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       Artículo de literatura

La luz del infinito, de José Antonio Suárez


Jaime Santamaría   03/03/2009
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     El texto es rico en situaciones, aunque de nuevo está lejos de una disección con palabras y no es un texto literario pesado.
Portada de La luz del infinito, de José Antonio SuárezRecientemente, el Ministro de Industria español, miembro del Gobierno que tiene la obligación de encabezar las medidas que nos ayuden a salir lo antes posible del actual y crítico ciclo económico negativo, recurrió al populista llamamiento por el cual se nos invitaba a consumir productos nacionales. ¿Lo recordáis? Bien, no haré aquí ni un ensayo económico al respecto de lo desacertado y anacrónico de dicha proclama ni un lamento por lo desalentador que como ciudadano es ver todos los días que las decisiones que cualquier manual básico de economía propone siguen sin ser tomadas. Sin embargo, sí es cierto que en más de una ocasión desde varios foros se arenga a la publicación y lectura de autores de ciencia ficción españoles, con lo que finalmente estaríamos dando la razón al Ministro por motivos muy similares.

Ha sido un digno entretenimiento para todos aquellos que buscamos en las estrellas situaciones y circunstancias que no nos son tan ajenas

Se ha escrito mucho al respecto y es la pescadilla que se muerde la cola. Sin apoyo editorial se entierran y frustran vocaciones, los lectores no pueden acceder a dichos autores y se sigue alimentando el sentimiento de que cualquier texto venido de fuera es mejor y además merece que se pague cualquier precio, avivado claro está por un adecuado marketing.

Tranquilos, no voy a encenderme como en reseñas anteriores. Estoy tan sólo utilizando este argumento a modo de preámbulo. Ahora, antes de entrar en el meollo, os propongo un juego. Mejor dicho, una cata ciega, pero en esta ocasión no es de vinos sino de un libro sin conocer al autor.

Pongamos “La luz del infinito” (Equipo Sirius), de José Antonio Suárez, pero con trescientas páginas más. Algunos lectores se preguntarían: ¿Es británico su autor? ¿Ha ganado algún premio en Reino Unido recientemente? No añadamos tantas páginas, sólo 150 más, pero sí un poco más de cifi hard, más sexo ligero y más fuegos artificiales. La apuesta de muchos sería ¿es estadounidense? ¿Tras la edición en tapa dura y de bolsillo, alguien ya se ha hecho con los derechos para una futura película? ¿Es la novelización de algún telefilme o película que salió directamente a DVD?

José Antonio SuárezPero, ¿y si le metemos un texto espeso, denso, de esos que agota leer? La respuesta es clara: ¿ruso, checo, polaco? Mejor lo hacemos un poquito más onírico y ahondamos en los personajes, así lo hacemos... ¿japonés?

Vale, vale, ya sé que he jugado con estereotipos agotados, que como tales han de ser falsos aunque algo de inevitable verdad conlleven. Pero, el caso es que “La luz del infinito” es en realidad el último estreno de José Antonio Suárez, un libro que precisamente se encuentra en el equilibrio de todas las características anteriormente enumeradas, lo cual es positivo o negativo, según lo que busque el lector y según lo que un crítico literario armado de bisturí quisiera diseccionar; ah, y es español, por si alguien no se había dado cuenta.

Este albaceteño nos acaba de servir su última producción tras algo más de año y medio en silencio. Tuve la oportunidad de conocer la obra de Suárez con sus dos últimas novelas: “Cristales de fuego” y “Almas mortales”. Pero, como entrevisté en su día a Suárez, lo menos que podía hacer era documentarme y esto me permitió aseverar en su momento (compartido por el propio Suárez) que existía un antes y un después con la novela “Almas mortales”, la más redonda y hecha de su lista, aunque él tenga su corazoncito repartido por entre otros títulos suyos.

Según acabe estas líneas me espera encima de la mesa “Sombras en Titán”, de la que podríamos denominar su otra etapa, pero... acabo de terminar “La luz del infinito” y me encuentro... con un autor que toma lo bueno de “Almas mortales”, esa acción a raudales, ese peso en la historia de las intrigas políticas tratando de darle contenido y madurez sin dejar que la trama se coma a los personajes, auténticos protagonistas para el autor, pero... que vuelve por sus fueros; y es que, aunque todo novelista busca un estilo propio, experimenta y se va en definitiva haciendo como escritor, Suárez vuelve siempre al cauce de lo que se nota que le gusta y donde más cómodo se encuentra: una mezcolanza de thriller, space opera, culebrón y dosis de cifi hard. ¿Qué significa esto? Que el libro es sencillo de leer, la trama interesa y sabe cómo no decaer utilizando técnicas muy “televisivas”.

La ciencia utilizada y sabiamente repartida en el texto parece sacada más de un libro divulgativo que de años en laboratorios (lo cual algunos lectores agradecerán) y la descripción general de los entornos de nuevo se realiza a base de pinceladas generales muy “cinematográficas”. Suárez huye del detalle puntilloso, escapa de complicaciones y se apoya en los ingredientes de siempre que sabe no fallan si se mezclan con acierto y mesura. Esto es un riesgo, te puedes quedar corto, pasarte o que te acusen de pertenecer a una profesión, la de escritor, de manera no profesional y más como un culto aficionado que sabe redactar de manera correcta. “Tron”, “Stargate”, “Seaquest” podrían ser ejemplos de la inspiración de Suárez percibida en este libro, pero yo voy a huir de ello. Quiero entrever que aquí se han seguido planteamientos tratados con amplio detalle en novelas como “Esperando la marea” o “Su cara frente a mí” (ambas os la recomiendo) donde el autor pone su “marca de la casa”. Antes, permitidme que vayamos con el argumento y así ubicamos esta novela en lo que os digo.

La humanidad en un futuro abandonará las barreras de su Sistema Solar natal a velocidades sublumínicas. Esto obligará a la evolución hacia seres que deberán replicar en matrices sus mentes y pasar a cuerpos de reemplazo en una especie de resurrección continua. Los errantes, como se les llama, pierden su condición de ser humano ante los terrestres, lo cual derivará en futuros enfrentamientos, porque... los errantes, tras viajar por los confines del espacio, se hacen con la tecnología de otras razas ya desaparecidas y vuelven a la Tierra. No obstante, la historia nos presenta tres mundos distintos. Tierra Unida, la vetusta casa madre enraizada en sus costumbres y pecados; Surya, el mundo de los errantes, libres de guerras y sometidos a un Ente multipersonal que todo lo controla en aras de la paz y prosperidad que preconiza. Y Utopía, una escisión de los anteriores que persigue la libertad de los errantes sin la mácula ni humana ni de los surianos.

A este cóctel hay que unir pequeñas ramas disidentes o corpúsculos en la clandestinidad con son La Tercera Vía y otros descontentos, que al final no sabes a quien sirven o qué persiguen (bueno, sí se sabe, pero no os lo voy a contar).

En medio, pues, de este escenario de mundos más accesible gracias a los saltos a través de túneles espacio-temporales, el escritor nos propone tres historias que correrán paralelas, compartiendo en ocasiones acontecimientos. Lo curioso de esta novela es que los episodios están a su vez divididos en subapartados, correspondiendo cada uno, precisamente, a cada una de esas tres (en ocasiones cuatro) historias paralelas. Vamos, que es como que de manera explícita te estás leyendo tres novelas. No sé si es un experimento, una excentricidad o simplemente una clarificación (a todas luces innecesaria), por lo que me quedo con que es una curiosidad más de una edición, sea dicho de paso, muy buena ya que posee un formato de tamaño un poco más ancho del habitual. No obstante, me he encontrado con otra curiosidad que no sé si es forzada o no, pero el caso es que el texto de las páginas apenas guarda un espacio inferior, de tal manera que te encuentras líneas sangradas casi a pie de página.

Retomando el argumento, os resumo las tres historias. La primera, y la más atractiva y preponderante, se ubica en el planeta marino Sedna, perteneciente a los suryanos pero arrendado ahora a la empresa terrestre Markab. Allí, una xenobióloga, Niit, estudia a una pareja de narvales supervivientes de la destrucción de todo el ecosistema del planeta. Niit es la única capaz de comunicarse con ellos y eso cobra una gran importancia ya que intereses muy importantes pretenden explotar dicha capacidad de comunicación para desvelar los secretos que encierra una región desconocida del espació llamada Limbo, una nebulosa cuya alta radiación hace imposible la vida dentro.

La otra historia nos traslada a los pormenores de una Fuerza Aliada de Intervención Rápida, donde los soldados Luis y Valeri se enfrentaran a más de una misión suicida que les mantendrán en medio de los acontecimientos acaecidos entre los tres mundos antes descritos.

Por último, viviremos desde dentro cómo un grupo de la tercera Vía hace la guerra por su cuenta. Elsa, junto a Schiavo y Kapic, irá poco a poco descubriendo datos que harán se plantee toda su vida y su prioridades.

No os cuento más en esta ocasión. Descubrid vosotros mismos este texto plagado de diálogos donde a Suárez le encanta presentar los enfrentamientos verbales de los protagonistas. La información se nos va administrando y dosificando a través de las conversaciones y descubrimientos de los personajes. En ocasiones con frases sencillas, cortas, en otras con explicaciones o flash backs que reubican al lector si se ha perdido por un casual.

Esta manera de escribir gusta porque le da veracidad a los personajes y a sus pensamientos tal y como lo hace Suárez, escritor al que le interesa transmitirnos sensaciones y multitud de reflexiones que pone en boca de sus personajes. El texto es rico, pues, en situaciones, aunque de nuevo está lejos de una disección con palabras y no es un texto literario pesado. Suárez hace esto en pos de la diversión y el entretenimiento y el que quiera otra cosa ya sabe, pero de nuevo concluyo, como me pasó con “Almas mortales”: me lo he pasado francamente bien y ha sido un digno entretenimiento para todos aquellos que buscamos en las estrellas situaciones y circunstancias que no nos son tan ajenas y... por qué no, especular un poquito con dogmas que a nuestra modesta mente le son todavía difíciles de traspasar.



(R) Jaime Santamaría de la Torre, febrero de 2009.
http://galaxiabidena.blogs.scifiworld.es

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