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El nuevo Viejo Mundo, de Perry Anderson


 Ciencias Sociales
Fco. Martínez Hidalgo   30/11/2012
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     Ideas para debatir a fondo y, sobre todo, para aprender desde la perspectiva histórica sobre las circunstancias y el tiempo que nos ha tocado vivir.
Portada de El nuevo viejo mundo, de Perry AndersonPrácticamente cada día que pasa la UE aumenta su importancia, no como objeto político –que sería lo deseable-, sino como objeto histórico. El que esto sea así, cuando su vida es todavía tan escasa, resulta un claro síntoma de su paulatina desorientación, de la ausencia de un proyecto político común compartido, transversal a todos los países y culturas y clases sociales que configuran la densa capa social comunitaria contemporánea. Atrás han quedado las figuras inspiradoras como Robert Schuman o Jean Monet o Altiero Spinelli. Hasta “europeísmo” ha pasado a deslizar su significado desde el deseo o el apoyo a un proyecto federal para la zona, hasta el apoyo explícito a la UE actual (interestatal, no federal) frente al cada vez más intenso deseo de regreso al esquema internacional anterior centrado en el Estado como sujeto principal.

La preocupación por este proceso de desorientación europeísta (en su significado tradicional, no actual), cuyo síntoma más evidente resulta la constante pérdida de legitimidad de la UE como institución frente a la ciudadanía comunitaria -indistintamente del país, el sentimiento de pertenencia a la UE ha descendido en los sucesivos Eurobarómetros durante los últimos años-, inspira un número creciente de libros o artículos o publicaciones especializadas. Incluso, en los distintos títulos podemos ver este proceso, desde ‘El sueño europeo’ de Jeremy Rifkin (Paidós, 2004) hasta ‘¡Frenad el desastre del euro!’ de Max Otte (Ariel, 2011), por poner un ejemplo.

A la más reciente corriente crítica pertenece ‘El nuevo viejo mundo’ (Akal, 2012, disponible en FantasyTienda) del historiador británico Perry Anderson. Un libro que, originalmente publicado en inglés durante 2009, llega ahora a España para aportar un imprescindible análisis histórico a las decisiones básicas que han llevado a la UE hasta aquí. Una explicación retrospectiva fundamental alrededor de los principales problemas actuales del proyecto europeo: la desconfianza entre los estados, la falta de una base común sobre la que asentar un proyecto, el burocratismo fósil de una Bruselas desconectada de la historia del europeísmo tradicional, o el esperpento de una élite política ajena por completo a las necesidades colectivas y a las soluciones cooperativas del continente.

El texto opta para este proceso de análisis por una estructura muy agradecida para el lector curioso o neófito. En primer lugar, Anderson nos presenta los orígenes del proyecto Europeo, sienta las bases explicativas de su surgimiento, mostrándonos el intenso bullir de ideas sobre la necesidad de un proyecto político conjunto y las distintas formas de poder construirlo. A continuación, se desliza por los debates, las alternativas, las posibilidades y las decisiones que finalmente se tomaron, para construir el modelo político del que surge la actual UE. Y después, afronta la descripción y el análisis sobre las distintas teorías que defendían o criticaban unas alternativas y otras, describiendo los posibles puntos de fuga de unas y otras opciones, situándonos en el contexto del debate con una mirada lo bastante amplia como para abarcar nuestro actual modelo y la posibilidad de posibles cambios hacia otros. Ya se sabe, siempre se está a tiempo de arreglar lo que está estropeado.

La cuerda se tensa entre Alemania y la UE no por nada. Sí existen causas históricas, discursos y posiciones políticas tradicionales de las fuerzas políticas alemanas respecto a la UE que explican, en parte, toda esta situación.

En las otras dos partes del libro, despliega el conjunto de problemas de los principales países del eje comunitario: Francia, Alemania e Italia. Y continúa después con los principales problemas o retos del proyecto continental: Chipre y Turquía o, como Anderson los denomina, la “cuestión oriental”; una reflexión interesante sobre qué es Europa y qué es la UE bien un territorio geográficamente delimitado o una forma de ver el mundo –y en este último caso qué forma concreta es ésa (también conflictiva, como demuestra la multiplicidad de perspectivas presentes en los países que constituyen hoy el núcleo de la Unión Europea).

De esta forma, cuando se afrontan las siguientes partes del texto, más pegado a problemas o conflictos recientes, claramente identificables para los lectores más jóvenes, lo hace desde este marco amplio de posibilidades, desde este conjunto de análisis y de teorías. Una base que concede al lector la oportunidad de coincidir o no con sus conclusiones, y en todo caso garantiza también el seguirlos con la misma comprensión y seriedad y rigor.

De especial interés en los tiempos que corren es el capítulo dedicado a Alemania. En el discurso político presente, todavía resuenan las numerosas declaraciones, de otros representantes políticos en otros países, que suscitan dudas sobre el compromiso alemán. Desde el “necesitamos una Alemania europea y no una Europa alemana” de Manuel Marín, al “divorcio amistoso” defendido por Nigel Farage (eurodiputado del UKP) de la UE dominada según él por este país, a las declaraciones del excanciller germano Helmut Schmidt en las que afirmaba que “Europa puede fracasar por culpa de Alemania”, u otras tantas de idéntico tono. El conjunto de los estados de la UE desconfían de Alemania. Mientras unos mantienen su autonomía y miran a Berlin con recelo, otros ceden más o menos complacientes parte de su soberanía (o, según los más críticos, toda ella; pues la capacidad de decidir no sería parcelable a unas áreas sí y otras no)al aceptar las recetas diseñadas desde Berlín por la canciller Angela Merkel (CDU/CSU) a partir de sus exclusivos intereses internos.

La cuerda se tensa entre Alemania y la UE no por nada. Sí existen causas históricas, discursos y posiciones políticas tradicionales de las fuerzas políticas alemanas respecto a la UE que explican, en parte, toda esta situación. Más marcado todavía desde que el SPD adoptara el discurso de Gerhard Schröder, mucho más próximo en este tema a las posiciones conservadoras de la CDU/CSU que el anterior líder, Oskar Lafontaine. No en vano, Lafontaine es todavía hoy uno de los pocos líderes alemanes en activo (ahora en Die Linke, La Izquierda) convencido de la necesidad de una respuesta europea a muchos problemas –entre ellos algunos tan importantes en la crisis económica actual como el empleo.

Esta marcha del SPD hacia posturas más tradicionales explica la emergencia de otras fuerzas políticas que, ocupando el espacio del SPD, todavía hoy marcan el presente y el futuro de la política alemana en éste y otros asuntos: Los Verdes, Die Linke o, más recientemente y todavía sin haber pasado por unas elecciones generales, el sorprendente Partido Pirata. Todos ellos están seguros, de uno u otro modo, de la necesidad de una Europa más claramente presente y decisiva en la vida de los ciudadanos de lo que lo están los dos principales partidos. Sin embargo, su papel en la oposición política refuerza externamente este discurso, y acentúa sus críticas consecuencias. 

Perry Anderson

Perry Anderson no esconde, en las páginas de ‘El nuevo viejo mundo’ (Akal, 2012) su propia perspectiva. Para él es necesaria y deseable una Europa más sólida, más integrada, y más centrada en los problemas de los ciudadanos que en los de los Estados o los grupos de presión. Incluso destila cierto optimismo en que, dada la envergadura de los retos, y la inmensidad de los problemas que una única perspectiva interestatal y euroescéptica acarrea, el contexto acabe haciendo de lo deseable algo inevitable. Pero tampoco puede esconder el escepticismo ante la posibilidad y viabilidad de este proyecto. El motivo mismo del libro tiene su centro, muy probablemente, en este crítico escepticismo, en el saber que algo imprescindible y positivo se vuelve imposible (o casi) por las circunstancias históricas y sociológicas concurrentes. La impotencia motiva el grito y el llanto casi tanto, o puede que incluso más, que la victoria.

En este ensayo monumental, Perry Anderson se traza el loable objetivo de observar y analizar los desarrollos que, en las últimas décadas, han significado y acentuado los problemas del proyecto europeo intergubernamental. De esta forma, pretende mostrarnos cómo y porqué se ha llegado al punto en que, ante la necesaria reforma de Europa que todos estos síntomas y problemas reclaman, en lugar de retroceder, Europa debe avanzar hacia un nuevo modelo más próximo a las posturas federalistas. Un cambio al que Anderson concede posibilidades según las diferencias se acentúen, los problemas incluso pudieran agudizarse, y así pudiera hacerse más evidente la necesidad de una salida pactada hacia una Europa más unida.

Al que esto escribe, aun compartiendo en gran medida los análisis y los anhelos de Anderson, le cuesta bastante ceder terreno al optimismo. Este libro se publicó en 2009, cuando la crisis económica todavía estaba en sus inicios, y pocos podían prever su amplitud geográfica y profundidad económico-política. Ahora que conocemos sus aristas, comprobamos como las proclamas por una Europa más unida, siendo cierto que se oyen en mayor número y a un volumen más alto, también lo es que no han generando pasos en esa dirección.

Todavía más, las prácticas políticas puestas en marcha desde distintas instituciones del marco comunitario, como el BCE sin ir más lejos, dan buena cuenta de una perspectiva interestatal todavía más marcada que antes –alejándonos a cada paso del europeísmo de políticas integradas en un nuevo marco federal. ¿Será que, como Anderson anota, necesitamos una crisis mucho más profunda para darnos cuenta y comenzar a avanzar hacia una UE más próxima a los modelos integrados de sus orígenes?

Ideas para debatir a fondo y, sobre todo, para aprender desde la perspectiva histórica sobre las circunstancias y el tiempo que nos ha tocado vivir.

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