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Los viajes de Joenes, de Robert Sheckley
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| Fco. Martínez Hidalgo 13/05/2011 |
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La alegría y el optimismo, la confianza y la esperanza en el ser humano es el sello de Sheckley. Capaz de enfrentarse a todo desde la más pura de las inocencias o desde el más duro de los entrenamientos militares. |
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La literatura de Robert Sheckley (1928-2005) está, para muchos autores y críticos, encuadrada en el contexto de las décadas de 1960 y 1970; a pesar de que su obra se desarrolló desde la década de 1950 hasta poco antes de su muerte en 2005. Y, aunque es cierto que sus obras más populares pertenecen a este período, no existe razón alguna por la que limitar la capacidad creativa de una de las plumas más poderosas de la Ciencia Ficción y la fantasía. Con una capacidad extraordinaria para lo breve y la novela corta, la suya ha sido y será, tanto ayer como mañana, una de las referencias obligadas.
Buena prueba de ello la tenemos en ‘Los viajes de Joenes’ (Bibliópolis, 2010, disponible en FantasyTienda). Un tomo en el que se recoge la novela corta “Journey Beyond tomorrow” (originalmente publicada en 1963, y más conocida por ‘Los viajes de Joenes’) y la compilación de relatos “Store of infinity” (originalmente publicada en 1960, y más conocida como ‘La tienda de los mundos’). Donde todas las habilidades del maestro quedan al descubierto. Pero, sobre todo, donde queda en evidencia que no es el humor directo, tantas veces reivindicado, el principal recurso u originalidad de Sheckley si no, sobre todo, su ironía, su capacidad para una sátira inteligente, centrada en personajes poderosos, argumentos originales y, last but no least, radicalmente humanos.
Robert Sheckley nos expone en ‘Los viajes de Joenes’ (Bibliópolis, 2010) las líneas maestras de su trayectoria excepcional como maestro de lo breve, pero también las claves de su pensamiento vital y humano.
Fijémonos, sin ir más lejos, en el mismísimo Joenes. En algún punto intermedio entre “Los viajes de Gulliver” de Jonathan Swift, por su sentido escénico de la peripecia como forma de afrontar la novela, y “La odisea” de Homero, en cuanto a uso del viaje como forma de exploración y conocimiento personal y del mundo que lo rodea, Joenes se nos aparece como un personaje tan ambiguo en sus posibilidades, como infinito en sus poderes. Parte de la Polinesia desde la inocencia, casi de la ignorancia total, sobre las espinas del mundo que le aguarda. Se enfrenta con él a pecho descubierto, desarmado… pero repleto de confianza. Y no se ouede afirmar que la suya sea una historia dramática, precisamente.
Una capacidad de lucha con el mundo sobrehumana por su temeridad, infinita ante las dificultades, común también a otros personajes de ‘La tienda de los mundos’. Pensamos en el Jim Raeder de “El precio del peligro”: participante en concursos de riesgo a cada cual más intrépido, no tiene reparos en poner su vida en juego de la forma más extravagante, con tal de conseguir fama y fortuna. O en el Anton Perceval de “El hombre mínimo”: físicamente como cualquier otra persona, pero psicológicamente arrasado por una personalidad desprovista de cualquier autoestima, y por consiguiente propensa a una prolongadísima serie de accidentes cotidianos, participa en un programa experimental para la colonización de planetas ignotos en condiciones de mínima supervivencia.
Ellos viven experiencias extremas con la intención de renovarse, prácticamente de renacer, persiguiendo un nuevo comienzo a partir del cual puedan decir y ser, de facto, otra persona totalmente distinta a la que hasta entonces habían sido.
Un proceso similar al que atraviesan el militar profesional de “Si el verdugo rojo piensa”, sometido voluntaria y conscientemente a distintos procesos de resurrección, dentro de una interminable batalla en la que los altos mandos son los únicos con el interruptor que dejaría de manipular arbitrariamente a la vida de los demás. O el personaje que titula “Las muertes de Ben Baxter”, inconsciente víctima de un experimento intemporal por el que su vida y muerte están sometidas a las necesidades de la autoridad decisora, a la sazón supuesta representante del interés general de toda la humanidad.
Aquí observamos cómo es la volición, el libre albedrío, el que se enfrenta u opone a las decisiones arbitrarias de una contingente superioridad, y cómo los personajes, de una forma u otra, tienden a romper esos grilletes.
El señor Wayne de “La tienda de los mundos”, o los personajes maduros de Anton Perceval (“El hombre mínimo”) y Dixon (“El arma que no hacía bang”) suponen el resultado de ese proceso de liberación del ser humano autónomo y autosuficiente, totalmente realizado, y dispuesto a valerse únicamente de su potencial y habilidades para salir adelante. Por eso estos personajes tienden a confluir en espacios extraña y simbólicamente yermos: selvas de gran densidad, altos picos de montañas escarpadas, o terrenos baldíos de planetas sin otra forma de inteligencia en toda la extensión de su superficie. Lugares inhóspitos en los que la vida no se enfrenta a más dilema que el de la supervivencia o la muerte, y del que sale constantemente victoriosa.
Robert Sheckley nos expone en ‘Los viajes de Joenes’ (Bibliópolis, 2010) las líneas maestras de su trayectoria excepcional como maestro de lo breve, pero también las claves de su pensamiento vital y humano. Todo ello desde la alegría y el optimismo, la confianza y la esperanza en el ser humano de Sheckley. Capaz de enfrentarse a todo desde la más pura de las inocencias (“Los viajes de Joenes”) o desde el más duro de los entrenamientos militares (“Si el verdugo rojo piensa”), desde el más avaro de los motivos (“El precio del peligro”) o la más altruista de las autorrealizaciones (“El hombre mínimo”). Un motivo más que suficiente, por sí sólo, para no perderse una extravagante publicación olvidada del magnífico sello Bibliópolis.
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