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Mezolith vol.1: una eficaz y entretenida aproximación al mesolítico


Francisco Javier Illescas   05/01/2017
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     Para todos los aficionados a la Historia, todo lo acaecido antes de la aparición de la escritura suele ser la cenicienta del aficionado. Y hablamos de un periodo evolutivo que duró desde los 12.000 años a. de C. hasta los 4000 a. de C. en los casos más tardíos…
Mezolith¡Ocho milenios de evolución humana! ¡Y suele ser poco conocida! Así que la aparición de esta obra de 100 páginas en cartoné supone una inyección de aire fresco entre los cómics históricos o, como en este caso, prehistóricos. Un periodo de la evolución humana que suele ser poco conocido. Así que vamos a introducirnos un poco en este periodo a un nivel muy somero.
   
Esta época estuvo marcada por la finalización del último periodo glacial y la progresiva implantación de un clima más cálido que permitió el aumento de los bosques y la biodiversidad, aunque también provocó la inundación de amplias zonas costeras. Esos cambios influyeron en el comportamiento y en la cultura material de los humanos de la época: al desaparecer o emigrar los animales que suponía la base de la dieta humana en el Paleolítico superior, se tuvieron que ampliar los objetivos alimenticios. Y para poder cazar las nuevas especies de los bosques, más ágiles, pequeñas y esquivas, el hombre debió aprender a domesticar y utilizar perros, cuya presencia se ve en el cómic, ya a finales del Paleolítico superior.

La industria del tallado en piedra muestra una clara tendencia a la fabricación de pequeños utensilios adaptados a las nuevas situaciones y usos, muy especializados, llamados microlitos.

Estos eran utilizados para la recolección de moluscos y para su apertura, como puntas de flecha, como raspadores, buriles.... las armas más producidas y utilizadas fueron los arcos, hechos de madera y tendones de animales, con flechas que incorporaban en su punta microlitos de variadas formas geométricas, pero sabían perfectamente dónde debía ir la punta. También se usaron flechas sin punta lítica, pero afilada directamente sobre el material en hueso, en asta o en madera. Estas últimas, a menudo, endurecidas al fuego. También podremos apreciar esos detalles en este perfectamente documentado cómic.
  
MezolithPero bueno, vamos a centrarnos, que cuando hablo del contexto pre-histórico en este caso, se me calientan los dedos y me voy por las ramas. Al lío: estamos hace diez mil años, en pleno mesolítico, en lo que mucho después se convertiría en las costas orientales de Gran Bretaña. Allí nos encontramos con la tribu de Kansa, a la que pertenece el pequeño Poika que, como cabe esperar de una tribu de la época, está deseoso de enfrentarse a los ritos de paso que lo convertirán en un hombre más dentro de la tribu. ¿Y qué entendemos por un “hombre”? Pues alguien lo suficientemente autónomo como para ser capaz de cazar, buscar alimento y cuidar de su pueblo.

Algo muy importante, ya que en esta época comienza a gestarse lo que se ha venido a llamar “revolución neolítica”, en la que aparecieron grupos de cazadores-recolectores especializados en unos pocos tipos de recursos abundantes y seguros, que se podían almacenar durante buena parte del año, lo que les permitió aumentar su demografía y sedentarizarse.  También esa “revolución” implica la aparición de los primeros jefes tribales, ya que la acumulación de bienes habría provocado las primeras desigualdades sociales y la aparición de jerarquías, encabezadas por aquellos que se habrían encargado de la gestión de los excedentes. Pero regresemos al cómic:
   
Bueno, pues vamos a imaginar que somos otro niño dentro de la tribu de Kansa y estamos sentados en torno a la hoguera escuchando los cuentos contados por los ancianos o, si tenemos suerte, por el chamán de la tribu. Historias semilegendarias que han sido transmitidas oralmente desde muchas generaciones anteriores a la nuestra y que escuchamos atentamente para, en caso de que lográsemos sobrevivir a los peligros del mundo en el que vivimos, poder transmitir a los que vengan detrás de nosotros. Eso es lo que ha conseguido Ben Haggarty, asistido perfectamente por el efectista y detallado dibujo de Adán Brockbank, con los lectores de esta obra… Es precisamente el trabajo de unos maestros de la narración: compartir con el auditorio cuentos populares sobre princesas cisne, bebés demoníacos devoradores de carne y niños cuervo.
   
MezolithY, entretejidos en estas narraciones, tenemos una bonita y agradable oportunidad de ser testigos del día a día de la tribu a través de los ojos de uno de esos “escuchadores de cuentos”, un niño llamado Poika, que está ansioso por convertirse en un hombre a los ojos de su pueblo. Lamentablemente, su tesón al respecto –y su cabezonería también- le hace cometer errores, causando con frecuencia problemas tanto para su familia como para el resto de la tribu. Pero bueno, no dejan de ser chiquilladas que ayudan a este hombrecito a aprender valiosas lecciones para poder sobrevivir en un entorno hostil. Realmente, Poika no es más que un adolescente como los de hoy, con ganas de ser adulto para poder hacer las cosas a su manera. Vamos, que pese a qu esta trama transcurrió hace más de diez milenios, aún es muy sencillo identificarse con sus esperanzas y miedos. Un ser humano no deja de serlo aunque sea muy antiguo, amigos lectores. Y la interpretación que de él hacen los autores es exquisita.
    Y, por cierto: al final de esta obra ocurre algo muy importante para el desarrollo de Poika en la tribu. ¡Y te animo a descubrirlo! Veremos pinturas rupestres, técnicas al respecto, una Venus paleolítica, técnicas de caza y recolección… ¡Descúbrelas!
   
Esta obra de Adam Brockman presenta una calidad de un realismo casi fotográfico a veces. El uso de los colores llega a ser hipnótico a tenor de la manera en la que sumergen al lector en la historia, a la par que complementan la narración a la perfección. De hecho, las escenas del día a día se caracterizan por colores terrosos y naturales qu representan perfectamente el terreno y el ambiente en el que viven los protagonistas. Sin embargo, durante las escenas de las situaciones amenazantes, los cuentos y, sobre todo, en las partes en las que aparecen la magia oscura y las pesadillas, los colores cambian para sugerirnos una auténtica sensación de amenaza.
   
MezolithCon respecto a Ben Haggarty, me ha dejado claro que es un gran narrador de cuentos tradicionales, ya que demuestra  una presentación dinámica y vívida heredera de la más señera tradición oral. Mantener el interés de un cuento en el guión de una narración gráfica sin perder la atención del lector es algo muy meritorio, y que reconozco en esta reseña.
   
Además, nos añade una fantástica entrevista con los autores, muy reveladora, así como con sus biografías.
   
El único punto menos positivo es que, tal vez, los lectores más jóvenes lo encuentren un tanto tedioso, pero considero que el públio pre-adolescente y adolescente encontrará en esta obra un cómic didáctico e interesante a la par que podrán apreciar tanto la calidad de la narración como la belleza de la obra, y cómo se junta todo para dar lugar al desarrollo de estas historias mágicas. Y, en cuanto al público veterano… Mirad, queridos lectores, aunque siga siendo un niño grande, salí de mi adolescencia hace ya mucho tiempo, y he disfrutado de esta novela gráfica de principio a fin. Además, aunque puede considerarse autoconclusiva, sé que habrá un segundo volumen (eso es lo que presagia el “1” del lomo), y ardo en deseos de cómo continúa la vida tanto de Poika como del resto de la tribu.
   
Un fantástico regalo de Reyes que hará las delicias de quien lo reciba. Y, si se muestra reticente a disfrutarlo, tranquilos. Este cómic es de esos que se valora más con el trascurso de la edad. Una auténtica delicia.

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