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       Artículo de literatura

La chica mecánica, de Paolo Bacigalupi


 Terror / Suspense
Jorge Lara Gómez   02/01/2013
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     Emiko jamás fue japonesa; lo único que ha sido siempre es una chica mecánica… Sin duda uno de los debuts literarios más aclamados, tanto por los lectores como por la crítica, en los últimos años.
Portada La chica Mecanica"Al robot no se le conoce por lo que sabe, si no por lo que hace con lo que sabe" pero Emiko, la chica mecánica, un neoser, el último eslabón de la ingeniería genética del siglo XXII, no sabe nada, solo recuerda: recuerda que fue diseñada para servir, recuerda que una vez tuvo un amo, Gendo-sama, que le colmaba de regalos y atenciones. Recuerda que en Kioto (Japón), su lugar de procedencia, los neoseres como ella eran tratados con respeto, y vistos como prodigios a los cuales admirar. Pero eso fue antes, antes de verse sumergido el planeta por la crecida del mar debida al efecto invernadero; antes de la práctica desaparición de los combustibles fósiles, antes de la manipulación genética alimenticia, antes que plagas de roya, cerambicidos, cibiscosis o gorgojos, causaran una terrible hambruna… Antes de todo eso, Emiko, era un portento de ingeniería nipona, pero ahora, en Bangkok (Tailandia), bajo un cielo plomizo y un calor sofocante que le obliga a estar permanentemente refrigerada y ante una monarquía, la de su Majestad la Reina Niña, donde impera el salvajismo, el caos, y la ley de la multinacional más fuerte, y los negocios más oscuros y secretos de “El Señor del Estiércol”, tan solo es un ser sin alma, un objeto que puede acabar fundido para chatarra sin más miramientos si su nuevo “amo” no paga la cuota correspondiente, en forma de soborno, a la autoridad principal (el Ministerio de Medio Ambiente). Un demonio encarnado, una esclava, una vulgar prostituta, un juguete sexual, de usar y tirar una y mil veces en el local de Raleigh, un malvado gaijin proxeneta, para satisfacer a los farang más pudientes, a los “camisas blancas” y a todo aquél con una perversión sexual secreta que querer cumplir y sobre todo, que poder pagar… y es que Emiko jamás fue japonesa; lo único que ha sido siempre es una chica mecánica. 

Apenas quedan combustibles fósiles en este nuevo siglo y la tracción animal, en la forma principal de los Megodontes (gigantescos paquidermos modificados), ha sustituido a los motores de combustión. Las multinacionales biotecnológicas, como AgriGen, tienen en su poder la principal fuente de alimentación: las semillas transgénicas. La lucha por los recursos es extrema. El cambio climático es una realidad. La ingeniería genética ha sido llevada a sus límites y las personas han de recordar de nuevo que les hace humanas… y llegados a este punto ¿Qué nos hace humanos? ¿El poder pensar, el poder sufrir pena y dolor? tal vez ¿el poder reír? eso espero. Podemos sufrir y reír, conocemos un pasado y un presente, y en cierto modo, un futuro… quizás lo que nos hace humanos, es que conocemos lo suficiente para creer que sabemos a dónde vamos. Y quizás es lo que más anhela Emiko: saber hacia dónde ir. 

Ovejas mecánciasLos androides de Philip K. Dick quizás soñasen con ovejas eléctricas. Quién sabe si también soñaba con ellas Rick Deckard en “Blade Runner” (bueno no, el bueno de Rick soñaba con la replicante, ¿neoser venido a menos?, Rachael), lo que sí es cierto, es que Emiko, el androide de Paolo Bacigalupi, sueña con alcanzar su libertad, con sentir por un momento lo que supone ser humana, por saber si su vida, mecánica, tiene algún propósito. No tener que esconderse entre sucios callejones y salir solo al amparo de la noche, o ponerse a sudar copiosamente, al borde del colapso y fundición de alguno de sus circuitos integrados, cuando algún “camisa blanca”, los agentes del Ministerio de Medioambiente bajo las órdenes del General Pracha, está junto a ella en uno de esos destartalados tenderetes de comida que utilizan combustibles ilegales… pero, un farang, un extranjero, Anderson Lake, Anderson-sama para ella, le ha hablado de un poblado al norte, en las montañas, habitado únicamente por neoseres como ella que viven ajenos a las contiendas entre “thais” y “tarjetas amarillas” (chinos que tuvieron que huir de sus hogares por culpa de una rebelión fundamentalista de los llamados “pañuelos verdes”, muy dados ellos a clavar cabezas en picas). Ignorantes a las luchas de poder entre el Ministerio de Comercio, el cual defiende, en la figura de Akkarat, la apertura de fronteras y el potenciamiento del comercio internacional y el de Medioambiente, comandado por el General Pracha en cuyo brazo armado (el capitán Jaydee, antiguo campeón de Muay Thai y su mando derecha, la teniente Kanya, una mujer fría y calculadora que no conoce la risa) recae la responsabilidad de mantener un férreo control aduanero para que no se introduzcan productos y semillas farang contaminadas. Un juego de poder a poder con visos de desembocar en una guerra civil en la capital Tailandesa. Bangkok ya no es segura para Emiko (nunca lo fue) y no tendrá mas remedio que comprar su libertad en pos de un sueño, que dicen, habita al otro lado de las montañas. Conseguirlo será un infierno y más para un ser prohibido como ella, pero la realidad puede que sea aún más dolorosa. 

“Tenía prototipos de Emiko, Hock Seng, o Anderson Lake en mente desde la primera página. Todos eran tremendamente planos y no comenzaron a detallarse sus trasfondos y objetivos, hasta que empecé a retocar una y otra vez el manuscrito, y antes de darme cuenta ya estaban conduciendo la historia en direcciones que jamás se me hubieran pasado por la cabeza."

Esta distópica historia en forma de debut literario (publicado), surgió del desarrollo de un largo viaje del autor por el sudeste asiático: “Nunca es fácil precisar con exactitud qué fue lo que inspiró mi novela en su totalidad, pero recuerdo perfectamente de dónde surgieron algunos de los temas que pueblan sus páginas”. Por ejemplo afirma, que Emiko está basada en una azafata japonesa con la que coincidió en un vuelo a Tokio. Una chica cuyos movimientos sincopados y sus gestos estilizados y robóticos le conferían un aspecto muy peculiar, completamente surrealistas. AgriGen, PurCal o SoyPro, algunas de las grandes corporaciones de productos transgénicos a los que se alude, están basadas en las grandes corporaciones agrícolas actuales como Monsanto, la empresa que más controversia despierta a nivel mundial debido al peligro potencial de sus productos sobre la salud humana, animales, plantas y sobre el medio ambiente en general. Y que desarrollan cada vez más productos modificados genéticamente, con algún que otro escarceo en forma de pleitos y sobornos y cuyo derechos de propiedad intelectual guardan con un hermetismo cuasi militar. Otro de los pilares básicos de la novela, (no obstante todo comienza con un fruto de piel rojiza y recubierto de pelos verdes conocido como Ngaw y que no es otra cosa que un rambután) son las plagas como la roya o la cibiscosis que han sido modificadas genéticamente por dichas corporaciones, y que germinaron en la mente del autor mientras recorría Hong Kong y el sur de China en pleno estallido del último brote de SRAS: El síndrome respiratorio agudo severo. Una neumonía atípica que apareció por primera vez en noviembre de 2002 en la provincia de Guangdong, China y que hasta ahora se ha cobrado cerca de 800 víctimas, con una tasa media de mortalidad cercana al 13%. “Hubo un momento en que todos pensamos que teníamos una pandemia entre manos y no íbamos a saber controlarla. Aquella incertidumbre motivada por la enfermedad y el concepto de un agente biológico descontrolado se introdujeron en el mundo que estaba construyendo alrededor de la novela”. Por último, ese tono tan lúgubre, tan poco afable, mafioso en ocasiones y realmente cruel en otras con el que se pretende describir la realidad cotidiana del sudeste asiático donde está ambientada la novela, bebe de un suceso que llegó a los oídos de Bacigalupi acerca de la súbita desaparición en Laos del socio de un amigo del autor del que nada más se ha vuelto a saber… detalles éstos que nos hablan de un libro donde se entremezcla realidad y ficción y de un futuro inquietantemente cercano. 

Paolo Bacigalupi

La chica mecánica” (editorial DeBolsillo, disponible en FantasyTienda) fue nombrada como el noveno mejor libro de ficción de 2009 por la revista Time y como el Mejor Libro de Ciencia Ficción del Año en la lista de lectura de la R.U.S.A. Ganador de los premios “Nébula” (2009) y “Hugo” (2010) y “John W. Campbell Memorial” (2010) a la Mejor Novela y el “Compton Crook” (2010) y el “Locus” (2010) a la Mejor Primera Novela. Pero una moneda tiene dos caras, y por debajo de la cara exitosa ya relatada, está esa otra cara que nos habla de una novela que fue rechazada por todas las grandes editoriales, a excepción de un pequeño sello de San Francisco especializado en Sci-Fi y Fantasía. Nos habla de una novela que precedió a otras cuatro que cosecharon otros tantos rechazos. Nos habla de trece años seguidos escribiendo antes de que Paolo Bacigalupi vendiera “La chica mecánica”: “Escribir resultó ser mucho más difícil y sacrificado de lo que me imaginaba. Al volver la vista atrás y rememorar todo aquel esfuerzo, todas aquellas cartas de rechazo, dudo que mi antiguo yo, tan egotista, se hubiese embarcado en esta empresa de haber sabido lo que lo esperaba. Así las cosas, encajé cada negativa como una valiosa lección, y logré retener la dosis de optimismo suficiente para no tirar la toalla. Cada vez que echaban para atrás una de mis novelas me sentaba a reflexionar sobre qué debía de haber hecho mal, por qué ese libro en concreto no funcionaba, y a continuación me embarcaba en el siguiente proyecto e intentaba poner en práctica todo lo que pensaba que me había enseñado la experiencia. Hasta que volvían a decirme que no. Y así una y otra vez.”, esto suena a mantra para los escritores noveles o en proyecto de escritores, ¡me lo guardo! 

Y es que ya se sabe que aquellos que aspiran a poco no suelen conseguir nada, pero el autor no desistió, e intentó coger las estrellas a no hacerlo por temor a no alcanzarlas, y el resultado es una de las mejores novelas de Ciencia Ficción escritas hasta la fecha, o al menos, eso dice la crítica, el público y ahora un servidor. Una novela que se convertirá en un clásico, si no lo es ya, como un clásico es la novela de Philip K. Dick (también llevada al cine, aunque muy libremente, por Ridley Scott) con la que comparte más de un rasgo: “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” (EditorialEdhasa, disponible en FantasyTienda). En ambas se tratan temas como el impreciso límite entre lo artificial y lo natural o la decadencia de la vida y la sociedad en un mundo destruido, aislado y pImagen de la chica mecanicaarcialmente muerto y abandonado. En ambas se abordan ciertos problemas éticos sobre los androides, en el caso de Dick, o los neoseres en el caso de Bacigalupi… aunque con una notable diferencia entre las dos novelas en lo que respecta a su trama y estilo, ya que en la del primero la tecnología está omnipresente, y está enmarcada en el género del Cyberpunk (alta tecnología y bajo nivel de vida): "El cyberpunk fue un viraje absolutamente necesario. La ciencia ficción había perdido el hilo de la realidad: no íbamos hacia la luna, sino hacia lo digital." en palabras de Paolo, en cuya novela hay una ausencia total de alta tecnología, ya que apenas hay fuentes de energía; y su estilo es más una vertiente, un subgénero “cyberpunk” denominado Biopunk (basado en la manipulación genética dentro de una sociedad underground) y en la que a diferencia de éste, la historia no especula sobre la tecnología de la información sino sobre biología sintética. 

También notables son las diferencias entre “La chica mecánica” y su segunda novela publicada: “El cementerio de barcos” (editorial Plaza y Janés, disponible en FantasyTienda). Publicaciones ambas que yo he leído y reseñado en orden cronológico inverso, lo que ha supuesto para mí un choque de estilos mucho más evidente y palpable. Ya que, si bien es cierto que ambas comparten ese deje de denuncia social y ecológica, futuro post-apocalíptico y personajes realmente carismáticos, en esta ocasión engendrados en la “frágil” Emiko, el superviviente sin escrúpulos “tarjeta amarilla”, Hock Seng; el “Tigre de Bangkok”, Jaidee, o el enigmático Anderson Lake (por cierto Paolo, ¿qué fue de Kannika?), o incluso el que sus argumentos giren en torno a un objeto (barcos en un caso, neoseres en otro) que antaño cumplió una función y ahora ha quedado abandonado, varado en una tierra extraña mientras es expoliado y vejado por manos desconocidas, en “La chica mecánica” todos estos conceptos están MUCHO más acusados. La trama es mucho más dura, violenta, áspera, densa, no obstante va orientado hacia un tipo de público mucho más… adulto. Como ejemplo más significativo están las detalladas descripciones que el autor realiza sobre las torturas sexuales a las que es sometida Emiko en el local en el que es “prisionera” y que son justificadas por Kannika, el personaje causante de la mayoría de ellas, porque “no es más que un neoser”. Tampoco es tan “amigable” en su lectura como su predecesora ya que Paolo no es que escatime esfuerzos precisamente en, digamos, situar al lector en la novela o que la misma pueda definirse como “page turner”, ya que al hecho de la prolífica y constante aparición de términos y palabras en tailandés, se une el que no encontremos un protagonista claro pese a lo que reza en su título, si no que estamos ante ese tipo de novelas en la que convergen multitud de protagonistas con historias diferentes que se van deshilando poco a poco, así de capítulo en capítulo iremos saltando de Emiko, a Hock Seng, pasando por Jaidee y Kanya; la secreta afición de Anderson Lake, las guerras encubiertas entre ministerios o la enigmática presencia de un pirata genético que todos creen muerto y enterrado... sin duda una novela llena de detalles, matices, personajes, miserias, llantos, risas, vida, muerte, abatimiento... y una chispa de esperanza, en la que recomiendo no pestañear.

Como curiosidad, a continuación podéis echar un vistazo a las distintas portadas que se han realizado para distintas publicaciones extranjeras. De izquierda a derecha podéis contemplar la versión francesa, checa, croata, japonesa y hasta una versión libre, “no oficial”, de un ilustrador independiente. Yo personalmente me quedo con la versión patria. 

Portadas varias la chica mecanica

El Consejo de Jorge: En esta ocasión cedo este espacio a una reflexión de Paolo Bacigalupi a raíz del trasfondo de la novela que hoy hemos diseccionado: "¿Y si ni siquiera podemos funcionar como sociedad capaz de resolver problemas serios? ¿Y si llegamos al momento en que nuestro estancamiento, el diálogo politizado y la disposición a difamarnos mutuamente nos impiden enfocar la realidad hasta el punto de no aceptar siquiera el cambio climático?". Que cada cual saque sus conclusiones

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