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El ídolo y la aparición, la sombra del terror, de Alejandro Serrano |
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Relato introductorio del rol en vivo de terror victoriano de la FantasyMereth del verano de 2008, la convención de Fantasymundo. |
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¿Cómo explicar el santo en que me convertí? ¿Cómo relatarte esta orgía de dolor sin horrorizarte, a ti, en tu trono de reverencias sostenido por criados, sin otra compañía que los poco gentiles brazos de mi tía y sus afiladas palabras?
Mis doloridos huesos por fin descansan en esta hospedería, las monjas han sido caritativas, teniendo en cuenta que al llegar desvariaba como un loco peligroso y mi ropa estaba hecha jirones, profanada con barro y sangre ajena. Ni mi rostro ni mi indumentaria se asemeja en nada a los que conociste allí en la lejana, populosa e ignorante Londres. Tan sólo he dormido dos horas, y pese a que mi agotado cuerpo no ha podido recuperarse, mi mente está despejada y serena, no sé por cuanto tiempo. Él me encontrará y matará mi cuerpo antes de que las monjas consigan devolverme la salud. Lo sé, pero ya no temo. La certeza del propio fin da alas al corazón y a la mente y torna peligrosas las manos crispadas y doloridas. He acometido empresas espantosas, como jamás me creí capaz de emprender. Como jamás me creí capaz de asumir. La sangre roja y brillante corre por mis dedos y mi alma está perdida, inundada por mis actos, encerrados en mi mente, imposibles de olvidar, imposibles de perdonar.
Las monjas se muestran caritativas aunque distantes, pero los hombres me juzgan por mi lastimoso aspecto y me rehuyen. Hacen bien, no encajo ya en su mundo, ni siquiera en este barrizal perdido: he visto la Oscuridad, y mis pupilas dilatadas y mis ojos nerviosos traicionan mi sosiego, por no hablar de mis raídas uñas rotas y mis dientes afilados por mi estancia en el infierno, o mi pelo alborotado, lacio y pegajoso. Por si fuese poco, le veo en sus rostros, burlón, paciente, imperturbable.
“Sé mío” -me dice- “podría tomar tu cuerpo y tu alma, pero quiero que me aceptes, más aún, que me ames. Abraza la Oscuridad y no tengas miedo, hijo mío, serás mi lobo”.
Y yo río con las mandíbulas desencajadas mientras las lágrimas huyen pavorosas de mi, escruto sus rostros poseídos, les miro como si conociera su secreto, y cuando un ápice de cordura vuelve a mi mente, huyo de su polifacético semblante para recluirme en mi celda, lloroso con furia en el corazón. Aún no la ha profanado, pero no albergo esperanzas de alejarlo de estas cuatro paredes. Ya no, soy suyo.
Majestuoso, esa es la palabra. No sé cuanto tiempo he tardado en escribir estas pocas líneas, Edward; creo que hasta ahora los pensamientos fluyeron como el Amazonas: tumultuosos, apresurados pero con rumbo claro. Sin embargo, me ha costado mucho más tiempo encontrar la palabra que define al ser que tiene presas mi mente y mi alma, y a quien le falta poco para poseer mi cuerpo y huesos: majestuoso, sí, eso es.
Sabes, mi querido y sin duda horrorizado tío, que siempre me han atraído los misterios insondables, y mis expediciones al Brasil, siempre con criados y todos los medios que permite mi inagotable fortuna, han proporcionado a mi decadente ego amplias satisfacciones y escasos peligros. Mi educación siempre me impidió dar un paso más allá y jugarme la vida en cualquier empresa. ¿Para qué? Nunca fui como otros hombres, que arriesgan todo en pos de una quimera, no tuve necesidad; mis placenteras excursiones, aunque lejanas, estaban exentas de riesgos físicos, y me permitían a mi regreso disponer de una inagotable fuente de entretenimiento en las fiestas… y de placer en camas ajenas. Cultivé mi imagen aventurera hasta extremos impúdicos, pero siempre dentro de lo tolerable para cualquier caballero que se precie de serlo. Hasta aquel día.
No me encontraba en mi elemento aquella noche. En la próxima, familiar y en ocasiones tumultuosa Londres, llena de fiestas privadas interesantes y provechosas en varios sentidos, fui a dar con mis huesos a una ciertamente aburrida, sin risas ni encantos femeninos, sustituidos por los contumaces puros masculinos, y con varios caballeros deseosos de abandonarla, asediados por otros que apenas se preciaban de serlo, de menor condición, cuya clara misión consistía en extender sus precarias relaciones sociales. Bien sabes que odio este tipo de situaciones, no me interesa lo que otros con dinero pero sin clase ni tradición señorial tengan que decirme, ya que no me hacen falta ni su peculio ni su pobre y descuidada conversación, aburrida a la par que obscena, siempre orientada hacia el vil metal, pero algunos caballeros presentes, aunque con desdén fingido, intentaban cuidar las apariencias y mostrarse dignamente desinteresados, pero se veían obligados por su precaria situación económica a cultivar su insulsa amistad. La situación, incómoda y antinatural, sostenía su precario equilibrio por una maraña de intereses coincidentes, y mi presencia estaba obligada por mi amistad con Sir Landham; él si necesitaba ciertos favores, y como amigo no podía rehusar ni excusar mi asistencia y apoyo.
Con fingido cansancio, musité una disculpa rápida que todos ignoraron y abandoné a mis tres contertulios a su suerte, para dirigirme a tomar posesión de un solitario sillón tenuemente iluminado con una lámpara de pie. Si no podía abandonar a mi amigo a sus propios recursos, al menos trataría de no agotar mi paciencia exiliándome de tan triste grupo. Una vez sentado, y en mejor disposición para observar a los variopintos invitados, algo me turbó.
Como si fuese una aparición que enerva la atención y saca de su sosiego al alma, reparé nervioso en la figura solitaria que me miraba desde una esquina de la estancia, sin duda otro caballero que, como yo, buscaba la tranquilidad en medio del caos, y estaba allí para socorrer a otro arruinado y digno amigo. Pero sus ojos no me permitían apartar mi atención de la suya. Su porte no se diferenciaba en nada del de otros caballeros, ni en altura ni en complexión, sin embargo, su perfecto traje oscuro, extrañamente pulcro, se fundía con sus manos enguantadas y sus zapatos tanto en color como en textura, como si fuesen una sola prenda. Tan sólo el rostro, ciertamente brillante y de perlada textura, destacaba de toda la composición, obra de un retratista especializado en caras, pero descuidado en el resto de los detalles. Era bien proporcionado, pero su cabeza distaba mucho de transmitir esa misma idoneidad. La tranquilidad y la plasticidad que transmitían sus ademanes se contradecían con la crispación de su tez, de afilados y concretos rasgos, que dejaba traslucir sin pudor una atención quizá desmedida por el objeto de su interés, es decir, mi persona, y en especial con sus ojos, inquisitivos, mordaces, despiadados, un pozo oscuro que no podía dejar de escrutar. Me he esforzado por recordar los difusos detalles de su atuendo y figura, para que comprendas mejor, querido tío, mi situación, pero no he podido olvidar esos terribles ojos, que ahora me persiguen por doquier, y que sin embargo entonces sedujeron mi voluntad, ávida de emociones en lugar tan anodino y aburrido como aquella estancia.
Cuando el desconocido estuvo seguro de disfrutar de mi atención se despojó de su capa y se acercó a mí como en un sueño: su cuerpo parecía volar hacia mí, sin hacer uso de sus piernas ni ademán alguno de caminar. Sólo sus ojos parecían tener vida, o yo tan sólo podía prestar atención a las ventanas de su alma e ignoré todo lo demás, no lo sé. Pero en un instante estuvo junto a mí, pegado su rostro al mío.
Sí, la aparición sabía hablar. Con un ritmo melodioso y lento, su voz subyugaba mis sentidos, turbados como si un cuento de proporciones épicas sedujera mi alma y mi codicia en un duermevela, y no pudiese ni quisiese escapar de su influjo. Me habló al oído, y para ningún otro mortal, de un fabuloso tesoro, que no medía su fastuosidad en otro valor que no fuese el poder.
“Los hombres pagarían por él grandes sumas de dinero o intercambiarían todas sus propiedades” –me dijo- “pero el mortal que se haga con él no lo cederá a nadie a cambio de nada que pueda ofrecerle, sino que lo conservará aún a pesar de su vida, porque su poder no tiene límites. Yo te lo ofrezco, si tienes el valor de alcanzarlo y la fuerza y el coraje para hacer uso de él. Te dará todo lo que más desees, pero también exigirá de ti.”
Y así siguió mi aparición, ofreciéndome el Mundo a mis pies, hasta que los minutos se convirtieron en horas, y antes de que nuestro anfitrión diese por terminada la fiesta, o mi acompañante requiriera mi presencia, nos alejamos de allí en silencio. Yo no tenía rumbo, ni otros pensamientos que no fuesen los suyos, tan sólo estaba dominado por la presencia del caballero que dirigía mis pasos.
Me faltan las energías y el ánimo, en tal intensidad que no puedo contarte en esta carta todo lo que sucedió a continuación: como mi acompañante desapareció entre la bruma del puerto sin dejar más rastro que un confuso mapa y sus palabras, como boté el barco hacia Belém, tras contratar a una tripulación, abundantes provisiones y a tantos aventureros como permitió mi fortuna, o la llegada a Brasil y nuestras penurias para sobrevivir en la selva. Dudo, de todas formas, que dispusiera de tiempo antes de que Él se apoderase de mí, no deben quedar más que horas, a estas alturas ya le siento como si ambos fuéramos uno. Un ser abyecto, sediento de sangre y poder, sin entrañas y con una ambición sin límites. Tan sólo deseo la muerte, pero no quiero que él sea el verdugo, antes me quitaré la vida.
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6 Comentarios recibidos
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Usuario: akilaS.1.doOm (07-Octubre-08)
Extraordinario.
El unico fallo que le veo es el abuso de palabras como "precaria/o" o "populosa", por lo demas, extraordinario.
Un saludo Mith, y sigue escribiendo, me encantaria ver en mi libreria un libro firmado por Alejandro Serrano. =)
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Usuario: D3NE (08-Agosto-08)
Yo si quiero, alguien desea pagarme un pasaje desde chile a españa? ida y vuelta por supuesto xD.
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Usuario: Eewak (08-Agosto-08)
Dear Mrs Luthiens,
I'm sorry but I'm not going to be able to attend the mereth... Vamos que no puedo ir... Que tengo que ir con algo de urgencia a Huelva...
A ver si en mitad de la partida me llamais y así hago de la voz del otro mundo.... .
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Usuario: LuthienS (08-Agosto-08)
Señor Eewak!!! lo que tienes que hacer es venirteeeee!!! :apaleao: jeje
Mith ya lo he dicho antes pero te lo vuelvo a decir, me encantaaaa!!!
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Usuario: Eewak (08-Agosto-08)
Estoy totalmente de acuerdo con D3NE. Me ha encantado. Ójala escribiera yo la mitad de bien .
Disfrutad de la partida los que podeis. Promete ser muy interesante. Y no olvideis hacer un relato del desenlace. Así la historia quedaría totalmente completa.
Saludos,
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