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       Artículo de literatura

Homenaje, de Domingo Santos


Francisco Javier Illescas   27/11/2012
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     Delicioso, maravilloso. Una obra que satisfará tanto a lectores veteranos que conozcan bien a los autores reseñados como a jóvenes lectores que den sus primeros pasos en la Ciencia-Ficción.
Portada de Homenaje, de Domingo SantosMi primera crítica de un libro de Ciencia-Ficción para Fantasymundo… Y de mano de un viejo conocido: Domingo Santos. Bueno… Habrá quién lo haya conocido como Peter Danger, o Peter Dean. Pero su nombre real es Pedro Domingo Mutiñó, un veterano escritor español de este género, y del que guardo un grato recuerdo: memorias de mis primeros contactos con la Ciencia-Ficción seria, y esa ajada novela llamada “Gabriel”, de la que guardo vagos recuerdos de una portada azul que enmarcaba a una especie de astronauta con un traje amarillo y que trataba la figura del robot protagonista como una especie de ser superior que no necesitaba aprender y se iba humanizando a través del trato con los humanos, contándonos su conversión de forma magistral desde un punto de vista sociológico muy bien trabajado… Y sin perder nunca el regustillo de las historias del viejo Asimov.

Ahora bien, tenemos el título de esta novela: “Homenaje” (AJEC, disponible en FantasyTienda), y un subtítulo tremendamente ambicioso: “El maestro de la Ciencia-Ficción española rinde homenaje a:” y, a continuación cita a monstruos tales como el mismo Asimov, Tolkien, Bradbury, Clarke, Orwell… Y el escepticismo se apoderó de mí. Hace falta ser muy bueno, haber leído mucho y conocer al dedillo la obra de alguien como para poder hablar de “homenaje” sin caer en la burda copia, la imitación paródica o el desvirtuado del mensaje que se pretende dar. ¿Cuántos recopilatorios de “homenaje a…” se han convertido en un quiero y no puedo? Así y todo, hube de vencer mis reticencias con objeto de cumplir mis compromisos como redactor con este portal, y…

…El muy malnacido lo ha conseguido.

Nos encontramos con una edición modesta, pero bien hecha y maquetada, con un formato de lectura cómodo y una distribución muy bien estructurada de los 12 relatos que componen el homenaje, siendo cada uno un capítulo autoconclusivo con completa entidad propia.

El primero, “Servir al hombre”, es un relato corto que pretende servir de homenaje a Isaac Asimov. Recuerda el formato corto de las viejas revistas “pulp” donde el viejo novelista y divulgador de origen ruso publicaba en un principio. Todo el relato recuerda esos pequeños cuentos de robot tales como los que podemos encontrar en el viejo recopilatorio de 1984 “Los robots”, de Martínez Roca. En este relato, amén de una sincera admiración por el que apostaría que ha sido su mentor literario, siento esa devoción y lealtad del robot hacia su amo humano que podemos encontrar en “Robbie” o “El hombre del bicentenario”, incorporando de este último ese “espíritu positrónico” de independencia que le lleva a tomar cierta decisión. Me encantaría el poder conocer la opinión de Susan Calvin sobre el comportamiento del robot protagonista.

Una magistral herramienta que puede ser utilizada para que los neófitos del género descubran a los grandes clásicos de una manera didáctica y ligera.

El segundo es un homenaje a James Graham Ballard (conocido, curiosamente, por “El imperio del sol” más que por sus abundantes obras de Ciencia-Ficción). Sus obras de Ciencia-Ficción tienden a transcurrir en distopías perfectamente asimilables por la sociedad actual en las que tienden a materializarse comportamientos extremos y muy poco éticos… Y, de nuevo, clava perfectamente el estilo de este escritor, indicándonos una nueva manera de entregar carnaza a la telerealidad y cómo exportan este formato poco escrupuloso a otros programas menos controvertidos: una visión cínica de fresca de lo que hoy conocemos como “telebasura”. “Memoria del pasado”, próximamente en su televisor 3D… Sólo necesita la instalación de un conversor en la entrada de la señal de imagen de su aparato LCD o de plasma.

El lector de libros” es el tercer relato, cuyo objetivo es homenajear a Ray Bradbury a través de un planteamiento muy similar a su archiconocida novela “Fahrenheit 451”. Y, de nuevo da en el blanco: la similitud entre los personajes es evidente, pero sin tener un paralelismo exacto; vemos como el espíritu de Montag está tras Samuel, Mildred se reencarna en Ana, el capitán Beatty anima los actos del Supervisor; los “Hombres-libro” se transformaron en los lectores de libros, rebeldes románticos que imprimen y distribuyen libros en papel en una sociedad totalmente automatizada donde la red controla el contenido de éstos, y Clarisse conforta al protagonista desde el pellejo de Irene. Es impresionante ver cómo maneja la situación estableciendo sutiles diferencias con las que, pese a reconocer la influencia y el origen, nos lleva por una senda totalmente distinta, mostrándonos que el fuego no es la única manera de quemar un libro… Y las funestas consecuencias que tal cosa acarrea a la sociedad.

Proseguimos con “La nave de piedra”, un guiño a la figura de Arthur C. Clarke. Allí observamos cómo, sin duda influenciado por “2001”, una nave minera y exploradora, la “Saltamundos”( a semejanza de la “Discovery”) encuentra su particular anomalía magnética de Tycho en una extraña nave de apariencia pétrea que es mencionada como una especie de “holandés errante” del espacio, y como un alienígena plasmoide multiforme llamado Olvoord termina siguiendo el camino de Dave Bowman. Un relato en el que apreciamos de manera clara el sello de este gran maestro de la Ciencia-Ficción… Sin perder su identidad propia. Además, el comportamiento de los personajes está perfectamente medido y estudiado, dejándonos entrever el reflejo sociológico que Clarke solía tener en cuenta en sus novelas (remito a los lectores de esta crítica a novelas como la saga de “Rama” y la “Cánticos de la lejana Tierra”, donde esta tendencia se aprecia con facilidad).

Tras el buen sabor de boca de este relato, lamenté encontrarme con “La caza de la ballena blanca”, escrito como homenaje a William Hope Hodgson. Conozco solo muy superficialmente a este escritor de principios del siglo XX, del cual lo único que sé es que influyó en la posterior obra de H.P. Lovecraft merced a sus conocidas y vividas historias de fantasmas marinos. Tal vez esa ignorancia sobre la obra de este autor no permitió al redactor el sacarle todo el jugo al relato, que me pareció más un homenaje a Herman Melville (cuya vida y obra demuestra conocer a la perfección). Nos plantea, eso sí, de manera atractiva y muy visual a través de certeras y cortas descripciones, las peripecias de William en un ballenero de principios del siglo pasado en el que, a semejanza del Ismael de la famosa obra de Melville, correrá al caer por la borda una inolvidable y peligrosa aventura que… ¿Existe? ¿O es una mala pasada de su activa imaginación?

El hombre de la arena”, el siguiente relato… Delicioso, magnífico… Una revisión actualizada del terror gótico alemán (Schwartze Romantik) cuyo máximo exponente, el prusiano E.T.A. Hoffman, es el objetivo de esta adaptación. Domingo Santos agarra el más conocido de sus “Nachstücke” (trozos de noche, el nombre real de su recopilatorio conocido como “Los cuentos de Hoffman”), “Der Sandmann” –el hombre de arena- y lo traslada en el tiempo desde principios del XIX hasta principios del XX, usando a Sigmund Freud como catalizador de esas pulsiones hoffmanianas en las que retuerce la realidad de forma grotesca y aterradora, convirtiendo la vida normal de los personajes en una pesadilla real. Tenemos un Nathanael llamado aquí “Ernst”, una Clara llamada “Beatrice”, Freud asume el papel del malvado Coppelius, y el profesor Rapaccini… Único nombre italiano del relato y que es el reflejo del Spalanzani de este cuento de Hoffman. Me ha supuesto un tremendo placer el leer algo tan similar y a la vez tan diferente de este, poco conocido por los jóvenes de hoy día, autor. Además… Me encanta cómo refleja fielmente el final típico de los cuentos alemanes en el que las cosas no tienden a terminar bien.

Hodgson, Hoffman… ¿Qué viene ahora?¡Obviamente! Lovecraft… Grandiosa sucesión de los relatos. “El despertar de Cthulhu”, homenaje cuyo título, aunque no sea muy original, sí es altamente evocador de lo que nos espera. Es obvio que toma como base el conocidísimo relato “La sombra sobre Innsmouth”, que muchos reconocerán por su adaptación al cine (“Dagon: la secta del mar”, dirigida por Stuart Gordon y protagonizada, entre otros, por Paco Rabal). Está narrada en primera persona, igual que en el relato antes citado, y el protagonista llega a un pueblo costero en el que tanto los edificios, como las infraestructuras como sus habitantes se encuentran en franca decadencia… Poco a poco descubre, a su pesar, cómo no es tan distinto de ellos y cómo una especie de conciencia es la que le ha llevado allí para… ¿Para? Habrás de leerlo para descubrirlo. Pero te adelantaré que ha leído muchos, pero que muchos relatos lovecraftianos para haber capturado esa atmósfera terroríficamente decadente que imprimía su obra.

Domingo SantosExtraño”…El nombre del relato que sirve como homenaje a Richard Mattheson, conocido por el gran público por la adaptación de sus novelas al cine (“Soy leyenda” es el caso más conocido) y por los guiones que escribió para “La dimensión desconocida”. Vemos aquí el dominio del autor del delicioso recopilatorio “Pesadilla a 20.000 pies”, del que toma una mezcla de “La presa” y “Los hijos de Noah” para mostrarnos un estremecedor relato contado sobre todo desde el punto de vista de una criatura nacida con graves malformaciones en un estilo que nos recuerda al “Cujo” de Stephen King (que también ha bebido mucho del maestro Mattheson). El autor refleja fielmente ese estilo directo y visual del que hemos disfrutado tanto en sus relatos como en la multitud de adaptaciones televisivas y cinematográficas de la obra de Richard Mattheson.

Le llega el turno a George Orwell. “1984” no podría ser una obra que quedase fuera de esta antología de homenajes a las figuras de la novela fantástica y la Ciencia-Ficción. “Amar al Gran Hermano” es una distopía de la distopía: partimos de la base de que la lectura y conocimiento de la obra de Orwell ha cambiado el devenir de la Historia y ha llegado el tiempo del Gran Hermano orwelliano más… Dulcificado. Nos encontramos en un futuro en el que unos obreros descubren una suerte de diario escondido en los restos de un edificio abandonado que en su momento fue uno de los centros de “indoctrinación” del Partido. En él, un “Winston Smith” nos cuenta cómo un terapeuta al servicio del Partido, cuyo nombre es “Brian”, cual funcionario del “Ministerio del amor”, va “indoctrinándole” de manera sutil, no al estilo del Orwelliano “Despacho 101”, sino mediante una suerte de psicoanálisis reforzado con cierto aislamiento. Allí es testigo de cómo su amada “Julia” (exactamente el mismo nombre que la protagonista femenina de 1984) es indoctrinada y cómo la resistencia al Partido, personificada por un tal “George O.”(el Enmanuel Goldstein del relato) es finalmente doblegada. Es de destacar cómo consigue redibujar el relato con tanta sutileza, permaneciendo fiel al espíritu opresivo de la sociedad que “1984” nos presenta.

Vamos liquidando inexorablemente el libro y, en sus últimos coletazos, encontramos el relato homenaje a Edgar Allan Poe: “El cuervo”. En este caso, el autor no intenta imitar el estilo de este grandísimo representante de la renovación de la novela gótica, sino que, simplemente, nos regala una semblanza de su biografía, alternando los textos biográficos (escritos desde una perspectiva de tercera persona que parece ser testigo directo de su vida) con fragmentos de una de sus obras más conocidas: “El cuervo”. Así y todo, visto el punto de vista desde el que está escrito… Tal vez habría sido más propio enlazarlo con pasajes de “Anabel Lee”.

Llegamos al penúltimo texto: el homenaje a J.R.R. Tolkien. Un inspiradísimo relato llamado “El sueño del anillo”. Me sentí sorprendidísimo al leerlo, pues rompe totalmente con la tónica seguida hasta ahora, y he de reconocer que llegó a causarme un escalofrío… No es un relato que tome como modelo a Tolkien, ni siquiera imita su estilo y está alejadísimo de cualquier concepto relacionado con la fantasía épica. Es un texto que destila amor, crítica y me atrevería a decir que ciertos tintes autobiográficos. Es, simplemente, precioso… Y me jugaría algo a que el autor recoge una mezcla de sus propias vivencias junto a las de alguien que ha sido importante para él. Sólo añadiré que no es un relato que sirva exclusivamente de homenaje a Tolkien. Es un homenaje a alguien más no declarado en el libro. Si no es así… Enhorabuena, señor Mutiñó, ha conseguido engañarme. Mas, si estoy en lo cierto, es algo simplemente precioso.

Y, como colofón, el relato más largo del libro: “La máquina del tiempo”, homenajeando a H.G. Wells. Un ensayo que recoge el estilo en el que está escrita la citada obra, referente en su tiempo y que hizo que H.G.Wells figurase por méritos propios en el Parnaso de la Ciencia-Ficción junto a Julio Verne. Para el que ha leído la obra original, el viajero regresa a finales del XIX tras sus peripecias con los Eloi y los Morlocks para volver a lanzarse hacia el futuro, del cual ya no regresa. ¿No te quedaste con ganas de saber qué pasó en ese último viaje? Pues nada, Domingo Santos nos lo cuenta de una forma muy, pero que muy verosímil, y que podría haber sido perfectamente una continuación del relato original de Wells.

¿Qué podría decir de este libro? Delicioso, maravilloso. Una obra que satisfará tanto a lectores veteranos que conozcan bien a los autores reseñados como a jóvenes lectores que den sus primeros pasos en la Ciencia-Ficción. Una magistral herramienta que puede ser utilizada para que los neófitos del género descubran a los grandes clásicos de una manera didáctica y ligera.

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