trataba de una faceta connatural al género humano. Durante toda su vida activa como escritor, tan productiva como breve (apenas diez años, de 1883 hasta 1893), se esforzó por convertirse en el cronista literario y en el portavoz de la angustia de su tiempo. Dotado de un fino sentido de la observación, captaba esa sensación gravitante a su alrededor, y atinaba a trasladarla a las páginas de periódicos y libros.

Maupassant saca lo peor del ser humano, mostrando que, incluso el mejor hombre puede ser un asesino.

Así, escribiendo sobre la angustia vital, entre otras cosas, llegó a reunir un corpus de más de 300 “nouvelles” o relatos cortos, recogidos en diecisiete libros (dos de ellos póstumos), que retratan, como pocos, la Francia en la que vivió, disfrutó, se excedió, sufrió y, finalmente, murió. Sus temas, extraídos muchas veces de la crónica criminal de la que se nutría la prensa, supusieron bofetadas hacia la hipocresía burguesa, que la época nunca estuvo dispuesta a encajar, como lo demuestra la denuncia recibida por “ultraje a la moral pública y religiosa y a las buenas costumbres”.

Guy de MaupassantLimitarle, sin embargo, a la esfera de agitador de conciencias es reducir, de manera simplista, a una de las figuras más inclasificables de toda la historia de la Literatura. Es cierto que hizo de la batalla contra la doblez de pensamiento su estandarte, pero eso no termina de explicar, ni de redondear, al personaje que solía ocultarse bajo el pseudónimo Maufrigneuse. El autor de “Una vendetta”, relato capital en su obra (recopilado en “El diablo y otros cuentos de angustia”, Valdemar, colección El Gran Diógenes, disponible en FantasyTienda), lo fue a su vez de “El Horla”, uno de los más escalofriantes cuentos de introspección jamás publicados: junto al humor negro del realismo social más descarnado, supo dar forma a las pesadillas surgidas de los rincones más recónditos de la mente. No sólo sería capaz de homenajear a Iván S. Turguéniev, en su elegía “Lo fantástico”, diciendo que “sus palabras no eran exactas, eran las únicas”, sino que llegaría a teorizar, sin proponerse hacerlo, sobre las bases del relato terrorífico, en Lo horrible: “Quiere decir [lo horrible] mucho más que terrible. Un espantoso accidente como ése conmueve, altera, asusta; no enloquece. Para sentir el horror es preciso algo más que la emoción del alma y más que el espectáculo de una muerte espantosa, se necesita, o bien un escalofrío de misterio, o bien una sensación de espanto anormal, fuera de lo natural”.

Comprenderle en su justa medida, depende, más que en ningún otro caso, del arduo trabajo de los antologistas y estudiosos. Maupassant jamás unificaría sus relatos siguiendo normas precisas; sólo los convertía en libros cuando había suficiente material para rellenar un volumen, ya que sus criterios de publicación eran siempre estrictamente cronológicos. El Maupassant “escabroso”, “siniestro” o “campestre” que se conoce en la actualidad, se debe a quienes, extemporáneamente, bucearon en su prolífica obra para rastrear sus grandes obsesiones y sus profundas preocupaciones.

Mauro Armiño, responsable de la selección de fragmentos que conforman “El diablo y otros cuentos de angustia”, se atreve a ofrecer una nueva visión del genio francés, escogiendo veinte relatos que, si no presentan al Maupassant más angustioso, al menos sirven para mostrar su evolución estética, estilística y formal, hasta la prefiguración de una forma de escritura característica, justamente encumbrada. Como todas las antologías, ésta entraña los consabidos riesgos derivados de la amplitud de criterio, al incluir pedazos que poco, o nada, tienen que ver con el hilo conductor. Pero con Maupassant pasa como con el Stevenson de "Historias escocesas": la elección se hace difícil por el volumen de los elogios que suscitan cada una de sus piezas. Es verdad que en muchas es posible hallar cierta erosión motivada por los extenuantes tiempos autoimpuestos en el proceso creativo (caso de “La loca”, por ejemplo), aunque no es menos verdad que, incluso en sus piezas menores, está presente un sentido del ritmo envidiable, que los dota de una atmósfera y consistencia absolutamente únicas.

Maupassant no dejaba nada al azar y siempre que escribía, ocultaba una intención precisa. Por eso, traducir correctamente la musicalidad de la prosa de un autor tan complejo, requiere de una enorme sensibilidad; Armiño hace gala de ella, además de una gran elegancia a la hora de verter al castellano no las palabras exactas, sino las únicas del creador francés, demostrando porqué tiene en su haber un Premio Nacional de Traducción y una Medalla de Caballero de las Artes y las Letras Francesas, lograda por su titánica interpretación de “A la busca del tiempo perdido”, del gigante Marcel Proust.

Armiño se reserva el prólogo, en el que se clarifican muchas de las claves que permitirán entender al narrador y cronista que aflora en “El diablo y otros cuentos de angustia”. Una de ellas, posiblemente la más importante, será la tutela que Maupassant recibirá de Gustave Flaubert, amigo de su familia por vía materna, quien decidirá incluirlo en su círculo de íntimos mientras le prepara para ser escritor. Gracias al autor de “Madame Bovary” existe hoy Maupassant; Flaubert inculcará en el aprendiz el gusto por el detallismo, por una suerte de concreción que le acompañaría hasta el momento de su muerte, como bien indica en esta recomendación: “Cuando pase usted delante de un tendero sentado a su puerta, delante de un portero que fuma su pipa, delante de una parada de fiacres, presénteme a ese tendero y a ese portero, su actitud, toda su apariencia física que también contiene […] toda su naturaleza moral, de modo que yo no pueda confundirlos con ningún otro tendero o con ningún otro portero, y hágame ver, con una sola palabra, en qué se diferencia un caballo de fiacre de los otros cincuenta que le siguen o le preceden”.

La doctrina Flaubert se asimila correctamente en “El diablo y otros cuentos de angustia”. En todos los fragmentos seleccionados, Maupassant saca lo peor del ser humano, mostrando que, incluso el mejor hombre puede ser un asesino (“La confesión”). Hay vileza en estas páginas poderosas (como en el relato que da título a esta recopilación o en “El campo de olivos”); venganza (“Una vendetta” o “La madre Sauvage”); violencia irracional que degenera en crueldad (“El ciego”, “El burro”, “El borracho”, “El ahogado”); antibelicismo (la guerra franco-prusiana de 1870 que llevó a la proclamación de la III ª República Francesa, es trasfondo de buena parte de los relatos); humor grotesco y negro (“Las tumbales”, “El crimen del tío Boniface”, “¡Camarero, una jarra!”); contraste entre la vida y la muerte (“Minué”); bastardía (“El parricida”, “Un hijo”, “El pequeño”). Hasta se aprecia la alargada sombra de Flaubert en los pequeños guiños de “Confesiones de una mujer” o “Misti”, donde las protagonistas son adúlteras, o se llaman Emma, como en el último caso.

En resumen, libro imprescindible, el enésimo al que nos está malacostumbrando Valdemar, que acerca al lector castellano a un autor que, a pesar de todas las publicaciones que se le han dedicado, sigue siendo un gran desconocido. Libros como éste garantizan que, no obstante, haya dejado de ser un perfecto incomprendido.

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2 Comentarios recibidos
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Usuario: Murray (01-Mayo-09)


:rojo: Joder, muchas gracias Eidián. De todas maneras, agradécele el enorme conocimiento del autor al señor Armiño, que hace un traajo de investigación fabuloso. La verdad es que de no haber sido por él, seguiría teniendo a Maupassant por un escritor maldito; con esa errónea idea estuve a punto de proponerlo para la galería de genios del terror que hemos ido publicando José Luis Valcarce y servidor.
Ahora, te agradezco las palabras. :encantado: Pedazo de libro éste y pedazo de escritor... Y lee Historias escocesas de Stevenson, el mejor libro que he leído en mucho tiempo!
Usuario: eidián (01-Mayo-09)

¡Qué magnífico comentario!¡Qué conocimiento del autor, de sus circunstancias, de sus influencias! Y que perfecta forma de expresarlo...¡Qué envidia maestro! Leí a Maupassant por primera vez en francés, en los relatos que forzosamente teníamos que estudiar en la escuela: debo reconocer que entonces no me gustó. Para leer a Maupassant y comprenderle en su justa medida, incluso en sus relatos más "suaves", se necesita una madurez de la que entonces yo carecía. Tuvo que ser más tarde, cuando me lanzase por mi cuenta a esta aventura que es la lectura (perdón por la rima fácil), cuando descubriese realmente a Maupassant y me sorprendiese y enganchase a relatos como "El horla", "La vendetta" (ambos citados en esta crítica), "Un día de campo" o "Mademoiselle Fifí". Reconozco que Maupassant sigue sin ser uno de mis favoritos (me desazonan demasiado sus relatos) pero, eso sí, se debe reconocer su maestría y se le debe leer precisamente por su capacidad para remover nuestro pensamiento y por su lógica literaria implacable.
Me alargo demasiado. Siempre me sucede con las cosas que me gustan. Como esta crítica. Como el escritor en que se basa. Gracias por todo, maestro Torán.
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