Kagurabachi

El segundo tomo de Kagurabachi confirma algo que ya se intuía en el debut de la serie: Takeru Hokazono no ha venido a repetir fórmulas, sino a construir un shōnen de acción que respira con una identidad propia. Si el primer volumen se centraba en presentar a Chihiro Rokuhira, su tragedia personal y el mundo de las espadas encantadas, este segundo tomo pisa el acelerador y amplía el universo con una seguridad sorprendente para una obra tan joven. El resultado es un volumen que entra de lleno en lo que su historia quiere contarnos.

Esta segunda entrega de Kagurabachi alterna entre escenas de acción y momentos de calma que permiten profundizar en la psicología de los personajes (algo que consigue hacer muy bien). Chihiro sigue siendo un protagonista marcado por la pérdida, pero aquí se le ve más matizado: no solo es un vengador silencioso, sino un joven que empieza a comprender el peso real de las espadas hechizadas y de la herencia de su padre. Esta evolución, aunque sutil, aporta una capa emocional que enriquecerá la lectura de los siguientes números.

Un tomo continuísta que sigue creciendo

En lo que respecta a la trama, este segundo tomo mete a Chihiro en un fregado bastante más grande de lo que parecía al principio.. Aquí es donde el manga gana profundidad: aparecen nuevos enemigos con motivaciones propias, aliados que no está claro si lo son del todo y un par de revelaciones que cambian la forma en que Chihiro ve el legado de su padre. No es un tomo de “relleno”, ni mucho menos; es de esos que te hacen pensar que la historia está a punto de despegar de verdad.

Kagurabachi

Nuevos personajes en la palestra de salida

El tomo introduce además nuevos personajes que amplían el la trama principal. No vamos a hablaros mucho de ellos para que los vayáis descubriendo, pero nos encanta como el autor, Hokazono, demuestra un talento especial para diseñar los distintos poderes de sus personajes; recuerdan a los mejores momentos del shōnen. No es solo que las peleas sean dinámicas, es que están narradas con una claridad que permite seguir cada movimiento sin perder intensidad.

Un conflico que va in crescendo

Narrativamente, el tomo 2 también empieza a abrir puertas hacia un conflicto mayor. Se revelan acontecimientos del pasado de los Rokuhira y se insinúan tensiones políticas y sobrenaturales que prometen un desarrollo más complejo. Sin embargo, la información llega en pequeñas dosis, integrada en la acción o en conversaciones que mantienen el tono pausado de la obra (pausado en cuanto a diálogos). Esta pausividad narrativa mola porque parece que apuesta por por construir su mundo con paciencia, sin sacrificar el misterio.

Un dibujo magnifico

En cuanto al dibujo, este segundo volumen deja clarísimo que Hokazono ya ha encontrado su propio estilo. Las líneas siguen siendo limpias y muy expresivas, pero aquí se nota más soltura, como si el autor hubiera cogido confianza y se permitiera jugar un poco más con las composiciones. En lo personal me encantan los mangas que están asi dibujados y no están cargados de detalles ni de diálogos muy extensos. Hay dobles páginas que te obligan a parar un segundo solo para disfrutarlas, viñetas muy chulas que funcionan como cortafuegos para que el lector descanse la vista.

Kagurabachi

También se agradecen los pequeños detalles, esos que no siempre se ven a la primera pero que hacen que el mundo se sienta más vivo: la textura del acero, la forma en que la energía de las espadas parece deformar el aire, o incluso cómo se mueve la ropa durante los combates. Son cositas que muestran que Hokazono está mimando la serie más de lo que aparenta a simple vista.

La estética oscura y elegante que ya apuntaba en el primer tomo aquí se consolida del todo. Es un estilo que entra por los ojos y que encaja de maravilla con el tono de la historia. No sorprende que tantas ilustraciones del manga anden circulando por redes.

En conjunto, la segunda entrega de Kagurabachi es un paso adelante en la trama. El manga demuestra que no es solo una promesa viral, sino una obra con una dirección clara, un estilo visual potente y una narrativa que sabe cuándo golpear y cuándo dejar respirar al lector. Si el primer tomo despertó curiosidad, este segundo la transforma en confianza: el mangaka tiene algo entre manos, y merece la pena seguirle el rastro, ¡nosotros estamos que nos subimos por las paredes esperando la siguiente entrega!

Antonio Cabilla
Redactor, editor y director de la sección de videojuegos. También garabateo en la sección de cómic/manga.

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